La gente y para qué son las "elecciones internas"
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO - En las últimas semanas hemos estados recibiendo en El Espectador consultas de nuestros oyentes sobre distintos aspectos de las elecciones del 25 de abril: en qué consisten, cuál es su alcance, cómo se define el candidato presidencial, cómo juega la Convención… En la semana próxima dedicaremos un espacio especial para aclarar varias de esas diversas dudas, tanto desde el punto de vista de la opción política de los votantes, como desde el punto de vista técnico, de las formas de votación, etcétera. Les invitamos para que nos hagan llegar sus preguntas a través del contestador automático, 902.33.44. Pero hoy, haremos una primera incursión, un primer gran pantallazo de ese tema, con el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum.

OSCAR A. BOTTINELLI - Recordemos que en 1996 fue aprobada una reforma constitucional muy profundas, de características revolucionarias, que nosotros muchas veces hemos dicho que introdujo un cambio en el sistema político tan importante como el que tuvo el país en 1918.

Lo abrupto del cambio, el que no haya experiencia previa en muchos de los instrumentos introducidos, y una gran confusión en la terminología, han llevado a que la puesta en marcha del nuevo sistema genere muchas dudas en la gente. En primer lugar, la forma con que se denomina a estas primeras elecciones del 25 de abril, como "elecciones internas". En otros programas fuimos analizando cómo existía la idea de unas elecciones internas que se realizarían en clubes o comités partidarios, con la exclusiva participación de afiliados o militantes de los partidos. Esta idea ha ido cambiando, la campaña electoral ha ido creando un clima que por lo menos clarificó un tema: participan todos los ciudadanos, con voto voluntario, y tiene que ver con la elección presidencial.

"Ha ido clarificando" no quiere decir que todos tengan claro que participe todo el mundo ni que el voto sea voluntario, pero en general hay una gran claridad en un aspecto y una gran confusión en otro, en cuanto al contenido de la elección.

EC - ¿Cuál es la gran claridad?

OAB - Se abrió camino la idea de que esta es la primera de tres vueltas de la elección presidencial.

EC - Aspecto en el que tú insististe bastante en tus análisis.

OAB - Desde que se aprobó la reforma nosotros dijimos que Uruguay no había implantado un sistema de balotaje sino que, utilizando términos deportivos, decíamos que era un sistema de "eliminatorias", con cuartos de final, semifinal y final. O, para los aficionados al básquetbol, un sistema de "play off": un sistema por el que se va descartando candidatos hasta llegar a una final entre dos, que es propiamente el balotaje. Y la gente tiene claro que están compitiendo Lacalle, Ramírez, Volonté, Ramos, Alem García, que de ellos va a quedar uno solo, y básicamente -en la medida en que hoy está polarizado entre Lacalle y Ramírez- va a quedar Lacalle o va a quedar Ramírez, que después del 25 de abril no pueden quedar los dos. Que en el Partido Colorado, Batlle, Hierro, Vailliant, Bouza, que está polarizado entre Batlle y Hierro, y después del 25 de abril queda Batlle o queda Hierro, no van a seguir los dos. Que en el Encuentro Progresista - Frente Amplio están Vázquez y Astori y después del 25 de abril quedará uno de los dos, y que en el Nuevo Espacio hay un candidato único que es Rafael Michelini, que continúa hacia octubre.

Pero está claro que esta no es una elección neutra a los efectos de la elección del Presidente de la República: que si alguien quiere que un candidato siga en carrera lo tiene que votar ahora porque corre el riesgo de que, por no apoyarlo, ese candidato quede eliminado. O a la inversa, si le preocupa el voto negativo y evitar que un candidato siga en carrera, el momento de hacerlo es este: tanto por la positiva como por la negativa, ya define un primer elemento que es cuáles son los candidatos que siguen en carrera a partir del 25 de abril. Esto parece bastante claro.

EC - ¿Y qué es lo que permanece confuso?

OAB - Tiene que ver con la propaganda que se está viendo, y voy a poner algunos ejemplos. Cuando la gente ve "Batlle - 15", dice: "Claro, la 15 es la lista de Batlle, a Batlle se le vota a través de una lista -como le llama a la hoja de votación- que lleva el número 15". Parece bastante obvio, elemental: "Millor - 94", etcétera, coinciden con números clásicos, elementales. Pero después empiezan a ver otros carteles: Batlle con otros números, "Ramírez - 903", "Ramírez - Machiñena - 904", "Ramírez - Aguirre - 97". ¿Qué es esto? Se elige el candidato a Presidente, y ¿qué es esto de Machiñena o de Aguirre? Más confuso aún cuando en algunos departamentos del interior están apareciendo carteles como por ejemplo "Yamandú - 46", referido a Yamandú Castro en Canelones, y no aparece el nombre de ningún candidato a Presidente, o "Julita - 400". ¿Qué son estos nombres que no son candidatos presidenciales y esta cantidad de números que están apareciendo?

