El laberinto de un cuarto espacio

Oscar A. Bottinelli 

 

En 1971 la arquitectura del sistema de partidos sufrió un cambio sustantivo: se pasó desde el histórico bipartidismo -conformado por dos grandes familias políticas- hacia el despuntar de un tripartidismo y el surgimiento de una tercera familia política. A lo blanco (o lo nacionalista) y a lo colorado se sumó lo tricolor (o lo frenteamplista). Simultáneamente surgió la búsqueda de constitución de un cuarto espacio, que en las siete elecciones habidas supuso diferentes arquitecturas y posturas ideológicas no del todo coincidentes pero tampoco sustancialmente opuestas. Para el lenguaje político uruguayo, estar fuera de las tres grandes colectividades se asumió como “estar a la intemperie”.

El cuarto espacio intentó girar más o menos en el centro político, ora más a la derecha como en 1971-1984, ora más a la izquierda como en los cuatro últimos comicios. En siete elecciones hubo cuatro experiencias, tres de las cuales no pervivieron como cuarto espacio y una cuarta que se encuentra en la encrucijada. La primera experiencia fue la Unión Radical Cristiana en 1971, conformada con dos escisiones sucesivas del Partido Demócrata Cristiano (PDC) habidas ese año y en las anteriores elecciones de 1966. No obtuvo representación parlamentaria. En la segunda comparecencia (1984) consigue para sí el viejo nombre de Unión Cívica y al calor de la figura de Juan Vicente Chiarino y de defecciones en el electorado nacionalista, logra dos escaños en la rama baja. Hacia 1989 se integra a la coalición Nuevo Espacio, sin éxito en bancas. Después se divide: una parte se fusiona al novel Partido del Nuevo Espacio y otra parte retoma sin éxito el camino propio, hasta los pasados comicios en que sale de la intemperie y se incorpora al Partido Nacional, donde alcanza de forma oblicua una representación senatorial suplente.

La segunda experiencia (1989), que se creyó la más significativa y la llamada a romper el tripartidismo, fue la coalición del Nuevo Espacio, conformada por el Partido por el Gobierno del Pueblo (PGP), el PDC y la Unión Cívica tras el liderazgo de la figura ascendente de Hugo Batalla; obtuvo 2 senadores (todos del PGP) y 9 diputados (8 del PGP y 1 del PDC). Nunca más el cuarto espacio repitió tamaña representación parlamentaria. El PGP venía de ser la fuerza sustancial del Frente Amplio (cuando en 1984 había logrado 3 senadores y 12 diputados). Pero hacia 1994 decidió aliarse primero e incorporarse luego al Partido Colorado, lo que determinó varias fracturas, una de las cuales bajo el liderazgo de Rafael Michelini y con el nombre de Partido del Nuevo Espacio ocupó ese cuarto espacio. Esta tercera experiencia en dos elecciones consecutivas alcanzó representación senatorial y varias bancas en la rama baja (5 en 1994, 4 en 1999). Así como diez años antes Batalla consideró agotado el camino a la intemperie, lo mismo diagnosticó Michelini y se alió primero e incorporó después al Frente Amplio. Y así como Michelini encabezó una escisión del batallismo para preservar el cuarto espacio, Pablo Mieres e Iván Posada encabezaron otra escisión, ahora del michelinismo, para preservar ese cuarto espacio. Así nació el Partido Independiente, la cuarta experiencia, que en dos presentaciones no logró acceder al Senado y obtuvo primero una banca en Diputados (2004) y después dos (2009).

La primera experiencia fue puramente socialcristiana. La segunda fue de manera dominante socialdemócrata y en forma minoritaria socialcristiana. Las dos últimas experiencias han sido una mezcla de socialdemocracia y socialcristianismo. En la tercera, el Partido del Nuevo Espacio, el candidato presidencial fue un socialdemócrata (Michelini) y el vicepresidencial un socialcristiano (Héctor Pérez Piera primero, Pablo Mieres después). En la cuarta, en el Partido Independiente, las dos veces la candidatura presidencial ha sido socialcristiana (Mieres) y la vicepresidencial socialdemócrata (Posada).

Si se traza una curva sobre la representación parlamentaria o los porcentajes electorales del cuarto espacio, se observa que nace por debajo del 1%, sube a más del 2%, salta a casi el 9%, cae al 5%, luego a poco más del 4%, baja a menos del 2% y sube a poco más del 2%. En números redondos: 1-2-9-5-4-2-2. En términos de síntesis aritmética, este espacio registra una mediana de 2 y una moda de 2. Ese 2% parece ser el destino matemático.

A los problemas matemáticos, el cuarto espacio agrega problemas de geometría política. El tripartidismo a devenido en un bibloquismo conformado por un bloque monopartidista (el Frente Amplio) y otro bipartidista (el bloque tradicional, con los partidos Nacional y Colorado). Es un bibloquismo inelástico en la captación de adhesiones y rígido en cuanto a sus fronteras. Hay poco trasvasamiento, escasa volatilidad electoral medida a nivel de bloques. Todo ello son factores que asfixian todo lo que no esté de un lado ni del otro; asfixia a una izquierda a la izquierda del Frente Amplio, asfixia toda posibilidad de derecha fuera de los partidos tradicionales, y con mayor fuerza deja sin oxígeno a lo que pretenda estar en el medio. A los dilemas normales de cualquier fuerza política, el cuarto espacio agrega un dilema adicional de características existenciales: ¿es posible un cuarto espacio? ¿es posible sobrevivir al aplastamiento del tripartidismo y más aún al del bibloquismo? Las tres experiencias anteriores contestaron por la negativa: la Unión Cívica tentó ampliar el cuarto espacio y fracasó en el intento. Batalla dijo que no y caminó hacia el Partido Colorado. Michelini dijo también que no y se fue para el otro lado, para el Frente Amplio.

Ahora le ha llegado la hora al Partido Independiente. En dos intentos no logró un asiento en el Senado ni despegar en términos electorales. ¿Tiene o no futuro un cuarto espacio? Este es el dilema y el debate para el PI.

 

Publicado en diario El Observador
febrero 6  - 2011