Lula, Serra y el Mercosur
Oscar A. Bottinelli
 

Como estado tapón que es, para el destino del Uruguay es tan importante lo que pasa afuera como lo que ocurre dentro, y no pocas veces lo de adentro es accesorio en relación a lo de fuera. Es un país en buena medida tomador de decisiones ajenas. Aunque lo ocurrido en estos días, la sobrevivencia del sistema financiero frente al peor embate de su historia, demuestra que lo que se haga aquí importa y mucho para que los efectos de los sucesos externos sean menores o mayores; pero para hacer las cosas bien, entre otras cosas hay que otear el panorama y adelantarse a los acontecimientos.
Si algo es sustantivo para el futuro del país es su inserción internacional. Conviene aclarar algunos supuestos de este análisis:
Uno. A la larga o a la corta la inserción internacional de los países se va a dar dentro de su propia región, la cual puede construirse más grande o más chica. De donde el destino del Uruguay es su inserción en la región, lo cual supone que está asociado a la suerte del Mercosur
Dos. La suerte del Mercosur depende en uno de los caminos posibles en una gran ampliación que equilibre el poder de los socios, o en otras palabras, se logre un contrapeso al desproporcional tamaño de Brasil (lo que no se obtiene solamente con el ingreso de Chile, que además es difícil); y si no se puede o no se quiere la ampliación, depende que Brasil logre ejercer un liderazgo beneficioso para el bloque
Tres. Que el interés estratégico de Brasil es integrar el grupo de líderes del planeta y en particular liderar una región, a su vez asociada a algún otro gran bloque político-económico. Su ganancia no está tanto en la región como en la construcción de una macro-región
Cuatro. Un liderazgo beneficioso, para el bloque y para todos, significa en buen romance que Brasil se preocupe por obtener ganancias estratégicas a costa de minúsculas pérdidas inmediatas. Nadie llega a potencia mundial poniendo trabas a la importación de carne de ñandú porque molesta a un insignificante productor paulista.
De lo anterior surge entonces que para el destino del Mercosur importa mucho el resultado de las elecciones de Brasil. Hace ya cinco años que el gobierno central perdió peso en las decisiones estratégicas del país, como para marcar dos tiempos nítidamente diferenciales en las administraciones de Fernando Henrique Cardoso: un primer periodo de liderazgo nacional y consecuente liderazgo internacional, y un segundo periodo destinado al arbitraje interno, a nadar en medio de los conflictos intestinos, a costa de una fuerte pérdida de peso internacional. La imagen de Lagos firmando junto a Aznar la asociación de Chile con la Unión Europea aparece como una bofetada para el Mercosur, un gran fracaso, la contracara de la foto de la firma conjunta de Julio Ma. Sanguinetti y Felipe González al culminar 1995, como respectivos presidentes temporales de ambos bloques. Y si bien en el debilitamiento del Mercosur tiene mucho que ver la crisis argentina, marca también una crisis de liderazgo regional y, por ende, esa imagen marca el fracaso de Brasil en el plano internacional. La calificadoras dirían que allí se le bajo el nivel de sus títulos internacionales.
El próximo presidente de Brasil va a ser Lula o Serra, o quizás, con una posibilidad muy remota, Garotinho. ¿Qué ofrecen en relación a la región? Para Serra, y no es un error de traducción, ni lo dijo una sola vez, sino muchas, por radio, televisión y en declaraciones de prensa, Brasil debe dejar de ser tan generoso como ha sido hasta ahora con el Mercosur. Lula se apoya en la agregación de intereses corporativos y regionales, intereses empresariales, políticos y sindicales, es decir, todos aquellos para los cuales el Mercosur es su enemigo. Y Garotinho sorprendió el pasado domingo con la afirmación que si es elegido presidente marginará de la política internacional a Itamaratí; tiene la pueril idea que el comercio internacional es tema de comerciantes, con la cual nada tiene que ver la diplomacia, cuyo único objetivo son los cócteles.
Si estas apreciaciones son correctas, el futuro del Mercosur depende de que quien resulte electo presidente, después de todos los tropezones iniciales, empiece a recibir baños de realismo y haga un curso acelerado de estrategia internacional.

Publicado en diario El Observador
junio 2 - 2002