La conducción económica
Oscar A. Bottinelli
 

Dos fuertes características ha tenido la conducción económica en los pasados cuatro gobiernos. La primera es el carácter colegiado de dicha conducción, con la participación en papeles más o menos de igual peso del ministro de Economía, el director de Planeamiento y Presupuesto, y el presidente del Banco Central. En el primer gobierno de Sanguinetti participó en esa especie de órgano directriz también el presidente del Banco de la República y, en lo atinente a su cartera, el ministro de Trabajo. Quizás estos dos últimos (el Cr. Federico Slinger y el Lic. Hugo Fernándz Faingold) lo hicieron más por su respectivo peso técnico y político que por el rol institucional en sí mismo. La segunda característica fue que en lo relacionado con la política económica, los otros ministerios actuaban subordinados al equipo económico. Claramente se movieron dentro de los parámetros trazados por la conducción económica tanto el ministerio de Ganadería como el de Industria, el de Transporte y Obras Públicas, y (excepto en el período Fernández Faingold) el de Trabajo. Las pautas para la homologación de los convenios colectivos y para las decisiones de los consejos de salarios fueron determinadas por el equipo económico, el ministro de Trabajo fue un ejecutor de decisiones en las que no participó. En otras palabras, Transporte, Ganadería, Industria y Trabajo fueron tomadores de decisiones ajenas. Así funcionaron el primer y el segundo gobierno Sanguinetti, y con algunas variantes, los gobiernos Lacalle y Batlle Ibáñez.
El presente gobierno presenta diferencias sustantivas en ambas variables. En primer lugar es una conducción unipersonal verticalizada en la persona del ministro de Economía. El resto del equipo económico queda subordinado al ministro: presidente de los bancos Central y República, director de Planeamiento. No hay pues colegialización de las decisiones. En segundo lugar el área de influencia del equipo económico empieza y termina en los ámbitos de decisión de los organismos integrantes o subordinados a ese equipo, es decir, desde el punto de vista institucional: Ministerio de Economía, Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Banco Central, Banco República. No se sienten subordinados, ni actúan bajo las decisiones del equipo económico otras carteras como Ganadería, Trabajo, Transporte e Industria. Desde el punto de vista político quiere decir que la influencia de Astori comprende a Asamblea Uruguay, parte de Alianza Progresista y en parte la Vertiente Artiguista. Quedan fuera el Espacio 609 (MPP y aliados), otra parte de Alianza Progresista (CONFA) y quizás –no es muy claro- otra porción de la Vertiente. Y los socialistas (más sus aliados en el Espacio 90) no se sienten comprometidos con la conducción económica.

Desde el punto de vista práctico ha aparecido el surgimiento de líneas confrontadas entre José Mujica y Danilo Astori. En los hechos se observa a Astori como cabeza de la conducción macroeconómica y financiera, pero al cual se le escapan o se le pueden escapar aspectos microeconómicos o no tan micro como la variable salarios. Mujica y el MPP han erosionado la credibilidad de la conducción económica en aspectos tales como la determinación administrativa de precios de artículos de consumo generalizado y la intervención administrativa o legislativa en los procesos de cobro de deudas por parte de las entidades financieras tanto públicas como privadas. Quizás sea un hecho menor la controversia pública entre Mujica y el astorismo, o entre los integrantes del Espacio 609 y el astorismo. Es lo que determinan titulares periodísticos y esos titulares motivan el enojo del líder tupamaro. Pero aún sin controversia pública ni titulares periodísticos, subsiste la importancia de al menos dos centros de conducción económica diferentes, descoordinados y en algunos momentos opuestos. Pero el tema no se termina con estos dos centros, basados en Economía por un lado y en Ganadería más Trabajo por otro, ya que aparecen con autonomía de decisión tanto el Ministerio de Industria como el de Transporte y Obras Públicas.

Dos centros de conducción económica y algún o algunos otros potenciales solo pueden coexistir si por encima de todos ellos está la figura del presidente de la República, como el gran decisor en lo atinente a todo lo económico. El actual presidente de la República es un hombre que como todos tiene un catálogo de virtudes y un catálogo de defectos, pero no se cuenta entre sus virtudes el conocimiento de la materia económica. Entonces, si no hay uno sino dos o varios centros de conducción de la economía en su conjunto y si por encima de ellos no hay una autoridad ¿cómo se va a terminar coordinando la política económica? ¿qué va a pasar en cuanto a las pautas con que se va a mover el gobierno en materia de consejos de salarios y convenios colectivos? Además, ¿cómo se guían los actores económicos y políticos, cómo analizan los analistas políticos y económicos, si las señales que parten del gobierno son múltiples, de diversa fuente y hacia objetivos diferentes? Lo que muchos se preguntan es en esencia ¿cuál es la línea económica de este gobierno, la que traza quién, los dichos de qué ministro o dirigente?

Por un lado el gobierno ha pretendido una gran centralidad de mensajes, por ejemplo con la designación de un único vocero a la salida de los acuerdos ministeriales. El presidente se ha llamado a silencio, lo cual lo preserva de los errores de quien habla demasiado, como el presidente anterior, y hace que la palabra presidencial, cuando exista, pasa a ser de indudable trascendencia para el país. Que el presidente hable será noticia y lo que diga será más noticia aún. Es una prudente administración de la comunicación. Pero en contraste, hay ministros y subsecretarios que hacen declaraciones todos los días, varias veces al día; que lanzan iniciativas relacionadas con sus carteras y con las carteras de otros. Entonces, la prolija comunicación oficial queda estropeada por la excesiva y desprolija comunicación para oficial o extra oficial. La lectura de las pujas habidas en el campo económico y sus resultados no dan un ganador absoluto. El ministro de Economía ha salido triunfante en algunos combates, pero José Mujica aparece victorioso en otros. Si uno es más relevante que el otro se verá con el tiempo, no es posible calibrarlo ahora. Y además hay unos cuantos combates que no se sabe cómo se saldarán ni quién saldrá victorioso.
 

Publicado en diario El Observador
abril 17 - 2005