La soledad de las capas medias
Oscar A. Bottinelli

La clase media fue la gran beneficiaria del modelo seguido por Uruguay desde el último tercio del siglo XIX hasta las postrimerías del siglo XX. Al despuntar el nuevo siglo fue afectada primero por la gran crisis con epicentro en 2002 y luego sintió ser la única faja socioeconómica perjudicada por el primer gobierno frenteamplista.

Hasta ahora el Frente Amplio tuvo una conducta prevalente de negar la existencia de la disconformidad de la clase media y hasta enojarse con la mera existencia del planteo. La mar de las veces los dirigentes de izquierda se refugiaron en una discusión teórica: cuán difícil es definir qué es la clase media.

Es cierto en que hay gran dificultad de definir exactamente cuál es la clase media, cuáles son los límites y quiénes la integran. Hay un concepto genérico que comprende todos los white collar (los asalariados de trabajo no manual, ya fueren administrativos, vendedores, técnicos, profesionales) y los blue collar especializados (trabajadores manuales con oficio, especialización o calidad de técnicos), los comerciantes e industriales (o talleristas) pequeños y medianos, los profesionales liberales, los vendedores y los trabajadores manuales especializados por cuenta propia. Más o menos por allí va la definición amplia de la clase media, que supone no solo una amplia franja de ingresos sino determinados valores que hacen al estilo de vida. En términos marxistas: la pequeña burguesía, el estrato inferior de la burguesía media y el estrato alto del proletariado.

Una definición más restrictiva, que apunta más bien a conceptualizar la clase media acomodada y media alta, pone más el acento en aspectos socio culturales y socio económicos. Por un lado, el conjunto de gente sin relación de dependencia en el ejercicio del comercio, la industria o las profesiones liberales; por otro, en relación de dependencia, la que supone un importante desarrollo cultural o de estudios, o al menos un confortable nivel de ingresos (como ejecutivos, bancarios). La clase en sus dos definiciones fue afectada por las políticas del gobierno anterior, pero particularmente el segmento que cabe definir como clase media acomodada. Como muchos se empeñaron en continuar la discusión teórica, hay una tercera definición en sentido restringido –que no es la funcionalista socioeconómica ni la marxista- muy nítida: la gente que en Montevideo vive en el rectángulo conformado por Bulevar Artigas, Avenida Italia, el arroyo Carrasco y el Río de la Plata; más la gente de similares características que vive en otros barrios de Montevideo (por ejemplo en zonas de Sayago y el Prado) o en el interior

Cabe precisar que no importa demasiado cuánto fue afectada en la realidad, sino tomar en cuenta la autopercepción: esos segmentos se sintieron afectados. Y aquí entra lo que termina con la discusión: esa gente, basta ver los resultados electorales de la zona geográfica mencionada, reaccionó con una considerable pérdida de votos y bancas parlamentarias al Frente Amplio, que además perdió la mayoría en el Concejo Municipal CH (Pocitos-Punta Carretas).

Esta es la realidad, este es un gran talón de Aquiles de la izquierda, que de no resolverlo, le puede significar riesgos ciertos para retener el gobierno. Más en profundidad se observa que el Frente Amplio carece de definiciones precisas, desde el punto de vista de clases sociales, en cuanto a quiénes pretende representar, en qué alianzas sociales pretende apoyarse y a quiénes elige como enemigos. La gran ventaja que tiene el Frente Amplio es por un lado la falencia del Partido Independiente en captar a ese segmento, del cual es un exponente por antonomasia (pero los límites del PI son más complejos y es un tema en sí mismo). Pero por otro lado la gran ventaja es que ninguno de los partidos tradicionales ni de sus grandes corrientes ni de sus líderes, cuenta con un mensaje hacia esa clase media ni logra particular empatía con ella, como lo lograran de manera intensa, extensa y prolongada los batllismos (el primero y el segundo) y también el nacionalismo independiente (incluido en cierto modo, más recientemente, el wilsonismo).

El problema tiene otra cara y de ahí lo acertado de definirlas más como capas medias que como clase media, porque los sustancial es que esas franjas carecen en profundidad de sentido de clase. Tienen más un sentido de identidad cultural y de valores, pero no el sentido propiamente de clase y su consecuencia natural, la defensa de los intereses de clase. Por eso no se ven políticas de instituciones que pudieren representar a esas capas medias en defensa de sus intereses.

Las capas medias no han sido capaces de actuar como tales, no han sabido ejercer la representación de sus intereses, no han sabido encontrar grupos y líderes políticos que la defendiesen; y han quedado en solitario. Pero ahora viene el faux pas, el mensaje que surge en estas semanas de fragmentos de esas mismas capas que la llevan a su máximo aislamiento y al rechazo del resto de la sociedad: los bancarios (oficiales), los escribanos, los profesionales empleados en la administración central (renuentes a trabajar siquiera tres cuartos de jornada), los médicos en general en defensa de sus privilegiadas cajas de auxilio y por encima de todo los anestesiólogos, estos últimos incapaces de comprender el formidable rechazo que han logrado en la población (igual o superior al obtenido por los funcionarios municipales de Montevideo y Canelones).

Si hasta ahora la disconformidad de las capas medias tuvo sustento lógico –dentro de lo opinable, como todo tema- la acción de estas corporaciones de capas medias genera un feroz distanciamiento del resto de la sociedad y presenta a estos sectores como egoístas y anti solidarios. Tengan razón o no, que es otro tema, no solo se han aislado estas corporaciones, sino que impactan negativamente en el grueso de la sociedad contra la imagen de las capas medias.

 
Publicado en diario El Observador
diciembre 19 - 2010