La situación económica, las últimas medidas de gobierno y las respuestas políticas
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO -Las últimas semanas se han caracterizado por una acentuación de las demandas de sectores importantes de la actividad económica, algunas de ellas acompañadas de fuertes movilizaciones. Basta recordar la marcha sobre Montevideo organizada por diversas entidades rurales, el 13 de abril, o el reciente conflicto del gremio de transportistas de carga, acompañado de camionadas que llegaron hasta la capital. También estuvo en el centro de atención, a nivel obrero, un conflicto por demás erizado como el de los trabajadores de Cutcsa, que finalizó en la madrugada de ayer. Aquí, En Perspectiva, hemos seguido dichos conflictos, hemos examinado las distintas demandas, así como las propuestas realizadas desde el gobierno o desde las administraciones municipales. Pero el tema no es solamente un choque de intereses o un juego de variables económicas: tiene también un importante componente político. Por eso, Oscar A. Botinelli, director de Factum, eligió para su análisis político de hoy este título: "La situación económica, las últimas medidas de gobierno y las respuestas políticas".

OSCAR A. BOTTINELLI - Antes de entrar al tema propuesto, quiero hacer una aclaración. En la primera página del diario La República de hoy, se anuncia una supuesta encuesta de Factum. Casualmente, los suscriptores de Factum están recibiendo esta mañana los datos de la última encuesta y se ve allí que ninguna de las encuestas de Factum en los meses de mayo, junio y julio, ni esta última, coinciden en absoluto con los porcentajes y las posiciones de los sectores del Encuentro Progresista que divulga ese diario. O sea que no es una filtración, ni un trascendido, sino atribuir a Factum cifras que no tienen nada que ver con nosotros.

Hecha esta aclaración previa, vamos a lo que importa. En primer lugar, se observa la existencia de un conjunto de interrogantes que surgen de las demandas que efectúan distintos sectores; uno diría demandas crecientes, porque prácticamente todas las semanas se suma algún sector significativo numéricamente, o de peso económico, o pequeñas demandas. Pero es un incremento muy fuerte.

EC - En las últimas horas, la Cámara de Industrias presentó formalmente un documento al Presidente de la República.

OAB - Exacto. Y también surgen interrogantes de las propuestas efectuadas en las últimas semanas. Vamos a señalar tres grandes áreas de interrogantes, de dudas, que surgen a cualquier observador:

 

 

La primera, que parece de Perogrullo: ¿Cuál es la situación económica del país? Los tiempos electorales siempre actúan como proyectores: como en una película, un cuadro es algo pequeñito que, pasado por un proyector, se agiganta y se pierde perspectiva de la realidad. Pero aún así la idea es que se está proyectando negativos muy distintos, y aparecen películas distintas. Analizando lo que dicen sectores económicos, gremiales, sociales, lo que normalmente se denomina grupos de presión; o los candidatos de primer nivel, o los técnicos que asesoran o hablan en nombre de esos candidatos, aparecen visiones muy encontradas. Y ya no es una coalición de gobierno que tiene una visión y una oposición de izquierda que tiene otra, sino que hay un abanico de posiciones: uno de los extremos es que Uruguay está en el rumbo correcto, hizo todos los ajustes necesarios en tiempo y forma, está reajustando desajustes transitorios más bien por impactos internos de la región y del mundo, pero en particular desestabilizado por la región y por Brasil. Esa es una visión. El otro extremo podría resumirse en una frase pronunciada por un candidato presidencial, quien afirma que esta es una crisis igual o mayor que la del año 1982. Entre uno y otro extremo dos realidades completamente distintas, pero en medio de ambos hay muchos matices: hablando de crisis o de desfasaje transitorio; de problemas a resolver o de situaciones críticas. Esta primera interrogante deja algo perplejo en este cruce: ¿cuál es la situación del país; qué está pasando con el Uruguay?

Una segunda interrogante, que se puede manejar independientemente del diagnóstico sobre la situación del país, es cuál es el origen de las protestas: ¿son de origen exclusivamente económico, son sectores que constituyen la mayoría del país porque el país está en crisis, o una minoría que ha quedado mal, pero que sufren efectivamente un problema económico en sentido estricto? ¿O hay motivaciones político electorales, que pueden catalogarse de dos maneras: político electorales en la medida en que se asocian o respaldan a un grupo político, o que no se vinculan a ningún grupo en particular pero aprovechan la coyuntura electoral? Puede haber una tercera lectura: ¿son manifestaciones político sociales, entendidas no como política partidaria sino como políticas profundas, en cuanto al peso de poder que tiene cada sector -las ganancias o pérdidas de cada sector no en los últimos dos o tres años sino de pronto en algunas décadas- o puede haber modelos de país que sirven a algunos sectores y a otros no; modelos que serán buenos para unos y malos para otros? Porque a veces se ve en algunas demandas que hay ajustes o desajustes con visiones de modelos de país, no sólo un problema de medidas económicas.

