Un hito histórico en la izquierda: del posfrenteamplismo al neofrentismo
Oscar A.Bottinelli

EMILIANO COTELO: Para hoy, estaba anunciada una encuesta respecto a dónde debe elegirse al candidato presidencial frenteamplista: si en el Congreso o en la elección interna de abril. Pero a partir de la firma del nuevo acuerdo político del Encuentro Progresista, el último martes, tendremos hoy un híbrido de análisis político con opinión pública incorporada.

OSCAR A BOTTINELLI: En los últimos 60 días se ha procesado tres resoluciones, cada una de las cuales puede tener un sentido particular, y las tres sumadas marcan un hecho político significativo. Primero, el lema; segundo, la construcción de una estructura política llamada Encuentro Progresista, con carácter permanente; tercero, la forma de procesar la presentación electoral interna, o lo que llamamos los acuerdos políticos internos.

Comencemos por el lema. Cuando nace el Frente Amplio, se da una peculiaridad que siempre mencionamos sobre esa especie de poder mágico que a veces se da a las normas jurídicas. La reforma constitucional de 1966 había establecido una disposición precisamente para tratar de impedir que se creara algo parecido a eso, y sin embargo el Frente es creado cuando hay una disposición que lo tranca: es el tema de los llamados "lemas permanentes". El Frente Amplio, entonces, no puede llamarse Frente Amplio para usar el doble voto simultáneo (lo que mucha gente llama "la ley de lemas", y sin la cual el Frente no se podía crear porque no había posibilidad de que hiciera una lista única), y debe recurrir a un lema permanente preexistente, es decir que ya tuviera representación parlamentaria en ese momento. Tenía dos opciones: Partido Demócrata Cristiano y Frente Izquierda de Liberación, y por razones políticas bastante claras sólo podía usar la denominación del PDC, en la medida en que entraban demócrata cristianos, comunistas, escindidos blancos, colorados y otros grupos menores de la izquierda tradicional más la emergente en esos últimos años.

En 1984, que es su segunda elección, el Frente se da a sí mismo una interpretación restrictiva del Acta Institucional Nº 18 y, en función de esa interpretación, tiene que optar entre los lemas Partido Demócrata Cristiano y Partido Socialista. Opta por continuar como PDC, por entender que eso implicaba no innovar, seguir en lo que venía. Pero hasta acá el lema no era una opción política: era un valor accesorio, un recurso legal. En 1989 puede elegir ya sin dudas, a través de un acuerdo entre todos los partidos que sancionan una ley (dudosamente constitucional, además) otorgándole al lema Frente Amplio el carácter de permanente. Y a partir de ahí es lema Frente Amplio.

¿Qué pasa con la nueva Constitución? Da la más absoluta libertad para elegir el lema, y ahora sí es una cuestión absolutamente política. Ya no se trata de que "Estamos obligados a…", "La ley nos exige que…", sino que puede elegir el nombre que se le ocurra. Y en ese elegir lo que se le ocurra las opciones eran o Frente Amplio, o Encuentro Progresista, o Frente Amplio - Encuentro Progresista, o Encuentro Progresista - Frente Amplio. La elección de esta última opción tiene dos connotaciones muy claras: una es preservar el elemento Frente Amplio, y otra es privilegiar el elemento Encuentro Progresista. Esta fue la primera decisión.

Veamos ahora la segunda decisión, que tuvo que ver con la estructura. Cuando nace el Encuentro Progresista tenemos un partido político, el Frente Amplio, que funciona como partido (sobre esto volveremos después); un partido federativo, con muchas partes, unas con mucha identidad, otras con menos, otras habiéndose formado ya dentro del Frente, un electorado que es esencialmente frenteamplista aunque algunos son primariamente partidarios de los sectores y no del Frente, y que tiene una estructura política hasta excesivamente compleja para la toma de decisiones, pero muy firme, muy sólida. Y ese partido hace una alianza puntual para la elección con otros grupos, formando lo que se llamó Encuentro Progresista. Se van recorriendo etapas muy confusas: en diciembre de 1994, enseguida de la elección, se designa a un presidente del Encuentro Progresista que es el doctor Tabaré Vázquez, lo cual ya marca algo más que una mera coordinación. Esta presidencia es un poco intermitente, porque el propio Vázquez la ejerce en determinados momentos con mucha fuerza fuerza y en otros con mucha lejanía, al punto de que en 1996 está seis meses de licencia en el cargo.

