Fraccionalización partidaria y cooperativas electorales
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO - La reforma constitucional estableció cambios profundos en el sistema electoral uruguayo, cambios que repercuten sobre la estructura de los partidos políticos y sobre el comportamiento tanto de los dirigentes políticos como de los votantes. Pero, además de la reforma constitucional, hubo una ley interpretativa y varias reglamentaciones de la Corte Electoral, decisiones todas que han producido impactos profundos, algunos de igual o mayor entidad que la propia reforma constitucional. El martes pasado tratamos algunos de estos temas en el espacio de análisis político de Factum con su director, el politólogo Oscar A. Bottinelli, y hoy continuamos con dos ángulos que quedaban pendientes: la fraccionalización partidaria y las "cooperativas electorales".

OSCAR A. BOTTINELLI - Efectivamente, el martes pasado habíamos hablado de tres de los temas polémicos: la eliminación del voto al lema en la elección de abril, la eliminación de partidos políticos por no obtener 500 votos, y el tema fuerte de las tres candidaturas a intendente, sobre el cual hay un proyecto de ley en discusión pero que aún no ha sido votado.

Hoy vamos a encarar los dos temas restantes: la prohibición de candidatos a convencionales que apoyen a más de una precandidatura presidencial, o la prohibición legal de sublemas que apoyasen a diferente precandidato presidencial, y dejamos para el final las "cooperativas electorales", la identidad de listas, que explicaremos en su momento.

EC - Vamos al primero de ellos: la prohibición de listas a convencionales que apoyaran a más de una precandidatura presidencial. El oyente podría decir que este es un tema que ya pasó, porque las elecciones internas ya transcurrieron. ¿Por qué lo retomamos ahora, de todos modos?

OAB - Lo retomamos porque estamos hablando de temas que generaron impactos. La reforma constitucional tuvo una serie de lineamientos mucho más profundos de lo que surge de la mera lectura en cuanto a cómo afectan a la estructura de los partidos.

En la elección de abril se presentaban, por un lado, precandidatos a Presidente; y por otro listas a la Convención Nacional y a la Convención Departamental. Esto se puede interpretar de dos maneras (y no estamos hablando de interpretaciones jurídicas).

Por un lado, la interpretación "en árbol" que hizo la Corte, según la cual los partidos se dividen en precandidatos presidenciales, y las precandidaturas presidenciales se pueden dividir en listas: una serie de rutas por las cuales se puede entrar (entro en la ruta Batlle o en la ruta Hierro; en la ruta Lacalle o en la ruta Ramírez), y una vez que entré en esa ruta puedo abrirme en A, B, C. Esa fue la interpretación de la Corte, y ya está dando un resultado: las fracciones se organizan a partir de los precandidatos presidenciales.

Otra interpretación corresponde a lo que venía siendo nuestro sistema electoral: cada elección es autónoma, dentro del marco de un partido. Es decir que en un partido, por un lado, hay dos, tres, cuatro, 18 precandidatos a la Presidencia. Por otro lado, hay fracciones que no necesariamente deban alinearse, entre otras cosas, porque un partido puede apostar a tener menos fracciones pero dejar que la gente decida quiénes son los candidatos presidenciales: entonces es una competencia entre personas, sin que divida al partido. Juan, Pedro y Diego son muy buenos candidatos presidenciales, que la gente diga a cuál quiere, pero no tenemos por qué considerar que existe el "juanismo", el "pedrismo" o el "dieguismo". Esto permite, entonces, que los partidos puedan tener un juego de fracciones que obedezcan a causas más profundas, de más larga data que sólo las candidaturas presidenciales.

La forma en que la Corte resolvió el tema apunta a la fraccionalización de los partidos, a acentuar fracciones rígidas, duras, detrás de cada precandidato presidencial. Quizá lo que sí vemos ahora es que esta fraccionalización tiene la importancia de lo que ocurra después: los precandidatos están diluyendo esa rigidez de la presentación. Pero quizá si hubiera sido menos rígida habría ayudado a que no fueran necesarios los movimientos poselectorales que se están dando.

EC - ¿Se puede cambiar esto para el futuro?

OAB - En la medida en que esto no es una disposición de la Constitución ni una ley sino una reglamentación interpretativa de la Corte, basta que la Corte cambie la reglamentación.

