No te preocupes, chiquilín

Oscar A. Bottinelli 

 

A veces conviene comenzar por una anécdota personal. En la primera mitad de los años sesenta, cuando este analista era muy joven, él y sus amigos –ya muy aficionados a la política y lo electoral– del contacto con la gente común percibían un alto descreimiento en los políticos y en la política. Como además de andar en ómnibus, concurrir al liceo e ir al café, por razones familiares estaban inmersos en el medio político, trasmitían esas vivencias a sus padres y a los amigos de sus padres, y especialmente expresaban la preocupación de ver, con sus ojos frescos, que el sistema político se encontraba al borde del tobogán, y con él la democracia, los valores democráticos y la creencia en la democracia. La respuesta de esos dirigentes, parlamentarios, gobernantes, tanto blancos como colorados, herreristas e independientes, de la 14 y de la 15, fue siempre la misma: “No te preocupes, chiquilín, la gente vota igual”.

La gente siguió votando, como siempre. Pero a la vuelta de la esquina, cuando apenas transcurría un lustro, aparecía la amenaza del golpe de Estado y de la guerrilla, la creencia en vastos sectores populares de la solución militar o de la lucha armada, del golpe de Estado o de la revolución, de todo menos en la democracia. Quizás esas propuestas no fuesen mayoritarias, pero tampoco insignificantes. Muy tarde, cuando el país ya se deslizaba por el tobogán, aparecieron opciones –más de una- que convocaban a  nuevos proyectos en democracia, dentro del sistema; probablemente llegaron tarde, al menos tarde para evitar la caída final.

Hoy se está muy lejos del final y de los caminos de los años sesenta y setenta, pero no se está muy lejos del principio en cuanto a desafecto por los elencos políticos, por el sistema político y por la política. Parece hora entonces, cuando ya no se es un chiquilín, de preocuparse. Porque además ahora ya la gente igual no vota, al menos da señales tangibles de desafecto. Un cuarto de millón de personas[1] en las elecciones departamentales del pasado 9 de mayo se quedó en su casa, votó en blanco o votó nulo. Ese cuarto de millón de personas dejó de votar a los partidos políticos. Eso, con voto obligatorio.

Por otro lado en los últimos diez años ha habido tres elecciones de voto voluntario: las elecciones preliminares (mal llamadas “elecciones internas”) de los ciclos electorales 1999-2000, 2004-2005 y 2009-2010. ¿Cómo fue la participación, es decir, el porcentaje de votos a los partidos (votos válidos)? (Ver cuadro 1)

Es necesario tener presente que el total de votantes en elecciones nacionales es prácticamente coincidente con el electorado residente en el país. En las últimas tres elecciones el número de justificaciones para no ir a votar oscila entre 25 y 30 mil personas, que debe considerarse el total de quienes residen en el país y no votaron por problemas de salud, por problemas de movilidad o por encontrarse circunstancialmente en el exterior. Si se estima que los votantes venidos del exterior son probablemente algo menos (quizás entre 15 y 20 mil), se llega a la conclusión que grosso modo el total de votantes en las elecciones nacionales coincide con el total del electorado residente en el país.

Para medir la participación en términos porcentuales, o a la inversa para medir la no convocatoria (la abstención y el voto refractario), es conveniente tomar este universo, el del electorado residente en el país, al que a estos efectos operacionales se denomina “electorado real”. Por las dudas, se presenta la participación en términos porcentuales referido a tres bases: el total de habilitados para votar en la respectiva elección preliminar, el total de habilitados para votar en las siguientes elecciones nacionales y el total del electorado real (quizás el más relevante a efectos de determinar la participación efectiva). (Ver cuadro 2)

De donde, la actitud refractaria (medida como no concurrencia, voto en blanco, voto nulo) fue, en términos redondeados:

1999 – 42%

2004 – 52%

2009 – 54%

Para analizar cualitativamente estas cifras, es necesario detenerse en la arquitectura de la competencia política en los tres principales lemas, que diseña la intensidad del interés ciudadano (ver cuadro 3)

