Y esta segunda campaña electoral llega a su fin
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

 OSCAR A. BOTTINELLI:
Llegamos al fin de la segunda etapa de este ciclo electoral 1999 - 2000: el 1º de noviembre empieza la tercera, y el 29 de noviembre empieza la cuarta, hacia mayo. Y ahí morimos todos.

EMILIANO COTELO - En primer término podríamos ver el contexto de la campaña.

OAB - Cada campaña (y es algo en lo que nosotros insistíamos cuando se hacía juegos sobre el balotaje) es por un lado la continuación de la anterior, pero por otro lado es algo independiente. Hay mojones: cada elección es un mojón que produce resultados.

El primer elemento de contexto de esta fase, entonces, es que parte del 25 de abril. Parte del 25 de abril en varias cosas: la primera es que dejó ganadores y resultados. Un Partido Colorado que resolvió muy rápidamente la confrontación interna, prácticamente esa misma noche dejó preanunciada la fórmula presidencial que se concretó el miércoles y Jorge Batlle salió como una figura engrandecida, y un partido que dice "Los colorados siempre saben resolver las cosas, manejarlas con seriedad". Ese fue un poco el posicionamiento inicial del Partido Colorado, que lo hizo arrancar primero en la competencia empatando con el Encuentro Progresista - Frente Amplio, y manteniendo ese lugar durante bastante tiempo.

El Partido Nacional sufre primero las consecuencias de la ley de las internas, según la cual aquel partido que tiene la primaria más disputada y más dura es el que se ubica peor hacia las elecciones siguientes. Esto lo vienen diciendo los analistas políticos norteamericanos sobre las primarias desde hace décadas, y es casi una ley de hierro, que no tiene excepciones. El Partido Nacional tuvo una interna extremadamente dura y con un nivel de enfrentamiento que prácticamente no le dejó salidas, y efectivamente fue el que salió peor posicionado: tardó casi dos meses y medio en lograr definir la fórmula presidencial, y hasta hoy no todo el partido logra encajar en la estrategia electoral (digo todo el partido, porque una cosa es el partido como tal y otra son sus partes). Además, históricamente, los manejos unitarios en el Partido Nacional son casi la excepción en el tiempo.

El Encuentro Progresista - Frente Amplio resolvió también rápidamente la interna. Es claro que cuando alguien gana cómodamente, con más del 80% de los votos, se resuelven las cosas fácilmente; no hay que emparchar demasiado. Pero además se emparchó con mucha rapidez: el reposicionamiento de Vázquez respecto a Astori y viceversa fue muy rápido.

Y el Nuevo Espacio también tuvo una situación difícil de arranque, ya que prácticamente había desaparecido de la visibilidad, con una elección interna de la que de hecho no participaba: había meramente un trámite registral, sin contienda, sin competencia, sin otra cosa que el que los fieles fueran a dar un acto de adhesión. Realmente, fue un peaje bastante grande.

Diría que ese es un primer contexto. El segundo tiene que ver con el sistema: hay un nuevo sistema que determina que los actores y la gente empiecen a adaptarse a una nueva realidad.

Nos parece que el contexto de arranque presidencializó demasiado la campaña. Abril se había centrado mucho en los candidatos presidenciales, y de allí la campaña arranca con un perfil casi exclusivamente presidencial, como si no hubiera una elección parlamentaria. Costó muchísimo "parlamentarizar" la elección, aún en el interior, donde los candidatos a diputados está ahí, cara a cara con la gente. Y yo diría que en Montevideo la gente está aterrizando recién ahora no sé si en la parlamentarización, sino en que debe canalizar el voto a Presidente a través de una hoja con una número, lo que vulgarmente se llama "una lista".

Y lo otro es que la gente se encontró con un sistema simple, y como sistema simple encontró que la estantería tenía poca mercadería. Estaba acostumbrada a tener ocho, 10 o más opciones, y ahora sólo tiene cuatro. Eso sorprendió mucho a la gente, y empezó a encontrar que le faltaban los matices a los que estaba acostumbrada. A veces eran matices más formales que reales, porque las opciones reales, normalmente, no eran más que dos o tres, pero había otras opciones en las cuales la gente se podía refugiar aunque supiera que de verdad el voto iría a otro candidato, pero que le permitían tener estadios intermedios en su decisión.

