Blancos del interior, frentistas de la capital
Oscar A.Bottinelli

A 45 días de estas segundas elecciones del año, puede decirse que la campaña electoral ya ha comenzado, con la aparición de spots publicitarios en televisión y radio, y la acentuación de la campaña callejera. En el posicionamiento ante los electores, no todos los partidos tienen un discurso dirigido a todo el país. Por eso hablamos de los blancos del interior y los frentistas de Montevideo.

¿Por qué el Partido Nacional y el interior? Electoralmente, en 1994, el 70% del voto nacionalista fue del interior. En abril pasado, la participación del voto blanco ya no fue del 70 sino del 77%. Y lo que vienen dando hoy las encuestas es más fuerte aún, ya que el 80% del electorado del Partido Nacional estaría en el interior. A la inversa, en Montevideo, la participación en el total del voto nacionalista pasó del 30% en 1994, al 23% en abril pasado, y al 20% hoy según lo que arrojan las encuestas.

A esto se suma que el Partido Nacional ha ido acentuando en los últimos años un discurso como de representante del interior. Si bien ha sido una constante en la historia del Partido Nacional, en los últimos años se ha sentido una acentuación del mismo, que coincide con un imaginario blanco, que ve a un país urbano mucho más colorado y a un país rural mucho más blanco. Y ha tenido algunas acentuaciones simbólicas o emblemáticas: en el caso del candidato a Presidente, es notoria la forma en que Luis Alberto Lacalle maneja elementos, símbolos, frases, de fuerte identificación con el interior y con el campo: el uso de modismos de gracejo criollo, de frases acriolladas; e incluso algo que ha moderado últimamente, una forma de vestir en que muy seguido aparecía de poncho.

Esto sin duda ayuda al Partido Nacional a un mayor posicionamiento en el Partido Nacional, acompañado además por la forma en que operó en los últimos meses en el tema agropecuario, en que se despegó muy fuertemente de las políticas de gobierno, pasó a acompañar las demandas de las gremiales agropecuarias, y llevó a esa minicrisis en la coalición que llegó al retiro de su ministro de Ganadería (un ministerio que pasó a manos coloradas y directamente vinculadas al presidente de la República, como es el caso del senador Luis Brezzo), lo cual está marcando también esa permanente búsqueda de sintonía del Partido Nacional con el interior, de actuar como su vocero o representante.

Ahora bien: el problema que esto le plantea desde el punto de vista estrictamente electoral es que el conjunto metropolitano (Montevideo y toda su área de influencia: incluyendo Canelones, la ruta 5 hasta Progreso, toda la zona de Suárez, Toledo, ruta 8 tal vez incluyendo Pando, toda la costa hasta Parque del Plata; Rincón de la Bolsa en San José…) representa más de la mitad del país, más de la mitad del electorado. El Partido Nacional aparece tercero en las encuestas, ha ido afirmándose, acortó su diferencia con el Partido Colorado, pero su debilidad mayor es una baja votación en Montevideo y toda esta área metropolitana. Entonces, si no repunta en esta zona, no está en condiciones de lugar su meta de desplazar del segundo lugar al Partido Colorado, y enfrentar en el balotaje al Encuentro Progresista - Frente Amplio.

¿Qué pasa con los "frentistas de Montevideo"?

El término puede ser un poco exagerado, pero apunta a un hecho: el origen capitalino de la izquierda uruguaya, a lo largo del siglo. Recordemos que en 1971, cuando surgió el Frente Amplio, tres de cada cuatro votos los recibió en Montevideo. Hay una temprana presencia parlamentaria en los años 40, cuando el Partido Socialista obtiene una banca en Salto en un par de oportunidades (la ejercieron José Pedro Cardoso, Mario Cassinoni y Germán D'Elía), y también muy tempranamente, en el año 1946, el Partido Comunista obtuvo una en Canelones, que ejerció Carlos Leone. Pero esto no puede tomarse como símbolos de representación del interior, sino que fueron más bien efectos de todo nuestro complicado sistema de adjudicación de bancas, que llevó a lograrlas pese a su magro número de votos. Se puede decir que la presencia de la izquierda con alguna significación empieza en el interior en 1971.

