Acerca de la economía y los consensos

Oscar A. Bottinelli 

 

El llamado a sala a Comisión General del Senado al ministro de Economía y Finanzas por parte del líder de la oposición terminó en un insólito consenso global del sistema político. Sin duda con ello se fortalece la imagen hacia el exterior como un país muy unido y predecible, con un gobierno sólido, no controvertido y asentado en un apoyo de gobernantes y opositores. Es decir, se reitera el carácter diferenciado del país en relación al resto del continente sudamericano. Se acentúa además una empalagosa luna de miel, similar a la vivida cuando el primer gobierno de Sanguinetti, en ocasión de la restauración institucional. Da aire al gobierno, al país y permite a la oposición influir y mucho en las decisiones nacionales, hasta el momento en que comiencen a bifurcarse los caminos y cada cual asuma su rol natural. Porque como señalaba el sociólogo francés Alain Touraine en polémica con este analista, hace casi un cuarto de siglo (cuando la fase de consolidación democrática): Uruguay no es una democracia plena, porque carece de oposición, que es esencial al juego democrático. Entonces, así como el consenso es una señal de madurez, la necesidad de roles diferenciados gobierno-oposición es sustancial a la democracia. También es esperable que las primeras molestias fuertes y los primeros disensos con el equipo económico surjan desde la casa propia y no desde enfrente, porque esta ortodoxia fiscal no es grata a quienes quieren impulsar mayores salarios públicos y mayor gasto estatal, señales que se verán dentro de poco, cuando hacia el fin del invierno empiecen los tiras y aflojes sobre el presupuesto quinquenal.

Ahora bien, el llamado a Sala planteó otro tema significativo de reflexión, resumido por El Observador[1] en dos frases. Una la expresión de los opositores al ministro con un “Bienvenido al Club”. La otra, el comentario de un parlamentario oficialista al término de la sesión: “En definitiva: el Frente se nos quedó con las ideas, con el discurso y con los votos. Y andá que te cure Lola”. De esos dos elementos surge la visión desde los partidos tradicionales de tres cosas: Una, que resulta implícita, que en los aspectos sustantivos, en la cosmovisión de país, el Partido Nacional y el Partido Colorado pertenecen a un mismo conjunto. Dos, que la cosmovisión que el Frente Amplio trasmite a través de su política económica coincide con la visión de ambos partidos tradicionales, en cuanto a ortodoxia económica. Tres, que el Frente Amplio en consecuencia tomó la ideas de sus adversarios y su discurso, pero además obtuvo el apoyo de la población que no lograron los partidos tradicionales con las mismas ideas y el mismo discurso.

Cada una de estas conclusiones amerita un análisis en sí mismo. Para empezar, en relación al primer punto, se observa una conducta dual en ambos partidos tradicionales y especialmente en algunos de sus sectores: entre considerar que son parte de un mismo conjunto, es decir, ser un bloque dentro de un sistema bibloquista, o ser cada uno una pieza independiente en un sistema esencialmente triangular (esta contradicción aparece más fuerte en Alianza Nacional y Vamos Uruguay, que son quienes más señales dan en contra de la dilución de la frontera blanco-colorada). El segundo punto amerita otro análisis, sobre cuánto hay de similitud y cuanto de diferencia entre la cosmovisión frenteamplista y la cosmovisión tradicional (y si la frenteamplista es una sola cosmovisión o son varias, inclusive algunas de ellas contradictorias entre sí). El tercer punto a su vez conlleva a dos elementos diferentes de análisis: uno, cuánto tomó el FA de las ideas y el discurso de los partidos tradicionales y, dos, si hay una relación lineal entre la toma (o copia) de ese discurso y la captación de votos.

Conviene para comenzar a reflexionar comenzar por el punto cronológico de partida. Hace cuatro decenios, entre 1967 y 1971, se inició el largo proceso de crecimiento de crecimiento ininterrumpido de la  izquierda y caída sistemática de los partidos tradicionales como conjunto, que culmina en el periodo 2005-2009. Al comenzar este proceso ¿qué ideas, qué visión del país y de la sociedad expresaban los partidos tradicionales a través de su política? ¿Son las mismas que sostienen ahora?

Previamente hay que definir cuáles son los puntos modulares de esta visión económica, las condiciones básicas de pertenencia “al Club”. Da la impresión que van referidas a lo que se llama ahora “prudencia fiscal”: equilibrio fiscal, bajo ratio endeudamiento-producto, baja inflación; asociado a políticas de apertura de la economía y estímulo a las inversiones. Punto más, punto menos, por allí anda “el bienvenido al Club” y “el robo del discurso”. Bien, en el periodo de arranque de la inflexión electoral, no puede sostenerse que el discurso dominante, en tanto praxis de gobierno, haya sido este: las políticas de contención de la inflación fueron acotadas en el tiempo (primer colegiado blanco, administración Pacheco Areco) y seguidas de fuertes empujes inflacionarios (segundo colegiado blanco, fase constitucional de Bordaberry); la estabilidad cambiaria fue seguida de fuertes devaluaciones (los ejemplos son los mismos); no hubo propuestas concretas de achicamiento del papel del Estado; hubo algunas desregulaciones significativas en el primer gobierno blanco (fin del contralor de exportaciones e importaciones) pero mantenimiento de un esquema globalmente regulador y estatista, y en la administración Pacheco Areco se alcanzó el mayor contralor estatal de la economía en la historia del país.

Lo que se observa es que el país mayoritariamente ha confluido -en medio de una línea del mundo occidental en el mismo sentido aunque  con distinto énfasis y diferente velocidad- hacia un consenso dominante (aunque no pleno) en cuanto a los principios señalados anteriormente. Pero en términos sustantivos, es difícil encontrar en los partidos tradicionales en forma sostenida y dominante un discurso como el que ahora formulan con anterioridad a las elecciones de 1989. Y en cuanto a praxis de gobierno, la búsqueda del equilibrio fiscal, de control de la inflación, de reducción de la deuda y de estímulo a las inversiones pueden rastrearse como objetivos dominantes recién a partir de la administración Lacalle y de la segunda administración Sanguinetti. Entonces, este discurso de los partidos tradicionales que habría copiado el Frente Amplio refiere al asumido no más allá de dos decenios atrás, cuando la curva de transferencia de votos de lo tradicional a la izquierda iba por la mitad del camino. También, y es un hecho nada menor, que la sociedad observa que en 2002 todo estalla, y desaparece la estabilidad económica, lo cual una parte nada menor de esa sociedad atribuyó a los partidos tradicionales, con razón o sin ella (como dicen las telenovelas: continuará)


 

[1] Jueves 8 de abril de 2010

 

Publicado en diario El Observador
abril 11  - 2010