Los cambios culturales
en los encuadres laborales
Oscar A. Bottinelli

Existe lo que se denomina "imaginario colectivo", que ocurre en todas partes del mundo, en todas las zonas, que constituye el conjunto de ideas, de valores en que se matriza una cultura o unos comportamientos desde el punto de vista social, desde el punto de vista político.

Muchas veces, el imaginario -ocurre en la gran mayoría de los llamados países jóvenes- está puesto en el futuro. Es el ideal que se tiene de cómo o hacia dónde debe ir la sociedad.

En el caso uruguayo es bastante notorio que su imaginario está puesto en el pasado. No es muy fácil detectar exactamente cuál es ese pasado o en qué fecha ocurrió y puede ser que se forme con ideas y momentos de distintas etapas de este siglo, de este Estado moderno. Pero no es muy equivocado si alguien sitúa a mediados de los años 40 o 50 ese imaginario de un determinado modelo de país. Se puede denominar ese período también como un período de referencia, como un período que pauta conductas, ideas y valores.

Desde el punto de vista del encuadre laboral, es un país que en la realidad o en las expectativas de esa época -cuando digo "la realidad" me refiero a cómo se ejerce el trabajo, en dónde se hace o pueden ser las expectativas considerar que ese modelo sea al que hay que aspirar, aunque pueda o no ser dominante cuantitativamente- es un modelo que se expresa a través de encuadres muy rígidos, muy formales. Uno los llamaría encuadres escalafonarios, donde una persona está sujeta a un mundo de muchos trabajadores con escalafones claros, con escalones claros, con ascensos, con protecciones o con necesidad de protecciones. Y que se expresa a través de la función pública -que fue muy dominante en ese período- no sólo o no tanto en el aspecto cuantitativo, sino en la expectativa. Eran muchos más los uruguayos cuya expectativa era ingresar a la función pública, obtener un cargo público, tener la seguridad de ese desempeño laboral, que los que lo ejercían. Pero era muy fuerte ese ideario.

Algo que tenía un parecido con la función pública, con una fuerza muy fuerte en las expectativas de sectores sobre todo de niveles medios era la actividad bancaria. En Uruguay la actividad bancaria fue una especie de sucedáneo de un título universitario, con una gran expectativa personal. Y en un trabajo también con muchas características similares a la función pública, de fuerte encuadre, de considerar que el trabajo es el cumplirlo en un lugar determinado, que ese lugar responde a determinadas jerarquías, a determinados escalones, que se hace de determinada manera y en determinados horarios.

Y lo tercero es la actividad privada, donde un ejemplo muy típico pueden ser las fábricas, donde se da más o menos el mismo esquema. Este tiene también como un elemento claro que la parte económica, la parte retributiva de ese modelo, es externa, es el producto de la petición, la negociación o la lucha para obtener una mejor retribución y no producto del azar o del esfuerzo combinado con resultados generales que puede producir, por ejemplo, la actividad mercantil.

Y la contrapartida de este modelo imaginario son actividades que hoy se han desarrollado más. En análisis de profesiones que hemos difundido En Perspectiva, encontramos que la actividad mercantil en general, el comercio, la venta, no tienen inicialmente un prestigio muy alto, y tuvieron mucho menos en el pasado.

Con la simplificación a que obliga pintar un cuadro en cuatro o cinco minutos, puede decirse que éstas son las grandes pinceladas que presentan los encuadres laborales de tres, cuatro o cinco décadas, y que en cierto modo persisten como modelo en el ideario uruguayo.

Veíamos los cambios ocurridos en la expectativa económica, en la estructura laboral, particularmente en los últimos años. Para bien o para mal -y acá vienen valoraciones muy diferentes, con consecuencias de posturas sociales y políticas distintas y hasta opuestas- ha habido un cambio. Y este cambio es bastante sustancial.

