Estados Unidos: entre la crisis financiera y el sexo presidencial
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

OSCAR A. BOTTINELLI
Hoy nos ubicamos fuera de fronteras, en los Estados Unido Exacto: estamos observando el mundo entero, en relación a un hecho bastante impactante: por un lado, está ocurriendo una crisis financiera mundial que puede ser valorada de distintas maneras: algunos analistas economistas que consideran que es más importante, más grave que la famosa crisis de 1929, que afectó al mundo occidental con efectos a lo largo de los años '30; otros consideran que no, pero no se duda de que es una de las dos o tres crisis más importantes de todo el siglo XX: primero pareció localizada en los "Tigres asiáticos", luego se extendió a Japón, después a Rusia, y ahora despierta temores muy fuertes sobre su repercusión en especial sobre Brasil, con los impactos que ello genera en Uruguay. Por otro lado, cuando el mundo se debate en esto, el centro de la atención norteamericana es la relación sexual entre el presidente y una estudiante que realizaba una pasantía en la Casa Blanca.

Esto tiene distintas connotaciones. En primer lugar, cuáles son las prioridades de la sociedad norteamericana, o del estrablshment político norteamericano, o de la prensa norteamericana. El tema eje de esta discusión no es la gran crisis que afecta todo el equilibrio mundial, desde el punto de vista económico y desde el punto de vista político, sino que todo absolutamente está centrado en qué pasó entre Clinton y Mónica Lewinsky, o entre Clinton y otras mujeres que han pasado por la Casa Blanca.

Otra señal curiosa que está lanzando Estados Unidos es el poco secreto que existe en torno al presidente: un fiscal, un juez, pueden pedir grabaciones, videos, interrogatorios al servicio secreto, sobre lo que se dijo o dejó de decir en el ámbito presidencial. Supongo que es un dato bastante escalofriante para buena parte de la diplomacia mundial: en general, la diplomacia tiene una fase reservada muy importante. Puede sostenerse que el grueso de esa fase reservada no pasa por los primeros mandatarios. Es verdad, cuando se llega ahí hay mucho camino avanzado, pero sin duda que la reserva a alto nivel es uno de los componentes de la diplomacia mundial: basta leer las memorias y los tratados de Henry Kissinger, para citar una fuente muy moderna y cuyas obras hoy están en las librerías de Montevideo. Aquí se observa que un fiscal puede pedirle al presidente de los Estados Unidos información que podría trascender esos secretos, lo que no creo que deje muy contentos ni muy tranquilos a los aliados.

El otro tema relacionado es cómo está siendo recibido este escándalo entre los más importantes aliados de Estados Unidos, o en los lugares donde el liderazgo norteamericano queda afectado. Si revisamos la prensa de ayer y la de hoy (lo que es la noche uruguaya en Europa) vemos que, en general, hay bastante estupor y sobre todo minimización del prestigio norteamericano. Estados Unidos aparece, ante los ojos europeos, los de sus aliados y los de los otros países del mundo, como un país que ha disminuido su capacidad de liderazgo, ya sea por los actos de su presidente, ocupado en forma casi obsesiva en aventuras amorosas, o del establishment político norteamericano que, frente a una crisis mundial, a un Fondo Monetario Internacional que está en un tembladeral por agotamiento de fondos, necesidad de que le inyecten nuevos fondos (entre otras cosas la Cámara de Diputados de los Estados Unidos tiene a votación, precisamente, votar nuevos fondos para el FMI), y además los errores de evaluación que se imputa a los organismos internacionales, que no previeron la crisis asiática y su repercusión sobre Rusia, particularmente.

EC - Incluso en la prensa de hoy en nuestro país aparece un elogio a Clinton pero cargado también de reproches: dice El País que el gobierno considera muy positivo su discurso de ayer, en la medida en que parece haber reasumido el liderazgo de la primera economía del mundo, pero esto viene acompañado de esta frase de fuentes del gobierno: "La primera señal es muy buena: el presidente Clinton dejó de pedir perdón y reasumió el liderazgo de la primera economía del mundo. Se trata de la primera aparición pública de Clinton para hablar de algo donde apareció ni una sola vez el apellido Lewinsky".

OAB - El presidente Clinton ha dedicado más horas de comunicación con su pueblo y con el mundo a hablar de cuál y cómo fue el tipo de relación sexual que de los problemas que afectan al mundo y a la economía, lo cual supone una fenomenal pérdida de liderazgo.

