Dos países que (casi) no se tocan
Oscar A. Bottinelli

Parecería que esto, más que de un análisis político, podría tratarse de una crónica futbolística, cuando uno está viendo la selección mayor y está viendo la selección juvenil. Y esto también viene a cuento, porque de alguna manera son reflejos de vaivenes y de visiones y actuaciones que tiene un país. El título puede parecer un poco fuerte, un poco provocativo, y sacar el matiz o el matizamiento que tiene en definitiva la existencia de muchas visiones. Pero vayamos primero a lo que puede ser el trazo grueso, la caricatura, que es uno de los temas sociales y políticos importantes del Uruguay, y lo vemos permanentemente en los indicadores de opinión pública.

Existe por un lado un país del éxito, exagerando. Y por otro lado, el país negativo. El país del éxito es aquél que maneja indicadores importantes desde el punto de vista macroeconómico, el país de la inflación, que está haciendo una importantísima reconversión productiva, cambios educativos, exportaciones crecientes, mejoramiento de la calidad de los productos que produce o que procesa. Un país cuyos servicios se están desarrollando con gran eficiencia, empezando o incluyendo empresas del Estado o servicios estatales, que está haciendo una transformación importante.

Esta es una visión del país que se traduce en gente, esto surge de las encuestas, surge de lo que mucha gente puede hablar, de la existencia de personas que tienen campo laboral muy propicio, muy bien remunerado, en determinadas áreas. Pero luego aparece otra visión del país, que es la que ve al país donde las cosas van mal, que falta ocupación, que ha crecido la pobreza extrema o la marginalidad, o se expresa de una forma mucho más fuerte, que tiene una inseguridad pública mucho más fuerte, inseguridad ante la delincuencia creciente.

No estoy hablando de que necesariamente la delincuencia crezca, sino de que lo que crece es la inseguridad de la gente, que considera que cada vez hay más dificultades desde el punto de vista de la realización del trabajo, que es difícil tener trabajos seguros o afrontar el cambio de situación laboral con rapidez, que está ante el temor de la pérdida del trabajo, del comercio, de la actividad productiva, de la empresa, que ve que cierran fábricas. Y que se termina expresando, por ejemplo, en protestas como las que ha habido en el último mes o en las últimas semanas en distintos puntos del interior del país, que tienen distintos componentes.

El que lee un discurso del presidente de la República o del presidente del Frente Amplio, por tomar dos referentes, si es una persona que llegó del exterior, que no conoce Uruguay, se queda bastante perplejo. Están reflejando dos realidades completamente distintas. Entonces, es a esto a lo que estamos apuntando, que es la existencia de estas visiones, que no son tan extremas. Hay todo un matizamiento de un extremo al otro, pero en todo el discurso en la confrontación política aparece con mucha fuerza esto. Entonces, ¿qué explicaciones tiene, qué visos de realidad tiene?

Veamos algunas explicaciones. Una que tenemos es la siguiente: el país en forma gradual, en forma muy uruguaya, algunos dirán que cansina, en los últimos años ha ido cambiando mucho. Y sobre todo, ha cambiado inserto en una región y en un mundo occidental que está procesando cambios importantes. Estos cambios tienen efectos desde lo económico directo, hasta aspectos psicológicos y culturales.

Yendo por orden, en primer lugar, desde el punto de vista económico, el problema es que uno diría que todas las visiones tienen razón, porque lo que ocurre es que no hay -y ésta es posiblemente una de las características más fuertes en relación al país de hace 40 años-, destinos comunes en lo que está ocurriendo para todos los uruguayos. Hay sectores que tienen un nivel de desarrollo y sectores que están llegando a su fin. Hay gente que tiene oportunidades muy importantes y gente que está inserta en trabajos o en oficios que cada vez tienen menos campo. Ese es un tema.

Hay un segundo tema que es que el uruguayo tiene dos grandes virtudes o dos grandes valores. Uno es el de la seguridad, y otro es el de la certeza, el de la certidumbre. Con respecto al tema de la seguridad, el Estado uruguayo, la sociedad uruguaya, fue una de las más fuertes de occidente en lo que se llamó el "welfare state", es decir, el Estado de bienestar.

Es decir, la existencia de ese Estado protector, el Estado que busca asegurarle al individuo un conjunto de beneficios sociales y uno de cuyos objetivos es el empleo seguro. El Estado lo aseguraba con un empleo de por vida, con un empleo absolutamente inamovible. Y en la actividad privada, a través de un sistema de leyes, de un sistema de convenios, de una forma de la organización sindical y de las organizaciones con las empresas, el asegurar que el trabajo era considerado algo asociado a una muy fuerte estabilidad. Y ésta es una de las cosas que se están perdiendo.

Es decir, se está perdiendo a nivel del Estado, porque está reduciéndose o tratando de reducirse, y además dando el mensaje de que está buscando una reducción a nivel de la actividad privada. Por un lado, porque han crecido las actividades que salen de esta estructura formal y, por otro lado, porque dentro de esas actividades cada vez es menor el sector que siente que esas actividades son de por vida, con la absoluta seguridad de que se va a jubilar del trabajo que tomó a los 20 años.

Esto crea inseguridad e incertidumbres muy fuertes en la sociedad, es un tema al que los uruguayos no están acostumbrados y frente al cual hay diferentes reacciones. Hay quienes consideran que este cambio es necesario y que lo que hay que cambiar es la mentalidad. Y hay quienes consideran que esto no es deseable y que lo que tiene que hacerse es buscar ajustes que reviertan esta situación. Lo mismo ocurre con el campo económico.

En el campo económico están los que consideran que los ajustes macroeconómicos son previos a que luego le lleguen los cambios a la gente. Y están los que consideran que son impactos de los cambios sobre la gente, que son costos muy altos, y que difícilmente se revierten, que hay que pensar más en las políticas sobre la gente que en las políticas sobre el país. Esto de las dos visiones, en trazos más gruesos, se da, por ejemplo, en Argentina, llegando ya a extremos muy fuertes. Se está dando esa discusión en Europa, quizás con matices todavía más finos que en Uruguay, pero lo importante es lo siguiente: si es exagerado decir que hay dos países que no se tocan, sí se puede decir que hoy hay un gran abanico de realidades diferentes, de grupos importantes de la sociedad, con visiones diferentes del país, sobre el presente y sobre el futuro.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Julio 3 - 1997