Y un tercer elemento de contexto que nos parece extremadamente relevante es el cambio de percepción sobre la situación del país. No estoy hablando de que el país esté mejor o peor (ese es un tema de economista o lo que fuere), pero a nivel de análisis lo que nos importa es lo que la gente percibe. Si el país está muy bien y la gente percibe que está mal, desde el punto de vista de opinión pública lo que importa es que perciba que está mal; y a la inversa, el país puede estar muy mal pero la gente percibir que está bien, y eso es lo que importa para este análisis.

EC - Y ¿cuál fue el cambio que se dio?

OAB - El cambio es que en abril había una percepción promedial, la que más o menos se venía dando en los últimos años: tres partes casi iguales, una con una percepción tremendamente negativa; otra con una percepción muy positiva, cómoda, exitosa, y otra parte oscilante.

Pero a partir de abril predomina una percepción negativa, la de un país en crisis. Una percepción que diferenciaba en las causas de la crisis, si era de largo aliento, estructura, o pasajera, coyuntural. Pero de un país con cierto grado de optimismo sobre el presente, hacia abril pasamos en el segundo tramo de la campaña a un tono pesimista.

EC - ¿Qué destacarías, ahora, en cuanto a la forma de la campaña?

OAB - Lo primero es la ausencia de los debates, lo que no ayuda a la gente a poder comparar propuestas. Por supuesto, el tema no es sólo que haya debates, sino que los debates tengan una forma, una estructura que sirvan. Si el debate es para que uno le grite al otro, le lance acusaciones, "usted es un reaccionario", "usted es un totalitario"… eso no sirve. Sirve si los debates están muy bien pautados, cada bloque es para discutir un tema, los actores se ciñen a él, hay periodistas u otros profesionales que formulan preguntas y repreguntas para mantener la agenda y que no se salga de ella, que es un poco el modelo que se fue perfeccionando en Estados Unidos.

Pero hay un dato: nadie al que le vaya bien va a debatir, porque lo que le va a permitir el debate es cometer errores y perder, en el mejor de los casos empatar, y no le va a mejorar nada.

EC - Acaba de pasar en Argentina, ¿no?

OAB - Acaba de pasar en Argentina. El debate le sirve al que viene mal. Entonces, ¿cuándo hay debate? Cuando se instaló en la sociedad. En Estados Unidos, si un candidato a la Presidencia dijera "Yo no debato", el efecto que tendría negarse a debatir sería peor que el peor efecto que pudiera tener el debate. Porque el debate ya está en la agenda…

EC - Forma parte de la institucionalidad.

OAB - Claro, y cuando se institucionaliza que 30 días antes de la elección habrá un debate, y la discusión sólo es sobre si serán uno, dos, tres o cuatro, entonces el debate existe. Cuando el asunto es "Yo debato si quiero, o no", hasta que no se institucionalice, sólo podemos augurar que en noviembre vamos a tener debate o no, según que estén o no empatados: si hay empate habrá debate; si uno le saca una gran ventaja al otro, no lo habrá. El que vaya adelante no va a debatir.

EC - Decíamos que pasó en Argentina, De la Rúa no quiso debatir y provocó las iras de sus contrincantes, y aquí los desafíos a debatir partieron básicamente del doctor Lacalle y de Rafael Michelini, y la negativa provino de Vázquez y Batlle.

OAB - Confirmando la regla. Un segundo aspecto de la campaña, que me parece algo impactante: la publicidad negativa. Uruguay tiene una tradición (no quiero meterme en cosas ajenas, acá toco de oído, hablo como consumidor), estamos acostumbrados a que la publicidad comercial en Uruguay es bastante "light"; no tenemos tradición de una publicidad agresiva. Hace poco estaba viendo televisión en el exterior, y en un aviso aparecía la botella de una marca, una persona tomaba la bebida, la escupía, y remataba: "Hay que tomar esta otra". Quedé horrorizado.

EC - En Uruguay prácticamente no se ve.

OAB - Habrá antecedentes distintos, pero uno está acostumbrado a ver publicidad por la positiva: "Mi producto es el mejor", y a lo sumo una referencia muy indirecta a la competencia. La propaganda política, diría yo, marcaba la pauta en eso; no la seguía sino que la marcaba. La propaganda era por la positiva. Los discursos podían ser agresivos, pero no los avisos.

