A 12 días del primer balotaje.
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

OSCAR A. BOTTINELLI:
Hoy buscamos un ángulo de reflexión porque estamos viendo algunos efectos de la reforma constitucional. Muchas veces, cuando se analiza una reforma constitucional se cree, primero, que es un tema jurídico. Después se ve que es un tema político o politológico en cuanto al ángulo de análisis. Y después se ve que también es sociológico, que afecta a la sociedad. Las reglas de juego condicionan conductas, que a su vez condicionan formas de pensar y de posicionarse ante los temas. Uruguay tuvo un régimen electoral que fue el que predominó durante más o menos 80 años, que se caracterizó por:
- Una competencia múltiple, que llevó a mucha gente a considerar al sistema como confuso. Yo siempre sostuve que era confuso para intelectuales, pero que el que el ciudadano de a pie entendía perfectamente lo que tenía que entender, que no es dar una conferencia sobre el sistema, sino moverse dentro del mismo para hacer sus opciones. Se jugaba en distintos niveles: partidos, fracciones, candidaturas. Esto hacía que se optara por un partido, por una corriente dentro del mismo, por un grupo de gente dentro de esa corriente del partido, en una competencia donde estaba toda la oferta a la vez.
- Era de distintos cargos a la vez. Se sopesaba el voto a presidente con el de senador, diputado, intendente, edil... El voto era el producto de combinar opciones en distintos cargos y en distintos niveles de decisión partidaria.
Pongamos el ejemplo de las elecciones pasadas. Para algunos electores, se elegía entre el Partido Colorado, el Partido Nacional, el Frente Amplio y el Nuevo Espacio. Dentro del Partido Colorado, por ejemplo, se elegía entre Sanguinetti, Batlle o Pacheco; dentro del Partido Nacional, entre Ramírez, Volonté o Pereyra. En el Frente era entre las listas senaturiales. Pero también había otro plano del elector, que decía: "Yo estoy dudando entre Batlle y Ramírez", o entre Sanguinetti y Volonté. No era un único plano, no era una elección sólo entre partidos. Dentro del partido se elegía a un candidato, o había juegos cruzados. El elector tenía la posibilidad de jugar en dos planos distintos. Esto era cómodo para el elector.
Los críticos de ese sistema alegaban que era poco serio que hubiera tantas listas. El tema es que era una opción donde las "estanterías" de los "supermercados" estaban repletas de opciones. Hubo muchas críticas al sistema. Lo cierto es que se pasó a uno nuevo. Hubo un cambio: se pasó de elegir al Presidente en una vuelta a elegirlo en dos. Y hubo otro pequeño ajuste: habría un único candidato por partido.
Visto así, poco menos que parecía que se modificó dos artículos de la Constitución, pero no: se cambió la forma de encarar las elecciones. Es un cambio revolucionario y radical: se pasó de este esquema matizado al que los uruguayos se acostumbraron a lo largo de 80 años a un sistema mucho más claro y más duro, un sistema de etapas, donde en lugar de una oferta combinada en cada etapa tuvo un juego de casilleros. En abril, en los casilleros de los distintos partidos uno podía elegir básicamente entre opciones binarias: Vázquez o Astori, Batlle o Hierro, Lacalle o Ramírez -además de otras opciones que ya habían perdido un poco de peso pero que no eran insignificantes, como Volonté y Ramos-.
En la elección pasada, cualquier opción inclinaba el voto por el Presidente de la República. Acá, si cambiaba el voto entre Ramírez y Hierro lo que hacía era cambiar en qué partido incidía para definir al candidato. No era un cruce común; mucha gente dudaba, pero los efectos eran distintos. Una vez que se puso en un carril, la opción era A o B.
Uno veía a la gente un poco tensa, sobre todo en cuanto al nivel de indecisos. Un dato fue altamente significativo el 31 de octubre: prácticamente todos los indecisos que se volcaron al Partido Colorado o al Frente Amplio optaron por las listas más alejadas al candidato presidencial: o fueron al Foro si era dentro del Partido Colorado o fueron a Astori si era en el Frente Amplio. Esto marcaba: "quiero ablandar este esquema tan duro y buscarme una opción más matizada que la que me ofrece el propio sistema".
Es decir que, con el sistema de cuatro candidatos, en Uruguay la gente sintió una reducción de la oferta. No estamos acostumbrados a una opción tan dura, sin escalas intermedias. Y luego se pasó al balotaje, que no es sólo una forma de dirimir la Presidencia jurídicamente, sino presentar la opción electoral más simple de todas. Y la más simple de todas es la más dura de todas: la opción binaria, de dos elementos, donde ya no hay posibilidad de matizar.

