Vida pública y vida privada
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO:
Esta campaña electoral se caracterizó por un mayor acento en la vida privada de los candidatos. Primero, y durante largos meses, fue el tema de la honestidad de los gobernantes, un debate que llevó a que incluso un programa de televisión -"Tiempo de decisión", de Canal 10- inaugurara una especie de declaración pública de bienes de los precandidatos a presentar en cada una de las entrevistas. Luego, se habló de la salud o la enfermedad de un presidenciable. En fin: a partir de estos elementos es que el politólogo Oscar Bottinelli nos propone hoy como tema en su análisis político la relación entre la conducta pública y la conducta privada de los dirigentes y cómo estos aspectos aparecen en un debate electoral.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Vayamos un poquito atrás en el tiempo. Hace 2.000 años, Julio César, el gran constructor del Imperio Romano, decía: "La mujer del César no solamente debe ser honesta; debe parecer honesta". O también, "no sólo debe parecer virtuosa; debe ser virtuosa". En ese caso la palabra honestidad refería a la honestidad conyugal de la mujer.

El tema de la relación de la vida pública y de la vida privada es un constante debate de la vida política, mucho más fuerte en regímenes democráticos, en los que la gente actúa no sólo como opinión, no sólo como emisora de pareceres, sino que actúa efectivamente como decisora, a través del voto.

El tema aparece en Uruguay esporádicamente en distintas etapas, y es interesante que en nuestro país el tema de la vida privada ha surgido prácticamente en una conexión muy fuerte con la vida pública, porque ha surgido siempre en relación a los actos de las personas en manejos económicos o financieros que pudieran beneficiarlas desde el punto de vista patrimonial o desde el punto de vista de sus ingresos y de su nivel de vida, como producto de la vida pública. Es decir que el ingreso en la vida privada se hizo en la frontera de lo público, como efecto de la vida pública o del aprovechamiento de cargos públicos.

En algún momento el tema que ha surgido es el de la salud. En esta elección apareció primero el tema de la honestidad personal de los gobernantes y el tema de la corrupción y, últimamente, en relación a otro candidato, el tema de la salud. De alguna manera, el tema de la salud estuvo presente en dos instancias en Uruguay. La más importante fue en 1946, cuando mucha gente sostuvo que había habido un ocultamiento a la ciudadanía del verdadero estado de salud de Tomás Berreta, que murió muy poco tiempo después de asumir el cargo. No llegó a tener la importancia de este debate, pero en algún momento se mencionó que no fue puesto a la luz pública con la consideración debida cuál era el verdadero estado de salud del general Gestido, más allá de que se puede sostener que era absolutamente imprevisible, dentro de determinados límites, su muerte prematura, que sucedió en su primer año de gobierno.

En el mundo este tema surge de distintas maneras. En Estados Unidos el tema de la vida privada uno diría que se transforma muchísimas veces en el centro de la campaña electoral. Y la vida privada, totalmente ajena a la vida pública. Quizá lo de vidas privadas que tocó la vida pública fue lo de Mónica Lewinsky con Bill Clinton, porque los hechos imputados ocurrieron, entre otras cosas, en la oficina presidencial. Sin perjuicio de ello, seguían siendo actos de la vida privada.

Pero podemos recordar algunos episodios. La carrera de Gary Hart -precandidato, utilizando la terminología uruguaya-, ese aspirante a la nominación del Partido Demócrata, fue arruinada porque se denunció que había tenido relaciones con una prostituta, en lo que sería una casa de citas o un motel en el Estado de Florida. Thomas Eagleton debió renunciar a integrar la fórmula como candidato a la vicepresidencia con McGovern frente a Nixon porque se descubrió en su historia clínica haber recibido tratamiento psicológico. Las especulaciones sobre la salud estuvieron presentes en ataques contra Ronald Reagan, particularmente en la campaña que lo llevó a la reelección. No tan fuerte fue en el caso de Franklin Roosevelt, presidente elegido cuatro veces, que era paralítico. Ni hablar de aspectos relacionados con la vida o actitudes de su esposa, la relación conyugal, las relaciones extraconyugales.

En algunos casos han aparecido problemas de hijos o familiares. Edward Kennedy fue atacado en relación a problemas con la droga tenidos por sobrinos suyos. Y, recientemente, en Argentina, vimos que el jefe de la ciudad de Buenos Aires y ahora candidato presidencial de la Alianza, Fernando de la Rúa, fue atacado con acusaciones de que su hijo habría adulterado resultados de exámenes en la Universidad.

