Los tiros por elevación
Oscar A. Bottinelli
 

A pocos días de las elecciones de 1984 radio Carve organizó un debate entre los tres principales candidatos a la Intendencia de Montevideo: el colorado Aquiles Lanza, el frenteamplista Mariano Arana y el blanco Uruguay Tourné. Apenas iniciado el programa, Lanza eliminó a Tourné de la polémica; dijo más o menos: todo el mundo sabe que la elección es entre el Partido Colorado y el Frente Amplio, así que el debate es entre Mariano y yo. El mensaje no demasiado subliminal fue: si quiere evitar el triunfo del Frente, le guste o no me tiene que votar a mí. Algo así repitió 15 años más tarde Tabaré Hackenbruch; en un juego a dos bandas su mensaje en los hechos fue: si quiere evitar que Canelones caiga en manos del Frente, vóteme; el Partido Nacional no tiene chances y con Chiesa no gana. La dicotomía propuesta: Hackenbruch o Spinoglio.
El Foro Batllista acaba de delinear una estrategia en ese sentido. Distintos voceros fueron presentando a la gente un escenario bipolar para el 2004 entre el Foro Batllista y el Frente Amplio, que algunos además han traducido en Sanguinetti-Vázquez. En esta etapa el tiro apunta a varios pájaros, ninguno de los cuales vuela por la izquierda. En primer lugar plantea: el próximo balotaje es nuevamente entre el Partido Colorado y el Frente Amplio, con lo cual minimiza al Partido Nacional y lo ubica como un partido auxiliar, una fuerza cuya pretensión electoral nacional no puede ser más que parlamentaria y un aliado imprescindible para el triunfo en el balotaje y la ejecución del gobierno. En segundo lugar se dirige hacia adentro del coloradismo: la única fuerza capaz de competir es el Foro Batllista, la Lista 15 no tiene capacidad de articularse y carece de candidato. Naturalmente que todos estos son los mensajes implícitos en la proposición forista, pues decir eso explícitamente sonaría a grosería.

Los deseos del Foro coinciden plenamente con su contraparte. El Frente Amplio, el Encuentro Progresista y Tabaré Vázquez han manifestado explícitamente que su competidor es el Foro Batllista y Julio María Sanguinetti. Y lanzan contra el ex presidente y sus seguidores una artillería digna de los bombardeos a Afganistán. Les sirve de paso para no tener que enfrentar la popularidad del presidente de la República, quien en definitiva no va a ser su competidor. Más allá que para la izquierda no es lo mismo competir en el 2004 en el contexto de un gobierno exitoso (exitoso para el sentir de la opinión pública), que hacerlo en el marco de un gobierno que potencialice el descontento.

Lo que no queda claro del lado del Foro es cómo piensa posicionarse. Si competir contra la izquierda desde el centro, mediante la disputa de banderas comunes, o desde la derecha, mediante la contraposición total. En el tema enseñanza el Foro se ha ubicado en una línea de disputa común con el Frente, como gran defensor de la laicidad y la educación pública. No es del todo claro qué pasará en cuanto al papel del Estado y de las empresas públicas, donde el mensaje del Foro resulta algo confuso para la opinión pública.

En UTE y ANCAP en principio actúa en la misma línea que el gobierno anterior, en defensa del papel estatal y de empresas exitosas. En cuanto a ANTEL es donde el mensaje es más confuso, en particular en relación a desmonopolizaciones y competencia privada. Lo claro sí es que en lo político el Foro juega a la dicotomía demócratas sinceros contra demócratas dudosos, amantes de la libertad versus gente con mentalidad autoritaria; en este campo no disputa terrenos comunes.

Hay que precisar que en la actitud de la izquierda hay dos tipos de explicaciones: una que el cálculo estratégico apunta a ello y otra que hay una animadversión de piel con Sanguinetti, así como hay una cierta empatía con Jorge Batlle; y eso va más allá de intereses estratégicos y tácticos. Como a la inversa, Vázquez no es sólo el principal enemigo para el Foro Batllista, para el Partido Colorado y para el sistema de los partidos tradicionales, sino que también hay una incompatibilidad de caracteres entre Sanguinetti y Vázquez. Aunque los dirigentes políticos pretendan ser todos fríos estrategas, hábiles tácticos y gélidos calculadores, nadie puede consigo mismo, y por los resquicios de la razón se cuelan las simpatías y antipatías, y toda la gama de sentimientos humanos.



 

Publicado en diario El Observador
noviembre 25  - 2001