La otra crisis: la de la coalición de gobierno
Oscar A. Bottinelli

El llamado a sala del canciller Alvaro Ramos, que culminó en la interpelación finalizada hace pocas horas, vino a generar una crisis en la coalición de gobierno, relativamente opacada por la crisis en el Frente Amplio. Esa crisis en la coalición de gobierno es el tema de hoy.

o marquemos un poco que hay una diferencia muy fuerte entre la importancia de los temas tratados y el impacto que generaron, más allá de que por esos canales del Río de la Plata está en juego la soberanía, pero no aparece -por lo menos medido desde el ángulo de la opinión pública, el ángulo gente- como uno de esos temas que uno dice: esto puede desatar una crisis como podría hacerlo un tema impositivo, de desocupación, de salarios.

Los dos aparecen como temas extraños, raros a los efectos de desencadenar el nivel de crisis que han desencadenado; entonces preferimos analizarlos desde otro ángulo, no del contenido, no de los posicionamientos sobre el tema de fondo -como también lo hicimos cuando analizamos la crisis del Frente Amplio-, sino desde el ángulo estrictamente político.

Y lo primero que tenemos que ver es algo muy fuerte y muy claro: la reforma constitucional, una vez aprobada y una vez pasada la primera parte del verano, que en este país decanta muchas cosas, genera un efecto que podemos denominar de afectación del tiempo útil de gobierno. Es decir, se anticipa, comienza la carrera electoral.

Esta carrera electoral comienza por varias cosas. La primera de ellas es porque la reforma constitucional generó un nuevo escenario político, muy fuertemente diferente a lo conocido en la historia del país. Este ciclo de cuatro elecciones comienza el 25 de abril del 99 y termina el 14 de mayo del 2000, con cambios en las reglas de juego para los dirigentes, los actores políticos, que tienen que exponerse primero a una elección interna determinante a nivel presidencial -una especie de medición de fuerzas para los otros niveles-; de ahí van a surgir negociaciones, vistas de posicionamientos, alianzas y conformación de las listas al Parlamento para la elección de octubre.

Esto genera nerviosismo, porque las reglas son distintas, sobre todo cuando en octubre además no va a haber acumulación por sublemas para la Cámara de Diputados y por lo tanto lo correcta o incorrectamente que cada cual interprete los resultado del mes de abril va a afectar las alianzas, la conformación de listas y cómo se posiciona cada uno hacia el mes de octubre.

 

Agreguémosle, ahora sí, dos hechos que nos parecen muy relevantes a la luz de analizar los nerviosismos que generan en las dirigencias políticas los tiempos electorales.

 

El primero de ellos, la desaparición de las carreras políticas. Hoy una persona que ocupa un cargo público tiene las mayores probabilidades de quedar afuera en la elección siguiente desde el punto de vista estadístico. En los años 50, de cada cuatro personas que se presentaban a la reelección tenían asegurada la reelección casi tres, lo que resultaba en un 25% o 30% que no era reelegido y muchos de ellos por retiro natural, porque ya habían cumplido un ciclo, por ejemplo uno muy standard en esos años de tres legislaturas.

Hoy, de cada cuatro personas una tiene probabilidades de mantenerse en el cargo la siguiente legislatura y tres no. Incluso hay un dato muchísimo más fuerte: desde que se restauró el sistema constitucional, desde las elecciones de 1984, tres legislaturas atrás, hoy están sentados en la Cámara de Diputados solamente ocho diputados que estuvieron sentados en la legislatura en 1985, al inaugurarse la legislatura. Es decir que en dos elecciones de los que fueron elegidos en el 84, 91 de 99 diputados quedaron afuera. Algunos por mejoramiento hacia el Senado -muy pocos-, algunos otros quedaron con posibilidades de posicionarse en la administración, pero más de las tres cuartas partes quedó en su casa. Esto sin duda genera nerviosismos, ya que la carrera política en definitiva termina siendo una carrera como cualquier otra en la que la gente pretende mantenerse, o al ver los grandes riesgos que tiene se va anticipadamente a su casa.

Y lo otro es lo que llamamos la conjunción de dos fenómenos que termina en la degradación de las estructuras políticas. Hoy los partidos políticos, particularmente el Partido Colorado y el Partido Nacional, pero también el Frente Amplio en menor medida -el Nuevo Espacio es una incógnita porque recién se está armando-, exhiben estructuras políticas tremendamente débiles.

¿A qué nos referimos? Antiguamente, uno de los caminos para realizar las carreras políticas era estar dentro de una estructura, actuar para adentro, cumplir papeles que no eran estelares hacia la opinión pública, que no tenían gran destaque en los medios de comunicación, pero que sí implicaban la valoración de un trabajo parlamentario en comisión, de un trabajo parlamentario en sala o de un trabajo silencioso de estudio y asesoramiento.

