Los dilemas del BHU
Oscar A. Bottinelli
 

El Banco Hipotecario del Uruguay y su hijo más conocido, la Unidad Reajustable, pasan por etapas de ser amados y de ser odiados por los uruguayos, o por la mayoría de ellos, o por buena parte de ellos. Es que esta institución afronta muchos dilemas de diferente naturaleza.
En primer término el historial de las tres décadas y media del Fondo Nacional de Vivienda es altamente controversial, desparejo, con brillantes luces y sombras muy oscuras. Por un lado permitió el acceso a la vivienda propia y digna a decenas de miles de personas que no lo hubieran podido hacer de otra manera: financió a todas las cooperativas, las de ayuda mutua, las de crédito de usuarios y las de crédito de propietarios; financió además exitosos planes promovidos por promotores privados y en determinado momento financió la compra y refacción de viviendas usadas. Pero por otro lado impulsó, por buenas o malas razones, conjuntos urbanos absolutamente inadecuados que constituyen un gravísimo problema edilicio y también financió construcciones de extraordinariamente mala calidad.
Un segundo ángulo es que el BHU está francamente en bancarrota. Esa situación es producto en cierta medida de administraciones desprolijas, en las que cabe consignar adjudicaciones irregulares (que incluyen hijos y entenados de algunos directores y otros funcionarios de alto nivel, y de dirigentes políticos o amigos de directores o funcionarios), préstamos a grandes constructores sin garantía de retorno. Pero la crisis es también producto de la cultura nacional según la cual los préstamos brindados por el Estado tienen el carácter de no reintegrables, lo que en buen romance quiere decir que si un préstamo no es para reintegrarlo no es un préstamo, sino una donación o un subsidio. Inclusive se ha llegado a teorizar que como la Constitución garantiza el derecho a la vivienda decorosa, ello habilita al no pago de las deudas al Estado, vale decir, al Banco Hipotecario. Como mucha gente no paga, directorios y jerarcas ha habido que con ello justifican toda la culpa de la caída; y como directores y jerarcas han adjudicado de manera indecorosa viviendas decorosas y han otorgado a grandes inversores préstamos de difícil o imposible retorno, con ello quienes no pagan y quienes apoyan a quienes no pagan justifican el no pago.
Un tercer ángulo que afecta al BHU es que mucha gente con voluntad de pagar sencillamente no encuentra la forma de hacerlo. Este tipo de gente no corresponde a un único tipo, sino a varios:
a) hay gente que se le dificulta el pago porque empeoró su situación personal en relación al momento de obtención del crédito (desde caída de los ingresos de los hogares hasta lisa y llanamente la pérdida de todo ingreso más o menos estable)
b) otra gente porque compró en momentos en que volaban los precios y le quedó una deuda muy abultada en relación al valor actual de la vivienda (lo mismo ocurrió al que compró y se endeudó en dólares), con la diferencia que el dólar subió mucho más que la UR; ocurre que ahora la UR empieza a subir más que el dólar
c) otra gente falsificó certificados de ingresos (u obtuvo certificados legítimos que certificaban ingresos falsos) para poder acceder al crédito, porque si no no había manera de llegar; y luego se encontró con la realidad: si sus ingresos no son más o menos el cuádruplo de la cuota, a la corta o a la larga la cuota no se puede pagar.
Un cuarto eje de disconformidades, aquí tanto con el Banco padre como con la Unidad Reajustable hija, es la dificultad de comprender o de aceptar por la gran mayoría de los mortales varios asuntos ligados al tema de los créditos, en particular los de muy largo plazo (15, 20 ó 25 años):
a) En un crédito de largo plazo, por baja que fuere la tasa de interés, la suma total de intereses es muy alta y, en conjunto, contabilizados todos los intereses de todo el periodo (180, 240, 300, 360 meses) normalmente totalizan per se más que el capital originario
b) La moneda del crédito es una unidad denominada Unidad Reajustable, que se ajusta por el índice medio de salarios; el servicio de capital e intereses es constante en relación a una variable, que es el salario medio de los uruguayos urbanos. Sin embargo, hay una tendencia de la gente en comparar con otros indicadores (pesos o dólares), con lo cual la comparación resulta falsa, pues la UR varía en función del salario medio, el cual puede caer en relación al IPC como ocurrió en los últimos años, o subir en relación al IPC como ocurrió a lo largo de casi todos los noventa
c) No es comparable una moneda reajustable con pesos corrientes, entre otras cosas, porque un crédito a pesos corrientes o tiene una alta tasa de interés que compense la inflación o contiene un subsidio implícito
d) Tampoco es comparable con dólares, cuya suba o baja en relación al peso es independiente de la relación de la UR con el peso, así como la cotización del dólar es independiente del valor del salario.
e) Como resultado de lo anterior, muchas veces la gente se asustó al ver que su cuota y su deuda subía en dólares de manera fuerte, porque el salario medio de los uruguayos también subía en término de dólares en la misma proporción
Bueno, por aquí andan unos cuantos dilemas que afectan al Banco Hipotecario del Uruguay en su relación con sus deudores, muchos de cuyos dilemas se emparentan con los dilemas que afronta el Banco de la República. También de por medio hay problemas financieros del Estado y del otro lado problemas de tipo social; y ahí hay para todas las ideologías, gustos e intereses.

 

Publicado en diario El Observador
setiembre 25
- 2005