Los actores no partidarios
Oscar A. Bottinelli
 

El sistema político uruguayo ha sido caracterizado como un sistema partidocéntrico, en que los partidos políticos cumplen un rol central en todo el accionar político, en la formación, conducción y articulación de la sociedad. Un sistema en el cual la fortaleza de los partidos no es producto de ninguna construcción artificial, sino del hecho que fueron los partidos los que construyeron y moldearon la nacionalidad. El sentimiento de pertenencia partidaria es anterior al sentimiento de pertenencia nacional. Como habitantes de un territorio de fronteras difusas y dominio disputado, los orientales construyeron tardíamente un sentimiento de patria, aunque en el ciclo artiguista se evidencia con claridad la existencia de una fuerte identidad, la de orientales, la de ser algo diferenciado del resto de los habitantes del Virreinato del Río de la Plata; pero eso no quiere decir sentimiento de nacionalidad. Luego aparece la difusión y confusión entre el concepto de oriental (ligado a las raíces hispánicas y rioplatenses) y el concepto de cisplatino (ligado a las raíces lusitanas y al Brasil). Es dominante entre los historiadores la tesis que el concepto de nacionalidad o de patria se conforma en la segunda mitad del siglo XIX, contemporáneo con el surgimiento de la leyenda de Artigas. Pero antes ya existía la pertenencia a lo blanco o a lo colorado, pertenencias reforzadas por la sangre, en su doble sentido: los lazos de padres a hijos que perpetúan la tradición, y la sangre derramada que separa a unos de otros. La identidad partidaria es anterior a la identidad nacional. Con la modernidad, esos partidos pasan a ser los grandes integradores de las olas migratorias y los articuladores entre el hombre de a pie y el cada vez más omnipresente Estado. Como producto del partidocentrismo o como refuerzo del mismo, los actores sociales se conformaron en torno a los partidos o por parte de los partidos políticos. El sindicalismo es el caso más típico, sobre todo a partir de la pérdida de influencia del anarquismo, única fuerza que podía darle un papel alternativo al de los partidos.
En los últimos tiempos, quizás en la última década, quizás un poco más atrás, de la mano de la posmodernidad, comienzan a aparecer distintos tipos de actores no políticos, o para ser más preciso, de actores políticos no partidarios y cambia el papel de otros actores parapolíticos, como los sindicatos. Hasta despuntar los años noventa, los sindicatos operaban como actores especializados de los partidos políticos de izquierda, en una arquitectura bien configurada: una clara mayoría que operaba en torno al Partido Comunista y quienes compartían su visión sindical, y una minoría esencialmente integrada por los sectores a los que hoy se denomina radicales y que a sí mismo se denominan combativos. Toda disidencia en la izquierda entre el plano partidario y el plano sindical tenía como única explicación el que actores políticos intentaban crear hechos a través del movimiento sindical o pretendían usar el campo sindical para dirimir las contiendas en un terreno más favorable a sus intereses. En la última década esto cambió parcialmente. El cambio fue más al interior de cada sector de izquierda. Ya no es el Partido Comunista ni otros partidos o movimientos quienes toman la decisión estratégica y la aplican en los sindicatos a través de sus cuadros sindicales. Son los comunistas, socialistas, emepepistas, vertientistas o poscomunistas que en el plano sindical impulsan sus propuestas y desde el campo sindical la trasladan al campo político; a veces los militantes de un mismo partido impulsan una estrategia en un sindicato y otra diferente en otra, al compás de los intereses corporativos de los distintos gremios. Así apareció un nuevo fenómeno: el movimiento sindical como el impulsor de acciones políticas, e incluso político-electorales, que arrastra luego a la dirigencia partidaria de la izquierda. Los referendos exitosos de 1992 y 2003 partieron de los sindicatos de ANTEL y ANCAP, y los intentos fallidos de referendo sobre el Marco Regulatorio del Sistema Eléctrico Nacional, sobre la prescripción y caducidad de los plazos laborales y sobre un conjunto de disposiciones de la Ley de Urgencia N° 2, todos ellos también partieron de los sindicatos y envolvieron a los grupos políticos de izquierda. Este es un primer tipo de acto político no partidario, cuya aparición podía considerarse previsible. En definitiva, los sindicatos en Uruguay siempre fueron actores políticos.

Pero la lista de actores políticos no partidarios no se agota aquí. Y cabe señalar cuatro nuevos actores, son los nuevos comensales en la mesa política:

Uno. “La sociedad civil”. Este es un término confuso y polémico, que se usa en un sentido relacionado con las organizaciones que agrupan sectores de la sociedad sin que sean partidos políticos, y a veces tampoco sindicatos. Lo más característico son las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que es tema para un análisis en sí mismo.

Dos. Los actores del sistema judicial, tanto magistrados como fiscales, principalmente de los fueros penal, laboral y de familia. Son dos las vías de la acción política de este tipo de actores. Una es la directamente política: el uso de las potestades judiciales como medio para la creación de hechos políticos, con el consiguiente impacto sobre el gobierno y los partidos políticos. Esto último ha sido particularmente fuerte en el área penal, en tres grandes temas: las denuncias de corrupción, las querellas o acciones por difamación o desacato, y lo relacionado con la violación de los derechos humanos en el período militar. La otra vía es la creación de derecho ya mediante formas peculiares de interpretación de la ley, ya mediante invocar la existencia de lagunas del derecho y pasar a la integración del derecho. Hay muchas figuras jurídicas que han nacido de la interpretación o de la integración y que no han tenido la correspondiente sanción legislativa; o a la inversa, interpretaciones que han anulado la aplicación de leyes.

Tres. Los actores empresariales, las organizaciones de grandes empresarios, que como ha ocurrido en el reciente referendum y en la valoración de su resultado, han tomado abierto partido político.

Cuatro. Entidades financieras, consultoras y calificadoras que entran de lleno en la cancha electoral, generalmente por oposición a alguien que como apoyo a alguno. Sucedió con fuerza en Brasil contra Lula y comienzan a despuntar algunas declaraciones contra Vázquez. En ambos países están apareciendo los mismos actores financieros internacionales, diciendo más o menos las mismas cosas.



 

Publicado en diario El Observador
enero 11 - 2004