Los nuevos escenarios hacia octubre
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO:
Vamos a ir examinando cómo se encuentra cada uno de los cuatro competidores principales hacia las elecciones nacionales de octubre.


OSCAR A. BOTTINELLI:
Terminada la elección, decantadas las primeras cifras, faltan muchos elementos para hacer un análisis de lo que ocurrió, de cómo votó cada zona, cada sector del país. Y, sobre todo, falta medir y cuantificar los distintos segmentos que optaron por quedarse en su casa, que es un análisis pendiente de muchísima importancia. Esta elección tuvo la virtud -desde el punto de vista del estudio del comportamiento electoral- de que, siendo de participación voluntaria, más o menos seis de cada 10 uruguayos optaron por ir a votar y cuatro optaron por quedarse en su casa. Esto merece un análisis detenido.

La carrera hacia octubre ya empezó y va a tener cuatro contendientes. Prácticamente se puede decir que tres de los cuatro ya están prontos para largar la carrera, siempre con la necesidad de soldar algún tipo de problemas menores que pueden darse a nivel de los departamentos o de las competencias de segundo nivel que se plantearon y que pueden haber dejado algún tipo de fisuras. Se puede decir que tanto el Partido Colorado como el Encuentro Progresista-Frente Amplio, con la práctica definición de sus respectivas fórmulas electorales, están "calentando los motores" para largar la carrera.

Se diría que la definición de la fórmula presidencial no es un tema crucial para el Nuevo Espacio -si bien es un tema que resta por definir- en la medida en que esta fuerza tiene un único líder, que no está fraccionalizada, que no tiene alas ni tendencias divergentes y que está perfectamente posicionada para jugar hacia adelante en un escenario que es quizás el más interesante. Luego podrá beneficiarse o no de ese escenario; eso dependerá de cómo jueguen esta fuerza y los otros actores. Lo cierto es que viene de una campaña electoral en la que, si bien votó por debajo de las expectativas, no se desgastó, no estuvo en la contienda. Y ahora está en condiciones de lanzarse con todo a una campaña en la que tiene buenas posibilidades de tener una figuración interesante y de tratar de despresidencializar la elección de octubre, en la medida en que le permite convocar al voto parlamentario, al Senado, a la Cámara de Diputados, a una propuesta que va a incidir en el próximo gobierno sobre la base de que la Presidencia de la República se elige realmente en noviembre. Esta convocatoria tendrá éxito en la medida en que a la gente le resulte relativamente indiferente cuál combinación de dos de los tres participará en el balotaje.

De los dos partidos tradicionales, el Partido Colorado es el que se recompone más rápidamente. Esto estaba prácticamente anunciado con anticipación: el candidato del polo o grupo más votado con el vice del otro grupo político. Además, optaron por una solución bastante clásica en los Estados Unidos, como buscar que la fórmula presidencial esté compuesta por el primero y el segundo, en la medida en que entre ambos están representando un porcentaje muy elevado del electorado.

Con el triunfo categórico y contundente de Tabaré Vázquez, el Encuentro Progresista-Frente Amplio sale bien, con una interna sin demasiados problemas ni contratiempos y reeditando la fórmula presidencial de 1994, lo cual también implica un rápido y fácil posicionamiento en la campaña electoral.

Es decir que desde el punto de vista del diseño, de los actores, el Partido Colorado, el Encuentro Progresista-Frente Amplio y el Nuevo Espacio -aún sin vicepresidente- ya están en condiciones de iniciar la carrera. Estas tres fuerzas van a tener que definir ahora los aspectos programáticos, la agenda de la campaña electoral, lo que van a privilegiar, cuál va a ser el tema central de cada uno y cuáles van a ser los dos o tres temas que acompañen esta campaña.