EC - Veamos entonces este punto que aparece todavía bastante confuso, y que tiene que ver con qué es lo que se elige el 25 de abril.

OAB - Qué se elige tiene que ver con cuáles son las candidaturas y por qué esta multiplicidad de listas. Lo que se elige estrictamente son las convenciones: la Convención Nacional y la Convención Departamental de cada partido. Acá viene una primera confusión, porque Uruguay no tiene una larga experiencia de elección directa de convenciones, y todavía no está muy claro cuál será su función: si regular la vida de los partidos o cumplir una función episódicamente electoral, que supletoriamente elija al candidato presidencial para el caso de que el 25 de abril ninguno de ellos alcance las mayorías necesarias (más de la mitad de los votos de su partido o un mínimo de un 40% y una diferencia de 10 puntos con el segundo). Aparentemente, la convención elegirá también al candidato a Vicepresidente; pero no es un tema que esté regulado, lo hará la Carta Orgánica de cada partido. Y las convenciones departamentales son las que eligen al o a los candidatos a la Intendencia Municipal de cada partido.

Tenemos entonces que la Convención Nacional prácticamente tiene funciones electorales supletorias del candidato a Presidente y eventualmente de completar la fórmula, pero desde el punto de vista jurídico y formal la Convención no tiene ninguna vinculación con las elecciones de octubre. Sin embargo, en los hechos, aparece como una elección en borrador de la elección parlamentaria. Las distintas listas de candidatos a la Cámara de Diputados, y también el alguna medida la de Senadores, se van a armar teniendo como referente el resultado de las elecciones del 25 de abril. De hecho, es una competencia interna, de medición de fuerzas de los distintos subsectores, de las distintas agrupaciones, de las distintas listas (como se les llama comúnmente) para luego ver cómo se posicionan las candidaturas al Parlamento, y particularmente a la Cámara de Diputados.

Pero además, sobre todo en el interior, es muy importante la elección de la Convención Departamental, porque ésta sí tiene función jurídica respecto a la elección municipal del 14 de mayo del 2000: el número de candidatos a Intendente ahora ha quedado reducido a un máximo de dos por partido, y estos candidatos no se presentan libremente sino que son designados por la Convención Departamental. Por lo tanto, del resultado de la elección del 25 de abril van a surgir las posibilidades para que la Convención Departamental elija a unos o a otros como candidatos del partido a la respectiva Intendencia. En la medida en que no hay una vinculación directa, que no es una primera vuelta para la elección del candidato a Intendente (como ocurre con la elección del candidato a la Presidencia), ni menos para las candidaturas a la diputación, tema que es mucho más confuso porque no está dispuesto que los candidatos sean convencionales sino que es una apreciación política, esto lleva a la gente a una gran confusión. Y entonces "Fulano es candidato. ¿Candidato a qué: a convencional? ¿Y qué es convencional?".

Este es uno de los elementos más grandes de confusión en la opinión pública. Al punto de que, a nivel de encuestas, tenemos un porcentaje muy alto de gente, más del 70%, que tiene predefinición hacia un candidato presidencial, al que puede votar o no (porque el voto es voluntario, y hay gente que marca su preferencia pero aclara: "No sé si voto; si voy lo voto a él, pero capaz que no voy"). Sin embargo, prácticamente es mínimo el porcentaje de quienes tienen preferencia por una lista, por el número de una hoja de votación: apenas supera el 10% (para dar una cifra muy en borrador, más o menos uno de cada ocho personas). Pero el grueso de la gente no tiene idea del número de hoja de la lista que va a votar, y mucho menos aún en Montevideo que en el interior, sobre todo en algunos departamentos en que los números corresponden a listas clásicas que participaron en las últimas elecciones nacionales.

Por lo tanto, tenemos que hay una elección el 25 de abril; que la gente va teniendo más claro semana a semana que es definitoria para la elección presidencial, y que si alguien quiere incidir para que alguien continúe en carrera o para que no continúe su oportunidad de hacerlo es el 25 de abril. Esto está bastante asumido por el grueso de la población, no quiere decir que por todos. Pero hay un nivel muy alto de confusión y de indefinición sobre los escalones segundo y tercero de esta elección, lo relativo a la propaganda por listas, por números, por otros nombres que no son candidatos presidenciales, y además la confusión que subsiste sobre para qué se elige a esta gente

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 18 - 1999