En primer lugar, porque existe una disminución del peso cuantitativo del Estado y la función pública en general. Pero lo más importante es que todos los proyectos y todos los caminos de reforma del Estado llevan no sólo a la reducción del peso cuantitativo del número de funcionarios públicos, sino a la pérdida de la expectativa del cargo público. Esto es mucho más importante que lo otro. No se ve un Estado en expansión, no se ve un Estado en que aspirar al cargo público sea posible en términos de satisfacción de la expectativa y tampoco que sea deseable, dado que la función pública ha perdido con relación a la actividad privada un cierto privilegio que tenía desde el punto de vista de los ingresos. Hace medio siglo, a iguales funciones promedialmente se obtenía mejor remuneración en la actividad pública que en la actividad privada. Hoy, en general, ocurre exactamente lo contrario.

Pero también, en segundo lugar, ha ocurrido un cambio sustancial en las actividades privadas. Fundamentalmente, tenemos por un lado lo que ha sido la disminución de la clásica fábrica grande instalada, que en Uruguay ha ido perdiendo peso en cuanto a la cantidad de mano de obra, de puestos de trabajo, y por otro lado el surgimiento de nuevas actividades en cuanto al impacto, a la importancia y la cantidad que representan.

Tenemos una actividad que por un lado es informal, que ya se asume fuera de lo que son las estructuras laborales aceptadas y legitimadas desde el punto de vista de los valores y las expectativas de cada uno. Esa actividad informal a su vez está relacionada generalmente con el comercio o en menor grado con la prestación de servicios, con un comercio que además normalmente se presta en condiciones distintas, más duras, que las que supone el comercio instalado. Más duras desde el punto de vista físico, quizás no tanto desde el punto de vista de las presiones fiscales que hay sobre el mismo, pero sí desde el punto de vista de la prestación. Y además, esta actividad normalmente no es buscada, no es querida, no es una decisión de vida -"yo me voy a dedicar al comercio informal"-, sino que es un producto de no satisfacer sus expectativas laborales por otro tipo de vía y canalizarse por la actividad informal.

Y hay otra área, en principio más querida, a veces realmente deseada, en otros casos buscada como una alternativa pero no tanto como un camino necesario y no deseado: las actividades de gran desarrollo que están teniendo las microempresas, las pequeñas empresas e incluso las medianas empresas. Pero las micro y pequeñas empresas que significan desarrollarse en actividades empresariales, de carácter mercantil a un número muy importante de personas y que hace medio siglo estarían encuadradas o buscando encuadrarse en actividades laborales del tipo de una fábrica o de un banco.

Entonces, tenemos acá dos cambios muy fuertes. Por un lado, tenemos el cambio en la revaloración de hecho, que choca con el imaginario de lo que es realizar una actividad comercial, una actividad mercantil. Y por otro, al desarrollar esa actividad con riesgo, dependiendo de muchos factores y no necesariamente de demanda, lucha y negociación; el resultado económico que se obtiene para sí mismo es además en condiciones de horarios inciertos y normalmente extensos.

Esto genera incertidumbres, insatisfacciones y miedos, porque son cambios muy profundos y que además globalmente, como dominante en la sociedad, no están correspondiendo al imaginario trazado en la sociedad uruguaya de lo que debe ser un trabajo.

Hemos pretendido con esto poner sobre la mesa un tema de alta relevancia para la sociedad uruguaya. No se agota acá, son apenas pinceladas; es resaltar una de las áreas profundas, estratégicas, de insatisfacción social. Es una insatisfacción que se expresa en comportamientos políticos. Estos cambios habidos en los encuadres laborales pueden verse como positivos o negativos, como consecuencias necesarias de la modernización del país o como efecto de políticas neoliberales indeseables.

En consecuencia, podrá buscarse cómo adaptarse a esta nueva realidad o cómo combatirla, lo que no puede es minimizarse el impacto de estos cambios y el papel que ellos juegan en las actitudes políticas de la gente.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Mayo 1° - 1997