Pero también el Frente Amplio tiene un momento en que pierde fuerza, cuando la renuncia del general Líber Seregni deja un vacío de poder, que coincide con ese otro vacío de poder que es la licencia de Vázquez. Y vemos que en el 96 el Encuentro Progresista se va diluyendo, dilución que termina con la postulación de Tabaré Vázquez por el Plenario Nacional del Frente Amplio para la presidencia del Frente. Vázquea resulta confirmado por el Congreso tras un resultado muy satisfactorio para el Frente en el plebiscito constitucional de 1996, que lo proyectó muy fuertemente. Aunque el Sí triunfó ajustadamente, registró una alta votación el No en que el Frente se había jugado en solitario (más allá de que hubo gente de otros partidos que apoyó el No, pero el Frente fue el único que se pronunció como fuerza política). Y en la relación Frente Amplio - Encuentro Progresista, 1997 apareció como el momento estelar del Frente, con Tabaré Vázquez a la cabeza y prácticamente con una fuerza excluyente.

Pero esto cambia a partir de la renuncia de Vázquez, y a partir de que Vázquez ve que su camino no es privilegiar la estructura del Frente, sino buscar recrear, a través del Encuentro Progresista, una estructura diferente: más ágil, más adaptada a su estilo de conducción, o lo que él puede considerar más moderna… En fin, una fuerza política distinta, no importa el fundamento, y empieza un viraje que termina este martes 3 de noviembre, con la cristalización de la construcción del Encuentro Progresista. Y creo que es muy importante la imagen que manejó Tabaré Vázquez sobre qué es el Encuentro: "el centro del sistema solar de la izquierda", "el sol de la izquierda", en el cual el Frente Amplio "es uno de sus planetas". Quizá con cierta disparidad de masa, porque uno de los "planetas" tiene el 90% del sistema solar (no sé si podría funcionar según las leyes de la física), pero el Encuentro Progresista pasa a ser el centro. Esta definición es contundente.

Todo esto en última instancia está sujeto al Congreso, pero ya se han creado demasiados hechos como para que el Congreso tenga otro camino que "patear el tablero" o aceptar lo hecho: para empezar se firmó todo este acuerdo sin que el Congreso lo hubiera avalado, por lo cual el Congreso se abre con decisiones preestablecidas, con hechos políticos creados (más allá de que es muy discutible estatutariamente qué corresponde al Congreso y qué al Plenario Nacional, y es probable que, jurídicamente, esta sea facultad del Plenario y no del Congreso).

Y el tercer dato tiene que ver con las alianzas políticas internas: se acordó que puede haber acuerdos políticos, listas combinadas, entre grupos integrantes del Frente y grupos no frenteamplistas del Encuentro. Esto está marcando con mucha claridad el fin de un "adentro" y un "afuera", porque si se puede hacer acuerdos quiere decir que todo es lo mismo, y por lo tanto que el Frente Amplio no es algo que tenga un límite en sí mismo. O, para las fuerzas que hagan acuerdos y combinen una lista con otro grupo, significa que con ese grupo que no es del Frente tiene más cercanía, más afinidad, más comunidad de propósitos que con el resto del Frente. Y eso también está marcando entonces que el Frente deja de ser una entidad en sí misma porque la entidad pasa a ser el Encuentro, dentro del cual hay grupos más afines sean o no frenteamplistas, y otros menos afines. Entonces, veremos después que el frenteamplismo puede subsistir de una manera mucho más simbólica que estructural.

EC - Más temprano hablabas del Frente Amplio como partido.

