El Partido Nacional a la hora de la largada
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO: El pasado fin de semana se despejaron las últimas dudas en cuanto a la integración de fórmulas presidenciales. En el Encuentro Progresista se confirmó la fórmula Tabaré Vázquez - Rodolfo Nin Novoa, pero no era una incógnita: estaba resuelto desde hace bastante tiempo. En cambio, había dos dudas: sobre todo la del Partido Nacional, donde se llegó casi hasta último momento, hasta el viernes por la tarde, cuando se logró el acuerdo entre Alianza Nacional y el Herrerismo (con esa declaración tan particular que emitieron los liderados por Juan Andrés Ramírez), habilitando la fórmula Luis Alberto Lacalle - Sergio Abreu. También en el Nuevo Espacio se despejó la incógnita que de alguna manera quedaba respecto a la resistencia interna a la designación de Pablo Mieres como compañero de fórmula de Rafael Michelini.

A partir de este escenario, quedan varios escenarios políticos para desplegar. El que hoy nos propone Oscar A. Bottinelli, director de Factum, es cómo está "el Partido Nacional a la hora de la largada".

OSCAR A. BOTTINELLI: Realmente, cada partido va a necesitar un análisis particularizado, ya que cada uno de los cuatro (el Nuevo perdió el monolitismo que lo caracterizaba) presenta estructuras y situaciones totalmente diferentes. No hay dos partidos con una geografía, un mapa interno igual.

¿Por qué empezamos por el Partido Nacional? Porque fue el más conflictivo. Tardó exactamente dos meses -del 25 de abril a la noche del 25 de junio- en poder resolver, no formal sino políticamente, la fórmula presidencial. El Partido Colorado lo había hecho en la noche del mismo 25 de abril, y el Encuentro Progresista - Frente Amplio lo fue haciendo a lo largo de mayo y junio, pero más que nada fue ir afirmando lo que era un dato: la confirmación de la fórmula del 94. Y el Nuevo Espacio lo resolvió rápidamente pero con un juego de resistencias internas que no ponía en duda el resultado, pero que sí preveía un mayor o menor grado de conflictividad, y que se dio con la menor conflictividad.

¿Cómo queda el mapa del Partido Nacional? Hay que remontarse a los antecedentes históricos. Porque históricamente el Partido Nacional ha tenido dos grandes bloques, dos grandes vertientes: una que fue expresada a lo largo de buena parte de este siglo por Luis Alberto de Herrera, y una vertiente no herrerista con distintos matices, de los que se distinguen dos tipos: el que representa más la expresión "nacionalismo independiente", y que antiguamente se llamó "principismo", uno de cuyos exponentes nítidos es el Movimiento Nacional de Rocha (se puede decir que por estructura, por concepción, lo es también Gonzalo Aguirre, quien tiene el mismo origen), y otra veta histórica dentro de esta línea no herrerista que tiene un matiz diferente, estilos distintos, que surgió del nacionalismo independiente, se expresó en un momento por la Reconstrucción Blanca, por el diario El País, por Washington Beltrán, y que de alguna manera fue el "wilsonismo" (no estoy hablando de una continuidad histórica sino de un estilo menos cortante, menos rotundo y más integrador: la diferencia es que el wilsonismo fue mucho más abarcativo, incorporó a muchos elementos del herrerismo, incluso se diría que hasta cierto herrersimo intelectual, como el muy fuerte aporte teórico del doctor Fernando Oliú, quien contribuyó muchísimo al diseño de la concepción macro-política del wilsonismo).

EC - Eso en cuanto a antecedentes históricos, en este siglo, de la estructuración del Partido Nacional, pero nos íbamos a centrar en el año 1994.

OAB - Y aquí llegamos al '94, con un Partido Nacional que, así como Wilson Ferreira reconfiguró al partido, su muerte lo llevó a reconfiguraciones que nunca son definitivas: tuvimos una en el 89, otra en el 94. Partamos del 94: se llega en dos grandes bloques, uno que expresaba al herrerismo pero que tenía elementos no herreristas muy fuertes, como Gonzalo Aguirre, detrás de la candidatura de Juan Andrés Ramírez, una figura que tampoco es de origen herrerista. Del otro lado, lo que era una escisión del herrerismo, aunque no dejaba de ser herrerista: era una escisión del grupo oficialmente llamado Herrerismo que dirigía Lacalle, y que inicialmente no discrepaba con Lacalle sino con la elección del candidato propuesto por Lacalle: era más una discrepancia con Ramírez que con Lacalle, y que se expresó detrás de la candidatura presidencial de Volonté y tuvo en su origen a Walter Santoro como el gran articulador.

EC - Estamos hablando de Manos a la Obra.

