La prolijidad colorada y los riesgos de la noche del 25 de abril
Oscar A.Bottinelli

Según la Encuesta Nacional Factum, al cierre de 1998 el Partido Colorado llega a su máximo nivel desde las pasadas elecciones, al alcanzar el 29% de la intención de voto y compartir el primer lugar con el Encuentro Progresista - Frente Amplio. En su interior se plantea una reñida competencia polarizada entre Jorge Batlle y Luis Hierro López, la que se viene manejando con extrema prolijidad.

Reiteramos una precisión previa: el resultado de la Encuesta Nacional Factum no coincide con el de otras, y ello por un dato que es fundamental: la de Factum es la única encuesta representativa de todo el país, ya que las otras excluyen la cuarta parte comprendida en poblaciones menores a 10.000 habitantes y en el área rural. Esa cuarta parte del país es precisamente donde el Encuentro Progresista - Frente Amplio tiene un nivel de presencia sensiblemente más bajo, y donde por lo tanto los partidos tradicionales logran equilibrar la ventaja cómoda que el Encuentro les saca en las zonas de mayor urbanización.

Vamos ahora al tema. Cada vez que se discutió este nuevo mecanismo de elecciones internas, cuando se habló de la Ley de Partidos Políticos en el período anterior, o de reforma constitucional en el actual período, siempre había un fantasma de por medio: el fantasma del 89. En efecto, hacia las elecciones de 1989, el sector mayoritario del Partido Colorado, el Batllismo Unido, encabezado por el entonces presidente de la República, Julio María Sanguinetti, por el doctor Jorge Batlle, por el vicepresidente Enrique Tarigo, tenía como tema central definir cuál sería el candidato para la sucesión del presidente. Terminó definiéndose en una elección interna (del Batllismo Unido, no de todo el Partido Colorado). La elección se llevó a cabo el 28 de mayo de 1989, en un clima de muy duro enfrentamiento entre Batlle y Tarigo, que fue creciendo en dureza, con propuestas claramente diferenciadas entre uno y otro: por la diferencia en las propuestas hacia el futuro e incluso hacia las políticas seguidas por el gobierno hasta ese momento, parecía no sólo que no era la contraposición entre dos precandidatos de un mismo sector, sino siquiera de un mismo partido.

Además se sumó lo que supuso la administración de ese resultado, que llevó a que el Batllismo Unido -que en 1984 había tenido casi el 30% de los votos del país- pasara a tener en 1989 el 15%. El mecanismo de las elecciones internas, la administración del resultado, sin duda fueron un factor importante (por supuesto que no el único, pero sí muy importante) en esa caída espectacular que llevó al Batllismo Unido a perder la mitad de su electorado.

Ese fantasma siempre estuvo presente, también en la medida en que se analiza los procesos de elecciones preliminares que se efectúan en Estados Unidos, donde también la forma en que se administra la campaña electoral y luego los resultados son clave hacia la elección presidencial.

El Partido Colorado llega a esta instancia, 90 días antes de las elecciones preliminares o internas de abril, en una situación de extrema polarización porque prácticamente cuenta con dos candidatos en condiciones de obtener el resultado. Otros dos candidatos como son Vailliant y Bouza marcan perfiles sectoriales, pero la posibilidad de obtener la candidatura está altamente polarizada entre Batlle y Hierro, y con escasa incidencia de los otros grupos, ya que para que el aporte de esos sectores fuera decisivo tendría que estar muy empatado el resultado entre el Foro Batllista y el conjunto de grupos que respaldan a Batlle. Desde que se planteó la competencia Batlle - Hierro, a fines de setiembre, el resultado fue el siguiente: comienzan exactamente empatados en el 32%; luego van creciendo ambos en cuanto a la captación general de votos, lo que permite un primer avance de Hierro que lo lleva a distanciarse algo de Batlle hacia mediados de noviembre; sobreviene un reequilibrio de Batlle que lo posiciona claramente primero a mediados de diciembre; y al cerrar el año el retiro de la candidatura de Millor para apoyar a Hierro vuelve a equilibrar la situación con una levísima ventaja para el candidato del Foro. Es distinto el resultado si tomamos la totalidad del electorado que si consideramos a los que hoy dicen que es prácticamente seguro que votarán en abril. Cuanto más se restringe el electorado, mejor es la situación de Batlle; cuanto más se amplía el electorado, mayor es la posibilidad de Hierro.

