La difícil encrucijada del ramirismo
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO: Para el próximo domingo está convocada la Convención Nacional del Partido Nacional, integrada según el resultado de las pasadas elecciones del 25 de abril. Esta convención tendrá dos objetivos diferentes pero relacionados entre sí. Uno es, de acuerdo con el nuevo régimen constitucional, completar la fórmula presidencial, mediante la elección del candidato a vicepresidente de la República. El otro objetivo surge de la reciente modificación de la Carta Orgánica partidaria, y consiste en elegir al Directorio que orientará a la colectividad blanca en los próximos cinco años. A cuatro días de esta reunión, la situación en el nacionalismo es tensa, compleja y de pronóstico incierto. "La difícil encrucijada del Ramirismo" es el tema que nos propone hoy para su análisis el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum.

OSCAR A. BOTTINELLI: El propósito es analizar brevemente la situación en que quedó el ramirismo a partir de su estrategia electoral, de la situación interna del Partido Nacional en los años precedentes, y del resultado de esas elecciones. En general, cuando se actúa en política siempre hay que optar, y los actores políticos siempre se ven enfrentados a la necesidad de decidir entre principios que no necesariamente son compatibles. En definitiva, el juego de los principios termina siendo un juego de prioridades. En el caso del ramirismo, había por un lado principios ligados a las acusaciones sobre el gobierno anterior y, finalmente, al propio ex presidente Lacalle en particular, y a las incompatibilidades que le generaba esas conductas que denunciaba. Por otro lado, el pertenecer a un partido político de tradición centenaria, tener un sentimiento partidario, y la necesidad -como otra cuestión de principios- de mantener la unidad y la pertenencia partidaria. La conjunción de estos dos elementos podía funcionar con el triunfo de la opción opositora a Lacalle, particularmente con el triunfo de Ramírez. Pero el resultado fue el inverso, y pone a estos dos elementos en contradicción porque al triunfador (candidato único a Presidente) y a su sector es que se atribuye ese tipo de incompatibilidades en un plano de principios. Por otro lado, existe la tensión del otro plano, que es la adhesión y la pertenencia partidaria.

En algunas reuniones de tipo académico hemos trazado algún tipo de paralelismo entre el camino que se le fue dando al ramirismo (y digo que se le fue dando porque a veces uno no es dueño de los propios caminos, sino que se van sucediendo hechos y el camino se traza solo), su creciente incompatibilidad con el Herrerismo y Lacalle, con la situación del PGP y la lista 99 en relación al Frente Amplio en los años 80.

EC - ¿A qué situación te refieres?

OAB - Cuando el PGP integraba el Frente Amplio y se va a generando una situación (no voy a hacer la historia, porque es muy larga) de incompatibilidad con el resto del Frente. ¿Cuál es la diferencia sustancial entre uno y otro camino? Que cuando el PGP fue llegando a límites de incompatibilidad muy fuertes tenía planteado como uno de los caminos (por lo menos no estaba descartado) el que finalmente emprendió: la ruptura e irse para formar una cosa distinta. Es decir que no había problemas para poner un límite a esa incompatibilidad, ya que la alternativa a la incompatibilidad total es irse y caminar solo, que fue lo que ocurrió.

Pero el ramirismo, en primer lugar, no tenía planteada esa opción: no estaba planteado, en el caso de perder, irse del Partido Nacional, formar un partido distinto. Y -en segundo lugar- tampoco estaba habilitado constitucionalmente. Una de las disposiciones de esta Constitución (que además es bastante original en comparación con regímenes parecidos en el mundo relativos a elecciones primarias) es que cierra los caminos para todo un ciclo electoral: el 26 de abril nadie puede irse a formar un nuevo partido. Esto lo analizamos muchísimas veces cuando analizamos la reforma, la única opción que le queda es seguir apoyando al partido o irse para su casa.