OAB - Estamos hablando de un grupo que inicialmente se llamó Confluencia Herrero Wilsonista, que luego con otro de los distintos proyectos de reconstrucción del wilsonismo, que surgió más bien del interior y del apoyo de un grupo de jóvenes de Montevideo, que fue Propuesta Nacional con el referente de Alvaro Ramos. Manos a la Obra fue, inicialmente, el producto de la fusión de estos dos proyectos: el que sale del lacallismo (Volonté) y del proyecto de reconstrucción del wilsonismo, (Propuesta Nacional). Por otra parte, el Movimiento Nacional de Rocha.

¿Qué pasó en estos años? Es importante ver lo que pasó para entender lo que está pasando. Pasó que este mapa, tenuemente, se fue resquebrajando. Primero, la ruptura de Ramírez con Lacalle, que comienza siendo eso pero sin embargo va diferenciándose del herrerismo como tal: un grupo que va tomando un tinte entre independiente y wilsonista, en el que pesan figuras de esos orígenes, como Gonzalo Aguirre (uno de quienes adhieren más rápidamente), como Alberto Zumarán (un hombre intelectualmente herrerista pero muy fuerte en el wilsonismo), y el grupo de Ramírez deja de ser una parte de ese herrerismo que se partió en dos, sino con un perfil totalmente diferente. Y un perfil diferente también en otro aspecto: mientras el herrerismo se mantuvo bastante cercano a la coalición de gobierno, aunque con matices respecto a la forma en que la encaró Volonté, el ramirismo fue adoptando una posición cada vez más nítidamente opositora a lo largo del período.

Lo otro del mapa que parecía duradero, por lo menos hasta casi fines del año pasado, fue Manos a la Obra. Pero tuvo una ruptura prácticamente por la misma línea por la que se había formado, y la expresión "Manos a la Obra" quedó vinculada a Volonté, una figura que tuvo un papel muy fuerte en estos años como presidente del Directorio, y Propuesta Nacional que decide hacer una experiencia propia detrás de la candidatura de Ramos.

Así llegamos entonces a las elecciones de abril, completando el cuadro con el Movimiento Nacional de Rocha, que desaparece como opción independiente para pasar a integrarse al ramirismo.

EC - Ramirismo al que también se incorpora el grupo integrado por intendentes blancos y liderado por Jorge Larrañaga.

OAB - Exacto. Ahí iba a otro aspecto: ya en el período anterior hubo un intento desde el interior de los intendentes, todos ellos de origen wilsonista, de componer una fuerza política propia. Fracasó en aquel momento (Nin Novoa era uno de los promotores estando entonces en el Partido Nacional) y se recrea teniendo como gran impulsor a Jorge Larrañaga. Este grupo tuvo algunas frustraciones muy grandes por hechos no políticos, como la muerte de Leiss, el intendente de Lavalleja, y luego la de Domingo Burgueño, de Maldonado. El grupo, como queda, pasa a ser un elemento fuerte de esta proyección al ramirismo. Veamos que este ramirismo en definitiva es propiamente el grupo de Ramírez, más el de los intendentes con Larrañaga a la cabeza, más el Movimiento Nacional de Rocha, más el de Gonzalo Aguirre.

EC - Veíamos hasta ahora, a grandes rasgos, la estructura del Partido Nacional a lo largo de este siglo, nos concentramos en el 94, y veíamos qué cambios se dieron en los grupos que el partido presentaba hace cinco años respecto a los que hoy lo caracterizan. ¿Entonces?

OAB - Hemos visto "la geografía", el mapa, la vista aérea. Veamos algo dinámico: cómo fue (quizá no hay que insistir demasiado porque fue muy notorio, está muy cerca y en la memoria reciente) la llegada del partido al 25 de abril, un partido fuertemente polarizado. La ruptura de Manos a la Obra produjo dos hechos: el que en lugar de tres grandes grupos hubiera cuatro, y esos cuatro se desnivelaran (el sector de Volonté y el de Ramos pasan a ser grupos más chicos; la suma de los dos dio menos que lo que daba Manos a la Obra a lo largo del período, ya que generalmente daba 30% del partido y estuvieron, sumados, por debajo del 20%), y polarizó entre Lacalle y Ramírez. No "polarizó" porque hubiera dos, sino porque esos dos estuvieron en polos, en términos de alta confrontación. Una confrontación, además, que el ramirismo llevó en términos excluyentes: manejada en un plano ético, en un plano en que la incompatibilidad que generaba hacia el presidente Lacalle se fundamentaba en una visión muy profundamente sentida y que se veía como excluyente, y que al llegar a las elecciones los deja en una situación extremadamente difícil, ya que era un esquema que prácticamente sólo funcionaba con el triunfo y que, al perder, le generaba una situación extraordinariamente difícil.