Tercero: ¿A qué futuro apuesta el país? Primero globalmente: creo que hoy se ha introducido mucha confusión con los conflictos planteados en el Mercosur por un lado, pero con los discursos de los grupos políticos y los candidatos presidenciales. Hace tres años, el discurso de Uruguay iba hacia el Mercosur. Con más o menos gusto: como camino obligado ("No tenemos más remedio"); o ansiosamente ("Por fin vamos a construir un supra-país"; "Hay que estudiar portugués, es el futuro"; "Debemos insertarnos en la región"… Hoy quedan dudas sobre el futuro del Mercosur, un candidato plantea directamente ir al Nafta (ahora queda algo matizado: al Nafta pero con el Mercosur), hace poco Uruguay estaba lanza en ristre embistiendo a favor de la Unión Europea, Mercosur - Unión Europea, Uruguay - Nafta… Hay un nivel de incertidumbre que se traduce en otras preguntas: ¿Qué sectores tienen futuro y cuáles no? Cuando se habla de competitividad, ¿competitividad con quién: con los socios del Mercosur, con otros países, en ese caso con cuáles? Cuando alguien tiene que buscar competitividad no sólo en el mundo sino en función de la búsqueda de mercados específicos.

Este es un primer tramo de interrogantes; tres grandes paquetes, cada uno de los cuales tiene un catálogo de preguntas que surgen de las demandas y propuestas, y sobre todo cuando se ve que las discusiones se termian agotando en si tal bono o tal tasa cubre o no… Eso lo que hace es arañar la superficie de una discusión mucho más profunda, que existe y no se da.

Vamos a centrarnos en las propuestas del gobierno de estas últimas semanas. Hay siete elementos que aparecen, también jugando a nivel de interrogantes y de impactos que se producen fuera de lo estrictamente económico.

Primero, la previsibilidad de esta crisis o de esta acumulación de demandas. Todo esto surge todo esto como si surgiera de golpe, con independencia de un proceso. ¿Existía previsión de esta crisis y esta conjunción de demandas? ¿Era previsible o no? Si era previsible: ¿existían planes de contingencia? Uno siempre recuerda que en las academias militares o en los estados mayores existe la costumbre de hacer planes -algunos de ellos hasta fantasmagóricos- para tratar de reaccionar ante acontecimientos imprevistos con planes previstos. ¿Aquí existía lo que se suele llamar un "Plan B"? ¿Había un "Plan A" y un "Plan B" por si ocurre esto, y hay estas demandas, o las cosas se van diseñando sobre la marcha?

El segundo elemento: ¿Quién fue el destinatario de estas propuestas? Porque vemos un paquete que tiene en primer lugar la aceptación de la Cámara de Comercio, pero veíamos que quien hablaba del tema era el ministro de Ganadería, presentándolo a productores rurales.

EC - Sí: la primera difusión del paquete de medidas se dio en una reunión del ministro de Ganadería con las gremiales agropecuarias.

OAB - Exacto, y además un ministro sin un rol político determinante. Hace 30 años, cuando Wilson Ferreira Aldunate era ministro de Ganadería hablaba sobre los problemas de la policía, pero en aquel momento era una especie de Primer Ministro del gobierno. Hoy estamos ante alguien que cumple una función muy técnica. Entonces: ¿esta fue una propuesta para el agro que luego fue complementada, o hubo allí algún desfasaje comunicacional?

Y aquí viene el tercer elemento: la claridad de la propuesta en sí misma. Hubo anuncios del ministro de Ganadería, Ignacio Zorrilla, pura o muy directamente ligados al agro; luego sale la asesora del ministro de Economía, Eva Holz, a explicar las medidas, y yo confieso que con todas las explicaciones del gobierno no logré entender mucho (se trataba de medidas sumamente complejas), hasta que el economista Pablo Rosselli hizo aquí, en el programa En Perspectiva, una exposición que permitió entender a quienes no somos expertos en economía. Parecería que hubo un problema comunicacional importante.

Lo que queremos señalar como cuarto elemento es qué pasa cuando las comunicaciones son malas. Cuando no hay entendimiento, inmediatamente surgen temores a lo desconocido. Los gobiernos uruguayos lo saben con la seguridad social: el gobierno anterior dio una serie de señales equívocas que terminan en una cosa bastante sugestiva: una mini reforma constitucional que tenía que ver más que nada con las elecciones municipales es derrotada por la gente que tenía el temor de que por allí hubiera un cangrejo bajo la piedra sobre la reforma de la seguridad social (porque ya había habido algo en una rendición de cuentas, porque había una serie de sospechas y suspicacias). Pero al año siguiente se aprueba una profunda reforma de la seguridad social que tiene al país dividido con posiciones a favor, en contra y neutras, pero que no ha movilizado con fuerza suficiente para cuestionarla. Una reforma que, desde el punto de vista de la operativa política (no hablo del contenido) fue muy prolija: hubo una fuerza comunicacional con el tiempo suficiente para captar la mayor adhesión que pudiera tener, o por lo menos que no tuviera oposición por obra de las confusiones.