Y hay un segundo tema: la necesidad de los grupos políticos de tener abiertas las alternativas para el caso de ganar y para el caso de perder. El "mutis", salir del escenario, también es por supuesto una alternativa. Pero (quizá es lo que empieza a crear una encrucijada al ramirismo) quedó más como una alternativa personal del doctor Ramírez y de algunos de quienes lo acompañaban pero no como respuesta del grupo. Muchas figuras de carácter nacional, un número significativo de grupos departamentales, no tenían planteado de ninguna manera retirarse de la actividad política e irse para sus casas. Por lo tanto, solucionar la incompatibilidad yéndose para sus casas no estaba planteado como una alternativa del grupo, aunque sí como una opción personal del líder. Y acá juega uno de los elementos de contradicción que, de alguna manera, quedaron planteados después del 25 de abril entre la actitud absolutamente intransigente por parte de Ramírez, acorde a lo que venía sucediendo antes de la elección, y la actitud de quienes quieren continuar en política, presentarse a las elecciones, y deben superar aquella incompatibilidad total con quien resultó candidato único del Partido Nacional para presentarse como candidatos al Senado. Es decir que acá ya tenemos un tipo de contradicción fuerte.

EC: Tú decías que en esta situación influye la aparición de nuevas reglas de juego en la Constitución.

OAB: En el sistema anterior, en la medida en que cada uno con su propia candidatura llegaban hasta el final dentro del mismo partido, y esos votos se acumulaban pero las opciones electorales quedaban muy separadas y el resultado final se daba en el mismo momento de las elecciones, las incompatibilidades afectaban el terreno electoral, e incluso en muchos casos se mantenían hasta después de las elecciones, y generaban que cada una de las fracciones tuviera conductas distintas respecto al gobierno siguiente.

Pero ahora, primero, el resultado se va dando en etapas; uno en abril y luego la nueva elección en octubre. Es un cambio sustancial: no es que hubo una votación por única vez, se conoce el resultado y luego viene un largo período de cinco años de gobierno. Hay una medición de fuerzas, un resultado electoral, y el apronte para una nueva elección a partir de ese resultado electoral, que se realiza seis meses después. Un segundo dato es que cuando hicimos un largo ciclo en El Espectador y en investigaciones académicas sobre la reforma constitucional destacamos algo que nos parecía muy fuerte: que las elecciones de abril -las preliminares o primarias- no sólo marcan una decisión electoral en cuanto a candidaturas presidenciales, sino que en los hechos están definiendo liderazgos, al menos transitoriamente. Además de ser todos líderes de sectores, algunos con más votos que otros, como ocurrió siempre, hay uno que automáticamente pasa a ser el referente de todo el partido porque es el que resultó electo en las urnas, lo que en Uruguay tiene una fuerza muy grande, y porque su nombre va a figurar en todas las hojas de votación partidarias de la siguiente elección. Y esto cambia el nivel de este líder respecto a los demás: no es sólo que tenga más votos, sino que pasa a ser el individuo al que todo el partido va a votar; usando una figura medieval decimos que todos son señores, pero hay uno que esa noche se transforma en "señor de señores". Batlle es hoy el referente de todo el Partido Colorado, Lacalle es hoy el referente de todo el Partido Nacional.

Esto implica nuevas reglas de juego, una nueva cultura política, y la adaptación a las nuevas reglas de juego resulta tremendamente difícil. Una de las formas de adaptación hubiera sido una campaña electoral que previera estas situaciones y permitiera una rápida adaptación, como de alguna manera ocurrió en el Partido Colorado. Lo segundo es, inmediatamente a una elección de estas, la necesidad de negociaciones a pleno o, de lo contrario, una línea de no negociación que implica situaciones muy duras, muy difíciles, y de encrucijadas no fáciles de solucionar cuando llega la elección y hay que poner el nombre de ese candidato a la Presidencia. Y en una negociación, como en una partida de ajedrez, es necesario contar con la iniciativa; y la iniciativa supone tener todo un abanico de soluciones a los problemas planteados. Para poder negociar bien, para no perder la iniciativa, el negociador tiene que tener respuestas claras a candidatura a la Vicepresidencia, a la presidencia del Directorio, a cómo éste se integra, a la presidencia de la Convención, a cómo se encabeza las listas al Senado, al tema del programa único y a la propia campaña electoral.

El ramirismo quedó un poco prisionero de esta falta de iniciativa por falta de claridad en el abanico de soluciones a plantear, para negociar desde una posición que, con casi la tercera parte de la votación del partido detrás y casi la tercera parte de la Convención detrás, era una posición de fuerza para negociar si, desde el primer momento, se tenía claros los objetivos y se tenía clara la iniciativa.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 24 - 1999