Premisas para un liderazgo regional
Oscar A. Bottinelli 

  

Conviene remarcar dos premisas: el mundo va hacia los grandes bloques regionales y desde que el mundo es mundo, o al menos desde los últimos 400 años, todo bloque de naciones requiere un liderazgo, individual o colectivo. Debe aclararse específicamente cuando se habla de bloques regionales que se refiere a la existencia de grandes comunidades o confederaciones de países, verdadero estados supraestados, a imagen y semejanza del modelo trazado por la Unión Europea, que no empiezan ni terminan en el intercambio comercial, sino que son uniones políticas, económicas, sociales, culturales, comerciales, aduaneras, con órganos de gobierno representativos de los estados miembros y de los pueblos. Y conviene agregar que se busca analizarlo en términos de larga duración, más allá de la coyuntura y del corto plazo. Lo que se pretende analizar no es un tema de aranceles ni de compensaciones, sino de integración de países en bloques. Se pretende mirar en el largo plazo, y como periodo corto en un plazo de mediano a medio largo.

Esta concepción de bloques, comunidades o uniones difiere de los bloques, tratados o acuerdos comerciales y también de las cumbres, organizaciones o reuniones de consulta o coordinación. Bloques en el sentido de uniones o comunidades de países implica que la pertenencia a uno es excluyente de la pertenencia a todas las demás.

En cuanto a Uruguay y su región de pertenencia, todavía no está claro cuál es la región, si el Mercosur de los cuatro originarios (o ampliado a Chile, o a Venezuela), si el continente sudamericano en su nueva versión (con la inclusión de los caribeños Guyana y Surinam) o la América Latina y el Caribe en su conjunto.

Por otro lado, guste o no, y más allá de floridas declaraciones sobre la igualdad de los países, todo bloque requiere de liderazgos, tanto como esos liderazgos requieren de frenos y contrapesáoslos liderazgos no se inventan. Sin definir claramente quién o quienes son los candidatos a liderazgo (aunque alguno resulta muy obvio) puede sostenerse, a título de inventario preliminar, que un líder requiere de algunos atributos básicos:

Uno. Tener voluntad de liderazgo. Querer ser efectivamente líder

Dos. Ejercer ese liderazgo con una política de Estado, en el sentido de políticas de continuidad, de políticas sostenidas en el largo tiempo, más allá de las continencias de cambio de gobierno en el o los países líderes.

Tres. Que esa política de continuidad se asiente en un cierto consenso nacional, o consenso del sistema político, que la ponga a salvo de vaivenes políticos y electorales.

Cuatro. Que sea una política nacional, es decir, compartida por el grueso del sistema político, el poder económico, los actores corporativos, los poderes de representación social (en primer lugar, el sindical), el poder militar.

Cinco. Que sea una política nacional en el sentido de una política que adopta e implemente nacional sin que quepan interferencias regionales, estaduales, provinciales o locales, ni en el plano formal ni en el plano fáctico. Ello supone que el o los países líderes deben contar con un poder efectivo centralizado (no en lo jurídico, sino en lo fáctico). Si la acción lideral puede ser torpedeada por cualquier autoridad de segundo nivel, no hay liderazgo posible

Seis. Querer jugar como parte (y además cabeza) de un bloque y no como un jugador solitario. Mucho menos como un global player individual y solitario. Porque los países relativamente más poderosos, los que tienen capacidad para el liderazgo, sufren habitualmente la contradicción entre la búsqueda de liderazgo y el regusto por jugar en solitario

Siete. Tener objetivo claros para impulsar el liderazgo, porque liderazgo no es solo primer lugar o mando, sino también conducción, señalamiento de objetivos, convencimiento a los liderados de lo justo de esos objetivos

Octavo. Tener clara la diferencia entre liderazgo y dominio. Un liderazgo implica conducir voluntariamente a un conjunto de liderados, que pretender obtener del líder algo: respaldo o protección política, protección militar, ayuda económica, soporte financiero, cooperación cultural o social, facilidades comerciales en la relación bilateral o hacia terceros países del bloque o fuera del bloque, tecnología, en fin, las mil y una cosas que un país más débil puede necesitar y otro más poderoso puede proporcionar. Dominio en cambio es obtener el seguimiento del liderado mediante la imposición (política, económica, social, cultural, militar). Las reglas para el dominio son diferentes a la del liderazgo, y los dominios no pueden durar más (aunque duren largo tiempo) que la capacidad del dominante para sojuzgar al dominado.

Noveno. Ejercer una representación de los liderados. No en el sentido clásico de representación mediante elección de representante o delegación de cometidos, sino mediante el sutil juego de entender el pensamiento, los intereses y los propósitos de los liderados, buscar una síntesis entre esos diversos liderados, tentar otro síntesis entre lo que buscan los liderados y lo que conviene al líder, y expresar esa resultante.

Décimo. Estar dispuesto a pagar los costos de un liderazgo. Los liderazgo no son gratuitos, cuestan y mucho. Cuesta poco y hasta da ganancias el dominio, el imperio, la colonización, el sometimiento por la fuerza, ya fuere militar, económica o política. Pero el liderazgo cuesta. Silvio Berlusconi decía hace pocos años, en respuesta a quienes le objetaban los inconmensurables gastos que Italia se aprestaba a volcar en el Mediterráneo: Italia no puede pretender el liderazgo en el Mediterráneo si no está dispuesta a asumir los costos de ese liderazgo. Lo que el presidente del gobierno italiano expuso no fue una visión de izquierda, no significó un concepto de ayuda, dádiva o donación. Expuso con la crudeza que lo caracteriza, el concepto de inversión como diferencia con el gasto.

Undécimo. Saber que optar por un liderazgo es renunciar a otras cosas, porque no se pueden  querer varias cosas contradictorias entre sí y no establecer prioridades ni jerarquías.

En definitiva, para liderar una región se requiere voluntad de hacerlo, claridad de propósitos, poder central en el país para imponer las decisiones estratégicas internacionales por encima de los intereses de regiones o aldeas, modus operandi para conquistar y convencer a los liderazgos, asunción del costo de un liderazgo.

Claro que también para ser socio de un bloque se requiere voluntad de integrarlo (valga la redundancia) en las buenas y en las malas, asumir los costos internos hacia una integración en bloque, porque todo acuerdo comercial de la índole que fuere, todo tratado económico, político, miliar, social o cultural, tiene ganadores y perdedores dentro de cada país. No hay forma de proceder a una integración en bloque si no se asume que cada país tiene costos internos que pagar y ganancias de largo plazo. Pero eso supone asumir decisiones estratégicas con costos presentes.

 

Publicado en diario El Observador
abril 26  - 2009