Otro dato a tener en cuenta es la arquitectura de la competencia interpartidaria sugerida hacia las elecciones nacionales por las principales encuestas en el momento de realización de las elecciones preliminares, en cuanto a los lemas con probabilidades efectivas de disputar la Presidencia de la República:

1999 – Triangular (los tres lemas)

2004 – Binaria (Frente Amplio-Partido Nacional)

2009 – Binaria (Frente Amplio-Partido Nacional)

Como puede observarse, en 1999 la arquitectura fue competitiva en los dos tercios de los casos; en 2004, en uno solo de los dos casos principales; en 2009 en el 100% de los casos principales. Dicho de otra manera: la elección de mayor interés fue la de 2009, en que la abstención fue del 54%; la de interés intermedio fue la de 1999, con una abstención del 42%; la de menor interés cuantitativo fue la de 2004, con una abstención del 52%. Surge con absoluta claridad que la actitud refractaria es creciente, fuertemente creciente, con independencia de la competitividad. Quizás el que el desinterés o lo refractario haya crecido solo 2 puntos porcentuales entre 2004 y 2009, y no haya crecido más, se explique porque en 2004 fue la competencia de menor interés (solo fue importante para el Partido Nacional) y la de 2009 la de mayor interés (de alto interés para los dos partidos con probabilidades de obtener la Presidencia de la República).

Entonces, la ciudadanía se distancia cada vez más del compromiso con el voto, inclusive a pesar de que se pudiere incrementar el interés por efecto de una competencia más intensa. Es un hecho nada menor que los partidos convoquen tan solo al 46% del electorado residente en el país. Si a este fenómeno se suma el de las recientes elecciones departamentales, en que más de un cuarto millón de personas dejó de votar a los partidos –a pesar de estar compelidos por el voto obligatorio- parece hora de atender debidamente el fenómeno y trabajar para dar una respuesta colectiva del sistema político. Porque lo que está en juego es la credibilidad en la política, los político y los partidos, en definitiva, en el sistema político en cuanto tal. Y la credibilidad en el sistema político es un elemento sustancial para la existencia de una poliarquía plena, es decir, de una democracia política completa y fuerte.

 

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CUADRO 1: DATOS DE ELECCIONES PRELIMINARES 1999-2009

 

25/04/1999

27/06/2004

28/06/2009[2]

Habilitados elecciones preliminares

2399707

2471390

2584220

Habilitados elecciones nacionales

2402160

2487816

2563250

Total de votantes elecciones nacionales

2204884

2229611

2304487

Votos a los lemas (partidos)

1272157

1063655

1069980

 

CUADRO 2: PARTICIPACION EN PRELIMINARES 1999-2009

BASE

25/04/1999

27/06/2004

28/06/2009

Habilitados elecciones preliminares

53,0%

43,0%

41,4%

Habilitados elecciones nacionales

53,0%

42,8%

41,7%

Electorado real

57,7%

47,7%

46,4%

 

CUADRO 3: INTENSIDAD DE LA COMPETENCIA ELECTORAL

 

25/04/1999

27/06/2004

28/06/2009

Frente Amplio[3]

Candidato hegemónico (2)

Candidato único

Binaria (3)

Partido Nacional

Múltiple (5)

Binaria (3)

Binaria (2)

Partido Colorado

Binaria (5)

Candidato hegemónico (2)

Candidato hegemónico (6)

* Entre paréntesis el total de candidatos

Candidato hegemónico: con una distancia de 50 puntos porcentuales o más sobre su inmediato seguidor

Binaria: que la competencia real es de dos candidatos, los cuales en conjunto superan el 90% de los votos del respectivo lema


[1] Ver nota “Los gritos del silencio”, El Observador, mayo 30 pasado

[2] Entre junio y diciembre de 2009 el total de habilitados para votar disminuye, porque en ese periodo se realizó la depuración del padrón

[3] En 1999 concurrió con el lema Encuentro Progresista-Frente Amplio y en 2004 con el lema Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría

 

 
Publicado en diario El Observador
Mayo 30  - 2010