OAB - Exactamente. El Frente nace (muchas veces se discutió el tema) como coalición o movimiento, lo que desde el punto de vista clasificatorio es un verdadero disparate, entre otras cosas porque no son antitéticas. Digamos que nace como una federación de grupos, o como una estructura política a la que yo, en la estructura política uruguaya, le llamaría partido. Comenzó como una federación de grupos muy desparejos en su categoría, y no estoy hablando de la fuerza política: algunos eran partidos con larga historia como tales: el Partido Socialista, el Partido Comunista, que votaban desde comienzos del siglo, o el Partido Demócrata Cristiano en tanto heredero de la Unión Cívica que también venía de principios del siglo. Otros eran sectores escindidos de los "partidos tradicionales", que como sectores pasaban a constituirse en sectores de otra cosa, y ahí era muy claro que seguían siendo partes de un todo: el todo dejaba de ser el Partido Nacional o el Partido Colorado, y estaban construyendo un nuevo "todo". Lo más significativo desde el punto de vista electoral fue la Lista 99 con Michelini y Batalla, la Agrupación Pregón con Alba Roballo, y en el Partido Nacional el Movimiento Blanco, Popular y Progresista de Francisco Rodríguez Camusso. Y por otra parte, grupos políticos que habían oscilado entre ser partidos o sectores, como la Unión Popular de Enrique Erro, o habían tenido participación no electoral, como los Grupos de Acción Unificadora que habían actuado en el plano sindical o de la expresión de ideas.

Pero este Frente Amplio que se constituyó como federación de grupos ya en su primer año empieza a generar una identidad. Para empezar, hizo algo simbólico muy importante que fue adoptar la bandera tricolor de Artigas que izó Otorgués el 26 de marzo de 1816, un ícono (un isotipo, dirían los diseñadores gráficos, la FA que también es la bandera sobre el Cerrito, con un diseño de Espínola Gómez seleccionado en un concurso de plásticos convocado por el Frente). Todo el régimen militar, toda la oposición al mismo, toda la persecución que padecieron los frenteamplistas, su líder y sus grupos, lo fueron consolidando como una fuerza con identidad propia. Una fuerza que tuvo muchos problemas: sería muy largo repasar todas las amenazas que se cernieron sobre él desde que nació hasta hoy. Aún durante el período militar fue varias veces declarado agotado desde dentro y desde fuera del Frente. Pero lo cierto es que ya en 1994 el Frente Amplio cambió su naturaleza, y sociológicamente ya era un partido político. ¿Qué quiero decir con "sociológicamente"? Pongo ejemplos. En 1971, a buena parte de los votantes se le preguntaba "¿Usted qué es?", y respondía: "Comunista", "Socialista", "Demócrata Cristiano", "Blanco", "Colorado"… En 1984, casi todos los votantes respondían: "Frenteamplista". "¿Y dentro del Frente?"; "Ah, dentro del Frente voto a la 99", o "a la IDI"… Eso marca la diferencia: una persona puede ser herrerista pero es blanca primero y después herrerista. En el Partido Colorado es más complicado: hay colorados que después son batllistas, hay colorados que no son batllistas, y hay batllistas que no son colorados. 1984 marca un partido con una identidad y una pertenencia. ¿Qué implica la pertenencia? Ser parte de algo, de una comunidad histórica, tener una simbología común, valores compartidos…

Aquí quiero diferenciar (y vamos a lo del título de hoy) entre los electorados, los seguidores y los militantes de todo este espacio político que es el Frente o el Encuentro (porque muchas de estas categorías son aplicables a los dos) tres tipos de posturas. Una es la que hasta por comodidad uno definiría como "tabarecista": sobre todo a nivel de electorado, son personas que han descubierto en Tabaré Vázquez a un líder político, a un caudillo, y lo siguen a él. Es una relación directa, no intermediada, esa que se da entre las personas y el líder, entre la masa y el caudillo, entre pueblo y conductor. A ese "tabarecismo" todo esto de lo que hablábamos, el nombre o la estructura, le es ajeno. Esa parte del electorado queda fuera de esta discusión porque lo que va a estar en la discusión es hacia dónde se inclina el líder: si se simbolizaba en el Frente Amplio en el 97 y se simboliza en el Encuentro Progresista en el 98, esa gente va a estar en uno u otro lado.

Y acá viene algo que se puede tomar como un juego de palabras: "frenteamplismo" y "frentismo". Llamo "frentismo" a la teoría y práctica política consiguiente de construcción de frentes políticos como forma de avance de un espacio político, en este caso de la izquierda.

EC - El Frente Amplio es un caso particular de "frentismo".

