El conflicto en el Frente Amplio
Oscar A. Bottinelli

El tema del conflicto en el Frente Amplio -que habría que decir que es uno de los dos grandes conflictos que hay hoy planteados- puede tener que analizarse desde tres ángulos completamente distintos. Uno es a partir de donde surgen las oposiciones de la oposición municipal: el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Nuevo Espacio, que tiene que ver con el grado de transparencia de la licitación, si se cumplieron o no todas las etapas correspondientes, si lo que se adjudica es lo mismo que se licitó, etc..

Hay un segundo tema que es el ángulo que vienen planteando últimamente el Movimiento de Participación Popular y el edil Jorge Zabalza, que es sobre un aspecto de principios en relación al rol del Estado, a las cosas que deben ser gestionadas por el Estado, al destino que se da a los edificios de patrimonio estatal y concretamente al concepto de privatización. Este es un segundo tema que, igual que el anterior, podemos llamar temas de fondo en cuanto al conflicto en sí.

Y luego hay un tema de fondo político, que es el que vamos a analizar, el tema de la disciplina partidaria. Brevemente hay que decir que el tema Frente Amplio-Movimiento de Liberación Nacional, que sería un ángulo de análisis muy interesante en sí mismo, también es otro tema que habría que ver en algún momento porque desde la propia gestación del Frente Amplio había un trasfondo de una relación con el Movimiento de Liberación Nacional al cual el Frente Amplio nunca excluyó del todo y que nunca fue parte de su centro. Recién ingresó formalmente al Frente en 1989, y nunca se integró plenamente a las formas, a los métodos y a veces a las definiciones o metodologías del Frente Amplio.

El tema Frente Amplio-MLN digamos que es de una constante tensión en la historia del Frente, por estar adentro o por estar afuera, o aún estando afuera, por plantear metodologías muy diferentes, como en los años 70, o alianzas muy distintas, como en la segunda mitad de los 80 y antes de ingresar al Frente Amplio, cuando el MLN planteaba un "Frente Grande", distinto del Frente Amplio.

El conflicto de hoy se emparenta mucho con un viejo tema del Frente, que es el de la naturaleza del Frente Amplio: si estamos en presencia de una alianza o de una coalición, o si estamos en presencia de un partido o de una coalición.

En primer lugar, la discusión famosa, si el Frente es un movimiento -con lo que se quería decir partido- o una coalición, ha abarcado la vida del Frente. Pero acá es importante marcar una distinción muy clara: una coalición que sí lo es (la del Partido Nacional-Partido Colorado) es un acuerdo puntual para el ejercicio del gobierno. En el caso uruguayo no está habilitada institucionalmente, puede darse para casos electorales o puede ser para instancias exclusivamente legislativas, es el acuerdo concreto, puntual, entre distintas fuerzas, en relación a puntos muy concretos para llevar adelante.

Una alianza -ésta es una definición muy vieja, tiene más de medio siglo, es la primera gran distinción que se hace en la ciencia política por el francés Duverger- es un compromiso mucho mayor, que tiene el ánimo de permanencia y que tiene elementos de trabazón entre sus miembros mucho más profundos y mucho mayores que en la coalición. Entonces, desde este punto de vista, a los efectos prácticos no importa demasiado si el Frente es una alianza o un partido político -usando en el sentido más amplio, más laxo, más a la uruguaya, el concepto de partido-, lo cierto es que en cualquiera de los dos casos el Frente no es meramente un grupo de fuerzas políticas que en un momento se juntaron porque estaban de acuerdo en un conjunto de puntos y que cuando discrepan actúa cada una por su lado.

El Frente es una alianza de tipo permanente y esa finalidad, ese objetivo de permanencia, fue dado en su propio nacimiento, tanto que además se le dieron dos características desde el origen, al Frente. Una, el tener estructuras comunes, lo que no ocurre en las coaliciones. Las coaliciones tienen meramente estructuras de coordinación. Y segundo, desde el origen del Frente hay mecanismos imperativos, formas de votar que imponen obligación a todos sus miembros, y por otro lado mecanismos de libertad de acción que deben ser transitados y pueden o no ser ejercidos por sus miembros.

Acá hay una tensión que viene desde el origen de alianza y coalición que se traduce en el tema de tensión entre disciplina y libertad. Esto ya estuvo planteado como largo tema de discusión en lo que deviene en la ruptura del Frente Amplio a comienzos de 1989, cuando se van del mismo el Partido por el Gobierno del Pueblo y el Partido Demócrata Cristiano. Otra vez aparece la nueva tensión, que en definitiva es concebir al Frente esencialmente como una gran fuerza con poder de decisión y actuando como gran partido o grupo político o como un conjunto de fuerzas que cuando coinciden están todas juntas y cada una mantiene siempre su libertad.

Independientemente de que el fondo ideológico de la discusión pueda ser otro, sobre el aspecto político es la misma discusión que deviene en la ruptura del año 89, con la diferencia de que ahora está planteada en un Frente Amplio que se siente en condiciones de disputar el gobierno como no lo estaba hacia el año 89, cuando estaba mucho más distante del mismo, que a lo sumo aspiraba a ganar la Intendencia de Montevideo. Y hoy aspira a pelear en las mejores condiciones la Presidencia de la República.

Esto se mezcla con otro tema: el papel de la Presidencia del Frente Amplio. El presidente del Frente Amplio, el general Seregni, también, a lo largo de la historia, osciló entre un papel de líder -liderazgo que ejerció, por ejemplo, desde sus cartas desde la cárcel a la imposición de toda una estrategia de negociación con las Fuerzas Armadas que lleva al Frente Amplio a la concertación nacional, a la concertación de partidos, a la concertación programática, al Club Naval-, y otro papel como moderador, como coordinador entre sectores. Esta es otra tensión.

Vázquez nunca la había sentido hasta ahora, porque al estar disociado del rol de presidente del Frente había sido un líder de opinión, un líder de masas, un líder de gente, que había logrado a través del cargo institucional de intendente ir imponiendo su ritmo y luego hacerlo sin ningún cargo, desde su voz, desde su opinión. Ahora, por primera vez, se le mezcla el liderazgo con la necesidad de coordinar y moderar sectores, y se le crea una prueba de fuego que es muy grande y que nunca había tenido hasta ahora.

Se llegó a una situación en que están en juego muchas cosas: por supuesto, la integralidad del Frente Amplio por un lado, si tiene capacidad en el gobierno de ejercer una forma de disciplina o autodisciplina de sus miembros que le permita llevar adelante todas sus instancias de gobierno. Pero en tercer lugar está en juego lo que apareció en los últimos días cuando la crisis adquirió la temperatura que adquirió hasta ahora: la propia capacidad de liderazgo integral de Vázquez. Con "integral" nos referimos ya no sólo a liderar sobre la gente, convencerla y arrastrarla, no sólo a crear hechos consumados que llevan a todos los grupos del Frente detrás suyo, sino en momentos que ya son el trámite normal de acción de gobierno y legislativa, lograr imponer el funcionamiento colectivo del Frente, aún en temas que no han sido de su iniciativa.

Esta es una instancia clave para Tabaré Vázquez en cuanto su liderazgo está a prueba por primera vez desde que ejerce la Presidencia del Frente en un nuevo papel que nunca había cumplido, el de moderador interno, y es una prueba sustancial para el Frente Amplio en relación al ejercicio del gobierno. En los próximos días va a ser muy importante para el Frente Amplio, para Tabaré Vázquez y para el país, para el sistema político en su conjunto, ver cómo se resuelve esta crisis interna.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Setiembre 11 - 1997