Cultura de partido y
cultura de fracción
Oscar A. Bottinelli

El Partido Nacional sigue generando hechos de importancia que merecen ser analizados más allá de los episodios concretos, más allá de la coyuntura. El último de ellos fue la renuncia del doctor Gonzalo Aguirre a su cargo en el Directorio del Partido Nacional.

A propósito de esta renuncia y de sus fundamentaciones surge el tema "Cultura de partido y cultura de fracción". En primer lugar, queremos aclarar que nosotros, en general, en el espacio de análisis político no hacemos el análisis de la coyuntura propiamente dicha, sino que más bien tratamos de analizar las cosas de fondo que hay detrás de la coyuntura.

Por lo tanto, el análisis no es del episodio de la renuncia de Gonzalo Aguirre ni esta línea de enfrentamiento que se está produciendo entre el conjunto de grupos que respaldan a Juan Andrés Ramírez con respecto a la mayoría del Directorio, al grupo de Volonté y Ramos o incluso al Herrerismo, sino que vamos a tomar como elementos los temas explícitos e implícitos en la renuncia de Gonzalo Aguirre.

Acá juegan cuatro tipos de elementos que están mezclados. Un tema es cómo se posiciona un partido político que no es el titular de la Presidencia de la República, funcionando en una coalición de gobierno, que es una experiencia casi nueva en Uruguay -nueva sobre todo es una coalición formada por la totalidad de ambos partidos tradicionales- y que es diferente a las gobernabilidades, a las coincidencias, a las coparticipaciones y a otras formas de entendimiento que han habido en el pasado y a lo largo de un siglo.

Un segundo tema que se plantea es cuál es la función del presidente del Directorio y en particular cuál es la relación que existe entre el presidente del Directorio y el Directorio en su conjunto, o entre el presidente del Directorio y el conjunto de su partido.

Un tercer tema que aparece es cuál es papel de la mayoría y cuál el de la minoría dentro de un partido político.

En cuarto lugar está un tema que en Uruguay es de mucho debate y del que hay análisis de largo tiempo: cuál es el papel, la función, el nivel o la jerarquía de los órganos partidarios. El funcionamiento partidario tradicional en Uruguay, en ambos partidos tradicionales, ha sido de tener órganos con funcionamientos con mayor intensidad o menor intensidad pero relativamente inocuos. En pocos períodos la autoridad partidaria fue una autoridad única de todo el partido.

El Partido Colorado careció de autoridades a lo largo de todo el siglo hasta las elecciones internas que hubo como elemento de transición institucional en noviembre de 1982, que se instaló en el verano del 83. Fue la primera autoridad de todo el Partido Colorado; hasta entonces había habido autoridades con un funcionamiento muy dinámico -sobre todo en los años 20- del Partido Colorado y el Batllismo. Había del Partido Colorado Riverista y más adelante Baldomirista, de Libertad y Justicia, etc..

En el Partido Nacional hubo autoridades partidarias únicas desde terminada la guerra civil hasta el año 30. Luego no hubo autoridad común a la totalidad del Partido Nacional hasta 1971. Hubo algunos intentos de construir autoridades únicas, pero si bien nadie desafió esa autoridad, la misma no contó con la participación de todos los sectores partidarios. Un sector muy importante, el más votado individualmente, el que encabezaba el doctor Echegoyen, se abstuvo de concurrir a la elección de Directorio, no participó del mismo, no participó en las convenciones. Recién en el 71 se conformó lo que se llamó el Directorio de los Notables y recién en 1972 comenzó a funcionar una autoridad única partidaria. De entonces hasta acá, el Partido Nacional sí ha tenido una autoridad única.

