En la hora de ajustar los mecanismos

Oscar A. Bottinelli 

 

El gobierno electo debuta a ocho décadas de su asunción con la primera crisis de gabinete. Temprana forma de exhibir dificultades de gobernabilidad. El que los cortocircuitos estallasen en el primero de todos los movimientos, debe ser sin duda una señal de alarma para todos los protagonistas, porque evidencia fuertes carencias a la hora de decidir y de negociar. Es más complejo aún cuando se suman a carencias de comprensión de la institucionalidad[1]  (aunque quizás pudiese ser, lo que sería un cambio significativo en Mujica y su gente, una acentuación de la hiperpersonalización del poder).

Los resultados de este primer movimiento arrojan:

  1. El Nuevo Espacio excluido por tercera vez consecutiva[2] de integrar en forma titular el Consejo de Ministros, lo cual a esta altura ya no parece una casualidad sino un propósito deliberado

  2. Designar a una persona a título de ser la de mayor confianza del vicepresidente de la República y conductor de la economía, y endilgarle de paso una representación de la que carece (la del Nuevo Espacio), con el resultado de excluir a ese grupo político del gabinete.

  3. Una persona de la mayor confianza del presidente electo, como que fue su viceministro y sucesor como ministro, que desconoce que se le haya ofrecido la cartera de Educación, cuyo anuncio fue hecho urbi et orbi, y se declara no apto para ella.

  4. Reglas matemáticas de distribución de cargos (uno de los diferentes procedimientos válidos) que al momento de aplicarse se corrigen en perjuicio de la segunda corriente política (es decir del Frente Liber Seregni, conformado por Asamblea Uruguay, Nuevo Espacio y Alianza Progresista). El presidente incorpora una figura independiente al gabinete y resta ese cargo no de su propia cuota sino de la de su socio.

  5. Un vicepresidente que negocia con el presidente una integración del gabinete en que su frente tríptico pierde un cargo, propone nombres aparentemente sin consulta a sus representados, y el cargo que entrega lo hace perder no a su sector sino a un aliado.

  6. Varios sectores que sintieron que el presidente de la República, en el momento de escoger y descartar nombres, jugó en su interna con mayor o menor intensidad. La no aceptación del propuesto ministro de Industria y la contrapropuesta socialista de otro candidato, es el ejemplo más fuerte de ello, pero no el único.

  7. La primera senador del partido de gobierno, la primera figura parlamentaria de la corriente del propio presidente de la República, sin duda llamada a un papel de articulación política dentro y fuera del oficialismo, que sale al ruedo en sentido contrario a la búsqueda de entendimiento.

Estos hechos marcan fuertes errores de procedimiento y serias dificultades para negociar y resolver con aceptación. Se pueden trazar reglas matemáticas e introducirle desviaciones, aplicar otras reglas o dejar todo al arbitrio del número uno. Se pueden excluir sectores e incidir en la interna de algún sector, como lo hizo Tabaré Vázquez. Se puede tener un cortocircuito con alguien. Pero si está bien o está mal lo hecho lo marca el resultado. Nadie le discutió a Tabaré en público lo que hizo, nadie lo desafió, todo el mundo - aún con dientes apretados y protesta en voz baja, a veces dura - aceptó o se resignó a la decisión. Pero para ello hay que tener poder real. La única excepción fue el tema del aborto, y coincidió con un mento debilitamiento del liderazgo presidencial. Cuando alguien decide y se levanta una polvareda, cuando se es obligado a explicar, aclarar y negociar a posteriori, se evidencia que hay menos poder del que se creía tener, y a veces menos poder del necesario. Nunca hay que olvidar que la torpeza es una limitación de la inteligencia y una limitación de la sagacidad. La real inteligencia es cuando se aplica con sensatez, la real sagacidad es cuando produce resultados.

Surge una vez más el problema no resuelto por el Frente Amplio de dónde están los centros de decisión y cuáles son los procedimientos. El Frente Amplio partió del culto de la resolución colectiva y la participación, y mantiene ese discurso. Con Tabaré no hubo resolución colectiva ni participación, sino decisión personal en todos los momentos y oportunidades que el presidente consideró necesario hacerlo. Y funcionó. Qué es lo que viene: va a ser un gobierno de decisiones unipersonales, va a ser una diarquía, va a ser el complejo juego de un primero interactuando con un segundo, existirán o no instancias de decisión colectiva, tendrá algún papel la estructura del Frente Amplio (que nada tuvo que ver en la designación del gabinete y se enteró por la prensa como cualquier mortal), cuál será el papel político de un Consejo de Ministros que no integra ningún líder sectorial (salvo el presidente de la República y la presencia, no muy ortodoxa constitucionalmente, del vicepresidente). Este es un conjunto de interrogantes básicas que emergen a poco de rodar la transición, cuando faltan casi tres meses para la instalación del nuevo gobierno.

Pero además el Frente Amplio se propuso impulsar transformaciones al Estado en este segundo gobierno, cambios en la administración, en la educación y en empresas públicas. El presidente electo enfatizó mucho esto. Es de recibo que cualquier proceso de transformación afecta intereses individuales y colectivos, y que como ley de la vida los interesados van a resistir todo lo que los afecte. Se requiere un gran poder personal y colectivo, un gran respaldo político, para acometer estos caminos. Mal se pueden emprender si las espaldas no están bien cubiertas, pero además si no se tienen claros los objetivos, las estrategias, las herramientas.

Porque algo que nunca debe olvidarse es que tener ideas o ensoñaciones no quiere decir tener objetivos o metas. Es decir, tener un fin concreto al que se dirigen las acciones o deseos, un punto que se pretende alcanzar como resultado de operaciones o procedimientos. Los problemas iniciales hacen dudar de cuál es la profundidad de los problemas que aquejan al gobierno electo.

Lo positivo para el gobierno y para el país de que todo esto haya aflorado tan tempranamente, es que hay tiempo suficiente para diagnosticar los errores y las falencias, y emprender las correcciones necesarias para que el gobierno, en el momento de asumir, lo haga con todos los mecanismos aceitados, con los procedimientos definidos, con los objetivos claros y con el total respaldo político que obtuvo en las urnas. Sin duda, el oficialismo tiene mucho para ajustar


 

[1] Ver “La Presidencia, lo mayestático y lo republicano”, El Observador, domingo 6 de diciembre de 2009. www.factum.edu.uy

 [2] En el primer gabinete de Tabaré Vázquez, en la profunda renovación del verano de 2008 y ahora en la conformación del primer gabinete de José Mujica

 

Publicado en diario El Observador
diciembre 13  - 2009