Los partidos y candidatos en el arranque hacia el balotaje.
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO:
Quedan tan sólo 19 días para el balotaje, la tercera y última de las elecciones que este año estamos recorriendo para elegir al Presidente de la República. ¿Cómo están posicionándose los partidos hacia esta instancia definitoria? ¿Cuál es el piso de arranque en intención de voto de Jorge Batlle y de Tabaré Vázquez? En estas preguntas estará centrado el análisis político que nos propone para hoy el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, cuando estamos en este tercer día de casi silencio electoral.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, en una campaña que tuvo este elemento trágico del accidente del sábado, que llevó a tres días de silencio publicitario, en medio del cual vamos a efectuar estas reflexiones.

EC - Si te parece, podríamos comenzar por ese tema que mencionaba en la introducción, una pregunta que escuchamos todos los días: ¿qué se puede suponer en cuanto a mínimos de votación con que comienzan los candidatos que pasaron a la segunda vuelta?

OAB - Quiero en primer lugar hacer una aclaración que me parece bastante importante. Este fin de semana hicimos la primera de las tres encuestas hacia el balotaje, que vamos a difundir el viernes, como estaba anunciado. Al día de hoy no tenemos información sobre esa encuesta que finalizó este domingo: recién están ingresando los formularios, se está trabajando en la revisión, crítica, supervisión, y por lo tanto nuestro análisis de hoy no supone siquiera haber visto cómo viene la encuesta.

EC - ¿De dónde van a salir los datos, entonces?

OAB - De dos orígenes. Por un lado, de los resultados electorales del 31 de octubre, su comparativo con elecciones anteriores, lo que va marcando las curvas de votación de los partidos, y las encuestas realizadas a lo largo de estos últimos cuatro años, particularmente las de mayo a octubre. Con esos elementos y una combinación de distintas técnicas (no es fácil explicar cómo se llega a estos porcentajes pero vamos a hacerlo muy rápidamente) nos da lo siguiente.
El Partido Colorado tiene lo que se llama un "voto normal". No necesariamente un piso de opinión pública, pero sí un piso electoral, de entre el 27 y el 28%. Para explicar esta cifra, entre 27 y 28% fue la intención de voto recogida en las encuestas entre noviembre y marzo; el 27% era el que el Partido Colorado obtenía invariablemente desde aquella caída después de un adhesión alta, desde mediados de agosto hasta el 24 de octubre, es decir sin necesidad de salir a captar indecisos, ese voto que está siempre presente.
Es más complicado hablar del Partido Nacional, porque respecto al Partido Colorado estamos hablando del voto que reclama para sí, mientras que respecto al Partido Nacional nos referimos al voto que orgánicamente puede trasladar a un tercero, mediante el ejercicio de una acción de liderazgo efectivo: institucional (el Directorio diciendo: "El Partido recomienda esto") y liderazgos personales, básicamente el que puede ejercer su presidente, Luis Alberto Lacalle. A este que llamamos voto básico, el que el Partido Nacional tiene para sí y además traslada a otro (naturalmente, siempre va a ser menor que el que tiene para sí mismo), lo ubicamos en un 12 a 13%, básicamente constituido por votantes de Lacalle (el propio Lacalle tuvo en esta elección algo más del 14% del electorado nacional, y no todo eso es trasladable, no ejerce el mismo liderazgo efectivo sobre todo el mismo), y hay un liderazgo efectivo ejercido por todo el partido en su conjunto sobre votantes no lacallistas.

EC - Entonces, si hablabas de un piso del Partido Colorado de entre 27 y 28%, más 12 a 13% que podrían provenir del Partido Nacional, estamos en el 40%.