Veamos ahora en qué consiste eso que llamamos "La prolijidad colorada y los riesgos de la noche del 25 de abril". Decíamos que el Partido Nacional está presentando una situación casi bélica, una competencia de altísima polarización, de fuertes enfrentamientos, de permanentes rumores sobre acuerdos, desacuerdos, retiros o no de candidaturas, una serie de episodios traumáticos y realineamientos muy significativos a lo largo del año 1998. En el otro extremo, el Partido Colorado está manejando la competencia entre Batlle y Hierro en un estilo de guante blanco. En principio, ambos se están presentando -primero- como continuadores de una misma política que ambos comparten, y en general ponen como referente común a la figura del ministro de Economía, Luis Mosca; ambos además refieren su apoyo al presidente Sanguinetti desde distintos ángulos: Batlle como alguien que se ubica de igual a igual con Sanguinetti, Hierro que se sitúa como su discípulo.

A partir de allí se presentan dos tipos de diferencias. Primero, diferencias de carácter personal: de trayectoria, de edades, de experiencia, de carácter, de capacidades, donde Batlle aparece como un hombre más experiente y Hierro como un hombre más nuevo, más fresco. Y el otro nivel de diferencias es: "Hasta aquí compartimos lo hecho por el gobierno. ¿Qué se va a hacer a partir del 1º de marzo del 2000?". Ahí viene el énfasis en propuestas o diferentes o matices en cuanto a la continuación de las políticas entre Hierro y Batlle. Es decir que en principio lo están manejando con el principio teórico de una elección interna, una elección donde las diferencias se refieren a la personalidad del candidato y los énfasis para el futuro: el matiz que lleva a que el timón se vuelque más hacia uno u otro lado. Un poco como fueron las elecciones primarias o internas del Partido Socialista Obrero Español del año pasado, por ejemplo: una elección realmente interna entre dos candidatos, dos matices, dos alas de un partido, pero claramente de un mismo partido, y no entre sectores que marcaban tantas diferencias que costaba ver la raíz común.

¿Cuál es el riesgo de toda esta prolijidad? El primero es que se pueda mantener de aquí al 25 de abril: que las incertidumbres, los nerviosismos por los cambios de posiciones entre uno y otro, hagan perder este guante blanco y lleven a mayores rigideces y crispaciones, lo que no necesariamente puede empezar por los candidatos pero sí por las figuras de segundo nivel que apoyan a uno u otro, y que -ya fuera del plano nacional- están compitiendo en los planos departamentales. Pero el riesgo mayor es la noche del 25 de abril, ya producido el resultado: el Partido Colorado tiene las chances más altas de tener un escenario definido la misma noche de la elección, con un candidato ya electo o por lo menos prácticamente designado, y con la necesidad de componer una fórmula presidencial. Cómo el candidato y el sector derrotados acepten el resultado y cómo administrará el triunfo el que gane, con qué facilidad se componga la fórmula presidencial, pueden hacer que esta prolijidad sean un gran envión hacia el 31 de octubre, o pueden suponer una muy mala administración del resultado y llevar a que el Partido Colorado pierda esta ventaja de imagen que viene manejando en estos meses. Realmente, no es fácil mantener esta prolijidad; pero lo fundamental para el Partido Colorado al día de hoy parece ser cómo administrará el resultado del 25 de abril.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 28 - 1999