Welcome Bush! ¡Fuera Bush!
Oscar A. Bottinelli
 

Aunque no de manera sincrónica, por un lado, como anfitriones del presidente de los Estados Unidos de América George W. Bush, aparecen el presidente de la República que es el líder del Frente Amplio, un ministro que es el presidente del Frente Amplio y tres ministros que son los líderes de las tres corrientes más votadas del Frente Amplio: Movimiento de Participación Popular, Asamblea Uruguay y Partido Socialista. Por otro lado, en una marcha convocada bajo la consigna “Fuera Bush”, aparecen parlamentarios y dirigentes del Movimiento de Participación Popular, Partido Socialista, Vertiente Artiguista, Democracia Avanzada (Partido Comunista-Fidel) y alguna otra corriente frenteamplista con representación parlamentaria, más dos tercios de las coordinadoras de Montevideo del Frente Amplio y su departamental de Canelones. Como dijeron importantes dirigentes en medio de la marcha: “Es contra el imperialismo, pero apoyamos al gobierno”. Lo primero tuvo como escenario la Estancia San Juan, alias Anchorena; lo segundo la Plaza Cagancha, alias Plaza Libertad. En términos sencillos: una persona tiene un invitado en el living, y la misma persona sale al jardín a gritarle que se vaya. Hay algo que no funciona y como no funciona es necesario buscar la racionalidad que hay detrás de esa contradicción.

Antes que nada es imprescindible remarcar que hay grupos representados en la Estancia San Juan, no representados en la Plaza Libertad; pero la mayoría de las corrientes políticas están en ambos lados, y algunas que están sólo en el centro de Montevideo es porque no tienen ministros cuya temática corresponda a la que se aborda en la estancia presidencial. Gargano estaba en Anchorena y una de los dirigentes más cercanos al canciller hablaba por televisión en Plaza Libertad; Mujica en la estancia, su esposa en el acto. Para el caso de Astori, su sector y algún otro, sí es dable sostener que estaban en Anchorena y no estaban ni hubiesen estado en la convocatoria político-sindical. No es pues la confrontación entre dos bloques ni tres, ni acerca de divisiones internas en los bloques. Se puede decir en forma simbólica que son las mismas personas que se desdoblan y están en ambos lados, en el mismo momento reciben y echan al visitante.

Entonces ¿qué ocurre? En primer lugar está la evidente tensión entre la estrategia de privilegiar el Mercosur como opción única y la estrategia opuesta de abrirse al mundo, con las menores ataduras posibles para la región. Vázquez tiene, más que un objetivo, un sueño: tanta apertura al mundo como sea posible, tanto comercio con Estados Unidos como se pueda lograr, tanta pertenencia al Mercosur como se pueda conservar. En este camino de “exploremos todos los caminos y veamos a dónde nos lleva”, cuenta sin duda con el apoyo de algunas corrientes significativas del Frente Amplio, que comienzan a buscar el salir de una confrontación bipolar. Si se analiza con detenimiento hay sectores claramente jugados a la apertura al mundo (como Astori y Asamblea Uruguay) y otros claramente jugados al Mercosur como única opción (como Democracia Avanzada), pero en la mayoría de los casos no solo hay corrientes internas con énfasis diferentes, sino que los mismos actores oscilan hacia un lado y hacia el otro en un tanteo de terreno y enfrentamiento de sus propias contradicciones.

Junto a esta tensión hay otra, la que opone la raison d’Etat a la razón ideológica, el crudo pragmatismo a la ética de los valores. En esto la izquierda tiene por recorrer un largo camino. Pero no hay que confundir: oponerse al TLC no es necesariamente una razón ideológica, ni tampoco es realpolitik apoyar el TLC. Hay muchos partidarios del TLC – y se observa no solo en el campo político sino especialmente en el empresarial – cuya adhesión es más ideológica que racional. Porque la realpolitik significa apoyar u oponerse al TLC en función del balance de beneficios y perjuicios, balance que sin duda puede ser controversial y generar partidarios y contrarios, entre otras cosas porque en todo libre comercio hay en cada país sectores ganadores y sectores perdidosos. Pero una cosa es esto y otra el enfrentamiento a Estados Unidos por Irak o Afganistán; en esto lo que pesa es la ética de los valores, independientemente de la conveniencia o inconveniencia para Uruguay de defender esos valores y rechazar al demonio de esos valores. Desde el punto de vista de la raison d’Etat, Irak está muy lejos y nada tiene que ver con las conveniencias o inconveniencias nacionales. La contradicción entre raison d’Etat y ética de los valores explica mucha de las tensiones interiores no solo al interior de la izquierda, o de cada sector, sino al interior de la conciencia de cada dirigente.

Un tercer elemento significativo es la opción entre representar a un segmento de ciudadanía o conducir a ese mismo segmento. En otras palabras, entre la representación como reflejo y el liderazgo. Liderar, conducir, significa hacer docencia, guiar. Sin apartarse demasiado del sentir de los seguidores, explicar hacia dónde hay que llegar. Si el dirigente se aparta demasiado del sentir de su gente, deja de ser líder y pasa a ser profeta. Pero si mide la temperatura y se guía estrictamente por ella, entonces también deja de ser líder para ser exclusivamente un portavoz, un representante. Liderar significa ir más allá de la gente, muchas veces por senderos o hacia objetivos de los que inicialmente la gente no gusta. Para hacer la reunión de Anchorena y no ir a la Plaza Libertad se requería de un formidable ejercicio de docencia y liderazgo, que implica largo tiempo de explicación a su gente. Y ese ejercicio no se ha hecho o no se ha querido hacer. Además, en tanto no fue hecho por el conjunto de la izquierda, cada sector y cada dirigente queda prisionero de lo que hace el otro: nadie quiere ceder credenciales de antiimperialista. Por lo que lo de la Plaza Libertad pasa a ser una necesidad para justificar lo de Anchorena. Como quien dice, es el acto virtuoso que justifica el pecado.

 

Publicado en diario El Observador
marzo 11 - 2007