El rol del presidente del Frente Amplio
Oscar A. Bottinelli

El rol de un cargo lideral, sobre todo cuando está institucionalizado, siempre da lugar a distintas visiones. En los partidos políticos europeos la larga tradición respecto a los cargos determina que el individuo que lo ocupa tenga muy poca flexibilidad para darle una impronta propia; siempre puede darle algún matiz pero los caminos, las funciones, las competencias y las limitaciones para moverse en el mismo están bastante trillados.

En el caso uruguayo los liderazgos y caudillismos se han ejercido más por vía de facto que de los cargos. Incluso la Presidencia del Directorio del Partido Nacional ha sido un cargo de corta vida si lo entendemos como un cargo ejercido para la totalidad del partido. La Presidencia del Frente Amplio, en la medida en que había tenido un único presidente por un cuarto de siglo que había sido quien había originado el cargo y lo había moldeado a imagen y semejanza suya y del Frente Amplio de ese cuarto de siglo con los distintos cambios que tuvo, era muy difícil de analizar institucionalmente.

Luego vino ese fugaz pasaje de Tabaré Vázquez que sin duda marcó las limitaciones que tenía un cargo para determinada forma de conducción y determinada estructura, ejercida quizás en otra estructura o no, pero con otro tipo de personalidad y con otra intencionalidad en el ejercicio del cargo.

Vamos a analizar el tema no sólo desde el punto de vista institucional estrictamente de lo que es la Presidencia del Frente Amplio, sino de lo que es la presidencia o liderazgo de una fuerza política que puede ser el Frente Amplio como tal o el Encuentro Progresista, el lema que comparece en las elecciones con una u otra denominación.

La forma en que Seregni ejerció el cargo tuvo variantes si la analizamos desde que lo asume a fines de marzo del 71 hasta que lo abandona el 5 de febrero del 96 -en su momento se analizaron muy detenidamente todas esas etapas-, pero tiene un punto común desde el punto de vista del cargo y un punto común desde el punto de vista del Frente. Desde el punto de vista del cargo fue un cargo que independientemente de que en determinados momentos hubo un papel más lideral -claramente en el año 84- o mucho menos lideral de Seregni -como pueden ser la etapa final o la inicial, el año 71-72 o el año 95-, se caracterizó por una constante labor de coordinación, de moderación, de búsqueda de entendimiento, lo que hemos llamado muchísimas veces el zurcido y el bordado, el estar en forma constante, paciente, con una dedicación horaria extraordinaria a analizar y comprender cada uno de los grupos en la búsqueda al máximo del consenso.

La búsqueda al máximo de consenso no quiere decir que el esfuerzo implicaba resultados, porque durante todo ese período el Frente Amplio tuvo crisis y escisiones- se fue la Democracia Cristiana a fines del 73, se fue el PDC y de vuelta la Democracia Cristiana y la 99 en el año 88 y hubo situaciones ríspidas en todo ese período-, pero sí implicaba que el consenso era una meta en sí mismo.

Este liderazgo de zurcido y bordado fue permanentemente complementado por una cúpula reducida, normalmente integrada por Seregni más otras cuatro personas -a veces podían ser cinco-, que fue estable y renovable. Estable porque prácticamente a lo largo de toda la Presidencia de Seregni -salvo en el último tiempo en que ya había habido deterioros importantes en el ejercicio de la función y la propia estructura del Frente- siempre existió esa cúpula de alrededor de cinco personas decidiendo. Y renovable en la medida en que quienes la integraban, no sólo las personas físicas, sino lo que éstas representaban, fue adaptándose a los cambios, a las modificaciones que el Frente fue teniendo en la estructura interna. Cuando digo estructura interna no me refiero a los órganos del Frente sino al peso político de los distintos grupos, de los distintos sectores. En un momento fueron la 99, el Partido Socialista, la 1001 y la Democracia Cristiana; en otro momento existió la IDI, en otro momento otros grupos. Pero fue relativamente estable la existencia del grupo y de la mayoría de sus componentes.