OAB - Estamos alrededor del 40%, que podemos decir que es el total del voto básico para Jorge Batlle. No quiere decir necesariamente que la encuesta arranque en 40%. Puede arrancar más arriba, es decir que está captando más electorado por encima de su piso; o puede arrancar más abajo, porque haya gente que esté dudosa de votarlo, sobre todo los votantes del Partido Nacional, sobre todo si tomamos en cuenta que el partido recién se pronunciaría esta semana, posiblemente hoy pero hasta que no se efectúe no se sabe cuándo será. Y la encuesta se hizo el fin de semana, por tanto hay mucha gente que todavía no sintió el ejercicio del liderazgo.
Pero repito: no estamos hablando de qué va a arrojar la encuesta, sino de qué es lo que consideramos un piso electoral.

EC - Por el otro lado, ¿cuál puede ser el piso para Vázquez?

OAB - Está bastante relacionado con la votación del Encuentro Progresista - Frente Amplio. En el mismo sentido en que usamos la expresión para el Partido Colorado, el "voto normal" (que surge de las encuestas como estable, mínimo, del que puede haber bajado excepcionalmente pero normalmente no puede hacerlo) es 32 a 33%. Sin embargo, observamos que en las seis semanas anteriores a las elecciones el 31 de octubre, esta inclinación se incrementó en cuatro puntos. Y podemos establecer que el hecho de haber ganado esa instancia lleva este voto normal hacia el 28 de noviembre a 36 - 37%. Es decir: lo que tuvo normalmente durante cuatro años, más cuatro puntos que estabilizó seis semanas antes y que da la impresión de que, al haberlos llevado a las urnas y proyectándolos en forma ganadora por cuatro semanas más, este nivel de arranque es sostenible.

EC - ¿Cuánto puede venir del lado del Nuevo Espacio?

OAB - El Nuevo Espacio es un partido que tiene un electorado más volátil, menos asible. Lo vemos con la votación tan baja que tuvo en abril, y veíamos a lo largo del semestre previo al 31 de octubre cómo la mitad de la intención de voto que registraba era dudosa. Esto implica que el ejercicio de la acción de liderazgo es más difícil.
Pero si partimos de la base de que hay un piso del Nuevo Espacio como tal, sumado a otro electorado que votó al NE y puede no sentir la acción de liderazgo directa del partido pero se siente parte de la "familia de izquierda", expresión usada por Michelini, da una inclinación natural hacia la votación de Vázquez por ambos elementos: por el pronunciamiento de Michelini y por la inclinación natural hacia la izquierda, de dos a tres por ciento.

EC - Es decir que 36 a 37% directos del Encuentro Progresista, dos o tres por el lado del Nuevo Espacio, estamos otra vez en 39 a 40%.

OAB - 39 a 40%, lo que en términos gruesos es un empate. Con sus aliados (Partido Colorado más Partido Nacional, Encuentro Progresista más Nuevo Espacio) los pisos, el punto de arranque, son relativamente equivalentes.
Sin aliados, naturalmente, el punto de arranque es distintos: Vázquez arranca con ocho o nuevo puntos por encima de Batlle. Y esto, que sin duda puede resultar muy obvio, explica por qué cada uno arranca la campaña electoral de una forma diferente.

EC - Precisamente, ¿por qué no examinamos de qué manera cada uno de los candidatos ha dado los primeros pasos después del 31 de octubre?

OAB - Si vemos la votación de cada uno de los partidos, un Encuentro Progresista con casi un 40% y un Partido Colorado con casi un 32%, desde cualquiera de las dos lecturas que se quiera hacer: o los pisos o las votaciones de los dos partidos, llevan a lo obvio: cada uno tenía un escenario distinto. Vázquez no tenía una política de alianzas muy fácil, lo más a lo que podía apelar era al Nuevo Espacio. Batlle, mientras tanto, arrancaba de mucho atrás pero podía recurrir con mucha facilidad a un partido de envergadura, de más del 20%.
Así arrancan por separado: Vázquez hacia la gente, Batlle hacia la negociación.

EC - Veamos cada uno de ellos. ¿Comenzamos por Vázquez?

