El complejo tránsito hacia la sucesión de Sanguinetti
Segunda parte
Oscar A. Bottinelli

 La semana pasada hicimos una cronología a propósito de cómo se encaró desde 1938 la sucesión del presidente de la República o, más exactamente, la candidatura presidencial del oficialismo. Ahora pasemos a ver cómo se encara en el presente la sucesión de Sanguinetti. Precisamente, anoche hubo una reunión decisiva del Foro Batllista para acordar la reglamentación de la preelección interna del Foro, de la que surgirá el precandidato sanguinettista hacia las elecciones preliminares del mes de abril del año que viene.

Retomemos el tema refrescando que Lacalle, enfrentado a la situación y con el antecedente de lo que había ocurrido en la anterior administración de Sanguinetti, en que el tema había sido resuelto de una manera perjudicial para el Partido Colorado, no atinó a un camino del todo claro. Por un lado existía un precandidato que venía desde el comienzo del período, Raffo, sobre todo porque enseguida de la elección surgieron dos nombres, el de Raffo y el de Sturla. Luego estaba el nombre de Ramírez, que todo el mundo consideraba que era el candidato del propio Lacalle y el de Volonté, que venía siendo alentado por un grupo importante del Herrerismo encabezado por el senador Santoro, que entonces era el primer senador del Herrerismo. Lacalle en el año 93 prácticamente oficializa estos tres nombres, lo que permite que se arme un poco de campaña y de revuelo en torno a ellos. Eso al final le quitó espacio de maniobra, sobre todo porque esto fue generando un apoyo importante hacia Volonté a nivel de aparato, de estructura, de legisladores. Y en el momento en que tomó la decisión diciendo que el candidato era Ramírez, ya tenía conformada una precandidatura que, encontrando el camino cerrado, se abrió y formó otro grupo político, que en función de una alianza incluso obtiene la mayoría partidaria, la primera posición en el partido.

Sanguinetti se encuentra con la experiencia de Lacalle y con su experiencia anterior e inicia un camino que de alguna manera es decir "yo no voy a ser elector". Esto crea en primer lugar un problema: si el Foro hubiera sido un grupo político de larga tradición, con una vieja estructura, habría sido muy claro cuáles podían ser las reglas de definición. Por ejemplo, la Unión Blanca Democrática tenía su Convención elegida de acuerdo a los resultados de la elección anterior, los nombres habían sido presentados en esa elección y nadie dudaba de cómo era la Convención ni de cómo tomaba las resoluciones. Acá el tema empieza por algo previo: el Foro no tiene una Convención.

Entonces se inició este camino desde el punto de vista formal -anoche hubo una reunión importante- donde hay que empezar por el principio. Lo que le pasó al Foro es lo que les ha pasado a los países sin larga tradición democrática cuando adviene la democracia: tienen que empezar a discutir las reglas de juego. Esto supuso, por un lado, decidir quiénes son los que eligen: los legisladores, los convencionales del Partido Colorado electos por el Foro o adherentes al Foro... No son los mismos, hay algunos electos que se fueron; otros fueron electos por otros grupos y se pasaron al Foro. Después están los que ocupan cargos electivos: los ediles, las Juntas Electorales, las Juntas Locales Autónomas. Al final se llegó a conformar este colegio elector bastante numeroso entre convencionales y los que ocupan cargos electivos, políticos y de confianza, que llegan a cerca de un millar de personas. Esto daría la impresión de un órgano bastante representativo y abierto.

Luego viene el problema de cómo se define: por mayoría simple, con un piso de votos, en más de una vuelta. Aquí empezaron las dificultades y finalmente se introduce el problema de buscar otro candidato ajeno a los que están compitiendo.

Un colegio elector podía tener dos opciones. Una de ellas era que los aspirantes que se presentaran ante el colegio elector fueran explícitamente candidatos, como una competencia presidencial nacional. Y otra opción era que fuera un órgano que viera mientras se reuniera qué nombres lograban mayoría, consenso, y se comenzara a barajar nombres hasta ver que alguno de ellos tenía un apoyo significativo. La verdad es que este juego del reglamento ha oscilado entre los dos caminos: por un lado pidiendo presentación explícita de candidatos y por otro buscando dejar abierta la puerta al surgimiento de nombres de consenso que pudieran estar presentados después o sustituyendo a estos candidatos abiertos.

Estas reglas de juego que se fueron trazando sobre la marcha, este alentar que pudiera haber precandidatos, generó un número de candidatos muy difícil de determinar y con distintas características. En primer lugar, están los candidatos que de manera explícita se han lanzado a organizar campañas electorales, siendo los dos más relevantes el presidente de Antel, Ricardo Lombardo, y el senador Hugo Fernández Faingold, que en ese orden encabezan la intención de voto dentro del Foro Batllista en las encuestas de opinión pública. También aparecen en esta línea el presidente de UTE, Mario Carminatti, y el ex director de UTE y actual senador Ronald Pais. Este ha sido un camino abierto de competencia que implica grupos, estructuras que apoyen, lanzar al candidato y estar sujetos a las oscilaciones de opinión pública, porque en definitiva fue explícitamente ponerse en la vidriera.

Luego han surgido nombres que aparecen como posibles candidatos, algunos de ellos manifestando su predisposición a la candidatura, como es el caso del ex ministro del Interior y actual canciller, Didier Opertti, pero que no hace una campaña explícita, que no está buscando apoyo de dirigentes, saliendo a la opinión pública a captar imagen, sino que está como un hombre que puede ser considerado como un candidato de transacción o bien visto por las dirigencias. En esta línea aparece Luis Hierro López, que nunca fue explícitamente candidato presidencial, nunca lo asumió, pero que además desde que está como ministro del Interior está monotemático en cuanto a todo lo que tiene que ver con los temas de su cartera, de la seguridad pública, y no está jugando a hacer campaña. Pero su nombre está ahí; sobre todo desde la asunción del Ministerio del Interior ha ido creciendo sostenidamente en las encuestas de opinión pública, y hoy está muy bien posicionado.

Finalmente, hay una tercera vía del candidato que no es candidato y nadie dice que lo es pero que está como tal: el ministro de Economía, Luis Mosca, cuyo nombre surge al final de todas las conversaciones.

Cada uno de estos perfiles de candidatura de alguna manera tienen que ver con la forma en que la elección se resuelva. Si la candidatura se resuelve a través de votaciones abiertas y los candidatos pujan para ver quién obtiene más votos, sin ninguna duda el camino está más hacia los que explícitamente están haciendo campaña y buscando apoyaturas. Si no se va por ese camino o se logran ciertos empates en este órgano elector y es necesario buscar desempates, el camino va a ir hacia el perfil de los que son más o menos candidatos pero cuyos nombres están en danza.

Hay un último tema: parecería que no es lo mismo el liderazgo que le queda a un presidente de la República luego de dejar el cargo si su sucesor es una persona que obtiene la candidatura del sector mediante la búsqueda propia de apoyaturas, de imagen, mediante una elección en la que él resulta electo por sí mismo, que un candidato que llegó a tal esencialmente por el beneplácito del presidente de la República. Parecería que son dos maneras distintas que pueden incidir en un gobierno posterior.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 11 - 1998