Los por qué de la caída del Frente Amplio
Oscar A.Bottinelli

La Encuesta Nacional Factum revela que al cierre de 1998 el Encuentro Progresista-Frente Amplio registra una intención de voto del 29%, mientras que en abril del mismo año este porcentaje fue del 37%, unos ocho puntos porcentuales más. La Encuesta Nacional Factum es una encuesta representativa de todo el país, de la totalidad del electorado. Queremos aclarar, a los efectos de la comparación que se hace a veces con números de otras encuestas, que hay que tener mucho cuidado con las comparaciones porque la Encuesta Factum es la única encuesta nacional, la única geográficamente representativa del 100% del electorado, mientras que las demás encuestas son representativas de más o menos las tres cuartas partes del país. Esa cuarta parte del país que no aparece en las otras encuestas tiene un comportamiento electoral que es claramente diferenciado. El país de localidades de menos de 10.000 habitantes o de población propiamente rural tiene un comportamiento que, en general, favorece a los partidos tradicionales de manera muy fuerte en relación al Frente Amplio. Y dentro de los partidos tradicionales, tiene una leve tendencia hacia el Partido Nacional más que hacia el Partido Colorado.

Para comparar cómo está el Frente, cuál es su curva, recordemos lo siguiente: en las elecciones de 1994 el Frente Amplio tiene, sobre el total de personas que concurren a las urnas, el 28% de los votos. Algunos dirán: "Pero, ¿cómo? ¿No era el 30?". No. El 30 es cuando se calcula sobre el total de votos válidos. Se dejó fuera del cómputo los votos anulados y los votos en blanco. Los resultados del año 1994 fueron: Partido Colorado 30%, Partido Nacional 29%, Frente Amplio 28%, Nuevo Espacio 5%. El resto fueron votos de partidos menores, que totalizaron poco menos del 1%, votos anulados y votos en blanco. Quiere decir que el Frente Amplio obtuvo el 28%.

De abril de 1995 en adelante, que marca el comienzo de las mediciones sistemáticas de Factum, nos encontramos con que el Frente Amplio se movió siempre por encima del resultado que obtuvo en las elecciones de 1994. Incluso hoy, este bajo porcentaje que nos lleva a analizar la baja que ha tenido, es una baja en relación al crecimiento. Porque el 29% sigue estando por encima del 28% que registró en las elecciones pasadas. Este dato parecería muy importante.

De 1995 en adelante -sobre todo desde abril de 1995 a fines del año 1997- el Frente Amplio se movió en una banda de flotación bastante estrecha, bastante estable, bastante sólida, del 31% al 33%. En ese período tuvo una caída, que fue el porcentaje más bajo registrado hasta ahora después de las elecciones, que fue a mediados del año 1996. En el invierno de ese año llegó a registrar 28%, exactamente el mismo resultado obtenido en las elecciones nacionales.

Y ese mismo año también tuvo un despegue de la banda hacia arriba. En diciembre, en medio del plebiscito constitucional, en que el Frente Amplio y Tabaré Vázquez encabezaron uno de los dos polos de la opinión, el polo de oposición a la reforma (fue un momento muy exitoso para el Frente), en ese mes llegó al 36%.

Repetimos, entonces: de abril a noviembre, banda de 31 a 33; una salida para abajo -a mediados de 1996- 28; y una salida para arriba en diciembre del mismo año, con 36%.

Ahora bien: en diciembre de 1997 inicia una fase de salida para arriba de la banda, al registrar 34%. Y se mueve en una línea ascendente que lo lleva a tener en el mes de abril de 1998 su tope del 37%. Doble tope: tope 37% como intención de voto para el Frente, y tope de 14 puntos porcentuales de diferencia sobre sus competidores, el Partido Colorado y el Partido Nacional, que en ese momento estaban exactamente iguales.

De entonces en adelante, el Frente exhibe una constante caída. Al principio, la caída pareció bastante normal porque uno decía: "Bueno: si siempre se había movido entre el 31% y el 32% y está en el 37%, es una ganancia coyuntural que no logra retener, que no logra acumular, y va a volver al nivel en que se mantuvo durante este largo período de más de tres años".