Ocurre, entonces, por un lado, que este resultado obligó a adoptar distintos roles. En este esquema, el ganador necesitaba actuar con la mayor amplitud. Esa amplitud, de alguna manera, puede verse en decir que el candidato a la Vicepresidencia sería de los otros grupos políticos, particularmente del que salió segundo. Esta es una amplitud que yo diría inserta en el sistema, porque a nadie ocurre que la fracción triunfadora (salvo que haya ganado por el 70 u 80%) va a imponer al candidato a Vicepresidente, a riesgo de cometer un suicidio hacia la elección presidencial.

EC - Esa, sin embargo, había sido la intención anunciada por el grupo de Ramírez, que había cerrado la fórmula Ramírez - Larrañaga.

OAB - Exactamente, porque el grupo de Ramírez se movió quizá con una concepción más principista. Nadie dice que no quisieran ganar, pero en el fondo -en ese juego en que uno quiere varias cosas, ¿cuál privilegia?- se diría que en los hechos el grupo de Ramírez privilegió la defensa de un conjunto de principios sobre las probabilidades electorales. Era una fórmula que implicaba "Esta es nuestra manera de ver las cosas, nuestra manera de medir el mundo, y no medimos costos". De alguna manera fue eso.

La recomposición, lo que crea un papel difícil es que en el ramirismo aparecen dos lecturas distintas: la del propio Ramírez, que hoy tiene -sin duda- como interlocutor más nítido a Alberto Zumarán, en una posición que uno diría "numantina"…

EC - ¿Qué quiere decir?

OAB - Numancia perdió hasta la destrucción. Cuando digo "una posición numantina" aludo a no transar en ningún momento en aras de la defensa de determinados principios. De un lado, entonces, la posición numantina expresada por Zumarán, y por otro lado la posición de pragmatismo político electoral que expresan los otros dirigentes; la mayoría de ellos que no pertenecen propiamente al ramirismo, sino que adhirieron a la candidatura de Ramírez (como Larrañaga con su grupo Nueva Fuerza Nacional; como Carlos Julio Pereira con su Movimiento Nacional de Rocha; como Gonzalo Aguirre con su grupo Renovación y Victoria) y algunos ramiristas como el diputado Alvaro Alonso, que naturalmente busca seguir en carrera como la mayoría de los dirigentes políticos.

Estas dos actitudes están marcando claramente dos estrategias. En la medida en que uno defiende determinadas posturas más allá de resultados electorales, puede tener un grado mayor de dureza. Si uno pretende continuar en la vida política y en la competencia electoral, necesariamente debe adaptarse a las reglas de juego.

Esto se vio en la Convención del domingo, sobre todo en el gesto final de Jorge Larrañaga. Después de una sesión tensa, dura, fría en la forma en que se trataban los propios asistentes a la Convención, de un bloque y del otro, el abrazo de Jorge Larrañaga a Lacalle está marcando lo que implica realmente un reposicionamiento del Partido Nacional hacia una recomposición. Esto se completaría con el discurso de Lacalle en la asunción del cargo de presidente del Directorio (lo que fue remarcado por Zumarán), un discurso de apertura, de mano tendida, de buscar ser lo que efectivamente debe ser como presidente del Directorio y como candidato único: el representante y el referente de todo el Partido Nacional.

Ahora bien: el partido tiene una fórmula presidencial que representa a todo el colectivo, pero también vive una competencia interna como los demás partidos, y esto se expresa a través de las listas al Senado. ¿Cuál es la situación de las listas al Senado? Acá la cosa se vuelve a complicar. En el caso del ramirismo ya estaría definido que habría una sola lista en la que no aparece Ramírez, y hay que ver cómo se va dando en el período electoral y en el nivel de captación, sobre todo no tanto la captación dentro del partido, sino entre la gente dispuesta a votar al Partido Nacional pero que no está de acuerdo con esta candidatura presidencial y que inicialmente está retrayendo su apoyo al partido (blancos que dicen "Yo soy blanco pero hoy no voto al Partido Nacional"), que es lo que ha marcado la caída del partido en las encuestas. Es una captación medio de adentro y medio de afuera: rescatar gente de la casa. Y lo segundo es la captación hacia fuera. Cómo va a operar esta lista encabezada por Larrañaga, Pereira y Gonzalo Aguirre.

Un segundo posicionamiento es el del propio Herrerismo, donde en principio el propio Lacalle encabezaría la lista al Senado (lo que generó rispideces), lista integrada por -una expresión muy típica de Lacalle- el "cerno" de la estructura política de ese grupo tan estructurado como es el Herrerismo.

Por otro lado, una tercera lista ya anunciada, la que encabeza Alberto Volonté. Manos a la Obra mantendrá su perfil muy nítido, muy claro, porque tiene diferencias muy fuertes con el ramirismo en la concepción del actual gobierno de coalición, y tiene diferencias con el Herrerismo en cuanto a hechos en los que coincide con el ramirismo.