EMILIANO COTELO:
Con la complicación agregada de que la distribución de las bancas en el Parlamento ya está fija, ya es un dato de la realidad. No es que uno elija libremente "quiero este modelo o aquel otro", porque después va a tener que arreglárselas con tal composición de diputados y senadores, por ejemplo.

OAB - Esto daría lugar a un análisis muy largo de todo el esquema de balotaje con un Parlamento fijo y un sistema constitucional de gobierno con algunas vetas parlamentaristas, donde tenemos un Presidente de la República cuya elección está relativamente disociada de la elección del Parlamento, pero resulta a su vez que el Parlamento tiene un peso no menor en la propia conformación de parte del gobierno: por ejemplo, entes autónomos, que es algo no menor incluso para llevar adelante la política económica. Por ejemplo, Tabaré Vázquez anunció a Danilo Astori como su ministro de Economía; pero no puede anunciar quién será el presidente del Banco Central, porque en el Senado necesita sus votos, los del Nuevo Espacio y dos senadores más que habiliten el nombramiento.
Esto marca cómo esta lógica tan dura y tan binaria tiene otra brecha más, que no encastra con el balotaje.

EC - Estás llegando a lo que parece el nudo de tu comentario de hoy: el balotaje y la lógica que ha instaurado en la sociedad uruguaya.

OAB - Yo decía del esquema binario, el esquema donde hay sólo dos alternativas: sí o no, blanco o negro, A o B. El balotaje entra en ese esquema binario, que tiene una lógica en sí mismo: una lógica de contraposición fuerte entre dos caminos. Es "prendo o apago"; no tengo luz tenue. Y esto genera su efecto, yo diría que contamina una campaña electoral. Recordemos la elección del 31 de octubre. Los partidarios de Vázquez atacaban a Batlle, los de Lacalle atacaban a Batlle y a Vázquez, Vázquez a Lacalle, Michelini atacaba a todos, todos atacaban a Michelini... Era un juego medio complicado, y sobre todo entre los tres que tenían posibilidades ciertas de ir al balotaje. No olvidemos que en los últimos 10 días el Partido Nacional lanza una campaña muy dura contra el Partido Colorado, que en ese momento es su competidor para el pasaje a la segunda vuelta presidencial. Es decir que hay una lógica de juegos más matizada.
En cambio, en el balotaje no hay juego matizado, porque hay que contraponer uno contra otro. En el "uno contra otro", se puede querer que las campañas sean duras o se puede querer que sean suaves, o uno puede quererla suave y el otro dura, pero, por más que los dos quieran que la campaña sea suave, lleva a confrontaciones de blanco y negro. Es muy difícil imaginarse una confrontación de dos (que no es necesariamente el balotaje: también es la elección norteamericana) se puedan jugar matices, porque nadie está apoyándose parcialmente en el otro como sí ocurre en un juego de tres, de cuatro o de cinco. En 1994, Volonté y Sanguinetti no podían polemizar en términos duros, en la medida en que el juego político hacía ver que uno podía necesitar del otro inmediatamente en el gobierno. Hacia el 31 de octubre, Lacalle podía atacar a Batlle hasta un límite, porque sabía que si no pasaba a la segunda vuelta tenía que apoyarlo y viceversa. Incluso Vázquez debía hacer un juego hacia el Partido Nacional atento a que hubiera sectores de ese partido que terminaran apoyándolo. Es decir que, cuando el juego tiene muchos actores, no se puede ir (salvo una actitud de aislamiento total) a que uno se enfrente a la Humanidad.
En cambio, el juego binario es por naturaleza confrontativo. Y esto lleva también (a veces por responsabilidad de los actores políticos, a veces espontáneamente por la propia gente) a las visiones polarizadas y las visiones maniqueas, en que uno considera que representa a la verdad, el bien, lo correcto, y ubica en el contrario el mal, lo incorrecto, y termina siendo una lucha entre la Verdad y la Falsedad, entre el Bien y el Mal, entre lo Correcto y lo Incorrecto. Cuando las opciones políticas se transforman en una competencia entre el Bien y el Mal, en un esquema maniqueísta, es muy difícil la paz espiritual. Porque no es que "esto me parece un poquito mejor que esto otro", sino "la Verdad Revelada contra la Falsedad". Entonces, sube la temperatura electoral, a veces a nivel de actores políticos, a veces a nivel de población.
Tenemos la percepción que, de las campañas electorales de 1984 inclusive a la fecha, esta es la que presenta los más altos niveles de dureza, de polarización y de intolerancia entre los actores políticos (nos referimos no sólo a personas sino a partidos o grupos). Pero también estamos percibiendo que, a nivel de la sociedad, si bien no podemos decir que sea predominante ni mayoritario (habría que estudiarlo muy afinadamente) hay síntomas de intolerancia recíproca que no se registraron con esta fuerza en todo este período de más de 15 años, desde que comenzó la apertura política en 1984 a hoy.