El otro tema es observar que se destina una cifra (que quizá no sea tan grande para la economía norteamericana) de U$S 40 millones, a que un fiscal estuviera durante largos años observando minuciosamente todos los rastros de actividad sexual del presidente. Hay un momento en que uno no sabe si está ante un fiscal o ante un voyeur: si es un fiscal o un obsesivo sexual. Pero estas 500 páginas que se publican en Internet, que a partir de hoy se venden en las librerías de Estados Unidos, parecen una obra destinada a socavar el prestigio de un país; no la obra de un sistema judicial, sino una acción de guerra de un país tratando de socavar el prestigio del líder de un país enemigo: como comidilla mundial el relato día por día, hora por hora, de la actividad íntima del presidente.

Esto tiene características grotescas y al mismo tiempo alarmantes. Sobre todo porque no es la primera vez que en Estados Unidos aparecen escándalos sexuales, pero lo que se observa es que cada vez tienen más connotaciones. Al fin y al cabo, Franklin Roosevelt murió en brazos de su amante, en Georgia. Respecto a Kennedy, sobre todo después de su muerte, aparecieron una serie de aventuras amorosas en la propia Casa Blanca, donde estuvo involucrado nada menos que el nombre de Marilyn Monroe que, por lo menos tenía otra significación que Mónica Lewinsky. Recordemos que a Gary Hart, un aspirante a la candidatura demócrata, se le corta la carrera presidencial porque se puede probar (no recuerdo si mediante videos o fotografías) que tuvo relación con una prostituta en un motel en el sur de Estados Unidos. Esto nos lleva, además de lo anecdótico, de todo esto que linda con lo grotesco y lo chabacano, nos lleva al tema de lo público y lo privado, y del uso de lo privado como armas en el juego político.

EC - Entremos en ese aspecto.

OAB - Los hombres públicos, las personas que actúan en el plano público, ¿por esa circunstancia carecen de vida privada? Esa vida privada ¿es parte de la vida pública, o hay determinada separación entre ambas, y en ese caso cuál es, dónde están los límites? Es un tema que se viene debatiendo desde Atenas, hace 2.000 años, y las sociedades han reaccionado de distintas formas. La sociedad uruguaya debe ser una de las que tiene separadas en forma más tajante la vida pública y la privada de los hombres públicos. En algún momento la vida privada puede ser objeto de comentarios de salón y chismografía, a lo que no puede escapara nadie en la vida, pero está fuera de la discusión pública, y uno diría que en general bastante fuera de la afectación de las conductas de los electores y de los ciudadanos en relación a los dirigentes políticos. Tiende a verse que los dirigentes políticos son aprobados o desaprobados por lo que hacen con su vida pública, por cómo actúan, cuál es su ética en función de lo público, y no por lo que hacen en su vida privada. No hemos tenido escándalos porque tengan una vida privada más o menos recatada, más o menos a determinadas cosas. Estados Unidos parece ser el otro extremo: tanto es así que es común -uno lo encuentra en muchas memorias y biografías, a veces más de sus familiares que de los propios políticos- la sensación de "vivir dentro de una pecera", expresión que se usa en Estados Unidos: la idea de que están en una vidriera, entre paredes de cristal, y carecen de toda posibilidad de privacidad: todo lo que hace un político y su familia es parte de la vida pública.

Ahora bien: la separación tajante puede llevar a sostener que un individuo tenga conductas muy censurables sin que la gente lo sepa, cuando ello podría ser un componente para juzgar a un dirigente político. Lo otro lleva a que se juegue a aprovechar cualquier flaqueza que pueda tener un individuo en su vida privada (y en Estados Unidos parece bastante fuerte) como armas de acción política. Sobre todo cuando esto es alimentado por un doble discurso: conductas que las estadísticas demuestran que son bastante extendidas en la sociedad pero que no están legitimadas por códigos de conducta de morales muy extremas, y con censuras muy fuertes. En el caso particular de Clinton, nos parece interesante remarcar cierta asintonía entre los sectores del establishment político, incluyendo al fiscal Kenneth Starr, y la mayoría de la sociedad norteamericana. Mientras el establisment político reacciona con los códigos éticos restringidos que por ejemplo llevaron a la liquidación de la carrera política de Gary Hart, la sociedad norteamericana reacciona de una forma totalmente distinta: con muy variación, las encuestas de anoche marcan: 1) que la aprobación de la gestión del presidente se mantuvo igual o aumentó después de conocido el informe Starr; 2) que claramente predomina -en una relación de dos a uno- la posición contraria a la remoción del presidente: en general las encuestas dan como bastante lineal que, entre quienes aprueban su gestión y se oponen a su remoción o, al revés, quienes desde antes estaban en contra de su gestión y están a favor de la remoción. Eso marcaría que todo el tema Lewinsky, más que afectar las posiciones en u otro sentido, lo que hacen es pretextar las posiciones. Quizá esta reacción de la sociedad norteamericana que registran las encuestas están marcando una veta que de alguna manera podría ser el trampolín para devolver el prestigio del liderazgo de los Estados Unidos, un liderazgo que está siendo afectado en estos momentos.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 15 - 1998