EC - Veamos ahora el último tema polémico. Tiene que ver con una disposición técnicamente muy compleja, que refiere a la prohibición de que las listas de diputado acumulen por "identidad de listas". Tienes un desafío para realizar la explicación. ¿Qué es esto? ¿Qué pretende regular?

OAB - Bueno: no recojo el desafío. (Risas) Voy a tratar de explicar el fenómeno. Es para una discusión académica, seguramente muy aburrida para la mayoría de la gente, la que uno tendría que plantear sobre la interpretación del artículo 88 (*).

Como en otros casos, lo que se quiso regular y lo que se escribió no tienen nada que ver. Entre otras cosas, no corresponde al manejo técnico del sistema electoral uruguayo, sino a una visión lega de cómo se cree que es el sistema. Es como si a mí me dijeran que reglamente la corrección de algunos aspectos del juego de béisbol: entre otras cosas me deberían explicar para qué sirven ese bate y esa pelota, de lo cual no tengo la menor idea.

¿Qué es lo que se pretendió? Terminar con las "cooperativas electorales", que no son un tema muy estudiado ni muy definido. En varios trabajos académicos, nosotros hemos definido a la "cooperativa electoral" como aquel tipo de acuerdo, que se realice por distintas vías, con la exclusiva finalidad de incrementar las posibilidades electorales de los participantes. Esto lleva a la necesidad de un estudio muy minucioso para ver si determinado acuerdo es efectivamente una cooperativa electoral, diferenciándola de otras cosas como pueden serlo proyectos políticos (fracasados o no), procesos históricos que se detienen, anticipación de procesos que se frustran, y no meramente una cooperativa: hay otra sustancia, otra motivación que si tú y yo nos juntamos para tener más chance de ganar una banca. Vista así, la "cooperativa electoral" no fue un fenómeno tan extendido como indica la ilusión óptica en este país. La palabra "cooperativa electoral" surge en 1962, cuando se llamó así a un grupo de 10 listas herreristas, todas pequeñas (se consideraba que tendría 2.000 votos cada una) y se juntaron calculando: "10 por 2.000 igual 20.000, tenemos una banca". El promedio fue por debajo de los 2.000 pero efectivamente la obtuvieron. La más votada fue la lista 22, que logró 3.200 votos, y fue electo Antonio Uberfil Hernández.

La "cooperativa" fue usar un sublema a Diputados. El tema tiene distintos ángulos, y uno es el que claramente corrige la reforma constitucional. Pero diría que hubo mucha confusión en la discusión parlamentaria, porque muchos legisladores no lograron captar exactamente dónde estaba el fenómeno que ellos querían corregir: en que desde hace unos años, por el cambio del bipartidismo al tripartidismo y por un cambio demográfico (el Uruguay se fue vaciando), casi todos los departamentos tienen dos bancas o tres. La suma de los dos fenómenos llevó a que, salvo rarísimas excepciones, haya una banca por partido y por departamento. Esto cambia el sistema electoral, entendiendo al sistema como una serie de reglas y efectos. Es decir que, salvo error u omisión, donde hay dos bancas hay una blanca y una colorada, y donde hay tres bancas son una blanca, una colorada y una frenteamplista (puede haber algún pequeño cambio en esta última elección, y estoy excluyendo a Canelones y Montevideo). Ocurre entonces que la disputa para diputados al final es entre varias personas por un único cargo. Si hay sublemas, la disputa está intermediada. Si los sublemas corresponden exactamente a fracciones políticas de larga data, de implantación, como decir que en todo el país van a competir el Herrerismo con los ramiristas, que en todo el país cada uno tiene un sublema y dentro de él compiten varios candidatos, podrá discutirse si la disputa está bien o mal, pero son las reglas tradicionales del juego en Uruguay.

Pero lo que ha aparecido (aunque con menos intensidad de lo que se cree) es que algunos de estos sublemas no necesariamente tenían que ver con esas fracciones, sino meramente juntarse dos o tres candidatos menores de distinto pelo dentro del partido contra el más grande: ya que ninguno de ellos podía ganarle, se juntaban en un mismo sublema y lo derrotaban. Hasta aquí el tema no es polémico, es claro, y tiene efectos; sobre todo efectos muy fuertemente reductores de las ofertas electorales. Aclaro: reducción que no va en detrimento de la apertura política, en la medida en que estuvo la instancia de abril que jugó como una precalificación para armar estas listas hacia octubre. El juego de las dos competencias ha dado un interesante sistema político.

