Los desafíos para Larrañaga
Oscar A. Bottinelli
 

El ciclo electoral 2004 produjo cambios importantes entre los partidos y al interior de los partidos. Uno de ellos es el retorno al bipartidismo (entendido como que el Número Efectivo de Partidos sea apenas superior a 2.0), que podrá ser transitorio o definitivo, pero que deja para los próximos 5 años una arquitectura bipartidista. Otro es el papel de mayoría absoluta del Encuentro Progresista-Frente Amplio, la calidad de segundo partido del Partido Nacional y la ubicación del Partido Colorado como partido auxiliar del sistema, como el mayor de los partidos menores. Un tercer cambio es la nueva correlación de bloques y de sectores al interior de la nueva mayoría política. Y un cuarto significativo es el recambio de elencos, de sectores y de correlación de fuerzas al interior de la colectividad blanca. De los tres pilares de la nueva arquitectura blanca, la Corriente Wilsonista aparece sólida y consolidada tras el liderazgo de Francisco Gallinal: dos 2 senadores, 8 diputados y al momento 5 intendencias. El herrerismo obtuvo un resultado neutro, porcentualmente inferior al del 27 de junio, logrando los 3 senadores apetecidos, pero con solamente 7 diputados; y a la vista, una fuerte disputa por el liderazgo entre Luis Alberto Lacalle de un lado y los senadores electos del otro (Heber, Chiruchi, Penadés).
El larrañaguismo merece un capítulo especial. Como grupo político, está en fase de construcción. Casi ninguno de los legisladores electos eran adherentes directos de Larrañaga cinco años atrás. Los más antiguos dieron su apoyo entre el 2000 y el 2002, y la gran mayoría se sumó dentro del último año, particularmente entre fines de 2003 y marzo del corriente. El liderazgo de Jorge Larrañaga también está en construcción, porque hasta ahora lo que ha sido es un candidato exitoso; viene la difícil tarea de transformar una candidatura en liderazgo, que son cosas esencialmente diferentes. La candidatura de Larrañaga se construyó en etapas:

Uno - Primero como soporte de la corriente acéfala y golpeada que respaldó la pre-candidatura presidencial de Ramírez en abril de 1999

Dos - Tras el fin del pasado ciclo electoral, se posicionó rápidamente en la Encuesta Nacional Factum como la segunda figura del nacionalismo, distanciada del primero (Lacalle) pero también distanciada de todos sus posibles competidores. El mantener indisputada esta posición a todo lo largo del 2000, 2001, 2002 y 2003, lo dejó en inmejorables condiciones para el lanzamiento. Las encuestas jugaron un rol fundamental en la construcción de su candidatura

Tres – Paralelo a ese posicionamiento de opinión pública, rastrilló el país de manera sostenida, con lo que fue captando las dirigencias inferiores y medias de todo el no-herrerismo

Cuatro – Con ambos elementos, posicionamiento en la opinión y en los caudillos, se presentó como el único en condiciones de disputar la candidatura a Lacalle y el único en condición de ganarle. Y el efecto acumulativo generó la imagen que inclusive podría disputarle la Presidencia a Vázquez. Así logró que en marzo cayeran en su favor todas las fichas del dominó: desaparecieron todas las demás pre-candidaturas no herreristas, y todos los desistimientos fueron en su favor.

El método elegido fue el trabajo permanente hacia abajo y hacia la opinión pública, y sobre todo el posicionarse como un ganador. Jamás dejó margen de dudas sobre su capacidad ganadora, ni aún cuando la realidad indicaba otra cosa. Y en general este método funcionó. Fue el método de un gran apostador.

Ahora viene otra etapa. Su liderazgo y candidatura tiene de afuera la competencia tanto del herrerismo (si zanja temprano la disputa por la conducción) y de Correntada Wilsonista, cuyo líder tiene la característica de esperar sin apresurarse, a ver si la fruta madura o no madura. Pero también tiene de adentro el desafío de consolidar un sector, de transformar en hombres suyos a este conjunto de personas que adhirieron casi a último momento, y en donde hay dirigentes que han pretendido la candidatura presidencial y se sienten con capacidad para ello, para la candidatura y para el cargo.

Jorge Batlle construyó un liderazgo de tipo profético. Sus seguidores fueron tales no porque creyeran en sus virtudes ganadoras, sino en su visión de país; siguieron a un profeta, y por eso lo pudieron seguir en los duros años de la travesía del desierto. A Jorge Larrañaga se le ha seguido hasta ahora por su capacidad de obtener votos, por su condición ganadora. Y eso sirve para una candidatura pero es insuficiente para un liderazgo.

Construir el liderazgo significa ejercer la conducción política. Ello supone por un lado conducir la oposición, posicionarse en relación al gobierno en una actitud constructiva pero no obsecuente, dirigir sus propias huestes, apoyar a su gente, evitar rebeldías y sobre todo construir un camino, un perfil. Va a tener en contra de un lado al gobierno y del otro a un Partido Colorado necesitado de recrearse y reperfilarse.

Hay muchos aspectos en común y algunas diferencias entre Vázquez y Larrañaga. Ambos nacieron como candidatos y luego tuvieron el desafío de construir un liderazgo. Vázquez en la construcción del liderazgo gastó una década: el primer lustro fue esencialmente intendente de Montevideo y candidato presidencial mientras el liderazgo estuvo en las manos del general Seregni; en el segundo lustro tuvo entradas y salidas, presencias y ausencias, renuncias y licencias sucesivas, y solo tuvo continuidad en el año en que volvió a la candidatura presidencial. Su liderazgo verdaderamente lo comenzó a ejercer hace menos de 5 años, apenas pasado el balotaje. Larrañaga no viene de afuera de la política, sino del nivel departamental. Y su primer lustro lo pasó no en la construcción de un liderazgo sino de una candidatura. Ahora, gastando 5 años menos que Vázquez, tiene el desafío de construir el liderazgo. Y al igual que Vázquez, la construcción debe hacerla desde la conducción de la oposición.

Pero a diferencia de Vázquez debe reperfilar su partido. Porque el Partido Nacional ha tenido importantes oscilaciones ideológicas a lo largo de las últimas décadas. Y el último viraje que dio Larrañaga lo superpuso con las propuestas del gobierno electo. Entonces, o mantiene este rumbo y busca diferenciarse en los métodos y los resultados (y de ello dependerán los éxitos y fracasos del próximo gobierno), o se diferencia por los postulados, y esta diferencia es por los caminos programáticos o por algo más profundo, como son los valores y las visiones del mundo y la sociedad. Hay pues desafíos de fondo, de forma y de tiempos los que tiene por delante Jorge Larrañaga como presidente del partido, y el Partido Nacional como un conjunto

 

Publicado en diario El Observador
noviembre 14 - 2004