Sin embargo, la caída siguió. Fue relativamente constante. Y a mediados de noviembre ya está dentro de su banda normal de flotación, en un 32%. Cierra el mes de noviembre en el piso de la banda. A mediados de diciembre ya baja al 30, porcentaje que no había registrado nunca desde 1996, y cierra el año con 29%. Lo cual está evidenciando, al ser el nivel más bajo desde mediados de 1996 -yo creo que los dos más bajos desde las elecciones-, primero, que sigue estando por encima del resultado de 1994 (lo cual está implicando que igual consolida un crecimiento). Y segundo, que al ser lo más bajo, evidencia un desgaste del Frente Amplio que se asocia con otros indicadores a un desgaste de Tabaré Vázquez. Estos parecerían datos bastante claros.

En esta caída se ve también que ha habido un crecimiento en el interior del país que aparece consolidado, que aparece siempre con una intención de voto muy por encima del resultado electoral, y que donde el Frente Amplio (o Encuentro Progresista-Frente Amplio, ahora) evidencia mayor desgaste es en el departamento de Montevideo, en el que se está situando cinco puntos por debajo del resultado que obtuvo en las elecciones pasadas.

Veamos las causas de la caída en cuanto a la intención de voto. Vamos a puntear unos cuatro elementos, que no necesariamente son los únicos, no son exhaustivos, y no tienen un orden de prioridad.

El primero es marcar que el comienzo de esta caída -o el fin del crecimiento, como se lo quiera ver- es paralelo al desgaste que se evidenció en relación al referéndum llamado popularmente "sobre UTE", el referéndum contra la ley que regulaba el marco del sistema eléctrico nacional. Un referéndum que fracasó finalmente el 17 de junio. Tenemos, pues, que mayo es el comienzo de la caída del Frente. Y se asocia con esto que devendrá en un fracaso de lograr una convocatoria a un referéndum que ya había tenido un resultado negativo el 8 de marzo. Hubo dos convocatorias que no lograron el porcentaje constitucional mínimo.

Particularmente es importante lo de mayo-junio en la medida en ahí hubo un compromiso del Frente Amplio y de su líder, Tabaré Vázquez, muy fuerte, en relación a buscar la mayor convocatoria posible para lograr el resultado de ir a una instancia electoral referendaria.

Pero además esta caída se asocia con sucesivas derrotas, con sucesivos fracasos a lo largo de 1998 vinculados en gran medida al plano referendario. Es decir: después de esto vino un referéndum en el que el Frente Amplio no fue protagonista. Se opuso, inicialmente, pero termina dando su apoyo. Me refiero al referéndum del artículo 29 de la Ley de Inversiones en materia de créditos y reclamos laborales. Que, incluso, sin haber tenido que ver en su organización; sin haber tenido que ver en movilizar una convocatoria, aparece la figura central del Frente Amplio en los medios de comunicación -sobre todo en los principales- explicando el por qué del resultado del 7 de enero, lo cual está asociando un resultado negativo a un hecho que significó falta de apoyo popular. Sin duda, el tema no motivó a la gente o no obtuvo un apoyo significativo, o un apoyo para que la gente decidiera ir a votar y considerar que era materia de referéndum.

Vemos una segunda línea de explicación en la múltiple conflictividad interior del Frente Amplio, que exhibió estos años; centralmente, en el segundo semestre del año 1997 y todo 1998. Conflictividad que algunos casos fue del propio Frente Amplio. En otros casos fue por el tema Frente Amplio-Encuentro Progresista, y en otros casos fueron conflictos al interior de algunos grupos, sectores o espacios políticos del Frente.

Del conflicto Frente Amplio-Encuentro Progresista, el tema era cuál era la fuerza central; cuál iba a ser el lema; si el Frente tiene límites definidos o si sus límites se diluyen, como finalmente aprobó el Plenario Nacional, y se hace alianzas cruzadas entre grupos frentistas y grupos no frentistas dentro del Encuentro.

Luego hubo conflictos que han sido llamados por algunos conflictos entre "radicales" y "moderados", que no son sólo conflictos de dos polos sino muy cruzados. En algunos momentos se alínean por un lado unos sectores y en otro momento otros. Es un conflicto cada vez más fuerte entre todo el conjunto de fuerzas que podemos llamar "tabarecistas" (que tiene el Espacio 90 y la Vertiente Artiguista como elementos centrales) y Danilo Astori, que aparece en una línea diferente, contestataria, opositora a la conducción de Tabaré Vázquez.

