Tabaré Vázquez: entre Lula y de la Rúa
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO:
Hace pocos días, el doctor Vázquez participó de las reuniones y seminarios que tuvieron lugar en Buenos Aires con motivo del Congreso Mundial de la Internacional Socialista. En esa ocasión, Vázquez apareció junto al chileno Ricardo Lagos y al argentino Fernando de la Rúa, como una de las tres figuras que aspiran a la Presidencia en los países del Sur con el beneplácito de la Internacional Socialista o, al menos de su presidente, el ex primer ministro francés Pierre Mauroy. A partir de estas novedades, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como título para su análisis político de hoy "Tabaré Vázquez: entre Lula y De la Rúa".
Empecemos aclarando este título.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Según un viejo proverbio, una imagen vale más que mil palabras. Y para este análisis yo tomaría dos fotografías: una de Vázquez con Lula, en el contexto del Foro de San Pablo, y una de Vázquez en la Internacional Socialista - que es más bien la "Internacional Social-Demócrata", porque en ella predominan los partidos social-demócratas que gobiernan en 13 de los 15 países de la Unión Europea-, con el ex primer ministro francés Pierre Mauroy (del Partido Socialista), Fernando de la Rúa (de la Unión Cívica Radical) y Ricardo Lagos (del Partido Popular Democrático chileno).
De alguna manera, lo que podemos ver en las dos "fotografías" es un corrimiento de posicionamiento en la geografía política.

EC - Un buen punto de arranque sería recordar las reglas de juego de un sistema de balotaje, que es la gran innovación que en Uruguay introdujo la reforma constitucional y que estrenamos en este 1999.

OAB - El balotaje implica un cambio sustancial de reglas de juego del posicionamiento y la competencia política, no sólo en cuanto al cómputo de votos. En general, el balotaje apunta a dos grandes modelos. Uno es el modelo en el que, al instalarse o como producto de un proceso, termina formando una especie de bipartidismo. Y digo "una especie de bipartidismo" porque el balotaje existe precisamente porque no hay bipartidismo; en caso de haberlo, el balotaje es innecesario. Y además, porque nunca es bipartidismo sino, más exactamente, bibloquismo, porque tiende a formar dos bloques.
Son elecciones relativamente polarizadas. Y pueden ser fenomenalmente polarizadas, como vienen siendo, por ejemplo, las elecciones israelíes. Israel tiene un sistema muy complicado, un parlamentarismo muy original en el mundo, donde el primer ministro es elegido directamente por el pueblo, lo que es un poco la antítesis del parlamentarismo. Es decir que, desde el punto de vista de las reglas de juego político-electoral, se puede asimilar a una elección presidencial. Y hay dos bloques muy fuertes.

Otro ejemplo: en Francia, en el balotaje no siempre han sido dos candidatos, sino que a veces ha habido un espectro más grande. Sobre todo desde apareció la extrema derecha y el centro derecha perdió la cohesión que tuvo en épocas anteriores. Pero en general hay dos grandes bloques: uno cuyo elemento principal es el neo-gaullismo y otro en torno al Partido Socialista francés. Y aunque no es una elección directa sino una elección parlamentaria de la cual emerge el gobierno, Italia va camino a eso, con un gran polo de centro-izquierda que es el que gobierna actualmente y otro gran polo de centro-derecha, muy empatados electoralmente. Lo vimos hace tres semanas, cuando hubo elecciones europeas y regionales a la vez. En las europeas el voto se volcó hacia el centro-derecha, y en las regionales y administrativas se volcó hacia el centro-izquierda. O sea que el voto o la abstención de algunos electores cambia el signo.

Ese es el modelo que añoran muchos teóricos de la política: ver muy simplificado todo en dos grandes partidos. Muchos creen que la política británica ha sido así, aunque en los hechos no lo ha sido tanto.

El otro modelo de balotaje es más abierto, como el que estrena Uruguay. La segunda vuelta es necesaria, porque en la primera, más allá de las esperanzas de muchos candidatos, todos están lejos de ganar. Entonces hay una etapa de un juego muy "filigranático". Yo he dicho muchas veces que este sistema era para probar la capacidad de los liderazgos uruguayos. Vimos que primero alguien tenía que ganar en su partido y reconstruir el apoyo partidario -para algunos fue muy simple y para otros fue muy complicado-, para luego traer a todo su partido hacia la segunda etapa. En ella hay que buscar ser uno de los dos. Y recién en el balotaje, definir.

Esto implica todo un juego político, que puede tener una regla: si no hay polos, no puede haber polarización. Salvo que, aunque no haya bloques partidarios, Uruguay tenga un espectro ideológico extremo tal que, quien se juegue a ese extremo, va a ganar. Es difícil que haya una polarización ideológica que no se exprese en una polarización política.

