Los días por venir
Oscar A. Bottinelli
 

Dicen los economistas, que de economía saben lo que no saben los politólogos, que los próximos 30 días son decisivos para el futuro del país. Ese sería el lapso para adoptar las medidas necesarias para provocar un formidable ahorro en el gasto público, o quizás para dar los pasos que generen en el resto del año ese recorte. En los acontecimientos económicos importa y mucho el funcionamiento político (Brasil y Argentina son dos ejemplos claros). Y el sistema político da varios tipos de señales que pueden aparecer como contradictorias; y algunas de ellas lo son.
El sistema político en su conjunto ha dado a lo largo de esta crisis una firme señal de mesura, de reaccionar acorde a las dificultades. En particular aparece como relevante la actitud del Encuentro Progresista-Frente Amplio en su enfático apoyo al sistema financiero y al adoptar además una postura de fuerte oposición pero dentro de los límites de la oposición clásica, sin jugar a la desestabilización del gobierno y con bastante preocupación por evitar los desbordes violentistas de las fuerzas que están en el extremo de la izquierda. La interpelación o las interpelaciones no son actos que traspasen los límites del sistema, como lo demuestra el juego normal de gobierno y oposición de los países de la Unión Europea. Esta actitud de la oposición jugando en las reglas del sistema, más una coalición de gobierno que en lo sustancial da imagen de solidez, ha sido la señal recogida por los organismos internacionales para otorgar los auxilios extraordinarios.

Dicho expresamente por figuras relevantes de estos organismos, Uruguay actuó con la seriedad de la que careció Argentina. Mientras esta nación se desplomaba, su sistema político jugaba a cambiar presidentes (cinco en dos semanas) y a adelantar o postergar elecciones, según las conveniencias o inconveniencias de los actores mayores o menores, de los príncipes y de los barones. Como contrapartida, ha surgido en Uruguay con mucha facilidad la posibilidad de elecciones anticipadas, tema en que se reparten las culpas desafiante y desafiado; ni es el momento de hacer desafíos de esta magnitud, ni tampoco de gritar falta envido.

Todas las partes de la coalición de gobierno coinciden en la necesidad del fuerte ahorro público y disienten en profundidad sobre los recortes en particular. Es que la coalición de gobierno exhibe cuatro tipos de asintonías significativas:

Uno. La existencia de divergencias ideológicas relevantes, que atraviesan los partidos. Entre Batlle y Sanguinetti, entre la 15 y el Foro, hay visiones distintas sobre el papel del Estado y del mercado, sobre las empresas del Estado y acerca de las obligaciones sociales del Estado. Y más o menos por ahí hay otro corte significativo en el Partido Nacional, donde las posturas ideológicas más nítidas son las del herrerismo de un lado y de Alianza Nacional del otro, pero también hay matices diferenciadoras de la Correntada Wilsonista y de Desafío Nacional.

Dos. A partir de la existencia de divergencias ideológicas, estratégicas o tácticas, y de la convergencia en cuanto al objetivo final, en cuanto a la necesidad de un fuerte ahorro global, se imponen negociaciones afinadas, realizadas por negociadores expertos, que sepan zurcir y bordar filigranas. Y no hay negociación si no hay de todas las partes interlocutores absolutamente claros, donde se sepa la representatividad exacta de cada uno.

Tres. Lo comunicacional ha sido una debilidad constante de este gobierno, más grave cuanto más delicada es la situación del país. Así se ha confundido a la gente con anuncios que no son tales, ya que con el mismo rótulo se mezclan verdaderos anuncios (medidas que pueden ser adoptadas por sí por el Poder Ejecutivo), ideas personales que están lejos de ser decisiones del gobierno (aunque fueren de personalidades como el ministro de Economía o del principal asesor presidencial) o propuestas de ley que requieren de un fuerte consenso político y parlamentario, donde el Poder Ejecutivo no puede ir más allá de anunciar una simple propuesta.

Cuatro. Lo que tanto agentes económicos como simples ciudadanos perciben como falta de rumbo claro, de reglas a qué atener- se, y desconfianza en cuánto hasta dónde lo dicho desde el gobierno es realmente una pista para algo.

Publicado en diario El Observador
junio 30 - 2002