Esa autoridad única tuvo la peculiaridad, sobre todo a partir de 1984, que de alguna manera se repite ahora. La única función, el único cargo público del líder del Partido Nacional -en aquel entonces Wilson Ferreira Aldunate, con un apoyo abrumadoramente mayoritario en el partido- era la Presidencia del Partido Nacional. Eso le dio al cargo de presidente del Partido Nacional y a la función del Directorio un papel estelar, singular. Las reuniones del Directorio eran el lugar en que se centraba la formalización de decisiones políticas. Por ejemplo, por ahí pasó aquella decisión histórica que fue el apoyo a la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que le creó serios problemas internos al Partido Nacional.

De alguna manera, Volonté ha tratado de revivir lo mismo al sentarse él en la Presidencia del Directorio del Partido Nacional como el líder del grupo más votado, en este momento, de la mayoría del Directorio y el único cargo político que ocupa es la Presidencia del Directorio.

Hemos dicho que el Partido Nacional desde el año 1971 cuenta con autoridades partidarias, en el año 72 estas autoridades partidarias son de contenido claramente político. Sin embargo, la tradición en el país, en ambos partidos, es que las decisiones son tomadas por los sectores y la decisión partidaria termina siendo en la casi generalidad de los casos el producto del acuerdo, del entendimiento, de la negociación entre las distintas fracciones, entre los distintos sectores o entre los distintos líderes políticos, y no del funcionamiento regular de un órgano donde se lleva la propuesta, se vota y el que tiene mayoría impone la decisión y el que tiene la minoría puede discrepar. Algunas decisiones serán obligatorias y otras no lo serán.

Acá viene una confrontación: la cultura de partido. Miremos un ejemplo europeo. Los partidos europeos no son partidos monolíticos y mucho menos los de los países latinos. Son partidos que tienen fracciones, que tienen alas distintas, que tienen posiciones distintas, tanto en el gobierno como en la oposición. El Partido Socialista Obrero Español acaba de vivir no sólo una renovación sino la definición de una serie de enfrentamientos ya de largo tiempo, particularmente entre lo que se puede llamar el Felipismo y el Guerrismo. Esto termina resolviéndose porque hay una mayoría que se impone y una minoría que en la medida en que tenga espacio político obedece, acata o acepta las decisiones partidarias, sigue luchando dentro del partido por cambiar las posturas del partido y si la incompatibilidad es total se va de ese partido, pero sigue luchando por estar. Una de las consecuencias de este último congreso del Partido Socialista Obrero Español fue la exclusión del Guerrismo de la autoridad partidaria y el Guerrismo luchó por no quedar excluido, por estar adentro de la autoridad partidaria, por entender que donde se van a negociar las posiciones del partido es en las autoridades partidarias, en este caso la autoridad ejecutiva partidaria.

En el caso uruguayo sigue estando esta tensión y da la sensación de que -esto aparece implícito en la renuncia de Gonzalo Aguirre, apareció también implícito mucho tiempo atrás en Carlos Julio Pereyra- se sigue viendo la pertenencia a la máxima autoridad del partido como un lugar en que se está si se está de acuerdo con la forma en que el presidente conduce, la forma en que la mayoría ejerce su mayoría o la forma en que el partido en su conjunto o en su mayoría lleva adelante la línea política. Tiene que ver con el fondo de las decisiones, con el estilo de las decisiones y con el grado de tolerancia o de intolerancia que haya en una minoría. En el fondo esto está implicando que se sigue viendo a las fracciones como el eje, el centro de las decisiones políticas, y a la autoridad partidaria funcionando como autoridad única siempre y cuando las fracciones pacten que ello ocurra. Si las fracciones no lo consienten, las autoridades partidarias no funcionan como autoridades de todo el partido.

Esta es la contradicción fundamental que hay. Uno de los objetivos que marcó la reforma constitucional fue precisamente fortalecer a los partidos políticos en relación a las fracciones. Y uno de los elementos clave de ese fortalecimiento pasaba por elecciones internas de las autoridades y por la candidatura única a la Presidencia de la República.

Estamos en el momento en que comenzó a andar una nueva forma de funcionamiento político, mientras la cultura política que prevalece en el país -particularmente en los partidos tradicionales- es otra, es la cultura de fracción.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Agosto 7 - 1997