OAB - El arranque de Vázquez puede ubicarse en ese discurso de tono presidencial, cuidadosamente elaborado unos días antes, que envió a los canales de televisión y se emitió a las nueve de la noche.
Luego, la siguiente jugada casi como de presidente electo: enviar misiones al exterior, y como elemento central la misión Cancela - Astori a los destinos más sensibles, los organismos de crédito internacional, a los que ahora se sumó el Departamento de Estado, el órgano de las relaciones exteriores de los Estados Unidos. Como elemento destacable, el papel protagónico que da a Danilo Astori y la irrupción de la figura de Walter Cancela, un economista de origen demócrata cristiano, de alto reconocimiento académico internacional, funcionario de la Unión Europea, y que junto a Astori aparecen como personas de líneas políticas pragmáticas o, como se dice habitualmente, de líneas políticas que dan tranquilidad a los mercados.
Adicionalmente, lo complementa con la misión que desde el sábado encabeza el senador Reinaldo Gargano ante la Internacional Socialista, coincidiendo en la misma reunión con el presidente electo de Argentina, Fernando de la Rúa, y con un enviado del candidato presidencial de la coalición de gobierno chileno, el socialista Ricardo Lagos. Esta "misión Gargano" tiene el objetivo el relacionamiento con la Internacional Socialista, y obtener el apoyo de la Internacional para la candidatura de Vázquez. Ya antes de la elección Vázquez había obtenido nada menos que el apoyo del Partido Socialista Obrero Español, un partido bastante relacionado con el Uruguay: recordemos que el ex presidente de gobierno español, Felipe González, fue una figura muy cercana al presidente Sanguinetti, al punto de que cuando abandonó el cargo vino a descansar a la estancia presidencial de Anchorena.

EC - Efectivamente, fue el actual secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, quien efectuó este saludo al Encuentro Progresista.

OAB - Exacto. Recordemos que el Partido Colorado no es miembro de la Internacional Socialista; más bien la vinculación es de Sanguinetti, o del Foro, mientras Jorge Batlle es considerado alguien muy ajeno a la concepción de la socialdemocracia (en términos europeos, estaría más bien vinculado al Partido Liberal). Mientras tanto, el Partido Socialista del Uruguay es miembro observador de la Internacional, lo cual da a Vázquez una ventaja sobre el Partido Colorado, que no hubiera tenido tan claramente por ejemplo en una confrontación con Sanguinetti.

EC - Sigamos ahora con esas señales de Vázquez en esas primeras horas siguientes a las elecciones.

OAB - Dentro de esto que uno puede considerar una buena movida en términos de ajedrez político, aparecieron algunas señales contradictorias que podrían entenderse como necesidades internas: la misión a la Organización Internacional del Trabajo y a la Organización Mundial de Comercio encabezada por los economistas Daniel Olesker y Jorge Quartino (este último diputado electo por el MLN - MPP), lo que parece no del todo consistente con la tranquilidad a los mercados que quiere transmitir con la misión Cancela - Astori. Y también la misión al Mercosur emite señales hacia distintos lados, en la medida en que aparecen Bernardo Kreimerman, contador del Partido Socialista, jerarca municipal, también considerado un hombre muy pragmático; Carlos Viera, de la Vertiente Artiguista, con el mismo perfil, y Alberto Couriel que ha tenido una línea muy diferente en toda la campaña electoral, sobre todo en su forma de valorar la estabilidad fiscal y la estabilidad monetaria.
Es decir que, dentro de esta movida que se puede calificar como muy buena aparecieron algunas señales que podrían explicarse por necesidades del frente interno.
Pero algo que se notó -también para el Partido Colorado, como veremos- fue la necesidad de "uruguayizar" la campaña: despartidizarla y asumirla como una campaña de todo el país. Y además, que la izquierda (tomando como tal al Encuentro Progresista y al Nuevo Espacio) busca que no tenga un tinte tan marcado, apuntando más a una visión socialdemócrata o, como decía hace unos días el ex candidato presidencial argentino Octavio Bordón, "el final de la izquierda uruguaya es un centro progresista", comparándola con el resto de la izquierda latinoamericana. Y de alguna manera es lo que está tratando de hacer Vázquez: ocupar el centro geográfico del tablero político, ya que sin duda quien ocupe antes y con más fuerza ese espacio será quien tenga más posibilidades de ganar el balotaje.

