Las elecciones presidenciales argentinas: siete días antes que las uruguayas
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO:
Dentro de exactamente dos mses, sesenta y un días, se realizan las elecciones nacionales, la segunda y quizás penúltima etapa de la elección presidencial. Pero siete días antes, el domingo 24 de octubre, tendrá lugar en Argentina la primera vuelta de la elección presidencial. Como es notorio, el Mercosur ha supuesto que cada vez más la suerte de uno de los países del bloque afecta a los demás, pero sobre todo después de la devaluación del real y la crisis de Brasil, la situación de Uruguay y Argentina están mucho más relacionadas.
Por eso es que el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone para hoy como tema de análisis político las elecciones presidenciales argentinas: siete días antes que las uruguayas. ¿Cuáles son las reglas de juego para el 24 de octubre?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Argentina también tiene un sistema de elección a dos vueltas, con una variante: el candidato más votado (uno por partido, como siempre en Argentina) es electo si obtiene más del 45% de los votos efectivamente emitidos. Por tanto, es mucho más fácil resultar electo en la primera vuelta en Argentina que en Uruguay, donde se requiere tener más del 50% de los votantes, lo que implica un 52 a 53% de los votos emitidos. Es una diferencia muy grande. La otra diferencia es que en Argentina rige la cláusula que rigió en Uruguay para las primarias de abril: también puede ser electo el candidato más votado si tiene más de 40% y 10 puntos porcentuales de diferencia con el segundo.

Estas cláusulas, más la forma de la competencia, determina que en Argentina pueda darse o no, pero no es nada extraño que el presidente sea electo el mismo 24 de octubre sin necesidad de ir a una segunda vuelta un mes después, mientras que en Uruguay lo más probable es exactamente lo opuesto.

¿Cómo es la competencia? Por un lado está el Partido Justicialista, que, salvo en 1983, ha ganado casi siempre las elecciones realmente competitivas en las que ha podido participar en pie de igualdad, y que tuvo una transformación fundamental en su programa y en su concepción a través de Menem y el menemismo. En este momento aparece en una situación bastante complicada, porque por un lado tiene la responsabilidad del gobierno y los éxitos de diez años de gobierno, y por otro lado tiene las carencias, las fallas que evidencian estos mismos diez años de gobierno. Eso ha llevado a que su fórmula presidencial, Duhalde - Ortega, no sea propiamente la sucesión cien por ciento oficialista, en la medida en que manifiesta puntos de vista diferentes a los del gobierno. Duhalde llega como candidato presidencial sin ser el preferido del presidente Menem y sin tener tampoco a todo el partido detrás suyo, porque sectores importantes que no están con Menem ni con Duhalde, como el gobernador electo de Santa Fe, Carlos Reutemann, como el líder político del Chubut, Kirschner, de ninguna manera están entusiasmados con esa candidatura.

Además, el justicialismo enfrenta no sólo a partidos separados, sino a la Alianza, un bloque electoral muy importante, que recoge a la Unión Cívica Radical, que lleva al candidato a Presidente, Fernando de la Rúa, y el Frente País Solidario, una coalición de centroizquierda que integra la fórmula con el candidato a vicepresidente, el diputado Carlos "Chacho" Alvarez, y a su vez lleva la candidatura a la gobernación de Buenos Aires, con Graciela Fernández Meijide.

Ahora bien: cuál es la mayor diferencia de la competencia en Argentina de la uruguaya. En Uruguay tenemos una competencia triangular con un cuarto partido, que está más o menos entre el 5 y el 8% de la intención de voto. Argentina también tiene un partido con un apoyo de entre el 5 y el 8%, pero no es el cuarto sino el tercero, que espera básicamente a que la elección no se defina en la primera vuelta, porque -teniendo el mismo rango de votación que el Nuevo Espacio en Uruguay- tendría un papel mucho más fuerte porque sería el fiel de la balanza entre la Alianza y el justicialismo.

La agenda electoral es muy complicada. Por un lado, nadie quiere aparecer cuestionando el modelo económico, y sobre todo lo estabilidad alcanzada, la ausencia de inflación, la paridad del peso argentino con el dólar. No olvidemos que Argentina sufrió -y en más de una oportunidad- procesos de hiperinflación, con subas superiores a un 500% en un año (que no es la inflación que hemos conocido en Uruguay, sino uno de esos tipos de inflación en que la moneda desaparece). Haber logrado una estabilidad, una inflación cero, aparece como un logro con el que nadie quiere ser disonante.

Por otro lado, esta política ha generado niveles muy elevados de desempleo (el nivel de Argentina es una vez y media el de Uruguay), y una gran insatisfacción social, una gran desigualdad en el ingreso. Esto está generando que todos los candidatos -tanto Cavallo, padre de la estabilidad y del modelo de "convertibilidad"- como Duhalde, que es el candidato del partido de gobierno, y naturalmente la Alianza opositora, pongan un gran énfasis en la agenda social: en el combate al desempleo, en los bajos recursos de buena parte de la población, en el problema de la falta de recursos para la educación y las malas retribuciones de los docentes… Es decir que, de alguna manera, entre los dos candidatos principales y también en cierto modo en Cavallo, viene a haber una especie de gran acuerdo de agenda en cuanto a lo que verbalizan: acuerdo en mantener la estabilidad, necesidad de aplicar fuertes políticas sociales, y una gran duda de cómo atar esa duda de un mayor costo para políticas sociales con el mantenimiento de la estabilidad.

