Una primera sensación del nuevo sistema electoral
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO
Mañana termina lo que puede llamarse la veda de gran publicidad masiva en materia electoral. Pasado mañana, sábado, a cincuenta días exactos de las segundas elecciones de este ciclo, de las elecciones nacionales del 31 de octubre, dará comienzo a la publicidad en los medios electrónicos, la radio y la televisión. Y los grupos políticos harán coincidir ese momento con el lanzamiento a pleno de sus campañas electorales: no sólo se iniciará la publicidad en radio y televisión, sino que realmente comenzará también la lucha callejera, la propaganda en la vía pública, los carteles y "cartonplast", los volantes y folletos, las pegatinas. Así, en vísperas del inicio de la segunda campaña electoral del año, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como tema de análisis político una primera sensación del nuevo sistema electoral. Para empezar, le propongo hablar de los cambios que este sistema ha traído.

OSCAR A. BOTTINELLI
Los cambios no sólo han sido modificaciones de tipo técnico, de cuándo y qué votar, de cómo computar los votos o proclamar los cargos. Modifica, sí, eso que acabamos de decir, pero es más profundo: modifica conductas, visiones, la forma de hacer política por parte de los actores políticos, la forma en que la gente mira a la política, pararse frente a ella y tomar posición en relación a la política y al voto.

Este cambio supuso una serie de elementos importantes, algunos de los cuales vale la pena resaltar:

Uno. Se pasó de la elección única en que toda la campaña electoral y el quinquenio de actuación del gobierno se resumían en un día, en el que se pasaba a tener nuevas autoridades nacionales, municipales, nuevo Parlamento, y esa noche quedaba decidido el resultado y terminaba todo. De eso se pasa a tres elecciones, cada una de las cuales genera un resultado, deja algunos perdedores, genera rankings políticos, reacomodos, y abre una nueva instancia. La de abril abrió esta de octubre; la de octubre dejará mucha cosa resuelta, pero posiblemente dejará sin definir la Presidencia de la República. Y cuando en noviembre terminemos este ciclo, todavía quedarán los gobiernos departamentales de por medio.

Dos. Pasamos del doble voto simultáneo o "ley de lemas", las múltiples candidaturas presidenciales por cada partido, al candidato único. Un cambio fundamental en la forma en que el votante se sitúa en relación a los partidos y a los candidatos.

Tres. Se pasó de la pluralidad de listas al Senado y a la Cámara de Representantes, de una oferta amplia con muchas combinaciones, a una oferta mucho más reducida, en función de una serie de elementos introducidos por la reforma que comentamos en varios programas anteriores, acerca de cómo operó particularmente en los dos partidos tradicionales.

Todo esto genera algunas sensaciones, algo de lo cual destacamos en el comentario anterior. En primer lugar, de este resultado único y definitorio, que generaba nerviosismo en los actores, dudas en la gente, vacilaciones en cuanto a qué y cómo votar, encuestas que marcaban tendencias pero nadie las consumaba en votos, de eso se pasó a este otro sistema que podemos llamar de impactos en etapas, de knock outs sucesivos: en abril se produce una serie de resultados shockeantes donde hay ganadores y perdedores. La cosa no terminó ahí porque esos ganadores lo eran para seguir compitiendo, y los perdedores debían reacomodarse: un reacomodo puede ser irse para su casa, otro puede ser seguir armando listas para hacer su oferta electoral al Senado o a diputados detrás del candidato presidencial ganador, y presentarse hacia octubre.

También es importante señalar que se pasó (y con esto no estamos valorando si el sistema anterior era bueno o malo ni si el actual es bueno o malo, porque hay muchos efectos, muchos impactos, que llevan a que uno y otro sean valorados contradictoriamente por unos y otros) de un sistema muy rico que dejaba el múltiple voto simultáneo, y que daba además distintas combinaciones de opciones presidenciales, parlamentarias y municipales, a este sistema de elección simplificada en etapa, con escenarios diferentes, que uno casi diría de elección binaria, donde las opciones son A o B, a lo sumo A, B o C. Aquello era mucho más rico, más plural, más matizado, y en nuestra percepción le daba al elector una posibilidad menos rígida al momento de decidir: no tenía la sensación de que se jugaba al todo o nada en el momento de dar el voto; que no estaba definiendo totalmente ganador o perdedor, que siempre había una cuota de elección.