OAB - Que empieza más atrás: empieza en muchos intentos de los años 50: en 1955, el XVI Congreso del Partido Comunista proclama la necesidad de construir "el frente democrático de liberación nacional", en 1962 surgen dos frentes (uno exitoso electoralmente: el Frente Izquierda de Liberación, que obtuvo representación en el Senado y tres diputados, y que después llegó a cinco; y otro, la Unión Popular, que integraron el Partido Socialista y Erro, que fracasa no tanto por lo electoral sino porque no pudo mantenerse). El Frente Amplio aparece como una segunda etapa mucho más exitosa, más grande, más comprensiva y más unificadora; ya no son dos sino uno, ya abarca no sólo a la izquierda tradicional sino a una fuerza ajena a los partidos tradicionales, históricos, pero que no era un partido de izquierda, como la Democracia Cristiana, e incorpora desgajamientos ahora sí muy importantes de los partidos tradicionales (sin desmedro de la importancia personal de un Enrique Erro, de un Ariel Collazo o Carlos Elichirigoity, que en 1966 no tuvieron el arrastre electoral que significaron las escisiones de 1970-71).

El Encuentro Progresista aparecería en esta línea de la construcción de frentes como forma cada vez más abarcativa y más grande. Por eso hablo de "neofrentismo", o una nueva etapa del "frentismo", en la cual el Frente Amplio se va superando en términos de dinámica histórica, con una tercera etapa que se llama Encuentro Progresista. Y que tampoco tiene pretensiones de ser la última, sino un escalón hacia una etapa todavía más abarcativa, de crear un bloque mayor de alternativa, a un espacio diferente. Esto es el "frentismo". Lo otro, el frenteamplismo, es concebir al Frente Amplio como un partido, como una unidad política, como una identidad en sí misma, que puede o no hacer acuerdos, alianzas, pero una identidad en sí misma como pueden serlo lo blanco o lo colorado, o en otro país lo socialdemócrata o lo conservador o lo liberal, que no son sólo las ideas sino todo un conjunto de valores que le dan persistencia en el tiempo. Este frenteamplismo, en la medida en que diluye su estructura, en que se subordina a una estructura mayor, y además en la medida en que crea elementos electorales que desdibujan sus barreras, comienza a diluirse.

EC - Y ahora sí podríamos hablar de la encuesta anunciada para hoy.

OAB - Recordemos que el otro día hablábamos de que, cuando se le pregunta a la gente qué vota, el 94% respondía que votaba al Frente Amplio, un número muy pequeño decía que al Encuentro Progresista. Luego, preguntada qué lema prefería, 44% respondía que Frente Amplio y 32% Encuentro Progresista, lo cual está marcando matices en las posiciones, unas más contundentes, otras más matizadas.

Ahora bien: cuando se le pregunta a la gente (se le preguntó a toda la población del país) qué prefiere, si que el candidato presidencial frentamplista sea elegido por el Congreso del Frente Amplio o en las elecciones internas de abril, el 51% prefiere que sea en elecciones, y el 17% que sea en el Congreso. Pero, curiosamente, cuando se pregunta sólo a los frentamplistas, 52% se manifiesta a favor de las elecciones y 22% a favor del Congreso. Es la misma mayoría en el conjunto de la población y entre los frenteamplistas, más del 50%, aunque crecen los que defienden el Congreso. Los partidarios de las internas son mayoría clara entre los votantes de Astori (59 a 24) y entre los de Vázquez: (50 a 32), y son mayoría clara (más del 50%) entre los votantes de Asamblea Uruguay, entre los de la 90, entre los de la 1001. Pero la tesis del Congreso predomina entre los partidarios de la Corriente de Izquierda (MPP y afines) y entre los de la Vertiente. Estos son los dos grupos cuyos votantes se pronuncian por el Congreso y no por la elección competitiva en las internas de abril.

EC - ¿Cómo hay que interpretar estos resultados? Porque es muy distinto elegir al candidato presidencial por la estructura militante frenteamplista representada en el Congreso, a que surja de las elecciones de abril en que votan todos quienes quieran hacerlo, y en definitiva es una elección del Encuentro Progresista, no sólo del Frente. Votan más personas que los frenteamplistas.

OAB - Creo que no está leído por ese lado, que no fue lo que incidió más en la opción. Porque es curioso que entre los partidarios de la Lista 78 y el PDC, el 62% se pronunció por que fuera en la elección de abril, y el 38% dijo que era una decisión del Congreso del Frente.

EC - O sea que también entre los socios no frenteamplistas hay quienes entienden que esto debe definirse en el Congreso del Frente.