Y hubo conflictos al interior de algunos espacios. En los últimos tiempos el más fuerte es el que ha tenido como protagonista a la Corriente de Izquierda y, como figuras centrales, al diputado Mujica Cordano y al edil Zabalza.

Un tercer elemento es lo que mucha gente concibe o percibe como una falta de conducción en todo este espacio, particularmente en el Frente Amplio. En 1995 hubo una doble Presidencia. Por un lado, estuvo la Presidencia del Frente Amplio, histórica, institucional, en manos de Líber Seregni. Por otro lado, la naciente Presidencia del Encuentro Progresista en manos de Tabaré Vázquez, que generó una especie de dualidad de poderes, de diarquía, no del todo compatible. Esto termina con la renuncia de Seregni el 5 de febrero de 1996.

Pero al retiro de Seregni, que deja un vacío institucional en el Frente Amplio, se suma que dos meses después también se retira, mediante licencia, Tabaré Vázquez de la conducción del Encuentro Progresista. Y 1996 es un año en el que no aparece una figura central de conducción hasta que Tabaré Vázquez es propuesto como presidente del Frente Amplio (Presidencia que asume en el Congreso de diciembre), y de octubre a diciembre, en el doble papel de presidente designado del Frente y retomando la Presidencia en el Encuentro Progresista. Asume una conducción muy fuerte, con un gran protagonismo en el que ya mencionamos el plebiscito constitucional. Y mantiene esa conducción con esta firmeza hasta su renuncia, en setiembre de 1997.

Y acá viene otra vez el tema de su renuncia, que es simultánea a la Presidencia del Frente, simultánea con la del Encuentro Progresista, y aparece un nuevo y largo interregno que se va a extender prácticamente por todo 1998, año que queda asociado a todos los conflictos que ya mencionamos, hasta que se produce el retorno a la Presidencia del Encuentro Progresista y el retorno de la conducción en el Frente Amplio. Este último retorno fue muy a finales del año, y si va a tener efectos diferentes recién se verá en los primeros meses de 1999.

El cuarto elemento es que se nota -quizás por esta conflictividad o por la asociación de estos fracasos, o a una falta de estructura en cuanto a planteos de temas concretos- que hay un debilitamiento de la mística frenteamplista por un lado, y un debilitamiento de esa imagen "mágica" que presentaba Tabaré Vázquez.

Esto es lo que nosotros señalamos como cuatro explicaciones.

Lo que vemos es, por un lado, una potencialidad. Los partidos tradicionales están exhibiendo, particularmente a partir del mes de diciembre -con todas las denuncias y contradenuncias que se formula-, la potencialidad de un desgaste muy grande. Y, por otro lado, el Encuentro Progresista-Frente Amplio exhibe por primera vez un escenario electoral muy atractivo en la competencia entre dos figuras presidenciales, como son las de Tabaré Vázquez y Danilo Astori, que puede permitir que la disconformidad por un candidato pueda ser canalizada con el apoyo al otro, como ha sido habitual en los partidos tradicionales.

Esto se verá en los próximos meses. Pero lo cierto es que aparece la necesidad de un relanzamiento, por un lado, del propio Frente Amplio-Encuentro Progresista, y por otra parte, de un relanzamiento del propio Tabaré Vázquez.

¿Los tiempos posibles? Puede haber dos. Uno puede ser el pre-abril, en el que, salvo cambios muy espectaculares, aparece muy claro el resultado, respecto al que Tabaré Vázquez lleva una ventaja de tres a uno, y a veces una ventaja de cuatro a uno sobre Danilo Astori, lo que le puede permitir mantener un perfil relativamente bajo hasta abril, salvo que cambiaran estas cifras. Y, entonces, visualizar el relanzamiento después que los partidos tradicionales se hayan confrontado en el mes de abril, y hacerlo a partir de mayo o junio, con octubre como meta, teniendo por delante las elecciones generales de octubre y no estas elecciones internas o preliminares de abril.

Pero uno u otro tiempo van a exigir un relanzamiento. Y lo que aparece como un elemento bastante fuerte es que hay un desgaste que el Frente Amplio tendría que corregir, y tiene que manejar muy bien cómo y cuándo lo hace.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 19 - 1999