La forma de conducción supuso un juego dual entre por un lado el liderazgo, el querer imponer por parte del líder una línea política, y por otro lado esa acción diplomática de búsqueda de consenso, de zurcido y bordado. A veces el consenso iba en detrimento del liderazgo, a veces éste en detrimento de la función de búsqueda de consenso. Esa dualidad no siempre fue fácil de resolver. Más allá de que Seregni siempre impulsó las concepciones menos coalicionistas del Frente, buscando que éste actuara lo más posible como partido y no como alianza, siempre descansó sobre sobre una concepción federativa, de sectores y grupos políticos en cuyo juego descansaba la resolución final del camino del Frente.

Marcamos que el estilo de conducción de Vázquez no es el de Seregni. Esa diferencia de estilo quedó muy fuertemente en la fugaz Presidencia del Frente que ejerció Tabaré Vázquez. En su momento dijimos que a éste no le gustaba, que no tenía vocación ni tenía una formación que le permitiera ejercer con comodidad ese papel paciente, de búsqueda de consensos a través del zurcido y el bordado, que en eso él no había funcionado. Todo el período posterior, incluso las declaraciones que se están viviendo en los últimos tiempos demuestran que efectivamente él lo siente así y que además concibe la conducción política con mucha claridad de modo diferente a Seregni. Señala que los tiempos son diferentes, que la realidad del Frente es diferente. Se refiere a la concepción estructural del Frente. En las declaraciones que hizo En Perspectiva Tabaré Vázquez hizo una afirmación de carácter histórico en la definición del Frente y puede decirse que marca un giro en toda una concepción del Frente Amplio.

En tercer lugar, su forma personal de conducir. Cuando se habla de forma personal de conducir no está elogiando ni criticando nada, está describiendo. Tabaré Vázquez tiene una forma de conducción mucho más expeditiva y mucho menos dedicada a la paciencia, a horas de buscar entendimiento. Tiene una concepción bastante nítida de la distinción entre el liderazgo estratégico y la conducción táctica o cotidiana. Esto lo demostró siendo intendente. Vázquez es una persona a la que no le gusta o que considera que no es su rol estar en la conducción día a día de cada uno y de todos los asuntos, sino estar marcando el rumbo y que haya equipos, personas que sean las que conduzcan. Esto se vio muy claramente en la Intendencia, cuando había dos o tres personas, directores generales de departamento que concentraban casi todo el poder en los que Vázquez delegaba casi todas las funciones y permanentemente marcaba el rumbo, o zanjaba en última instancia discrepancias.

Si se analiza lo que él dice sobre el Frente Amplio y sobre la conducción colectiva de un secretariado está diciendo exactamente lo mismo. Acá hay algo muy curioso: que la definición del papel del Frente que hace Vázquez, esta distinción entre conducción estratégica y táctica, separadas, el líder en la conducción estratégica, otros en la conducción táctica, y el decir que el líder lidera, no difieren de la concepción teórica de Seregni. Hay que ver entonces hasta dónde juegan los estilos personales y los tiempos políticos, porque Seregni buscó sin éxito en muchas oportunidades separar la conducción estratégica de la táctica y no lo logró. Es lo que Vázquez está buscando y de hecho está logrando que se ejerza con su alejamiento de la Presidencia del Frente Amplio.

Decíamos que hay una definición que puede considerarse de carácter histórico porque Tabaré Vázquez dice que la realidad del Frente es otra y cuando apunta a la realidad del Frente lo que está diciendo es que ya pasó -según su concepción- el tiempo en que éste era considerado esencialmente como alianza de fuerzas políticas independientes y considera que es un partido político en la concepción más clásica o más europea de un partido político, donde hay decisiones que se adoptan o en forma lideral y aceptadas consensualmente, en forma lideral y aceptadas mayoritariamente o decisiones tomadas institucionalmente pero a través de mayorías que deciden y minorías que acatan. Esta decisión es un gran revulsivo en la definición del Frente, más allá de que está presente en los discursos de Seregni desde el 80 y pico en adelante, e inequívocamente en el año 85, cuando impulsa la reestructura del Frente, pero que ahora con Vázquez ha tomado una definición teórica muy fuerte y que respalda el andamiaje del nuevo planteo que está realizando.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 14 - 1998