Las seudoencuestas del gobierno
Oscar A. Bottinelli
 

En los últimos meses, desde dos dependencias del gobierno se incursiona en el mundo de las seudoencuestas, es decir, en la realización de encuestas sin ninguna base científica. Las dos dependencias son la Secretaría de Prensa y Difusión (SEPREDI) y la Dirección General Impositiva. La primera realiza además lo que parece una indagación por mes para conocer la opinión sobre temas gubernamentales y la segunda pone el rimbombante título de “Encuesta de opinión sobre la gestión y el nivel de satisfacción de los servicios brindados por la Dirección General Impositiva”. SEPREDI incurre en el agravante de distribuir los resultados entre los medios de comunicación, los cuales toman la información – que es de fuente oficial – como si fuesen ser resultados científicamente válidos, lo cual está muy lejos de la realidad.
El 19 de enero de 2003 en estas páginas, este analista escribía: “Ha aparecido aquí y en otros países, la pretensión de sustituir encuestas de opinión pública por datos que pretenden ser de encuestas y representar a la opinión pública. Cabe pues advertir de la diferencia entre encuestas que efectivamente miden los comportamientos y actitudes de la opinión pública, y la difusión de porcentajes que aparentan provenir de encuestas. Las encuestas científicas –como definen Sheldon Gawiser y G. Evans Witt– son aquéllas que utilizan “un método científico” para escoger a los encuestados. En las encuestas no científicas, el público se escoge a sí mismo y participa. El método utilizado por el encuestador para elegir a los entrevistados (en las encuestas científicas) se basa en la esencia de la realidad matemática; cuando se conocen las posibilidades de seleccionar a cada persona entre el público objetivo, entonces y sólo entonces, los resultados de la encuesta, la muestra, reflejan a toda la población. A ésta se le llama muestra aleatoria, o muestra probabilística”. A ello se debe que las entrevistas aplicadas a cerca de mil adultos uruguayos reflejen con exactitud las opiniones y actitudes de más de dos millones de uruguayos adultos”.
“Pero particularmente los académicos citados – continúa el análisis - advierten de un fenómeno creciente en el mundo, en la región y en Uruguay, producto del vertiginoso desarrollo de Internet. Las llamadas Encuestas On Line ¿Cuál es el problema? Que las personas se eligen a sí mismas, son ellas las que deciden participar y responder, y que además acceden a la encuesta porque son navegantes de un sitio web. No existe una selección probabilística que resulte representativa de la población. A lo que se suman otros sesgos invalidantes: el primero, que no toda la población accede a ese sitio web y normalmente es una minoría; segundo, que esa minoría tiene características particulares: de edad, ideológicas, educativas, de sexo; tercero, que de toda la población que constituye una audiencia, participa un segmento ínfimo que tiene en común el ser el más activo en la relación con el medio, o que siente más necesidad de participación. Son pues seudoencuestas. Ni siquiera son representativas de los navegantes de esos medios. Y como dicen Gawiser y Witt “cualquier semejanza entre los resultados de una seudoencuesta y una encuesta científica es puro azar”. Las encuestas on-line son a las encuestas científicas lo que la brujería es a la medicina”
En España, las páginas web están obligadas a colocar esta advertencia, que no se le ocurrió ni a SEPREDI ni a la DGI: “Esta encuesta no es científica, responde tan sólo a las respuestas voluntarias de los lectores que desean exponer su opinión”. En Uruguay, en la misma línea, el sitio web Observa, vinculado al diario El Observador, no utiliza la palabra “encuesta” sino la de “opiniónonline”, lo cual ya marca una clara diferencia: es un juego de votación de algunos de los navegantes del sitio.
En Italia, la ley 249/97 y los decretos reglamentarios establecen - como lo dice la Autoridad para la Garantía en las Comunicaciones – “una rigurosa definición de encuesta que excluye toda posible confusión con otras formas de recolección de datos y noticias” y “clarifica que la disciplina debe entenderse regularmente circunscripta a las encuestas estrictamente entendidas en cuanto efectivamente representativas de una muestra estadística seleccionada con modalidad científica”. La definición de encuesta es: “todo relevamiento de opiniones, comportamientos, juicios, actitudes, previsiones, actos y hechos efectuado con método muestral, que consiente de generalizar los resultados al universo de referencia, el método de individualización de las unidades que hacen parte de la muestra y la extensión de los resultados al universo, respetando los criterios estadísticos definido en los códigos de autorregulación adoptados por las asociaciones profesionales mayormente representativas en el plano nacional e internacional”.
La World Association for Public Opinion Research (WAPOR) advierte del riesgo de no cometer el error de difundir resultados de encuestas en Internet sin tener la seguridad de que la muestra es representativa.
SEPREDI y DGI deben advertir que así como existe el fraude tributario, también existe el fraude intelectual, en el cual incurren. Y también deben advertir que la continuidad en estas prácticas expone al gobierno uruguayo a recibir la condena ética de las asociaciones internacionales de opinión pública.


 

Publicado en diario El Observador
octubre 2 - 2005