EC - Para completar este panorama, ¿cuáles son los riesgos que se le presentan?

OAB - En primer lugar, en la gente del Encuentro Progresista aparecen mayores que en la del Partido Colorado (no hablamos de los dirigentes sino de la gente), lo que podríamos llamar "la dificultad en bajar las banderas tricolores", ese intento de despartidización que Vázquez buscó desde la primera noche en el acto de celebración en Bulevar Artigas.
En segundo lugar, en Montevideo y el área metropolitana, vemos un triunfalismo demasiado fuerte; en alguna gente podemos hablar de una arrogancia triunfalista, con algunos niveles de intolerancia hacia quienes votaron a otros partidos. Por supuesto, esto no quiere decir que sea de todos ni mayoritario, pero hay esas puntas contraproducentes en un momento en que todos tienen que bajar las barreras, ser lo más tolerantes posibles para captar gente, y ahí la dirigencia frenteamplista va a tener ciertas dificultades para corregir una actitud que aparece como muy espontánea. Tal el episodio que citan los diarios, en que un grupo de hinchas de fútbol le gritan a Sanguinetti frente a uno de los velatorios de las víctimas del accidente.
Eso muestra a su vez otro de los hechos: la forma en que rápidamente van a tratar de magnificar cualquier incidente, por lateral que sea, que protagonice gente suelta del Frente Amplio, no importa si son muchos o pocos. Pero, producidos los hechos por un lado y magnificados por el otro, son un punto débil en la campaña electoral.

EC - Observemos ahora de qué manera se ha movido la candidatura del doctor Jorge Batlle.

OAB - Decíamos que comenzó de cara a la negociación como elemento central de su política, pero hubo un segundo aspecto que fue la "uruguayización". Mientras Tabaré levantó una bandera uruguaya (y el estrado del acto de cierre de campaña hacia el 31 de octubre tenía como fondo la bandera uruguaya) pero todavía no logró teñir la campaña hacia el balotaje, el Partido Colorado envió desde el primer momento, ese 31, todos los mensajes simbólicos hacia una campaña lo más despartidizada posible.
Resulta interesante en estos nueve días ver cómo Batlle ha ido cambiando los colores: empieza sí con los colores uruguayos, pero Jorge Batlle con una corbata colorada y Hierro con una azul; carteles con la bandera uruguaya y una combinación del colorado y el azul (recuerdo ahora uno con la leyenda "Batlle" en colorado, y "presidente" en azul). De a poco, el colorado fue disminuyendo y ya los últimos carteles que se están viendo son prácticamente todos en blanco y azul. Estuve viendo unos pegotines o volantes que prácticamente son la bandera uruguaya, o un campo blanco con barras azules, dentro de las cuales el "Batlle presidente". Y estos carteles que han aparecido ahora en vía pública, con algo así como "Siempre juntos", o "Es la hora de votar juntos", con fondo azul y blanco.

EC - Sí: un para de colores lo suficientemente ambiguos como para representar por un lado los colores de la bandera nacional y por otro los del Partido Nacional.