En general, lo que ocurre con estos esquemas es que hay cierta centripetación. Es decir que, por parte de los electores, hay una cierta tendencia a la moderación, al centro. Por lo tanto, también por parte de los actores políticos hay centripetación, una búsqueda del centro.

EC - ¿Tú dices que hay un corrimiento de los electores hacia el centro o que en el centro están los indecisos, los independientes, los que van a terminar resolviendo el "pleito" si hay una segunda vuelta?

OAB - Yo diría que se dan las dos cosas. Los indecisos y los independientes constituyen uno de los temas de análisis que tenemos agendados, que sería en parte La Opinión Pública y en parte Análisis Político. No es fácil definir a los indecisos porque no son un grupo homogéneo. Hay indecisos de centro y hay indecisos fuera de la escala derecha-izquierda. A su vez, el centro, entre centro-izquierda, centro-derecha y centro, compacta a buena parte de los electores uruguayos. Entre los dos extremos y el centro, éste último es, por lejos, lo predominante.

En ajedrez se define que "el que domina el centro gana". Aquí ocurre lo mismo. Y esto se observa en por lo menos dos planteos que ya han salido con mucha nitidez, porque son los que empezaron la campaña electoral más temprano. Batlle ha salido de esos planteos tan cortantes que manifestaba en elecciones anteriores, y eso es un corrimiento a la moderación -desde el punto de vista del impacto, del "shock" que generaban sus planteos- y al centro, en cuanto a que también son planteos menos "conmovedores" que en la elección del año 89.

El ciclo recorrido por Vázquez es interesante, porque él no es lineal. No pasa de una postura radical a una moderada, usando términos de complicada definición. No olvidemos que Vázquez nace como figura pública ya en el estrellato: cuando la gente empieza a conocerlo como figura pública, prácticamente ya es electo intendente de Montevideo. Ahí Vázquez aparece -en un período que va del 89 o 90 al 92 o 93- como un transgresor respecto a la izquierda. Una de sus actitudes más fuertes tuvo lugar cuando fue a la casa de Pacheco Areco a pedirle apoyo. Y con actitudes que rompían los moldes de la izquierda. Eso le pasó también desde el punto de vista estructural -fue buena parte de sus problemas de conducción-: su estilo era muy diferente al muy viejo y profundo que tenía la izquierda para procesar las discusiones. Su estilo rechinaba permanentemente.

Lo mismo pasa con planteos desideologizados, pragmáticos. Muchos de los que luego salieron a criticar a Vázquez con dureza lo vieron como un renovador de la izquierda. Hacia el final del período anterior, Vázquez fue jugando una línea polarizante hacia los partidos tradicionales, asumiendo un discurso cada vez más duro. Y llegó a la elección del 94 en una línea en que mucha gente lo visualizó diferente que antes, como un individuo fuertemente contestatario y polarizante.

Luego viene este período en que el análisis es un poco confuso, porque está pautado por muchas entradas y salidas de Vázquez de la escena política. Vázquez se toma largos períodos y vuelve varias veces.

En general, se puede decir que lo que domina en este período, y el punto más alto es el plebiscito del '96, es una línea contestataria y confrontacional con los partidos tradicionales. Y de esa línea, que prácticamente venía sin moverse a lo largo del año pasado, empieza a dar señales distintas al acercarse el fin de año. Hacia noviembre se empieza a ver señales de Vázquez que claramente van cambiando a lo largo de todo el 99. Y uno diría que tiene las posturas sobre el agro y esta presencia en la Internacional Socialista como los puntos en que marca una distancia muy fuerte con respecto al posicionamiento anterior. Es decir, hay una ubicación muy fuerte hacia el centro y hacia un giro al pragmatismo.

Hay una frase que, si bien tuvo destaque en su momento, quizás pasó un poco desapercibida. El dijo: No hay que ilusionarse con que un gobierno de izquierda van a venir de golpe todos los cambios; porque no va a ser en el primer gobierno que van a venir las transformaciones. Primero se va a frenar este modelo neoliberal...", etc.. Es decir que por un lado recrea grandes expectativas e ilusiones y por otro dice: "Cuidado, las cosas no son mágicas y los tiempos son lentos; en un período de gobierno no es mucho lo que se puede realizar".

Con respecto a la Internacional Socialista es importante marcar que muchas veces fue vista por la izquierda como una fuerza contraria, a la que se le negaba el carácter de izquierda. Se consideraba que era una fuerza de centro-derecha. Esto ha ido cambiando. Y en el caso uruguayo hubo una gran cercanía a la Internacional Socialista por parte del actual presidente Sanguinetti que, en gran medida, ha hecho que actores fuertes de la Internacional Socialista muy vinculados a Sanguinetti hayan perdido peso ahí.

