Luces y sombras de dos años
Oscar A. Bottinelli
 

El quinquenio gubernativo y parlamentario puede en realidad simplificarse en un cuatrienio de tiempo efectivo de gobierno y un año final centrado en la campaña electoral, que al gobierno puede servirle como decantador de resultados de lo realizado durante el tiempo efectivo. Si la periodización es aceptable, esta semana se traspasó la frontera entre la primera y la segunda mitad de tiempo efectivo de gobierno. Como todo gobierno, exhibe luces y sombras, tendencias que prenderán luces en los meses venideros y otras tendencias que pueden considerarse preocupantes. Como pasa en todo balance, hay algunos temas de juiciop inequívoco, que va más allá del punto de vista del analista equilibrado y racional, y hay otros temas que el juicio será positivo o negativo según el cristal ideológico o político del observador.

Luces brillantes aparecen en los indicadores macroeconómicos y en los de opinión pública. En éstos destacan la aprobación del desempeño presidencial por una cómoda mayoría absoluta de la sociedad y la aprobación algo menor del gobierno como conjunto (10 puntos menos que el primer mandatario, lo que es un juicio muy elevado en términos históricos); las luces de color encendidas son que la mayoría de la población expresa cierto desencanto en cuanto a las expectativas que se había trazado originalmente. En lo económico, donde el nivel de inflación obliga a un seguimiento constante, la política que determina estos indicadores son compartidos por la mayoría de la sociedad, pero genera disconformidad en la mayoría de la izquierda. Pero hay consenso en el éxito logrado en el descenso de la desocupación, que hoy se ubica en un dígito claro.

La formalización laboral es otro logro relevante, acompañado por el incremento de recaudación en el BPS y en la DGI. Y el sector asalariado siente que hay un gobierno que lo protege y que fomenta la sindicalización; lo que conlleva la alta disconformidad de los empresarios, preocupados por la creciente rigidez en las estructuras laborales.

La disminución de los niveles de pobreza y de indigencia, en parte producto del crecimiento económico pero en una medida sustancial como resultado del Plan de Emergencia, constituye un logro social significativo. A lo que hay que sumar otros éxitos sociales no medibles económicamente: la documentación de las personas, los planes de salud.

Y un logro que está más allá de polémicas es el obtenido en materia de derechos humanos (entendido como solución a temas pendientes del periodo dictatorial), donde los resultados fueron mucho más allá de lo imaginado tres años atrás por cualquier analista. En particular cabe destacar los hallazgos de restos de personas detenidas-desaparecidas y los informes de los comandantes de las tres fuerzas.

Pero los problemas que tiene a resolver son de gran importancia y alto riesgo. Hay fuertes diferencias de enfoque al interior del Frente Amplio, en un abanico de posiciones que pueden simplificarse en dos grandes actitudes: quienes pretenden hacer un gobierno que mejore el funcionamiento del país y quienes pretenden hacer un cambio importante de sociedad. Esta diferencia aparece regularmente en todo asunto que se plantee y está detrás de la gran polémica en torno a la política exterior, que en realidad es más que eso, es un debate en torno a cuál debe ser la inserción internacional del país, en momentos en que el país se encuentra en una encrucijada histórica similar a la que vivió entre la finalización de su relación con el Imperio Británico y la creación del Mercosur.  La polémica se ha caricaturizado demasiado en torno a una disputa sobre los gustos o los disgustos con el canciller, con lo cual se ha ocultado que más allá de personas y de gestos, lo que hay es un serio debate por el tema más trascendente a largo plazo para la República.

Sin duda el presidente va a ser el principal beneficiario o el principal culpable del éxito o del fracaso con que concluya el conflicto con Argentina.

Mas no solo hay un abanico de posiciones en cuanto a si se cambia la sociedad o meramente se mejora la eficiencia del gobierno, no solo hay un abanico de posiciones en cuanto al posicionamiento internacional del país, sino que además hay un fuerte problema de aterrizaje de las propuestas. En algunos casos no es claro el objetivo del oficialismo, o conviven objetivos contradictorios y por tanto inconciliables. En otros casos el objetivo es claro, pero luego hay una seria dificultad para traducir ese objetivo o esos propósitos en planes, proyectos y cronogramas. A dos años de gobierno es muy difícil saber hacia dónde va el oficialismo en materia de educación; y ahora sí se tiene claro hacia dónde va en una primera etapa de la reforma de la salud, pero genera interrogantes cómo piensa encarar la segunda etapa, cuáles son sus propósitos y si en realidad habrá una segunda etapa. Al empezar la segunda mitad del tiempo efectivo de gobierno, hay dos cosas que se le agotan al gobierno y al oficialismo: el justificar los empantanamientos en la necesidad de aprender y el echar la culpa a la herencia recibida.

Pero la suerte del gobierno se juega sustancialmente en otras tres cosas. Una que es en cierto modo ajeno a la voluntad de la conducción política, que es el mantenimiento de las condiciones externas que favorecen el crecimiento económico. Una segunda, de altísima relevancia, es cómo la sociedad va a recibir el impuesto a la renta a la persona física; y en caso de que el segmento de disconformidad sea relevante, si afecta al gobierno como conjunto, al Frente Amplio como opción política, al presidente de la República o exclusivamente al ministro de Economía. Y la tercera cosa es si se construye una oposición eficaz y eficiente, que juegue con una estrategia clara, o se sigue por el camino del francotiroteo a todo lo que vuele, aletee por donde aletee; porque no cabe duda que en los índices de popularidad ayuda mucho que el gobierno confronta solo contra sí mismo y contra las expectativas de la gente, pero no confronta con un proyecto alternativo.

 

Publicado en diario El Observador
marzo 4 - 2007