La izquierda y sus contradicciones
Oscar A. Bottinelli

El Frente Amplio como gobierno y como fuerza política tiene que dirimir varias diferencias y contradicciones para poder afrontar un séptimo año en la conducción del país. Diferencias en tanto hay corrientes que piensan de una manera o apuntan a determinados objetivos, y otras corrientes piensan de manera diversa y apuntan a objetivos diferentes. Pero también contradicciones que se dan al interior de las corrientes y más aún al interior de los propios individuos. Obviamente lo importante son las contradicciones y divergencias en términos históricos o de modelo. Son irrelevantes y anecdóticas las contradicciones que habitualmente se le endilgan con una pizca de juego menor y otra pizca de ingenuidad, como que antes dijo uno cosa y ahora hace lo contrario. Lo importante es lo que hace al juego profundo de ideas y valores.

A título de inventario, ya que cada punto merece un desarrollo específico, cabe señalar –en forma no exhaustivo, donde quedan temas significativos por el camino- cinco aspectos. En primer lugar, cuál es el objetivo histórico que persigue y por dónde pretende caminar para arribar a esa meta histórica. Si se busca crear un modelo de socialismo no capitalista o se pretenden cambios y ajustes al interior del sistema capitalista. En el primer caso, definir un socialismo no capitalista es definir lo que no se quiere, pero no indica nada de lo que se quiere, porque son sustancialmente distintos los modelos en un Estado industrial, comercial y proveedor de servicios que los modelos que tienden a formas autogestionarias. En el segundo caso, surgen varias preguntas que comprenden los otros cuatro del análisis. Pero además es relevante saber si se considera que el Frente Amplio se mueve dentro del capitalismo hasta tanto estén dadas las condiciones de salir de él o si efectivamente el mantenerse en el sistema capitalista es el objetivo definido. Sobre esto el mayor problema es psicológico: a muchos dirigentes y militantes les cae mal aceptar el capitalismo, y esa aceptación muchas veces se hace mediante la apelación a una utopía de sustitución. Por las dudas cabe mencionar que ni la declaración constitutiva del Frente Amplio ni su programa pregonan el camino del socialismo ni la superación o abandono del capitalismo. Sin perjuicio de ello, la discusión está a la orden del día.

Un segundo tema, fuertemente interrelacionado, pero a su vez autónomo, es a quién representa y a quién pretende representar el Frente Amplio en términos de clase., y además con qué clases pretende impulsar alianzas. La definición inicial del FA de 1971 así como el gran viraje del Partido Comunista de Uruguay en su XVI Congreso de 1955, apuntan al concepto de alianza de clases basada en los trabajadores asalariados en alianza con los pequeños y medianos comerciantes, industriales y productores rurales, vale decir, entre el proletariado, la pequeña burguesía y el estrato inferior de la burguesía media nacional. La política seguida por el gobierno anterior, por el primer gobierno frenteamplista, objetivamente rompió con esa alianza y apuntó a unir a una parte significativo de los sectores asalariados (pero no a los asalariados de mayor nivel) con los sectores marginales por un lado y a ambos con el estrato superior de la burguesía media y con los grandes inversores. El actual gobierno es claro en la unión de los dos primeros términos, deja dudas en cuanto a los dos segundos. Lo claro es que las capas medias aparecen como fuera del modelo, más allá de lo discursivo, tomando solo lo fáctico. Pero además el Frente Amplio debió siempre abordar la discusión entre una concepción monoclasista obrerista dominante en su militancia y  la concepción pluriclasista de sus definiciones fundamentales. Ligado indisolublemente con lo anterior está un tercer tema: si aspira o no a un cambio de correlación de fuerzas entre los sectores sociales.

 Un cuarto tema refiere a cuál papel asigna al Estado y cuál al mercado, ya que se mueve de una punta a otra entre las más alta regulación –en un aceleración de la línea regulatoria- y por otro lado proclamaciones extremas de libre mercado, como en forma unánime votó el Frente Amplio en la llamada ley de defensa de la competencia. Allí el Frente Amplio proclamó “la promoción y defensa de la competencia” como la herramienta para lograr “el bienestar de los actuales y futuros consumidores”. La proclamación del ideal de la libre competencia y la creciente acción normativa regulatoria implican contradicciones sustanciales no definidas ni en el, campo político ni en el teórico.

Y finalmente la contradicción entre calidad y cantidad, que es la contradicción entre apostar a la desigualdad mediante la superación de los individuos o apostar a la igualdad con independencia de diferencias en la formación, la conducta y los méritos. Porque si bien ambos objetivos son compatibles en la teoría, no lo son en la acción de gobierno, en el desarrollo de políticas. Apostar a la calidad supone llevar adelante políticas que desigualen a favor de quienes tienen más formación, realicen mayor esfuerzo, aporten más a la sociedad o a la humanidad; y eso va fuertemente en contra de la igualdad. Apostar a la igualdad es nivelar lo más posible, es ir al estrechamiento de las pirámides salariales, al otorgamiento de iguales beneficios al que se capacita y al que no lo hace, al que rinde y al que no rinde. Ambas metas opuestas aparecen en los discursos del Frente Amplio, del gobierno, de los sectores frenteamplistas, de algunos actores sociales. El tema es que en la praxis se va para un lado o se va para el otro. Falta claridad en las políticas de gobierno pero falta aún más un debate teórico en la izquierda en que procese conclusiones. En que se diga hacia dónde se pretende ir en este tema.

La izquierda pues está necesitando de un debate profundo y sereno.

 
Publicado en diario El Observador
diciembre 26 - 2010