Un especial clima electoral a 19 días del domingo 31
Oscar A.Bottinelli

Quedan tan sólo 19 días para las elecciones. Y algo que llama la atención es el escaso clima de campaña electoral que se nota en la calle, particularmente en Montevideo. Precisamente sobre este tipo de cosas es el análisis que nos propone para hoy el director de Factum, Oscar A. Bottinelli: "Un especial clima electoral a 19 días del domingo 31".

Estamos ante una ciudad insólitamentente limpia desde el punto de vista de la campaña electoral, lo cual sin duda debe ser una gran alegría para los estetas del paisaje, un alivio para las críticas de Rosario Castellanos sobre los cartelitos pegados por ahí, pero es un motivo de preocupación para los analistas. Hay una diferencia entre Montevieo y el interior, donde se ve una mayor presencia de publicidad en vía pública, pero en la capital es una campaña muy asordinada.

Quien recorra Montevideo se va a sorprender por la escasez de balconeras a 19 días de las elecciones. Hay pocas, muchas menos que en abril, y sin ninguna duda muchísimas menos que en las elecciones de 1994. En particular llama la atención la ausencia de balconeras frenteamplistas. Hace pocos días un dirigente del Encuentro Progresista nos decía: "Antes el Frente copaba con propaganda las calles pero faltaban votos, ahora no se lo ve en las calles pero sobran los votos". Más allá de los comentarios o la visión de cada uno, lo cierto es que está faltando publicidad.

También hay una diferencia dentro de Montevideo entre los barrios que constituyen ese semicírculo alejado del Centro geográfico hacia la periferia, con respecto a la costa. Sin duda, en los barrios hay una actividad particularmente personalizada, de visitas puerta a puerta, de recorridas de candidatos, de distribución de material en las casas, mucho más fuerte que el que se observa en la costa.

Un segundo aspecto es que las elecciones recién comienzan a ser un tema presente en las conversaciones. Esta es una conclusión de diversas observaciones puntuales que hemos hecho en Factum. Inclusive, un par de semanas atrás, el tema del Hipermercado Géant fue mucho más dominante en la gente que el voto, la campaña, las elecciones o el futuro del país, algo que también llama la atención: si comparamos con 1994, a 19 días de las elecciones, el tema de conversación por excelencia era el electoral.

Lo otro que se nota es que hoy, a 19 días, cuando se habla sobre lo electoral, más que la polémica entre convencidos por una u otra opción, la conversación es entre gente dudosa y gente indecisa: mucha conversación en torno a qué se va a votar y por qué, como una exploración de las razones del otro para votar. Por supuesto, siempre existen segmentos bastante claros, de gente muy convencida y hasta fanatizada, pero el clima dominante, particularmente en Montevideo y la zona metropolitana, es el que acabamos de describir.

En síntesis, una menor sonoridad, menos decibeles en esta campaña electoral, menos presencia en la vía pública y una actitud en la gente de estar recién entrando en el tema, y además entrando como a tientas, como buscando orientarse en el camino.

¿Qué explicaciones habría para esos cambios? Una es la posibilidad de agotamiento electoral producido por la instancia de abril y la larga campaña hacia ese momento. No olvidemos que la campaña hacia abril puede estimarse en no menos de seis meses, con etapas e interrupciones (la del verano, la de Semana de Turismo), pero fueron prácticamente seis meses de campaña que siguieron a otro período previo en que existió la incógnita sobre la definición de quiénes serían los precandidatos de cada partido y en particular dentro del Partido Colorado quiénes serían los del Foro Batllista... Todo eso generó expectativas, una campaña que se resumió en el resultado de abril, y todo eso puede haber generado una especie de agotamiento del clima electoral.

Una segunda posible explicación es que se estén dando cambios en la cultura política del país, que haya una disminución de la intensidad en la relación del ciudadano con la política, en un país en que la política fue muy central, muy omnicomprensiva, en que todo quedaba teñido por la política y sobre todo por la política partidista. Podríamos estar en un proceso de cambio, lo que resulta avalado por otros indicadores.

Una tercera explicación posible es que haya problemas de adaptación al nuevo sistema electoral (lo hemos tratado antes): problemas de adaptación a las nuevas reglas de juego, reglas que la gente ve en primer lugar como esta sucesión de etapas que van produciendo un cansancio o agotamiento, en segundo lugar reglas que aparecen como más duras, más restrictivas, que reducen la oferta electoral (hoy no tenemos ocho candidatos entre los partidos con posibilidades de acceder al Parlamento, como en 1989, ni la oferta variada de 1994, en que también hubo más de media docena de candidatos, que hoy se reducen a cuatro entre los partidos con representación parlamentaria, y cinco en total, cuando en la elección pasada, en total, estábamos cerca de la veintena). Esta reducción de oferta es más dura para el votante, porque en definitiva reduce la libertad del elector.

Estas pueden ser tres posibles explicaciones de este fenómeno. Pero vemos además lo siguiente: en la encuesta que dimos el viernes pasado aparecía más o menos un 11% de indefinidos puros, otro 11% de gente con dudas fuertes, y otro 11% con dudas livianas. El electorado propiamente volátil sería el de los dos primeros grupos (si las dudas son leves, es probable que el tercer grupo termine afirmando su decisión primaria). Si nos quedamos con estos dos sectores, indefinidos puros y dudosos fuertes, tenemos un 22% del electorado. Es mucho: estamos hablando de cerca de medio millón de personas.

Entonces, ¿qué fenómenos es dable esperar en estos 19 días que faltan para las elecciones? Que este 22% va a ir afirmando una decisión: algunos (3 o 4%) quedarán con el voto en blanco, pero los demás van a tratar de afirmar una decisión.

Lo que se va produciendo normalmente es que los indecisos pasen a decididos, los dudosos afirmen su decisión, pero por otro lado se está viendo un fenómeno muy importante: lo que llamamos el swing, la transferencia lineal de un partido a otro: gente que pensaba votar a un partido, está en dudas con ese partido y cambia el voto a otro. Hemos apreciado la transferencia lineal, particularmente del Partido Colorado al Partido Nacional (esto aparece con alguna fuerza y ha motivado ese achicamiento de las diferencias entre el Partido Colorado y el Partido Nacional), y por otro lado hay indicios de un pequeñísimo swing del Partrido Colorado al Encuentro Progresista - Frente Amplio. Es decir: el crecimiento del Encuentro es más bien producto de indecisos que se inclinan hacia el EP, pero también hay indicios de gente que hasta ahora venía inclinada a votar al Partido Colorado, pero ha cambiado -por lo menos provisoriamente y con dudas- su orientación.

Estos son algunos elementos de esta campaña electoral bastante rara, bastante aplacada en la vía pública, en la expectativa de la gente, y además con la gente recién armando un proceso final de decisión cuando estamos a tan pocos días de la elección.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
octubre 10 - 1999