EC - Para empezar, podríamos decir que es indudable que hay una hiper susceptibilidad que ha ganado a una cantidad apreciable de la sociedad que, como tú dices, no sé qué porcentaje será, pero es un sector apreciable de los uruguayos, que están permanentemente tratando de juzgar si Fulanito es de los suyos o de los contrarios, si está haciéndole el juego a este o favoreciendo al otro.

OAB - Los esquemas maniqueos, polarizados, son aquellos que de por sí van reduciendo los espacios intermedios, y acotando los espacios de imparcialidad o de neutralidad, porque éstas sobreviven en la medida en que quienes están en una parte ni en otra son capaces de verla, de aceptarla. En el Uruguay del 71 era muy difícil que alguien aceptara neutralidad o imparcialidad, cuando el país vivió uno de los momentos más polarizados de la historia moderna, y por tanto uno de los momentos más intolerantes: cada uno veía al otro como el Demonio, y todas las virtudes en sí mismo.
Hoy estamos muy lejos del 71, pero para lo que fue el proceso político uruguayo del 84 a la fecha, sí estamos en los mayores niveles de intolerancia. Quiero aclarar que no lo atribuyo al balotaje; que no hago una relación directa: si hay balotaje hay este clima. Pero, en primer lugar, digo que este sistema creó este esquema polarizado y maniqueo. Y en segundo lugar, que hay otras situaciones en que la competencia binaria se da en forma diferente a la que Uruguay estuvo acostumbrado desde los albores de su historia hasta pasar la mitad de este siglo, y esto crea otro tipo de susceptibilidades de una y otra parte.

EC - Susceptibilidades que afectan de manera grave, por ejemplo, al trabajo periodístico, o al trabajo de una empresa dedicada a sondear la opinión pública. Todo el tiempo (por lo menos eso es lo que señala el contestador automático de En Perspectiva, o lo que señalan los mensajes recibidos por el sistema Skytel) estamos recibiendo de forma permanente un alud de mensajes terriblemente intolerantes, que llegan de los dos lados. Ya llegará el momento de recopilarlos y ponerlos todos juntos para que los oyentes puedan captar a qué extremos llega la capacidad para ver un mismo episodio de dos maneras totalmente distintas; un mismo tratamiento periodístico, la lectura de una misma noticia, una misma entrevista, unos la ven como un ataque feroz contra A, y los otros como un ataque feroz contra B, o que favorece a A...

OAB - Hace pocos días, un colega nuestro decía "Qué momento difícil para encuestadores". Lo decía por otra razón, aludiendo a la paridad de cifras a que esto se encamina. Cifras que para nosotros inicialmente no son parejas pero no cabe dudas de que se encaminan a una fuerte paridad. Creo que no hay ninguna dificultad en eso, salvo cuando se tiene una visión deportiva o lúdica de las encuestas: es difícil, sí, acertar; es lo mismo que, en la ruleta, jugar a chance: o sale mayor o sale menor; o sale rojo o sale negro. Pero si entendemos que la encuesta no es un juego de aciertos (sobre eso puede haber todas las pencas abiertas en las empresas, y encuentro un pizarrón con columnas con 46, 47, 48, 45, donde todos los ejecutivos ponen su apuesta sobre el resultado del balotaje), si sacamos este aspecto lúdico de las encuestas, para los encuestadores no hay ninguna dificultad: se trata de medir un escenario y, justamente, a lo que uno llega es a decir que es muy difícil decir quién gana, existen estas y estas otras posibilidades para uno y para el otro.
Lo que no es bueno es el clima que afecta a todo el que está desde un ángulo fuera de la cancha.

EC - Sí: parece que muchos consideran que este es un escenario en que es imposible ser neutral; que es hasta inútil, ingenuo.

OAB - Cuentan que el Uruguay vivió climas similares en los períodos más duros de otros enfrentamientos binarios, en la época de la mayor intolerancia en la confrontación de blancos y colorados. Incluso recuerdo un pasaje de la película "Mataron a Venancio Flores", en que -acompañado la carreta- el sargento que comanda le pregunta al abogado: "¿Usted es blanco o colorado?". Le contesta: "Yo soy radical". El sargento se queda pensando y le dice: "Ah, radical. Pero ¿blanco o colorado?".

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 16 - 1999