La votación Montevideo - interior fue cambiando: de ese 75 a 25% en 1971, se pasó en 1994 a 65 y 35% en el interior; en abril pasado se mantiene exactamente igual la proporción, y ahora en las encuestas crece el peso del interior, ya que la relación pasa a ser 58 en la capital y 42% en el interior. Es bastante equilibrado, aunque hay todavía un sobrepeso de Montevideo, sobre todo si tenemos en cuenta que en ese porcentaje del interior pesa el área metropolitana que describíamos antes: Montevideo, parte de Canelones y San José.

Lo otro que se nota es que el voto del Frente Amplio está relacionado con la urbanización. Dicho de otra manera, cuanto más grandes son las ciudades, más peso tiene el Frente Amplio: es relativamente alto en Salto, Paysandú, Maldonado. Decrece en las ciudades medianas, y cuando vamos a los pueblos chicos y a las áreas rurales, decrece aún más.

Además, en general el discurso de la izquierda y del Frente Amplio tradicionalmente tuvo "olor a asfalto". Fue un discurso de reivindicación urbana, muy vinculado a un universo fabril y relacionado con el Estado (en el interior, precisamente, la izquierda fue fuerte en las ciudades fabriles de Juan Lacaze y Paysandú). Esto ha ido cambiando, y uno de los cambios significativos es el énfasis que está poniendo el líder del Encuentro Progresista - Frente Amplio y candidato a la Presidencia, Tabaré Vázquez, en atender electoralmente el interior del país, en recorrerlo, como lo ha hecho en esta gira intensa por todos los pueblos chicos que la izquierda no había atendido con la fuerza con que lo está haciendo en este momento. Y además, la inserción del Frente en los temas agropecuarios, particularmente con más enraizamiento en los aspectos granjeros o lecheros, y la mayor sintonía que ha logrado con el planteo agropecuario actual.

Lo que aparece como una línea más vinculada a la anterior visión de la izquierda, ese Frente Amplio más montevideano, es el discurso del intendente Mariano Arana y en general de la Intendencia: un discurso de una impronta muy montevideana, que además se plantea en términos que yo creo inadvertidamente confrontacionales con el interior. Por ejemplo, en este momento la Intendencia de Montevideo ha lanzado una fuerte campaña publicitaria en la cual denuncia postergaciones o falta de subsidios del gobierno central, destacando que es la única intendencia que no los tiene. Esto puede tener una lectura en Montevideo, pero puede tener otra en el interior: que la Intendencia de Montevideo se está quejando que el interior tiene subsidios, cuando la percepción que la población del interior tiene de sí misma es que son mucho más débiles, que hay mucho menos recursos que los que puede haber en la capital. No interesa la discusión de fondo, que no es nuestro análisis: quién tiene razón. Lo que nos interesa es marcar cómo aparece como contradictorio, en un momento en que el Frente Amplio pretende ganar el interior este posicionamiento de Arana y de la Intendencia en una línea tan fuertemente montevideana, un posicionamiento que en general es tradicionalmente irritativo en el interior del país, y esto que aparece como una reivindicación de la necesidad de subsidios, como disputándolos con el interior del país.

En concreto, entonces si el Encuentro Progresista - Frente Amplio sigue generando (aunque sea lateralmente) imágenes de contraposición Montevideo - interior, puede frenar el crecimiento y hasta perder lo que ha venido ganando de inserción, particularmente en esas zonas de menor urbanización.

Y en resumen, tanto el Partido Nacional como el Frente Amplio están necesitando, partiendo de zonas opuestas del país, hacer un discurso menos regional y más comprensivo de todo el país.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 16 - 1999