OAB - Por un lado permite uruguayizar la campaña, pero por otro, en términos electorales, el blanco y azul están muy identificados con el Partido Nacional. Entonces, como tú decías, es lo suficientemente ambiguo como para contemplar ambas cosas.
Yendo al tema de la negociación, una primera mención es lo que ha sorprendido un poco a los analistas es la relación de Batlle con el Nuevo Espacio. Venían en una actitud no digo de proximidad, pero el NE había llevado una línea muy dura de ataque a Tabaré Vázquez, a Sanguinetti, a Luis Alberto Lacalle, pero Batlle había quedado fuera de los ataques. A su vez, Batlle había hechos permanentes referencias podríamos decir amistosas hacia el Nuevo Espacio, y en determinado momento de las internas, se crea la imagen de que el NE se encamina a un acuerdo con Batlle. Independientemente de que fuera cierto o no, esas dudas quedaron planteadas. Además, internamente, el grupo conocido como "Tercera Vía", que se presentó en Montevideo y Canelones con la lista 1999, picanea un poco sobre ese tema, se muestran duros en la neutralidad del NE respecto a los otros grupos, pero en la última semana se produce un desmarque de Michelini respecto a Batlle, que lleva a una respuesta conceptualmente dura de Batlle, y se llega a la elección en el momento de mayor alejamiento entre Batlle y Michelini. Durante toda la campaña, Michelini había dicho: "Vamos a esperar que nos llamen y vamos a exigir tales condiciones para apoyar", y en la noche del lunes dice algo así como "No nos llamó nadie". El impacto mayor venía de que estaban esperando una llamada de Batlle, y ahí quedó un poco más alejado de lo que el propio Batlle estaba necesitando, ya que lo dejó jugado exclusivamente a un acuerdo con el Partido Nacional, cuando la neutralidad o la posibilidad de un acuerdo con el NE estuvo latente a lo largo de toda la campaña.

EC - Hasta ahora sigue sin haber contactos de Batlle con Michelini, por lo menos que se los conozca. Y a partir del pronunciamiento del domingo, la libertad de acción más la definición de los principales dirigentes del Nuevo Espacio a favor de Vázquez, es un camino que queda prácticamente bloqueado.
Pero sigamos hablando de la candidatura de Batlle.

OAB - Por un lado se hizo un lanzamiento formal de la campaña electoral, con toda la simbología hacia esa uruguayización, lleno de banderas nacionales, la elección de la Piedra Alta como lugar de arranque de la campaña, y todo un discurso jugado a crear un enfrentamiento entre dos grandes concepciones programáticas e ideológicas en el país, una representada por los partidos tradicionales y encarnada por Batlle, y otra representada por el Encuentro Progresista y encarnada por Vázquez como candidato presidencial.
El otro paso es la negociación con el Partido Nacional, vital para que el Partido Colorado encare la campaña de éxito.

EC - ¿Qué formas posibles tiene ese acuerdo?

OAB - En teoría hay tres formas posibles, aunque vemos que se está apuntando hacia una de ellas. Una era la coalición anticipada, que al Partido Nacional le resolvía más fácilmente el apoyo a la candidatura: era decir "Constituimos ya un gobierno de ambos partidos sobre estas bases programáticas y con este equipo de gobierno". Tenía como contrapartida, y quizá fue uno de los motivos que llevó a eludir este camino (otro puede ser la situación interna del Partido Nacional) que podría leerse como "Acá no interesa para nada el programa, lo que hubo fue un reparto de cargos". En general hay mucha sensibilidad a leer de esa forma los acuerdos, olvidando lo que hay detrás, y lo que los cargos representan como compromisos partidarios en alianzas, coaliciones o entendimientos. Pero, habiendo esa lectura, es un camino que tiene sus riesgos.
Otra vía que parece ser la que está en curso, es el entendimiento programático: un acuerdo para delinear un gobierno en común, a llevar a cabo por el presidente electo (en este caso sería Batlle) y para el cual, de triunfar Batlle, se conformaría la coalición luego de la elección.
El tercer camino sería más un apoyo unilateral en base a descubrir coincidencias básicas, tampoco parece el camino más fácil en la medida en que avanzó muchísimo un acuerdo con un texto que fue redactado por uno, corregido por el otro, vuelto a corregir por el primero.

