Mercosur: entre Europa y América
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO: Esta semana se realizó en Río de Janeiro la histórica cumbre que reunió a jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, América Latina y el Caribe. Y en el contexto de esa cumbre, o paralelo a la misma, se desarrollaron las nuevas tratativas entre la Unión Europea y el Mercosur y Chile. Por eso, a partir de las novedades de estos días, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como tema de análisis Mercosur: entre Europa y América. Entonces, Oscar, "la cumbre" o "las cumbres", porque hubo dos.

OSCAR A. BOTTINELLI: Hubo una cumbre que pareció más protocolar que otra cosa, la que abarcó a toda América latina y el Caribe. "Protocolar" no quiere decir que no haya tenido sentido: fue una señal de Europa de acercamiento a todo el continente americano no sajón, buscando lazos con el Caribe, con América latina, algunos acercamientos y propuestas hacia el Pacto Andino, hacia la comunidad centroamericana y caribeña. Pero hubo una cumbre paralela que fue la más importante y motivó que en Europa se produjeran reuniones muy aceleradas para definir posiciones comunes, sobre el relanzamiento de las relaciones y las negociaciones con el Mercosur.

Siglos atrás, las asociaciones de los países comenzaban siendo esencialmente pactos militares ofensivo - defensivos, y luego se transformaban en asociaciones políticas, confederaciones políticas, incluso en fusiones políticas.

El siglo XX, y particularmente su segunda mitad, marca un camino distinto. Se empieza por lo comercial, se sigue por lo económico y se termina en lo político; y lo militar es parte final de lo político. Es un camino inverso. En general está pasando (y el ejemplo lo marcó Europa) que primero empiezan las zonas de libre comercio, pero a veces se empieza por cosas mucho más puntuales. Europa empezó buscando acuerdos de cooperación en el acero y el carbón, poco después de concluida la Segunda Guerra, para impulsar la reconstrucción europea. De ahí a la zona de libre comercio, una zona en que los productos de un conjunto de países puedan circular con relativa libertad, sin barreras proteccionistas. Luego se pasa a las uniones aduaneras, que es cuando esos países pasan a ser un bloque diferenciado del resto, en que las cosas que penetren al bloque como conjunto -independientemente del país- lo hacen con el mismo tipo de barreras, los mismos aranceles, imposiciones o liberalizaciones. Luego se va a las uniones económicas, donde ya se dan pasos mucho más fuertes de coordinación de políticas macroeconómicas, o como los que ha dado Europa en estos últimos años, de llegar a una moneda común, a un Banco Central común. Y ahí viene ya el paso final de las uniones políticas, que supone coordinaciones macropolíticas, instituciones supranacionales, políticas de defensa común.

Este es básicamente el camino seguido por Europa a lo largo de medio siglo. Y el Mercosur lo está cumpliendo aceleradamente: empezó prácticamente salteándose la zona de libre comercio y yendo a la unión aduanera, empieza a caminar hacia la unión económica con la coordinación de políticas macroeconómicas y el estudio de la posibilidad de una moneda común, y ahí está ya en el horizonte la unión política. Es lo que, en análisis anteriores, hemos llamado la dimensión política del Mercosur, en la que vemos algunos elementos de diferencia, como por ejemplo la falta de coordinación de partidos políticos del Mercosur, como sí se fueron dando en Europa.

Ahora bien: el Mercosur, que es el cuarto bloque mundial, a su vez tiene una vocación o un destino asociativo. La idea de que en este mundo es necesario que el Mercosur se trascienda a sí mismo y forme un "macrobloque", con dos de alguno de los otros que están siendo diseñados en el mundo: el que lidera Estados Unidos, y el que lidera Europa. Por el lado europeo, en diciembre de 1995, la Unión Europea y el Mercosur (con Felipe González y Julio María Sanguinetti como respectivos presidentes pro tempore) lanzaron las negociaciones asociativas entre uno y otro. Pero estas negociaciones se fueron deteniendo: la situación de los productos agrícolas fue frenando y enfriando el proceso, y por otro lado Estados Unidos impulsó rápidamente la Asociación de Libre Comercio de las Américas, ALCA, una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego, que también está en proceso. Cualquiera de los dos "macrobloques" que se formara, Unión Europea - Mercosur o ALCA con Mercosur incluido, sería el primero a nivel mundial: el Mercosur ha adquirido el papel estratégico de que, según a cuál se asocie, cualquiera de los dos sería el primer "macrobloque" a nivel mundial.

EC - Y ahora sí hemos llegado al nudo del análisis de hoy, el que explica además el título: Mercosur entre Europa y América.

OAB - Para un economista, el tema puede ser exclusivamente en qué bloque o desde qué ángulo se obtiene más rápido y mejores condiciones para el comercio y el desarrollo económico. A partir de la introducción que hacíamos, vemos que desde el ángulo politológico, estas asociaciones se encaminan a determinadas formas de asociación o uniones políticas (lo que no quiere decir que sea hacia una fusión en un único Estado), y por lo tanto el camino va mucho más allá de lo económico, tiene una gran profundidad histórica y geopolítica.