OAB - Atención: entre los votantes de los socios. Creo que aquí juega una concepción de estructura versus elección abierta. Lo hablaremos en otro momento porque es muy largo, pero en Uruguay se asocia mucho elección abierta a democraticidad. Digo que se asocia porque no necesariamente quiere decir eso: puede haber muchas formas democráticas distintas, pero en Uruguay hemos visto que se asocia mucho, y entonces se considera más democrático que sea en la elección de abril a que se haga en el Congreso.

Esto de alguna manera estaría abundando en que, si el Congreso aparece como símbolo del frenteamplismo, podemos al menos decir que esa fuerza que tiene el frenteamplismo no implica que automáticamente esté reflejando al frenteamplismo en la estructura. La estructura no aparece como una fuerza legitimada, como querría este frenteamplismo, porque si fuera así la adhesión a que la resolución la adoptara el Congreso tendría que haber sido mucho mayor, por lo menos equivalente a la adhesión que tiene el lema Frente Amplio, que fue del 44%, y ni hablar que equivalente a la adhesión espontánea de la gente al nombre Frente Amplio cuando se le pregunta a qué partido vota. Es decir que hay que matizar mucho ese sentimiento frenteamplista con el tema del Congreso.

Ahora bien: se abren etapas muy importantes. Por un lado, el frenteamplismo puede quedar como algo equivalente al batllismo en el Partido Colorado: como una referencia simbólica que no tiene una expresión estructural. Puede haber grupos batllistas que se alíen con grupos no batllistas, como lo fue la Unión Colorada y Batllista, otros que sean estrictamente batllistas, pero ya no hay un único batllismo. La distancia que había entre la Unión Colorada y Batllista y el Batllismo Unido en 1971 y 1984 era mayor que la que había entre los batllistas pachequistas y los pachequistas no batllistas, lo que era una referencia casi simbólica. Dentro del pachequismo, quizá el único grupo que marcó la impronta batllista con fuerza y con identidad fue el grupo de Millor que, recordemos, antes de llamarse Cruzada 94 se llamó Federación Batllista y marcaba ese carácter como un distintivo dentro del pachequismo. Es probable que el frenteamplismo pueda quedar más como una referencia simbólica, pero se vaya diluyendo como estructura.

El hecho es que hay una fuerza política que nace, porque ahora nace una fuerza llamada Encuentro Progresista. Y en esto quiero ser muy claro: nosotros que nos apegamos mucho a las clasificaciones -es un poco nuestro oficio- mencionamos siempre Frente Amplio y no Encuentro Progresista, mucho más cuando Tabaré Vázquez apareció liderándolo, o mencionamos Frente Amplio - Encuentro Progresista. Los tres grandes partidos eran hasta ahora el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Frente Amplio. A partir del 3 de noviembre, si un extranjero pregunta cuáles son los grandes partidos uruguayos, la respuesta será Partido Colorado, Partido Nacional y Encuentro Progresista. Ahí se produjo el gran cambio. El Frente Amplio pasa a ser ahora inequívocamente una parte del Encuentro, y una parte cuya supervivencia nos parece que va camino a diluirse desde el punto de vista estructural; que podrá o no mantenerse en el plano afectivo y en el plano simbólico.

El problema de este nuevo partido es que en sí mismo no tiene adhesiones simbólicas fuertes. Tiene sí una adhesión personal muy fuerte, y estos son, inicialmente, elementos de debilidad desde el punto de vista histórico. Si no los supera, si no logra hacer una traslación o una recreación simbólica, puede quedar al compás de la fortaleza o debilidad de las adhesiones personales. Y toda adhesión personal (Batlle y Ordóñez, Herrera) tuvo períodos muy altos y períodos muy bajos, pero lo colorado y lo blanco sobrevivieron, porque eran más que Batlle y más que Herrera. El problema es que el Encuentro Progresista queda hoy muy simbolizado en la figura de Tabaré, y su futuro va a estar ligado, además de la fuerza que tenga este liderazgo, que está en una etapa muy rica y muy fuerte de su trayectoria, a que genere adhesiones más allá de lo personal, como sí las había generado el Frente Amplio, que no nació en torno a una persona (el liderazgo de Seregni surge a posteriori) pero también sobrevive al eclipse de ese liderazgo personal.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 5 - 1998