Tenemos en el extranjero un conjunto de ejemplos. En general, podemos ver dos grandes conductas: países en los que la vida privada de los candidatos políticos es permanentemente hurgada, investigada y seguida, muchas veces desplazando como centro del tema los de la vida pública; y otros países en los que la vida privada -caso de Italia y de Francia- tiene preservaciones muy altas. Uno diría que en Italia y Francia, cuando emergen hechos de la vida privada, están muy relacionados con la vida pública. Es decir que, beneficiando o afectando la vida privada, surgen del poder ocupar cargos públicos.

Y podemos citar el caso del Reino Unido, donde hubo un escándalo muy famoso de vida privada, pero íntimamente ligado con la vida pública. Algunos podrán recordar el "escándalo Profumo", en el que el ministro de Defensa británico tenía relaciones con una modelo, Christine Keller, y esa modelo, a su vez, tenía relación con un alto diplomático soviético, considerado el jefe o agente de la KGB. En esa relación extramatrimonial estuvo involucrado un tema que tenía que ver con la posibilidad de la revelación de secretos de Estado.

¿Cuáles son los temas de la vida privada en los debates políticos que han aparecido en los distintos países? Uno diría que son básicamente cinco.

Uno es el que tiene que ver con patrimonios e ingresos. En algunos casos -como en el uruguayo, el francés y el italiano-, cuando el tema de incremento del patrimonio o niveles de vida está relacionado con uso indebido de los cargos públicos. En otros casos, sí, analizar la conducta en la vida privada, desde el punto vista comercial, del pago de sus impuestos, de cumplimiento de normas de ética comercial, y si son correctos o incorrectos.

Un segundo punto va más bien a la vida conyugal. ¿Tiene un buen matrimonio, se lleva bien con la esposa o con el esposo o no; tiene relaciones extraconyugales, no las tiene? Ese es un segundo orden de temas que da lugar a debates.

El tercero es la familia, y particularmente los hijos: cómo actúan los hijos. Si son buenos o malos estudiantes, si hacen trampa, si se drogan, si son "playboys" o no.

Un cuarto tema es el relacionado con la familia en general, los antecedentes familiares: qué pasó con su padre, con sus suegros, qué hicieron de bueno y de malo.

El quinto lugar lo ocupa lo que tiene que ver con el pasado del propio candidato. Pero no estamos hablando del pasado público, sino del pasado privado. Por ejemplo: en la campaña electoral para la senaturía del Estado de Massachusetts en 1962 salió como acusación contra Edward Kennedy que en el penúltimo examen de su carrera de leyes en Harvard había copiado. Entonces se decía ¿cómo podía ser senador alguien que copió en un examen?; si mintió a un profesor, ¿cómo no le va a mentir al pueblo, a la ciudadanía y al país.?

Estas son, pues, las cinco categorías.

Ahora vemos un poco cuáles son las razones y los efectos de tratar o de dejar de tratar este tema. Se sostiene que el no tratamiento de los temas de la vida privada en el debate público tiene como efecto que hay aspectos de la vida de la persona que hacen a cómo son, y que se reflejan en la vida pública. Entonces, una persona que es un mal padre, un mal esposo, que es un individuo tramposo en la vida comercial, ¿cómo va a ser un buen gobernante, cómo va a ser un gobernante honesto? Ese es el argumento.

En el caso de la salud: "¿Cómo no se va a saber si el individuo está enfermo? ¿Yo voto a Fulano y ese Fulano no puede ejercer bien el cargo, no va a tener fuerzas suficientes, no va a terminar el mandato? Yo tengo que saber efectivamente cuál es su estado de salud".

¿Cuál es el argumento contrario, el argumento a favor de preservar una tajante separación entre la vida privada y la vida pública, que ha sido la conducta dominante en Uruguay? El ver que en los países donde empieza a hurgarse demasiado en la vida privada, los hechos de la vida privada terminan transformándose en una gran comidilla y desplazando a la vida pública, de manera que la campaña electoral termina siendo una gran revista de chismes, algo así como muchas de las informaciones que pululan en Argentina sobre los actores donde importa que "se vio a Fulano salir con Mengano", que "no se besó con la esposa a la salida de la casa", "dicen que...". Y los grandes temas nacionales quedan de lado. Estos son, básicamente, las dos grandes visiones sobre la correlación vida pública y vida privada.

Hay esferas del planeta en las que se sigue la conducta de privilegiar el debate y el hurgar en la vida privada, y esferas del planeta donde -posición que ha sido tradicional en Uruguay- la vida privada ha quedado muy separada de la vida pública, salvo cuando se entremezclan, porque lo que se busca es saber qué efectos sobre la vida privada tiene el estar posicionado en la vida pública.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 13- 1999