Desde el ángulo económico, hay quien ve compatibilidad entre ambas propuestas, y considera que se puede pertenecer a dos zonas de libre comercio o dos tipos de acuerdos económicos, negociando con unos de una manera y con otros de otra. Parece que, desde el punto de vista político, a la larga es imposible que ambas cosas funcionen a la vez, salvo que se creara todo un macrobloque entre la Unión Europea, Estados Unidos y América del Norte, y el resto de América. Esto parece ya mucho más lejano: hay otros juegos de poder en el medio. De no ser así, el Mercosur y Uruguay en particular están ante la alternativa de con cuál prefiere asociarse: si con el resto de América o con Europa. De otro modo: entre su pertenencia geográfica o sus raíces históricas, étnicas, culturales.

Por supuesto que en esto siempre ocurre lo mismo: uno puede querer algo pero las posibilidades ser otras. En los últimos tiempos, por más que el Mercosur y Uruguay habían caminado muy aceleradamente hacia Europa, el ALCA apareció en medio más rápido que la UE, con la cual los contactos se habían enfriado al extremo que ya parecía que no había futuro. Esta cumbre de Rio marcó justamente el retorno de las negociaciones. Es decir que, por supuesto, lo posible está siempre por delante de lo deseable pero nunca se negocia como si se tratara de un barquito de vela al viento y sin timón, derivando hacia donde lo lleven las circunstancias: siempre se analiza las circunstancias, se ve qué es posible, y a su vez qué es lo que se quiere, para marcar el rumbo y compatibilizar lo que se desea con lo posible.

Y algo que nos parece crucial, en Uruguay prácticamente está pasando inadvertido. En una campaña electoral de la singular importancia de esta, aparece muy lateralmente no sólo entre los candidatos (quien más ha mencionado el tema ha sido el doctor Batlle) sino en la propia cobertura periodística. Pocas veces vemos que en las entrevistas se pregunte a los candidatos qué piensa cada uno, su partido, su sector, respecto a hacia dónde prefiere conducir al Mercosur. Independientemente de las posibilidades, por supuesto (va a ir a donde sea más probable, donde haya campo más abierto), pero a dónde quiere ir: privilegiar la relación UE - Mercosur o privilegiar la integración al ALCA que tiene como país dominante a Estados Unidos.

EC - Una pregunta es si necesariamente hay que elegir. ¿No se puede seguir los dos caminos?

OAB - Es lo que decía antes: veo más probables los dos caminos en algo que no profundice demasiado, salvo que la Unión Europea y Estados Unidos inicien entre sí un proceso asociativo. Mientras tanto, da la impresión de que se debería optar; que podría sí haber dos caminos a la vez, con distinta intensidad. En ese caso también habría una elección: cuál sería la pertenencia principal y cuál la secundaria, con cuál integrar una unión económica y con cuál una zona de libre comercio; con cuál coordinar macropolíticas, y con cuál lograr que algunos productos circulen libremente. Pero, en el fondo, hay una elección.

Lo que hemos visto es que el pronunciamiento más claro, y lo reiteró ayer, es del doctor Jorge Batlle, quien tiene una firme convicción a favor de la asociación con Estados Unidos. En un principio se había pronunciado por negociar con el ALCA, y el miércoles de la semana pasada, al igual que ayer, dijo directamente que con el NAFTA, con el tratado de libre comercio de Estados Unidos, México y Canadá.

Uruguay venía sosteniendo, como lo sostenían Brasil y Argentina, que el Mercosur negociaría como bloque su ingreso al ALCA, y no cada país por separado. Batlle decía en principio que Uruguay debía negociar directamente su ingreso al ALCA. La semana pasada da un paso más, cuando sostiene que Uruguay debe acordar unilateralmente su ingreso al NAFTA, en lo cual viene trabajando Chile. Es decir que Batlle dio dos pasos fuertes, marcando su preferencia muy nítida hacia los acuerdos continentales.

Mientras tanto, el doctor Lacalle durante su presidencia tuvo mayor vocación Estados Unidos que por Europa. Pero ¿sigue en esa posición? ¿Qué pasa con el doctor Vázquez y el Encuentro Progresista - Frente Amplio? En general ha expresado una vocación latinoamericana, pero en una opción entre un bloque en el que está en lugar privilegiado Estados Unidos y otro bloque que es la Unión Europea, ¿por cuál se inclina? Parecería que está faltando poner en primer plano este debate, que no tiene que ver con lo inmediato en Uruguay, con lo que va a pasar en el año 2000 o 2001, pero sí tiene que ver con el destino del país hacia el próximo siglo.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
julio 1° - 1999