EC - ¿Qué otras comparaciones se puede hacer entre las dos competencias presidenciales, separadas por tan solo siete días?

OAB - Veíamos la proximidad de las fechas y también que ambas tienen agendas bastantes parecidas. Se puede decir que los candidatos uruguayos también están coincidiendo: no cuestionan la estabilidad (defendida desde siempre por unos, desde más recientemente por otros, pero nadie aparece como el campeón contra la baja inflación). Por otro lado también todos los candidatos aparecen levantando la agenda social, y la necesidad de medidas para combatir el desempleo, crear fuentes de trabajo, dar recursos para la educación… Puede haber diferencias de agenda social entre Argentina y Uruguay en algunos puntos concretos: por ejemplo, en Uruguay, los temas vivienda y salud se toman con mucho más fuerza que en Argentina.

Pero no hay una correlación perfecta, como cuando en Europa hay elecciones en un país y en otro y uno dice: "Acá tenemos un partido democristiano o popular, tenemos un partido socialista o socialdemócrata, un partido liberal, un partido verde", y en el país de enfrente pasa exactamente lo mismo y por lo tanto lo que ocurre en un país impacta inmediatamente en el otro. Es como si dijeran: "Vean, los de enfrente votaron a los socialistas, o a los populares, o crecieron o cayeron los liberales o los verdes". Esta correlación de partidos y alianzas de Argentina no se corresponde exactamente con la uruguaya. Puede sí haber algunas relaciones: el Frente Amplio tuvo relaciones más o menos privilegiadas con el Frepaso, han coincidido en una serie de foros y planteos internacionales. Por otro lado, aparece en el medio el tema de la Internacional Socialista, que también tiene sus complicaciones en Uruguay: el presidente Sanguinetti ha tenido mucha vinculación con los gobiernos europeos integrantes de la Internacional Socialista, y por otro lado el Nuevo Espacio y el Partido Socialista tienen diversos grados de vinculación con la Internacional, y en la reciente reunión de la Internacional, en Buenos Aires, junto a De la Rúa, candidato de la Alianza, estuvieron Tabaré Vázquez y el candidato de la Concertación Democrática de Chile, Ricardo Lagos. Vázquez aparece, entonces, emparentado con De la Rúa, como dos candidatos que reciben la bendición de la Internacional Socialista, dada específicamente por su presidente, el ex primer ministro francés Andrés Maurois.

Por otro lado, hay una relación bastante histórica del Partido Nacional, sobre todo del Herrerismo, con el Justicialismo. Sobre todo, hubo mucha sintonía entre el primer gobierno de Menem y el de Lacalle. Pero esto no permite traslaciones automáticas de resultados de Argentina a Uruguay. Quizá lo que importa mucho es cómo se está visualizando en Argentina y Uruguay a estos modelos de estabilidad, la crítica a esos modelos, las falencias desde el punto de vista social atribuidas a estos modelos en ambos lados, aunque los indicadores sean distintos.

Lo cierto es que, a 61 días de nuestras elecciones nacionales, es que el resultado argentino puede no ser neutro. Puede generar un efecto, aunque todavía no tenemos claro a quién puede beneficiar. Es probable que un triunfo de Duhalde pueda beneficiar al oficialismo uruguayo, sea al propio partido de gobierno o sea al partido que ayudó al cogobierno. No queda muy claro qué ocurriría con un triunfo de De la Rúa: podría ser explotado como un triunfo opositor, y por lo tanto trasladarse al Uruguay un veredicto en contra de determinado tipo de política. Nos parece que todavía hay que ver cómo se siguen posicionando las fuerzas argentinas hacia la elección, si hay o no una mayor interrelación entre fuerzas uruguayas y argentinas, y cómo se va trasladando las asociaciones a la opinión pública.

Después que, por supuesto, la gran incógnita: qué pasa si es electo el presidente argentino el mismo 24 de octubre, y si entre el 24 y el 31 de octubre hay algún tipo de anuncio respecto a medidas económicas que puedan afectar a Uruguay. Es decir que puede haber algún movimiento económico en Uruguay en la semana que va del 24 al 31 de octubre, producto de la elección argentina.

EC - Otro tipo de impacto podría ser entre el 31 de octubre y la segunda vuelta, es decir que las medidas argentinas puedan ser anunciadas entre la primera y segunda de las etapas en que se define la elección presidencial uruguaya.

OAB - La designación del ministro de Economía es siempre una señal siempre muy clara, y es probable que esa designación sea anunciada o antes del 31 de octubre o, como tú señalabas, antes del 28 de noviembre

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
agosto 31 - 1999