Lo polémico está en que, además, lo que se pretende en la interpretación de la Corte a partir de una muy mala redacción de la reforma del artículo 88, es que no puede hacerse esto que acabo de decir sobre la Convención y los presidentes: que haya una lista a Diputados que diga, por ejemplo: "Recogemos una opinión del departamento de Río Negro, pero no nos vamos a pronunciar a nivel del Senado: que lo hagan los electores. Si nuestro partido tiene tres listas al Senado, presentaremos tres hojas de votación para que la gente nos vote con A en la hoja 1, con B en la hoja 2 y con C en la hoja 3".

Esto no es una "cooperativa": es una lista a Diputados de un departamento. Pero, por una interpretación de la Corte, esto generó el efecto de que debe haber como mínimo tantas listas como listas al Senado. No son elecciones independientes dentro de un partido, como lo fueron siempre.

Este es un cambio formidable en el sistema político, y lo tratamos con el otro tema porque los dos están uniendo una cosa: mediante -sobre todo- las resoluciones de la Corte Electoral- se ha organizado a los partidos como árboles: dividiéndose en precandidaturas presidenciales, y en fracciones expresadas en la Convención Nacional. Esto de alguna manera se ata hacia octubre en que los partidos se dividen en listas al Senado. Y esas listas al Senado tienen que seguir por el mismo carril a Diputados. Aunque corresponda a la realidad política de un departamento, no puede haber opciones a Diputados que no correspondan a las listas al Senado. La realidad nacional fraccional de los partidos obliga a que esa división esté presente en todos y cada uno de los departamentos. Creo que quienes adoptaron una resolución de esta naturaleza no vieron este efecto, que es muy fuerte, muy profundo, en el sistema de partidos.

EC - Para el cierre, una conclusión final.

OAB - Hay algo claro: lo que la Constitución ha prohibido la acumulación por sublema, y por tanto ha establecido una competencia -llamésmole- "simple" a nivel de diputados. Lista contra lista, candidato contra candidato y, donde hay una única banca por partido, se la lleva el que tiene más votos.

En lo demás, hubo un conjunto de interpretaciones -para las elecciones de abril y para las de octubre- altamente polémicas. Entre otras cosas, y analizado politológicamente, digamos que si algo resulta importante de la reforma constitucional es que apuntó al fortalecimiento de los partidos políticos en detrimento de las fracciones. Precisamente, la candidatura única por partido lleva en gran medida a esto. La candidatura única apunta a la centralización de la representación: este partido se expresa ahora a través de una única persona (Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle, Tabaré Vázquez, Rafael Michelini). La eliminación de sublemas apunta también a la disminución de la fraccionalización. Pero las dos disposiciones de la Corte apuntan en sentido opuesto: hacen más fuertes a las fracciones, más rígidas. No las transforman en alas móviles del partido, como para que haya varios precandidatos presidenciales pero no necesariamente tantas fracciones; o hay muchas fracciones a nivel nacional pero en lo departamental no, porque en un departamento el partido está más unido que a nivel nacional. En cambio, si un partido se divide en tres precandidaturas a nivel nacional tiene que estar dividido en tres hasta el nivel de todos y cada uno de los departamentos. Es decir que el sentido de estas disposiciones ha ido exactamente en línea contraria a la finalidad o teleología de la propia reforma constitucional.

 

(*) Artículo 88 de la Constitución de la República.

La Cámara de Representantes se compondrá de noventa y nueve miembros elegidos directamente por el pueblo, con arreglo a un sistema de representación proporcional en el que se tomen en cuenta los votos emitidos a favor de cada lema en todo el país.

No podrá efectuarse acumulación por sublemas, ni por identidad de listas de candidatos.

Corresponderá a cada Departamento, dos Representantes, por lo menos.

El número de Representantes podrá ser modificado por la ley, la que requerirá para su sanción, dos tercios de votos del total de los componentes de cada Cámara.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
agosto 5 - 1999