Las cavilaciones blancas
Oscar A. Bottinelli
 

El Partido Nacional debate una de las decisiones más trascendentes de su larga historia, pues de ella puede depender el resurgimiento o el camino a la minimización. El 3 de noviembre la Convención decidirá el mantenimiento o no de la coalición de gobierno, así como el nivel de presencia en el gobierno o el nivel de oposición. Un primer problema es que tras dos períodos de coalición fuerte, acentuado por el balotaje, ha desaparecido el escenario triangular y fue sustituido por un esquema binario, de dos grandes bloques. Para la casi totalidad de la opinión pública hay un bloque de izquierda y un bloque tradicional; en un segundo escalón, el bloque tradicional se compone de un Partido Colorado y de un Partido Nacional; en un tercer escalón, el Partido Nacional se forma con equis número de sectores. Un esquema tripartito supone: a) que hay un juego de tres, por lo cual el primer escalón de decisiones para el ciudadano es a cuál de los tres otorga su preferencia en una selección en que los tres compiten por igual; b) que dos cualquiera de las tres partes se puedan aliar contra la tercera, y que no hay alianzas de suyo y alianzas contra natura. El balotaje institucionalizó el esquema binario generado por las coaliciones de gobierno, y el triángulo se borró. En esta situación al Partido Nacional le caben dos caminos: mantener el esquema binario y aspirar a ser la primera fuerza del bloque tradicional, o romper el esquema binario y apostar a reconstruir el juego de tres. Esta es sin duda la primera decisión que en orden lógico debe adoptar la colectividad blanca. Y en ello mucho tiene que ver si se apuesta a un papel importante en el 2004 o por el contrario se juega a sobrevivir en el 2004 y apostar fuerte al futuro, 2009 en adelante.
Visto para el 2004 y el 2005, la competencia por el liderazgo del bloque tradicional es por primera vez factible, luego de la abrupta caída colorada y el empate que en setiembre se produce entre ambos partidos históricos. Pero si existe la convicción que el Partido Nacional está condenado a un tercer lugar o que es dudoso ese liderazgo de bloque, el juego triangular es el único posible. Y significa generar una situación de equidistancia con el Partido Colorado y con el Frente Amplio; así, ante la eventualidad de un triunfo de izquierda y un coloradismo en la oposición tajante, tiene la posibilidad de ser un buen interlocutor de ambos, del gobierno y de la oposición, un articulador central del sistema político.

Un segundo desafío aparece en el plano ideológico o programático y supone contestar dos preguntas. Una ¿el Partido Nacional abraza un único programa o juega a la competencia de dos programas, uno librecambista y otro tendiente al estatismo? Dos, si opta por tener un único programa, ¿cuál de los dos rumbos elige?

De la mano de éste aparece un tercer desafío, que es la arquitectura interna. Todo indica que la probabilidad de una ruptura del herrerismo es muy baja, y que el riesgo desapareció luego que todos pasan a aceptar el liderazgo de Luis Alberto Lacalle y la conducción ejecutiva del sector en manos de Luis Alberto Heber. Y el herrerismo representa entre el 45% y el 60% del partido, es una columna central. ¿Pero del otro lado qué hay? A nivel de figuras con posibilidades presidenciales aparecen seis: Sergio Abreu, Francisco Gallinal, Arturo Heber, Jorge Larrañaga, Juan Andrés Ramírez y Alberto Volonté. Y los sectores son muchos más, no todos exactamente perfilados ¿Alguna de las figuras es capaz de aglutinar a todas? Y si no es posible ¿puede crearse una especie de Unión Blanca Democrática? El tema es muy difícil, porque para aglutinar a todos se requiere que la figura tenga potencial de captación en la opinión pública y a la vez sirva de vértice a grupos diferentes. Para ello no hay que olvidar, que lo único en común de todos los grupos es su oposición al herrerismo y en particular a Lacalle, pero que las posturas ideológicas van desde un fuerte liberalismo a planteos de tinte socialdemócrata, y en relación al gobierno también van desde la defensa de lo actuado hasta la más férrea oposición. Pero además hay algo que no debe menospreciarse: la UBD fue posible porque existía el colegiado, donde caben varias candidaturas de igual porte, y hoy hay un régimen presidencial, que supone que todo el mundo debe encolumnarse tras un único referente.

 

Publicado en diario El Observador
octubre 20- 2002