Aquí, por ejemplo, hubo un rechazo inmediato del agro. Incluso nos parece que puede haber sido antes de que quedaran muy claras las medidas, y cuando podía asustar su falta de entendimiento.

Cuatro. Los temores que surgen cuando no hay entendimiento. Las dos etapas de la seguridad social (la mini-reforma y las Afaps). La reforma de la enseñanza y los intentos de cambios en el sistema de salud.

 

 

En quinto lugar, el temor a los costos ocultos. Por ejemplo, según los anuncios de la asesora del ministro de Economía, acá no habría costos. Por otro lado, el economista Pablo Rosselli empieza a manejar que, si el gobierno emite y vende este bono de tal manera obtendría un 10%… Y si hay un costo (cuando alguien tiene un beneficio siempre surge la pregunta sobre de dónde sale), ¿no es mejor que eso se explicite con absoluta claridad, y que no surjan ideas que incluso puedan alentar demandas por parte de quienes creen que hay un costo mayor al real? Por ejemplo, comentarios que uno ha oído: "Les quitan el 70% de la deuda". No: no tiene nada que ver con eso. Pero las malas comunicaciones llevan a que luego haya grandes fantasías, positivas y negativas, sobre la propuesta. Es muy malo si hay fantasías positivas, cuando la propuesta está muy lejos de lo que la gente cree es la medida.

Un sexto elemento: respecto a la política macroeconómica, muchos agentes han observado que "Uruguay ha hecho los deberes muy prolijamente en las grandes cuentas: estabilidad, déficit fiscal, inflación, manejo prudente de algunas cuentas. Pero ¿existe esa misma prolijidad en lo macro de lo macro, lo que decíamos hoy sobre hacia dónde va el país; en qué sectores puede apostar un inversor; hacia dónde ir en una reconversión laboral?

Por último, en séptimo lugar, observamos que la propuesta a los productores rurales tiene un planteo muy removedor para ese productor, como cuando habla de la transformación en sociedades anónimas. El tema escapa a lo meramente económico: se está planteando una concepción muy profunda sobre lo que es el agro y la tenencia de la tierra. La sociedad anónima es una forma muy usual de inversores en el campo, pero no la más usual del productor rural, y mucho menos de quien es productor desde hace varias generaciones. Transformase en una sociedad anónima y vender una parte del paquete accionario corresponde a una visión que puede ser más lógica para la Cámara de comercio o para la Cámara de Industrias, podría serlo para un agro distinto al tradicional, pero se le está planteando a gente que tiene una relación que puede tener distintos calificativos: una concepción familiar de la tierra, una concepción feudal, o una concepción raigal, radical (en el sentido latino de radix) en relación a la tierra, y decirle a alguien "Ahora esto es una sociedad anónima, parte de esto usted se lo vende a un fondo de inversión que le compra acciones…", es mucho más que una propuesta económica.

EC - La doctora Eva Holz decía que, de alguna manera, la filosofía que estaba detrás de esta medida era aprovechar la crisis para no limitarse a apagar el incendio sino para proponer cambios de mediano y largo plazo en el país.

OAB - Claro, pero parecería que una propuesta de esta magnitud, que afecta tan fuertemente un concepto psicológico, afectivo, como la relación del productor con su tierra, requiere un gran debate nacional en el cual algunos sostendrán que socialmente hay que defender el modelo clásico, tradicional, y otros dirán que "esto está perimido, es obsoleto, no se justifica más, y el agro sólo funciona con una concepción empresaria, capitalista, de inversión en sociedades…" Bueno: que surjan las propuestas y se las discuta. Pero que vaya perdido en un paquete de medidas de refinanciación, de alguna manera, me hace acordar a lo que fueron los primeros intentos de reforma de la seguridad social del gobierno pasado cuando, en vez de plantear franca y abiertamente el debate, se daba lugar a debates laterales sobre temores.

Estos eran algunos apuntes que nos parecía necesario hacer frente a todo esto que se está debatiendo mal. No hay un gran debate sobre la situación del país. Primero, no hay debate: vemos que los candidatos presidenciales no van a debatir, quizá porque en Uruguay se cree que debate es intercambio de acusaciones e insultos, y no confrontar -poner una al lado de otra- diagnósticos, propuestas, modelos. Hay dudas de diagnóstico entre los actores políticos, entre los actores sociales, no hay claridad en las propuestas, y este es un debate que aparece muy enredado entre medidas de urgencia, coyunturales, y lo que podría ser un debate profundo como este que mencionada, nada menos que sobre la relación del productor con su tierra

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
agosto 10 - 1999