Hoy la falta de estructuras, la realización de elecciones internas está obligando a que la carrera política particularmente en el plano parlamentario, pase necesariamente para todos los actores por posicionarse ante la opinión pública para ser conocido, para ser valorado, a los efectos de su presentación en las elecciones internas. Esto globalmente está afectando todo el funcionamiento político del año 97 y toca a la coalición de gobierno.

Vamos a ver otros elementos que explican no tanto la interpelación en sí sino estos acontecimientos que vienen desde mayo desestabilizando a la coalición de gobierno.

En primer lugar, aunque la Constitución nueva apunta al fortalecimiento de los partidos y particularmente de los partidos en detrimento de las fracciones -la candidatura única es una de las cosas que va en ese sentido-, todavía pervive y esto va a tardar años en cambiar, una falta o debilitamiento de la cultura de partido. Existe una fuerte cultura de fracción, son los grupos políticos los que actúan, lo vimos en estos días en la crisis de gobierno en que el presidente de la República no habla exclusivamente con el presidente del Partido Nacional o con el Directorio del Partido Nacional institucionalmente, sino que además habla con Lacalle, busca apoyos en los sectores políticos, y sigue siendo un tema de relacionamiento de sectores.

Hay diputados del Partido Colorado que disienten de la coalición de gobierno o actúan independientemente y provocan una interpelación. Sin embargo, la reacción del Partido Nacional es decir "estos diputados no pertenecen a la coalición de gobierno", como si fueran de un partido distinto al partido del presidente de la República. Esto no es que esté bien ni mal, sino que sencillamente sigue marcando que se sigue viendo la acción política como acción o de conjunto de individuos o de sectores, pero no de partidos.

El otro elemento es que en Uruguay ha funcionado eficazmente la coalición de gobierno. Cuando digo "eficazmente" no estoy hablando de que se comparta o no se comparta su política económica, su política social, los efectos de su política, que es otro tema, sino que es una coalición que hasta ahora venía funcionando sin estridencias, sin grandes problemas, con escasos rechines, mucho más cuando es una coalición en la que participan en su integridad -por lo menos hasta ahora- los dos partidos principales del Uruguay o los dos partidos históricos.

Sin embargo, sigue faltando una cultura de coalición en la cual todas las partes queden absolutamente involucradas por igual en el gobierno, sigue presente en Uruguay el perfil de que hay grados en el involucramiento en el gobierno entre el partido que tiene el presidente de la República y el otro partido; dentro del partido del presidente de la República entre el sector que lidera el presidente y los otros sectores que consideran que están haciendo un apoyo casi externo, como una especie de favor y de actitud patriótica de apoyar a un presidente que no es de su grupo. Otra vez prevalece la conducta de sector sobre la conducta de partido.

Iremos entonces a que, entre lo que habíamos dicho hoy sobre los nerviosismos de las instancias electorales y esta cultura de sector, comienza en el año 97 desde mayo otra vez una ansiedad por lo que podríamos llamar marcar perfil, crear hechos más o menos disonantes en la opinión pública que permitan que la gente identifique, perfile o valore por separado a un dirigente político, un diputado, un senador o un líder de grupo político, con lo cual se privilegia este tipo de juego sectorial. Lo que sucede es que los juegos sectoriales que tuvieron mucha tradición en Uruguay operaban de determinada manera sobre un formato bipartidista y en un bipartidismo además muy consolidado, donde la gente se podía desplazar de derecha a izquierda, de conservadurismo a liberalismo, pero muy difícilmente cruzar la frontera de blanco a colorado o a la inversa o irse de los partidos tradicionales hacia afuera. Hoy este tipo de juego sectorial en un formato tripartidista es completamente distinto y puede generar efectos totalmente diferentes de lo que sus propios actores pregonan: en lugar de marcar perfil puede generar debilitamiento sobre sus propios sectores, sobre sus partidos y hasta sobre las alianzas gubernativas que están integrando.

Por ahora la dirigencia máxima ha enviado una lección de advertencia que podemos definir como: cuidado con las disonancias, desde los centros de poder no se va a permitir impunemente que la marcación de perfil llegue a extremos como éstos. Es una lección en relación a episodios de marcación de perfil ocurridos por ejemplo 40 años atrás.

Vamos a ver qué ocurre, porque la instancia electoral está planteada, los nerviosismos electorales existen y ya nos estamos acercando a los 12 meses previos al lanzamiento formal de la campaña electoral hacia las internas.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Setiembre 18 - 1997