La imagen de los políticos y la comunicación parlamentaria
Oscar A.Bottinelli

Hemos preferido salir de los habitual en el análisis político, como es tocar los temas puntuales, de coyuntura, o el análisis del producto de las encuestas, e introducirnos en una reflexión sobre temas de largo aliento, aunque tienen que ver también con lo que van reflejando las encuestas, y es que, si bien las imágenes y conceptos que tienen los uruguayos sobre la política, sobre los políticos, sobre los partidos, son contradictorios, se puede sostener que, en general, hay una valoración en principio negativa de la actividad política. Esto puede tener matices, da lugar para otro programa especialmente en el espacio de La Opinión Pública, con el manejo de cifras contradictorias. Pero, a priori, sobre lo que podemos llamar los políticos comunes, los que se mueven en el plano parlamentario, sobre el Parlamento y sobre el funcionamiento de los partidos políticos en general, hay una imagen negativa.

Esto no es de hoy: es una constante que se puede registrar con mucha facilidad en los últimos 10 u 11 años, es decir en el momento en que se termina esa gran esperanza a la salida del régimen de facto y con los comienzos del funcionamiento de la nueva etapa democrática. Luego de esa explosión de fe, de alegría, comienza el descrédito que se mantiene más o menos estable a lo largo de estos años.

No queremos establecer una relación de causa - efecto, señalar "La causa es esta", porque hay múltiples causas, algunas de las cuales no tienen nada que ver con el funcionamiento uruguayo sino que se extienden por todo el mundo occidental. Pero sí queremos tocar un aspecto que nos parece importante, y que afecta la relación de la población con lo político y con los parlamentarios. ¿Por qué con los parlamentarios? El Parlamento como institución, la función de los diputados y senadores es lo que la gente visualiza como lo más típico de la actividad política, así como la candidatura a cargos parlamentarios es visualizada también como la forma electoral más típica, como el escalón más obvio de alguien que se encuentra en carrera política.

Ubicado así el tema, ¿cómo funciona el Parlamento? Tiene distintas formas de producir hechos: por un lado tiene la actividad de las Salas, de las cámaras propiamente dichas´, y ocasionalmente de la Asamblea General, la actividad de los plenarios (como se les llama en una terminología que no es propiamente parlamentaria). Este es un funcionamiento que produce promedialmente, en los meses en los que no hay receso, un cúmulo de 10 a 12 reuniones en el conjunto de los cuerpos plenarios del Parlamento. Son reuniones bastantes extensas, en los que normalmente se discuten muchos temas, y en los que se aprueba además un número importante de proyectos de ley (no olvidemos que oscilan entre 50 y 100 las leyes que se aprueba en cada año legislativo, y por lo tanto cada mes son aprobadas de cinco a ocho leyes). El segundo tipo de funcionamiento es el de las comisiones: sumando la Cámara de Diputados y el Senado, hay una treintena de comisiones permanentes, a las que se suman comisiones especiales, comisiones investigadoras, lo cual implica que haya más de 40. La mayoría de ellas funcionan prácticamente todas las semanas, por lo menos durante los primeros 18 días del mes, que es el período habitual de funcionamiento parlamentario. Y una tercera fuente de producción de hechos es la que se produce a nivel individual de los legisladores, que es la presentación de proyectos de ley (es muy grande el número de proyectos presentados cada mes, de los que se da cuenta al iniciar todas las sesiones), los pedidos de informes a los Ministerios o -a través de ellos- a organismos del Estado, sobre actos administrativos, decretos, resoluciones, o a veces sobre proyectos que tiene en vistas la Administración, y por último las exposiciones, ya sea orales (que se hacen en Sala en la media hora previa) o escritas (un mecanismo bastante excepcional). Pero todo esto marca la existencia de una muy fuerte producción parlamentaria. No estoy hablando de su calidad: puede haber alguna muy buena, otra muy mala, según el juicio individual sobre cada una de las iniciativas presentadas o sobre los productos que emite el Parlamento, pero es una masa muy grande de hechos y de información que se produce sobre los más variados temas: puede ir desde agropecuarios, de minería, de vivienda, de industria, sobre acontecimientos policiales, finanzas públicas, presupuesto, a discusiones o investigaciones que tienen efectos propiamente políticos.

Este es un bosquejo muy grande, una descripción de dos pinceladas sobre la actividad parlamentaria. Ahora bien: ¿cómo se traduce todo esto en la comunicación a la ciudadanía? Veíamos que existe por un lado lo que podríamos llamar información estrictamente legislativa: la presentación de un proyecto, su discusión y ajuste en comisión, la discusión en el plenario (a veces muy extensa), su aprobación y el tránsito entre una y otra Cámara. Un segundo aspecto es la información parlamentaria, que es la que se relaciona con los debates de tipo general, de tipo político, no específicamente relacionados con la producción legislativa, que se producen en el Parlamento. Y el tercer tipo de información es la de carácter político general o, para decirlo más claramente, la que no está relacionada con el funcionamiento parlamentario, sino la información política que surge o se conoce en el ámbito del Palacio Legislativo: tiene que ver con los parlamentarios como políticos, pero no como legisladores o con el Parlamento como institución.

Todo eso es la producción de hechos y de información, pero veamos cómo es lo que el público puede recibir. En general se ve que el concepto de noticia, por lo menos en la última década, está muy asociado al concepto de conflicto. Hay información sobre el Parlamento, en primer lugar, cuando tiene un componente fuertemente político, y dentro de lo político con la competencia (quién adhiere a qué, qué grupo se conforma o qué grupo se disgrega) o con la controversia política. El segundo elemento de la información, aún la propiamente legislativa, es la que tiene un componente de conflicto: es noticia lo que se trata en el Parlamento sobre un conflicto respecto a una ley, sobre la aplicación de una norma por parte de un órgano de la administración.

En cambio, el funcionamiento normal del Parlamento es algo que se ha diluido en todos los medios de comunicación. He hecho el ejercicio (sobre todo el año pasado, cuando estuve enfermo unos días) de ver lo difícil que es para una persona el solo enterarse de si se reúne una Cámara, y mucho más sobre la existencia y el funcionamiento de las comisiones. Ha decaído todo ese tipo de información. Esta actitud obedece a cómo perciben los medios de comunicación al Parlamento, qué es lo que se entiende como noticia que produce el Parlamento, y por otro lado también de los propios actores parlamentarios, que tienden a privilegiar en la comunicación, en la relación con los medios, en los mensajes que emiten, lo que tiene que ver con la competencia y con el conflicto político.

Aquí hay algo que me parece central: una disociación muy fuerte que existe entre un trabajo legislativo de estudio, de producción bastante abundante en el Parlamento, producido por todos los partidos políticos representativos de este país, y por otro lado su traducción pública. El Parlamento, lejos de reflejarse como un órgano donde hay actividad, donde se estudia, se legisla y se produce, tiene una traducción pública de un órgano que se centra en la actividad política y el conflicto.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 17 - 1998