EC - Y ya hemos entrado en el Partido Nacional.

OAB - Es el que tiene la masa más grande a efectos de definir la elección. El tema es si es una masa de votantes del Partido Nacional, o masa de independientes que votan al Partido Nacional pero que en esta instancia van a recibir estímulos, artillería e impactos de todos lados.
Por un lado, se habla mucho de una real o presunta idiosincrasia nacionalista rebelde, poco disciplinada, poco afecta al cálculo estratégico, lo que aparece como una dificultad para lo que necesita el Partido Colorado y, coincidentemente, la dirigencia del propio Partido Nacional: un disciplinamiento electoral para trasladar esos votos al Partido Colorado y darle el triunfo a Batlle.
Esa situación descansa en el juego de dos tendencias contradictoras, diría que muchas de ellas contradictorias a nivel de los mismos individuos (ya no dos bloques de electores): la tendencia a sentirse muy lejos de la izquierda, sobre todo el ver a la izquierda como "el marxismo, el comunismo, los tupamaros", la visión más dura y más clásica del votante herrerista ya que el wilsonismo en otro momento desarrolló otra línea. La otra tendencia es el tema de la rivalidad tradicional: el voto a lo colorado, que para personas de 60 o más años, del interior, que vivieron la gran rivalidad entre blancos y colorados que arranca en el siglo pasado y se prolonga a todo este siglo, y al apellido del candidato presidencial: Batlle no es un apellido común, no es fácilmente aceptable para blancos tradicionales. Esa contradicción generaría espontáneamente dos líneas de rechazos: a la izquierda y a Batlle. Ese es uno de los problemas básicos a los que el Partido Nacional tiene necesariamente que vencer, o a explotar más uno de los rechazos para minimizar el otro.
Un problema común al Partido Nacional y al Encuentro Progresista es que, tanto la posición del Nuevo Espacio de dejar en libertad de acción, aunque en definitiva su líder y los principales dirigentes anuncian que votarán a Tabaré Vázquez, prácticamente tiene (por el liderazgo de Michelini, y por ser el Nuevo Espacio un partido bastante nuevo, que no ha construido todavía una identidad) las características de un pronunciamiento partidario. Si todo el voto del Nuevo Espacio era el voto a Michelini (y así lo decía la propaganda de los dos sectores), que Michelini diga que vota a Vázquez es una señal muy fuerte.
Y si el Partido Nacional vota a Batlle, que es lo que prácticamente cabe esperar si hoy terminan estas negociaciones muy avanzadas, llegamos a un balotaje prácticamente con dos bloques: más orgánico uno, menos el otro, pero aparecería de un lado una especie de "partido de los partidos tradicionales", y del otro lado lo que podría llamarse "el partido de las izquierdas".
Esto tiene sus riesgos para ambos como dilución de identidad, lo cual es mucho más fuerte para un partido de la tradición histórica del Partido Nacional, con más de un siglo y medio, un siglo y dos tercios, que puede empezar a verse como parte de una identidad "blanquicolorada", a la que se ha llamado despectivamente "el partido rosado", que pasaría a ser "el partido tradicional", lo cual es complicado a futuro. Ya no es cuestión de que sea culpable la dirigencia de uno u otro partido, sino que era una de las consecuencias obligadas del balotaje, que llevaría a situaciones como esta, y que generaría efectos mucho más profundos a los que se pensó al delinear el balotaje. Hablamos de que los partidos puedan empezar a quedar en jerarquías distintas: unos los que disputan el balotaje y otros los que acompañan a los primeros.
Esto deja abierta, sobre todo respecto al Partido Nacional, una gran línea de análisis: cómo hará en el futuro para recuperar su identidad, su espacio perdido, y cómo va a jugar con este tema sobre todo en torno a las intendencias.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 9 - 1999