Un sistema que golpea a los partidos
Oscar A. Bottinelli 

En medio siglo Uruguay pasó de la deliberada búsqueda de la despersonalización del poder – y consecuentemente, a la mayor estructuración partidaria de la competencia político - a la hiperpersonalización del poder y de la competencia. En realidad algunos elementos estructurales de la ingeniería electoral pero sustancialmente elementos culturales de fondo, ponen límites a esa hiperpersonalización: las competencias se dan en el marco de los partidos políticos.

Sin embargo, no se ha dejado pieza sin tocar que fuese hacia el desdibujamiento del alto matizamiento histórico tanto de la oferta política como de la selección por parte de los ciudadanos. Por un lado la candidatura única por partido, luego la elección de esas candidaturas en comicios únicos. Pero lo que determina un efecto devastador en los partidos es la fusión de las candidaturas a la convención nacional con las precandidaturas presidenciales. Dicho de otra manera, todas las corrientes y agrupaciones internas deben necesariamente alinearse detrás de un único precandidato presidencial, y si la agrupación como tal no logra alinearse detrás de uno solo, pues que esa agrupación se divida. Los partidos son cortados de arriba abajo por la competencia presidencial.

Lo más grave es que se llegó a este sistema por una sucesión de pasos que en conjunto demuestran: graves errores de diagnóstico sobre las fallas que presentaban tanto el sistema electoral como el sistema de partidos, desconocimiento de la historia o creencia de que los procesos históricos nada tienen que ver con la arquitectura política y la ingeniería electoral, visión simplificada de la forma de procesar la decisión por parte de los electores, desconocimiento de la ingeniería electoral que se iba a modificar, erróneo análisis de los efectos y en particular una visión harto simplificada del juego político, al que se le vio como producto de un conflicto de pocas personalidades omnipotentes. Hombres formados en partidos políticos y que desarrollaron su vida a través de los partidos, terminaron por ver la lucha política como una exclusiva confrontación personal.

El resultado es que un sistema que fue moldeado con la pretensión de fortalecer a los partidos tradicionales e impedir o limitar la llegada al poder de la izquierda, logró todo lo contrario: difirió la llegada del Frente Amplio al gobierno el tiempo suficiente para que cuando lo hubo alcanzado, lo hiciese sin cortapisas y en toda plenitud; coadyuvó a destrozar al Partido Colorado. Pocos casos hay en el mundo de una cuasi desaparición de un partido que haya tenido la titularidad del gobierno durante 135 años en los últimos 180, hasta el momento mismo de la caída. Obviamente que cayó por errores y asintonías profundas, pero en esa fenomenal caída algo ayudó, significó un empujón importante, la nueva ingeniería constitucional.

Pero lo que se ha observado es el duro impacto sobre los partidos que producen las mal llamadas elecciones internas, es decir, estas elecciones generales para elegir fórmula presidencial, medir los pesos relativos hacia la competencia parlamentaria y dirimir conflictos hacia la competencia departamental. Como no se había observado con tanta claridad en los sistemas anteriores, cada elección (la de 1999, la de 2004, ahora previsiblemente la de 2009) producen terremotos al interior de alguno, varios o todos los partidos. Cambia la estructuración de sus corrientes internas, se modifica el peso relativo de las mismas, se debilitan liderazgos y se fortalecen otros, en ambos casos de manera relevante. Los partidos salen golpeados de estas elecciones. Todos ellos.

El mayor golpe no lo producen las urnas – que sí producen golpes – sino la competencia previa. Este tipo de campaña electoral, con la confrontación interna como escenario principal, saca a relucir la peor faceta de los individuos y se acrecientan los juegos sucios. Quizás no todos participan en ello, pero sí muchos, ya fuere en el plano nacional, en el departamental o en el local. Los que pierdan la línea serán dirigentes o candidatos de más peso o serán dirigentes de menor peso Necesariamente provoca heridas de difícil cicatrización, porque es entre compañeros de partido que se hacen los juegos sucios, las confrontaciones fuertes o las salida de tono.

Para el futuro parece llegada la hora de que, una vez que se calmen las aguas de todas las elecciones, hacia mediados de 2010, cuando todavía hay muchos años por delante hacia el siguiente ciclo electoral, las elites políticas se sienten a pensar y a dialogar para buscar suavizar este sistema. Algo de ello puede requerir reforma constitucional, pero lo más relevante, lo que le quite estas aristas ríspidas, se puede hacer mediante cambios en la ley.

Para el presente, lo que sirve a los partidos es poner paños fríos lo antes posible, si es posible en la semana final que resta de campaña electoral. A veces cuesta que se entienda que el mundo no deja de girar el 28 de junio, que la vida sigue, y que como todo en la vida los éxitos y los fracasos son siempre relativos y no absolutos. Los éxitos dejan de serlo cuando no se les toma con moderación, y un éxito puede convertirse en fracaso si el que triunfa se ve invadido por la euforia y la soberbia; y los fracasos son tales si no se sabe perder, y se mitigan y hasta se neutralizan si se sabe cómo reaccionar a un resultado adverso. Y además de poner paños fríos, dar inmediatamente los pasos necesarios para recomponer la unidad partidaria, y extraer del resultado de las elecciones los mayores frutos, que en general se logran cuando todos reconocen el resultado apenas hay datos fiables (no necesariamente oficiales) y dar los pasos inmediatos para componer la fórmula presidencial. Hasta ahora el Partido Colorado en abril de 1999 fue el que cumplió íntegramente los pasos del buen estratega, cuando esa misma noche selló la fórmula presidencial entre el primero y el segundo en la contienda.

Más allá de resultados, los pasos que cada candidato de esa misma noche, lo que tarde o no en dar esos pasos, los gestos que realice, todo ello contribuirá a que el respectivo partido arranque esta segunda etapa bien posicionado o mal posicionado. Coadyuva a que se cierren las grietas abiertas en la campaña o que las mismas se mantengan abiertas y tarden en cicatrizar. De que suceda lo uno o lo otro, depende también que el respectivo partido se posicione bien o se posicione mal hacia la instancia del 25 de octubre.

 

 

 
Publicado en diario El Observador
junio 21 - 2009