Por otra parte, y mucho como producto de lo que decíamos recién, observamos la presidencialización de la elección. Si bien antes la opción presidencial tenía una fuerte importancia, jugaban muchos planos de competitividad no necesariamente tan excluyentes. El elector podía pensar "La Presidencia importa, pero a mí me importa el partido, dentro del partido me importa este grupo, este sector, esta lista al Senado, y en el plano departamental este candidato a diputado". Si bien hoy esto existe, y posiblemente la elección parlamentaria va a adquirir mucha fuerza en estos 50 días venideros, lo que por ahora se observa es que en la opinión pública lo que está presente esencialmente es la opción presidencial".

Otro apunte es lo que llamamos la desaparición aparente de los grupos perdedores. ¿A qué nos referimos? A que se ha percibido en la competencia entre sectores -que se refleja en gran medida en las grandes listas al Senado- que en los tres grandes partidos el sector del precandidato presidencial perdedor en abril apareció como un gran perdedor también en la competencia parlamentaria. Desde que hubo sectores de la ciudadanía que pensaban que, una vez que triunfó Batlle, el Foro desaparecía y no se presentaba a las elecciones nacionales de octubre: que votaba sólo la lista 15 (y lo mismo para los otros dos partidos); a la disminución de impacto que supone al Foro en el Partido Colorado, igual que al ex "ramirismo", Alianza Nacional en el Partido Nacional, o a Asamblea Uruguay en el Encuentro Progresista - Frente Amplio, la necesidad de remontar los resultados más allá de los niveles que obtuvo el 25 de abril. Después del 25 de abril estuvieron por debajo de los niveles obtenidos en esa instancia, y hoy están sensiblemente por debajo de esos niveles. Es decir que el resultado de las primarias tuvo un efecto en cascada que va mucho más allá de lo habitual en las elecciones uruguayas.

También es señalable que este juego en etapas, donde las elecciones dejan resultados fuertes, eliminan candidatos, potencian o disminuyen a sectores, y no son definitorias porque tenemos una segunda, una tercera y una cuarta etapas entre octubre el año próximo, ha generado una fuerte crispación en los actores políticos, con un nivel de nerviosismo mucho mayor que en las elecciones por el viejo sistema.

Derivado de esto, las candidaturas, las opciones, aparecen con aristas mucho más cortantes, como esquemas más duros que el que presentaba el sistema anterior. Quizá una de las aristas duras es que hoy quien quiere votar a un partido sabe que vota a ese candidato y punto, cuando antes sabía que, aunque en última instancia el candidato A era el que iba a ganar porque no había ninguna chance para ningún otro, se podía contentar diciendo: "A no me gusta, voto a B. Y si mi voto va de B a A no es mi problema". Es decir que tenía refugios para salirse un poco de estas aristas cortantes.

Por último, dejamos más bien planteado un tema que va a estar muy fuertemente presente en estos 50 días: la tensión que ya se observa en algunos electores entre lo que puede llamarse la pertenencia partidaria (esa adhesión a un partido que va más allá del voto en una elección, el "ser colorado", "ser blanco", "ser frenteamplista"), y la selección del candidato presidencial que muchas veces no coincide necesariamente con la candidatura de su partido. Esa tensión entre lealtad al partido y preferencia por un candidato distinto, "traición a su partido" si vota por otro candidato, esa tensión entre la atracción del partido versus la atracción del candidato.

Estas son las que podemos llamar primeras sensaciones, primeras percepciones en el estreno de este nuevo sistema electoral, cuando estamos a punto de iniciar el tramo de 50 días de campaña hacia la segunda instancia del ciclo 1999-2000

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 9 - 1999