En segundo lugar, el triunfo de Batlle aleja al Partido Colorado de la Internacional Socialista. En términos de alineamiento internacional, uno ve a Batlle más afín al Partido Liberal Europeo, mientras que Sanguinetti estaría más afín con el Partido Socialista Europeo.

En tercer lugar, el propio Partido Socialista uruguayo, después de muchos años de ruptura con la Internacional Socialista, generó un acercamiento en el período militar, y luego fue acentuando ese acercamiento hasta volver a la calidad de miembro, aunque no pleno como antes, sino como observador.

En cuarto lugar, el PGP era el miembro uruguayo de la Internacional Socialista y desapareció como partido político, dejando un espacio vacante. Y es el Nuevo Espacio el que intenta ocuparlo, aunque también con un Partido Socialista que va en la misma dirección, con otra potencialidad y un acercamiento de Tabaré Vázquez. Ese acercamiento mantiene algunas diferencias y distancias, como las que marcó en relación al reciente conflicto de Serbia y Kosovo.

Todo dirigente político tiene giros, cambios de posicionamiento. Lo permanente y lo contradictorio en Vázquez, como en cualquier dirigente político, depende de lo que cada uno considere como principal y como secundario. En general, todo dirigente político tiene elementos muy fuertes de coherencia, porque la coherencia está en las cosas que esa figura considere principales. Históricamente, por ejemplo, ha habido mucha polémica en torno a Luis Alberto de Herrera, sobre todo en el plano institucional. El tema es que Herrera le dio un valor mucho más accesorio e instrumental a los armazones jurídicos e institucionales que sus críticos. Quienes veían en Herrera un cambio de principios, para él era un cambio de herramientas o de instrumentos.

Subsisten dos problemas. Uno es que, a veces, la propia estrategia de Vázquez ha quedado condicionada por movimientos ajenos. Por ejemplo, él no fue dueño del referéndum o plebiscito sobre el Marco Regulatorio del Sistema Eléctrico, el de las prescripciones y caducidades laborales, las AFAPs o aún en planteos recientes contra la Corte Electoral.

Lo nuevo es que él de alguna manera salió a patear el tablero de las condicionantes externas cuando dio un aval a la credibilidad de la Corte Electoral en un momento en que había una embestida hacia ella por parte de organizaciones políticas pero, sobre todo, de organizaciones parapolíticas o sociales, impulsoras de actos de democracia directa, como en el tema de las AFAPs.

Luego, hay que tener claro que este corrimiento hacia el centro lo hace manteniendo una impronta en una serie de elementos constantes. Estos son:

a) el discurso social, en un momento en que éste se está generalizando en la campaña electoral, pero poniendo mucho énfasis en las carencias sociales, las desigualdades y la explicación social de los problemas de inseguridad pública.

b) la insatisfacción con el presente del Uruguay, que sintoniza con esa parte significativa de la opinión pública que tiene una visión pesimista del país.

c) la concepción de Uruguay como país subdesarrollado y tercermundista y un discurso fuertemente latinoamericanista. Por ahora, lo ha sacado de esa discusión más fuerte entre Europa o Estados Unidos o América. Y por supuesto, en el plano internacional ese discurso lo lleva a posiciones críticas hacia las posturas de los actuales gobiernos europeos. Aunque hay que aclarar que la Internacional Socialista no tiene unanimidad en el tema de Serbia y Kosovo, así como tampoco el propio gobierno italiano tiene unanimidad interna sobre el conflicto en los Balcanes.

Finalmente, esto está marcando algunas características de la elección nacional:

  • Batlle que en el 89 tenía un discurso muy ideologizado hacia lo privado y la reforma del Estado, hoy tiene una línea mucho más pragmática y moderada.
  • Vázquez ha limado las aristas cortantes del plebiscito del 96 y se vuelca hacia un planteo muy moderado, con las manos muy tendidas hacia el mundo empresarial, hacia el agro, hacia los partidos gobernantes en Europa. Aparece más ligado a las fórmulas de la Unión Cívica Radical y el Frepaso en Argentina, a la Concertación en Chile. Se posiciona junto a dos partidos como tres partidos que buscan el gobierno, que se sienten con mentalidad de gobierno.
  • Hay que esperar el lanzamiento de Lacalle, que empieza a dar primeras señales. Tampoco es el Lacalle de aristas cortantes y de discurso ideológico del 89, sino el del pragmatismo.
  • Vamos a tener una elección de superposición de discursos hacia el centro. Esta va a ser una elección muy centripetada.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
julio 6 - 1999