El actor más complicado de todos es el Partido Nacional. Hace un rato el senador Santoro hacía referencia a las gestiones que está cumpliendo para tratar de resolver la situación. Se refería a que el Partido Nacional tuvo históricamente enfrentamientos muy duros, que duraron décadas, de muchas elecciones. Esto va de la mano con decir que mientras el Partido Nacional vivió con enfrentamientos vivió alejado de la posibilidad de ganar el gobierno. Desde la gran ruptura de los años 30 hasta la recomposición a fines de los años 50 apareció como un actor que no competía de verdad y con efectividad por la titularidad del gobierno.

Las nuevas reglas de juego han encerrado al Partido Nacional. Al no existir el doble voto simultáneo para la elección presidencial no puede presentarse con dos candidaturas competitivas que luchen entre sí, que de ese modo expresen su divergencia y fortalezcan al Partido acumulando los votos. Esa posibilidad se cerró con la reforma constitucional.

Hay otro tema que también se cerró con la reforma constitucional, que me parece una de las piezas clave del nuevo sistema, a la cual no se le da a veces la importancia fundamental que tiene. En una de las disposiciones transitorias se estableció que para presentarse a las elecciones nacionales o municipales los partidos políticos deben concurrir necesariamente a esta elección primaria o preliminar que se realizó el 25 de abril. Este es un requisito previo que abre el sistema hacia la elección de octubre, hacia la presidencial de noviembre y hacia la municipal de mayo. Esto cierra la posibilidad de constitución de nuevos partidos y, por otro lado, establece una segunda llave: las personas que hayan sido candidatas a la Presidencia de la República o a las Convenciones nacionales o departamentales sólo pueden volver a ser candidatas por el mismo partido por el que se presentaron en las internas. La opción que queda para quien no quiere continuar en el mismo partido es irse para la casa. No se puede formar un nuevo partido ni cambiar de partido. Esto le da una característica muy importante y muy fuerte al sistema. Después del 25 de abril no hay posibilidad de escisiones o de rupturas con efectos electorales inmediatos. La única ruptura posible es la ida para la casa.

Este es un planteo muy diferente al de escenarios anteriores. En una etapa el Partido Nacional optó por la ruptura en partidos diferentes como camino para sus disidencias; se presentaba el Partido Nacional por un lado y el Partido Nacional Independiente por otro. Incluso hubo instancias de otros partidos, como el Partido Cándida Díaz de Saravia o el Partido Demócrata. El otro camino empleado del 54 en adelante es la pluralidad de candidaturas, lo que a partir del 58, por ejemplo, se expresó en el Herrerismo y la Unión Blanca Democrática.

Hoy estas opciones están vedadas; no puede haber más de un partido porque no puede haber ruptura. No puede haber más de una candidatura porque ésta ya está definida. Lo que le queda al Partido Nacional es buscar una recomposición; cuanto más demore, más dificultad va a tener en la competencia con los otros dos partidos. La recomposición deberá darse mediante la configuración de una fórmula presidencial que con mayor o menor entusiasmo convoque a todo el Partido. El otro camino sería que el Partido fuera dividido, con una fracción mayoritaria que apoye a la fórmula presidencial y una fracción menor que trate de hacer un juego "parlamentarizando" la elección, diciendo "vótenos a nosotros en octubre, olvídese de que hay un candidato presidencial y en el balotaje haga lo que le parezca". Basta mencionar este planteo para ver lo incongruente que resulta. Es muy difícil que alguien pueda hacer una campaña electoral con éxito defendiendo un espacio en estos términos.

Por lo tanto, la única posibilidad de disputar con los otros partidos que le queda al Partido Nacional es llegar a alguna forma de recomposición. ¿Será posible esta recomposición? ¿Cómo se hace, por qué vías y a través de qué actores? Estas son las incógnitas. Parece muy difícil prever un Partido Nacional sin recomposición, que llegue a las elecciones de octubre dividido o con enfrentamientos relativamente enconados y que además tenga éxito, entendiendo por éxito la posibilidad de competir de igual a igual con los demás o incluso de llegar a ocupar una de las dos plazas en la final de noviembre, que es el balotaje.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 29 - 1999