El teledesafío estatal  
Oscar A. Bottinelli
 

Con octubre pasó al terreno fáctico el desafío de la televisión estatal, cuyo lanzamiento tuvo el compromiso explícito del presidente y del vicepresidente de la República. El Estado sale a competir abierta y frontalmente con las empresas privadas en el mercado de la audiencia y en el mercado de la publicidad.

Como ha ocurrido con otros asuntos, en los últimos nueve o 10 meses se ha polemizado con alta sonoridad sobre el Consejo Directivo y el director nacional de Televisión del Sodre, sobre los intereses privados, sobre la honestidad y corrupción de los funcionarios y de las anteriores administraciones de canal 5, y hasta sobre la ópera Aída. Como ocurrió con el puerto de Montevideo, lo que no fue objeto de discusión pública profunda fue el tema de fondo: cuál es el objeto de que exista una televisión estatal y, consecuentemente, qué debe hacer, dirigida a quiénes y con qué recursos. Como derivado de ello aparece una segunda discusión: cuál es el marco organizacional en que se debe mover la televisión estatal; si debe ser una entidad autónoma, debe serlo junto con la radio estatal o debe integrar un complejo cultural como el Sodre. Hace mucho tiempo que en los más diferentes terrenos Uruguay no debate los problemas de fondo sino que se levantan formidables tormentas sobre lo accesorio; y esta vez también ocurrió lo mismo.

Una televisión estatal puede responder grosso modo a cuatro tipos:

Uno. Televisión de gobierno o de régimen. Un medio cuya finalidad sustancial es transmitir la obra de gobierno, el pensamiento o la ideología del gobierno. En esencia, un medio de propaganda a favor del gobierno.

Dos. Televisión cultural y educativa. Un medio que incursiona en terrenos poco propicios para la actividad privada y que se especializa en la difusión de la cultura, de espectáculos artísticos, cine de calidad, educación, información en profundidad. Algo así como fue canal 5 en su primera etapa, como los ejemplos de Discovery Channel, History Channel o en una forma más liviana People & Arts, o buena parte de la programación que se ve de RAI International.

Tres. Un medio audiovisual utilizado exclusivamente como soporte para la emisión de programas, producidos y elaborados privadamente. Algo así como un alquiler de espacios. Un modelo similar al utilizado por algunas viejas emisoras de AM.

Cuatro. Como un canal que compite en el mismo terreno que los canales privados. El papel cumplido por Argentina Televisora Color. Como ocurre con toda competencia, puede hacerse sobre una programación similar o una programación diferente, se puede competir a través de lo mismo o a través de lo distinto.

Canal 5 recorrió a lo largo de su historia los tres primeros tipos. Fue originariamente un medio cultural y educativo, en los últimos lustros esencialmente un soporte de arrendamiento de espacios a terceros, sin hilo conductor; y durante el período militar ofició de televisión de gobierno. La otra experiencia de televisión oficial, TV Ciudad, puede definirse como una televisión de gobierno combinada con televisión cultural; mezcla una programación de alta calidad con la propaganda de la gestión municipal, todo con una fuerte y consistente línea ideológica.

Cuál debió ser el destino de la televisión nacional no se discutió abiertamente. Parecía lógico el rechazo a dos opciones: a la de televisión de gobierno y a continuar como un mero arrendamiento de espacios sin hilo conductor. Lo primero no hubiese tenido apoyo suficiente para su realización y lo segundo no parece que tenga sentido alguno en manos del Estado.

Así planteada la situación, la opción estuvo entre un canal en competencia abierta con la televisión privada o un canal complementario de la televisión privada, con fuerte acento cultural y educativo. Este es el debate que no se dio. El presidente de la República optó por apostar al primer camino, y el propio nombre elegido para el canal es señal elocuente. Mientras el nombre de TV Ciudad identifica el sentido del canal y es a la vez moderno, publicitario y refinado, Tveo (nombre también moderno y publicitario) no sugiere en cambio el sentido del canal y es a su vez poco exigente, lo cual es congruente con esa apuesta a ganar rápida audiencia. No se debatió la conveniencia, oportunidad o posibilidades de un canal cultural y educativo, ni tampoco cuál es la razón de lanzar al Estado en competencia con la televisión privada.

Justamente lo que más sorprende de esta decisión es que haya sido tomada por un presidente fuertemente liberal, económicamente liberal. Porque fortalecer una empresa estatal y destinar recursos del Estado en la competencia con las empresas privadas está más cerca de la visión frenteamplista de la sociedad que de la visión de Jorge Batlle. Es el camino de ANCEL, AFAP República, Banco de Seguros o Banco República.

Otros dos hechos significativos son las señales de aproximación entre Tveo y Tenfield por un lado, y entre Tveo y medios de comunicación alternativos, los que se encuentran fuera o en confrontación con los tres grandes canales privados. Ello es todo una definición, en la que aparecen comprometidas las dos primeras figuras del Estado.

El gobierno se impuso no ser una televisión de gobierno, lo cual es un camino que para quedar consolidado requiere sobre todo de elementos externos de control, en que todas las fuerzas políticas puedan jugar el mantenimiento del fair-play. No sólo porque siempre debe confiarse en las instituciones y no en la veleidad de los hombres, sino además porque los hombres vienen y se van.

También se impuso hacer de Tveo una empresa autosostenida, lo cual es una meta complicada en un momento de alta recesión. Y en esto aparece uno de los medidores de éxito o fracaso de la experiencia: el alcanzar o no un autofinanciamiento genuino, entendido por genuino el que los recursos surjan todos de la venta de publicidad o venta de servicios, sin subsidios ocultos como la inyección de masiva publicidad oficial; si el canal recibiese más publicidad oficial que la correspondiente a su audiencia, se estaría no ante un autofinanciamiento sino ante un subsidio disfrazado, como ocurrió hasta muy poco atrás.

Pero el mayor de los desafíos es poner una meta de tal calibre como competir de igual a igual con los tres canales privados. Porque el resultado de un canal cultural o educativo se mide por lo que logre en ese nivel. El éxito o el fracaso de un canal competitivo en el mercado se mide a partir de los resultados de mercado: que Tveo logre o no un nivel de audiencia similar al de los otros tres canales.

 

Publicado en diario El Observador
octubre 14  - 2001