Quedan dos incógnitas. Una: qué pasa con Propuesta Nacional, si termina formando un acuerdo con alguna de las otras fuerzas, posibilidad que está planteada, o si termina optando por una presentación propia al Senado. Y la segunda incógnita, que está conmoviendo al Herrerismo, es la posibilidad de una segunda lista además de la que encabeza el propio Lacalle; una lista más bien femenina encabezada por Julia Pou…

EC - Aunque Julia Pou ha aclarado siempre que su movimiento no es herrerista, sino que justamente busca ampliar las fronteras del sector que lidera su esposo. O sea que podría decirse que no sería una segunda lista herrerista al Senado.

OAB - Acá hay una serie de confusiones terminológicas. Porque una cosa es el herrerismo concebido históricamente, y otra cosa es un sector que conduce Luis Alberto Lacalle y que hoy se llama Herrerismo, al cual pertenece Guillermo García Costa, que no es herrerista históricamente; del cual fue candidato Ramírez, que no es un herrerista sino un Ramírez, y por lo tanto un hombre de la veta "principista" o independiente. Y Julia Pou también es de origen no herrerista, y no es casual que hayan elegido para su lista (lo que en su momento provocó algunos malestares) un número muy simbólico del no herrerismo como el 400, el número que en su momento llevó a Washington Beltrán al Parlamento por primera vez, y que hasta las elecciones de 1971 representó a ese grupo político.

Pero hay dos lecturas sobre esta lista al Senado, como la hubo sobre la lista 400 en Montevideo y Canelones el 25 de abril. Una lectura es decir "Le va a sacar votos al Herrerismo, y por lo tanto algunos dirigentes herreristas van a quedar fuera del Senado o de la Cámara de Representantes, por los votos que esta lista le saca al Herrerismo oficial". La otra lectura es: "No: podrá sacar algún voto herrerista, pero va a captar fuera". Y esa es la pretensión: que capte votos fuera del Partido Nacional; con una presentación totalmente distinta, una lista encabezada por mujeres (Julia Pou, Rosario Medero), con un lenguaje completamente diferente al lenguaje político tradicional.

Este es, entonces -en principio-, el mapa del Partido Nacional. Un mapa complicado, porque no es solamente de opciones personales, sino grupos políticos que tienen trayectorias históricas diferentes; posturas distintas recientes sobre distintos temas, desde la coalición de gobierno hasta el juicio sobre hechos de la gestión del propio Partido Nacional en el período anterior.

EC - Esos son, entonces, los principales rasgos de la presentación del Partido Nacional, o las posibilidades de presentación (porque hay algunas que todavía no están concretadas y hay tiempo para las negociaciones internas). Pero ¿en cuanto a la cancha en la que va a jugar?

OAB - Empieza en una cancha extremadamente difícil. El Partido Nacional perdió dos meses, porque mientras los demás partidos habían resuelto rápidamente toda la situación y en julio están en condiciones (con todos los problemas que siempre tienen todos los partidos políticos) de arrancar bien, los blancos tardaron dos meses en recomponer la situación interna, armar la fórmula presidencial y salir a la campaña electoral. Es decir que -se diría- debe hacer una campaña electoral a mayor velocidad que los demás partidos porque, en términos de Fórmula 1, arrancó con muchos segundos, quizá minutos de retraso, y debe duplicar la velocidad para ver si en las vueltas finales alcanza a los otros competidores.

Y en esto además hay un tema geográfico que es importante a destacar. El Partido Nacional está extraordinariamente bajo en Montevideo. En la última encuesta (nosotros dimos los datos globales y no por áreas geográficas) el Partido Nacional aparece con el 8% de la intención de voto de Montevideo, una cifra espeluznantemente baja. Por más peso que tenga en el interior del país, no se puede ganar la Presidencia ni siquiera llegar al balotaje si en Montevideo no se acerca al 20%.

EC - ¿Y en Canelones?

OAB - El segundo dato es Canelones. Hoy, Montevideo más Canelones tienen un peso singular en la vida del país. El Partido Nacional en Canelones está mucho mejor que en Montevideo, pero sin ninguna duda esos dos departamentos son los lugares donde el partido, y la fórmula Lacalle - Abreu, deberán centrar sus esfuerzos para poder llegar al balotaje. Y hacerlo con un Partido Nacional que, reflejando la riqueza de sus matices muy amplios, logre articular un proyecto que sea diversidad detrás de la unidad; diversidad de matices detrás de un proyecto único, y no un partido dividido en fracciones enfrentadas.

Esta transformación de un partido enfrentado a uno diverso detrás de la unidad, es la que debe hacer el Partido Nacional en julio para tener chances competitivas.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 29 - 1999