Esas criticadas bocas de urna
Oscar A. Bottinelli
 

Desde hace fuera de toda duda casi quince años, Uruguay se acostumbró a conocer los resultados electorales gracias a las consultoras de opinión pública, a través de lo genérica e imperfectamente denominado “bocas de urna”; el Uruguay en cuanto a sociedad, dirigencias políticas y actores en competencia. La evidencia empírica es que hay poca conciencia del papel secundario al que han quedado relegados los datos oficiales como pregonero del resultado, como el que anuncia las nuevas del acto electoral. Obviamente el dato oficial, propiamente oficial, es decir los escrutinios primario y definitivo de la Justicia Electoral, guardan su sacrosanta importancia en cuanto a la decisión formal y exacta del pronunciamiento del Cuerpo Electoral.
Vale la pena recordar que Tabaré Vázquez reconoció su derrota y Jorge Batlle anunció su triunfo, pura y exclusivamente en base a las proyecciones de Factum, confirmadas minutos después por Cifra. Un mes antes ambos celebraron el pasaje al balotaje (y Lacalle reconoció su no pasaje) por el mismo expediente. Y en abril de ese año lo mismo se había dado, al punto que el Partido Nacional reunió su Directorio para recibir a su nuevo candidato único presidencial, y en la Casa del Partido Colorado un abrazo selló la fórmula Batlle-Hierro, entre el ganador y el segundo de esa justa interna. En mayo de 2000 se repite la historia respecto a varias elecciones municipales. La historia sigue hacia atrás, al plebiscito constitucional de 1996, las elecciones de 1994, el referendum de 1992, las elecciones nacionales de 1989, las internas del Batllismo Unido del mismo año y el referendum de la Ley de Caducidad de 1989. Los nombres de Factum, Cifra, Equipos e Interconsult aparecen vinculados a todos o parte de los episodios (hubo una experiencia anterior de 1984, pero la sociedad no estaba acostumbrada a recibir los resultados de otra forma que a través de los cómputos acumulados del Ministerio del Interior)
¿Qué pasó con los datos oficiales? Que no hubo datos confiables por mucho tiempo. En las elecciones de 1994 el Ministerio del Interior hizo el triste papel de dar resultados acumulados que indicaban una tendencia opuesta al resultado final y no hubo datos gubernamentales hasta el alba del día siguiente. Y en abril de 1999 el Ministerio del Interior colapsó en su labor informativa. Sustituido en esta tarea por la Corte Electoral, este organismo optó por dar cifras rigurosamente chequeadas, sin urgencias, con la necesaria tardanza que supone una información que se busca precisa hasta el último guarismo y que no requiere rapidez. Si la Corte pudo hacer esto es porque sin tener conciencia de ello partió del supuesto de la existencia de las proyecciones de las consultoras privadas. Porque la sociedad requiere información urgente y confiable. La urgencia está dada por la tensión creciente que genera una confrontación electoral. La sociedad y los actores políticos necesitan información rápida para que se disipe la tensión, para que se descargue esa electricidad acumulada por semanas y meses de campaña. Y esa información debe ser confiable, debe ser dada por quienes reciben confianza de los distintos actores, como lo han recibido en este país las consultoras de opinión pública de primera línea, o de mayor impacto, como se las quiera calificar. Los actores aceptan el resultado cuando hay un trabajo científico hecho por personas de calidad aceptada y de imparcialidad reconocida, a través de varias consultoras cuyos resultados coinciden.
Salvo dos casos excepcionales, los resultados difundidos por las consultoras han sido de una precisión extraordinaria. Los dos casos son bien conocidos. Uno no fue responsabilidad de ninguna consultora privada, sino de una equivocada aventura en que se embarcó la Universidad de la República, a través de la facultad equivocada (porque una labor científica de ciencias sociales la desarrolló la Facultad de Ciencias Económicas) y con el resultado equivocado: anunció urbe et orbi que en 1994 había sido electo Tabaré Vázquez. Y cinco años después una consultora privada, a través de una emisora de radio y de la CNN, difundió el mismo resultado erróneo. Pero en estos quince años nunca hubo por la televisión abierta (privada o estatal) ningún resultado erróneo de ninguna consultora privada. Sin embargo, ha habido una formidable embestida contra las llamadas encuestas de boca de urna, “porque se equivocan”, y las pruebas esgrimidas fueron el célebre error de la Universidad estatal más equivocaciones habidas en Argentina. Se llegó a que en 1999 el funcionario interinamente a cargo del Ministerio del Interior hiciese un llamado a la población a boicotear las encuestas de boca de urna, con lo que al intento de coartar la libertad de información sumó el espectáculo del anacronismo científico.
En general la sociedad, los actores y el periodismo cuando hablan de “boca de urna” confunden dos cosas. Las encuestas de boca de urna propiamente dicha o encuestas post-voto en general, que son entrevistas a votantes a la salida del local de votación o en otro lugar luego de haber votado (su casa, por ejemplo); estas técnicas son indicativas, manifiestan una tendencia y pierden utilidad cuando los resultados son reñidos. La otra cosa son los escrutinios proyectados, es decir, la presentación de un resultado final de las elecciones a través de la proyección del resultado de un conjunto de circuitos. Esta técnica es de una precisión asombrosa y es la utilizada en la difusión de los resultados. La confusión ha llevado a algunos desaciertos de actores enojados con los resultados. Pero pese a su imprescindible utilidad pública y a la certeza de sus anuncios, los resultados de las consultoras no solo han tenido la hostilidad de buena parte del periodismo y de algunos actores políticos, sino la falta de colaboración de la Corte Electoral. Las muestras no se han podido ejecutar en forma perfecta, porque la Corte ha admitido que varios malhumorados presidentes de mesa impidan la presencia en el escrutinio de los encuestadores de las consultoras. Se trata de un servicio público, financiado privadamente y obstaculizado desde el poder, y que si no existe genera un gran vacío a la sociedad. Este es un tema de reflexión, para que se vea que no se puede seguir peleando contra el avance científico y la necesidad de información de la sociedad.



 

Publicado en diario El Observador
noviembre 30  - 2003