La confianza se conquista
Oscar A. Bottinelli
 

La confianza es un elemento esencial para cualquier gobierno en toda materia, pero es esencial cuando se trata de asuntos económicos, y en particular en relación a depósitos bancarios. Pero además la confianza no se compra ni se vende, no se obtiene por una buena campaña publicitaria, sino que se conquista. Y la conquista de la confianza es el producto acumulado de muchas acciones de diversa naturaleza: actos de gobierno, cumplimiento de los anuncios formulados, ausencia de incumplimiento de promesas o al menos explicación clara y creíble cuando una promesa no es posible cumplirla, información suficiente y clara. El gobierno uruguayo se ha visto abocado a problemas de confianza en varios frentes contradictorios, en particular con las fuentes de crédito por un lado (Estados Unidos, organismos internacionales de crédito, demás países del G-7) y por otro lado con la sociedad uruguaya. Los mismos actos que levantaron la confianza al interior de la sociedad provocaron la desconfianza hacia fuera. Y eso es muy difícil de conjugar, entre otras cosas porque los organismos internacionales de crédito tienen una visión simplista de la política y del manejo de las sociedades; ese simplismo ha supuesto en unos casos detonar formidables bombas sociales y en otros casos la aplicación de recetas fallidas (no recetas buenas o malas, porque eso depende del punto de vista de cada quien), sino que lisa y llanamente estaban destinadas a producir resultados diversos a los esperados. Los organismos internacionales, cuya preocupación debe ser lograr la estabilidad financiera y recuperar los créditos, creen que lo único que da estabilidad es hacer las cosas como a ellos les parece que debe hacerse, con independencia de la idiosincrasia y la historia de cada sociedad, pero además con los hombres que le merecen confianza. Pero además es grave sostener, como algunos han sostenido en estos días, que la confianza se pierde por la sustitución del anterior titular de Economía por quien es virtualmente el segundo vicepresidente de la República. Entonces, la confianza en Uruguay depende de la salud de Jorge Batlle y Luis Hierro, porque el tercero en la línea sucesoria provocaría lo que se supone provocó su acceso al cargo. Si los organismos internacionales piensan así sería una señal muy grave sobre la capacidad analítica de los mismos; y si no piensan así, es imprudente el manejo que se ha hecho dentro del país sobre la repercusión del recambio ministerial.
Hacia dentro la confianza que desbordó con el recambio ministerial quedó afectada por un manejo comunicacional compuesto de silencios, reiteradas postergaciones de reuniones e informes, palabras con escaso contenido y proliferación de sonrisas de poca sintonía con la angustia y la incertidumbre reinantes. Sabido es que el rumor opera en plenitud cuando falta la información o la misma no es confiable o creíble, y el rumor campea por el país desde la mañana del martes. El vicepresidente de la República y el principal diputado del Foro Batllista tuvieron que salir a intentar llenar un gran vacío comunicacional. Cuanto más se genera la desconfianza, más se tarda en recuperar la confianza.

También los hábitos operan hacia la confianza o la desconfianza. La reunión de los cuatro principales líderes del país fue parte del paisaje nacional en los tres años iniciales de la primera administración Sanguinetti. Pero cuando en este gobierno jamás se reunieron una sola vez a lo largo de 29 meses, ni tampoco a lo largo de lo que suponen siete largos e interminables meses de incertidumbre, la sola convocatoria lejos de ser una señal de tranquilidad fue una señal de fenomenal nerviosismo. Agravado por el silencio de los protagonistas. Una explicación del por qué de la reunión hubiese sido imprescindible.

En las horas que vienen, y en los días que vendrán, se hace necesario encarar una comunicación de gobierno eficaz, que informe todo lo debido y nada más que lo debido, con absoluta claridad; que desplace el rumor como fuente de información. Se requiere profesionalizar la comunicación de la Presidencia en particular y del gobierno en su conjunto. Si bien se ha señalado que Jorge Batlle cuenta con déficit de elenco, precisamente en materia comunicacional es donde tiene una formidable reserva para dar vuelta la situación.
 
 

Publicado en diario El Observador
agosto 4 - 2002