En esta campaña fue al revés: fue más dura la propaganda que los avisos. Con un recurso extraño también: el uso de imágenes de los contrarios en la publicidad propia. Había empezado en el 96 con el uso de la imagen de Seregni y Astori en la publicidad por el Sí a la reforma constitucional…

EC - Hubo también un antecedente en el 94, cuando se utilizaba la imagen del entonces presidente Lacalle, lo que generó una reacción suya que llevó a que, en un episodio bastante discutido, el aviso fuera levantado. Después sí estuvo el del 96, pero ahora tuvimos una invasión.

OAB - Ahora fue un recurso muy usado. No puedo decir que todos, porque puedo generalizar injustamente, pero diría que a nivel de partidos todos han usado imágenes de los contrarios.

EC - Es más: han usado fragmentos de la publicidad de los otros candidatos, no ya imágenes de archivo sino directamente de los spots.

OAB - Que, dicho sea de paso, no sé si no se está violando los derechos de autor. Pero esto es un cambio en el país, y estos cambios a veces vienen para quedarse. Tomémoslo así, observémoslo, y veamos más adelante si esta campaña no está dando indicios de cambios importantes en las formas de hacer política en el país; que no es sólo el calor de la campaña. Aquello de que en el calor del discurso es como una persona que tomó demasiado ó está muy emocionada y dice lo que no debe decir, y es cuando afloran las cosas que uno tiene metidas adentro y las tiene tapadas porque es demasiado civilizado. En el calor de la campaña salen cosas que, evidentemente, estaban ahí. Y parecería que el Uruguay está perdiendo algunas de esas formas (llamémosle delicadas) de hacer política, y esto habrá que observarlo.

EC - Te propongo ver rápidamente, en un pantallazo, las estrategias de los partidos.

OAB - Veamos las estrategias en el juego entre los partidos. Obviamente, la estrategia tiene mucho que ver en el posicionamiento temático, en el posicionamiento hacia la gente, pero básicamente en lo que respecta al juego entre los partidos veamos cuatro puntos:

El Partido Colorado buscó el silencio, navegar en olas tranquilas, y polarizar con el Encuentro Progresista - Frente Amplio.

EC - ¿Qué quieres decir con que "buscó el silencio"?

OAB - Tratar de agitar las aguas lo menos posible, desde el punto de vista de que se dieran grandes discusiones sobre la gestión de gobierno y sobre la situación del país, y más bien ubicarse en un juego político según el cual hay dos actores -el Partido Colorado y el Encuentro Progresista - Frente Amplio-, prefigurar un balotaje para generar que efectivamente el balotaje fuera ese. Por supuesto, esa estrategia tuvo sus éxitos y sus fracasos: es la tercera vez consecutiva en que el Partido Colorado arranca muy bien la campaña electoral y termina bastante apretado; siempre las cifras finales están muy por debajo de las que tenía al comienzo de la campaña electoral (le pasó en el 89, en el 94 y en el 99).

El Encuentro Progresista - Frente Amplio hizo casi lo mismo pero al revés. Al revés en dos sentidos: uno, obviamente, contra el Partido Colorado, pero más que contra el Partido Colorado planteando que el país tiene dos bloques, y prefigurando el balotaje independientemente de cuál fuera el contendor, entre "el proyecto progresista" y "el proyecto neoliberal": "Esta es la controversia del país: el balotaje, no importa con quién, es con alguien que representa al proyecto que gobernó al Uruguay en los últimos 15 años; y el otro es el cambio, que somos nosotros". Esa fue la estrategia planteada rápidamente.

El Partido Nacional, naturalmente, fue al juego del triángulo, muy explícitamente en los últimos avisos, pero que marcó toda la campaña: "Hay un modelo que es el de este gobierno y este presidente; otro modelo que es el cambio radical del Encuentro Progresista, y un tercer modelo intermedio que es el nuestro; que no es uno ni el otro, y además es el único modelo seguro, tranquilo", etcétera.

El Nuevo Espacio jugó a ser una cosa distinta a los tres. Yo diría que sorprendentemente, porque no era lo que esperábamos todos, no jugó a ser el resumen de puntos comunes de todos los partidos, sino de la diferenciación con los tres, mediante una línea de muy duro ataque a los tres

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
octubre 26 - 1999